martes, 20 de octubre de 2020

oh la lá...


Diciembre.
Andén, madrugada fría, cálidos pensamientos.
Mediodía en el aeropuerto. Un Libro, ajetreo y café.
Embarque sin facturación. 
Mochila e ilusiones.
Destino París, por esas cosas de la vida...
Música y lectura. Por fin aterrizaje.
Pasillo y sonrisa, abrazos y lágrimas.
Le petite mademoiselle, le sienta bien la ciudad.

Tren y frío.
habitación, sin buhardilla, pero inolvidable.
Rápidos latidos, rápidas palabras, más rápidas las manos 
(habrá que buscar la ropa después).
Hacer el amor...¡en París!  

La fotografía es del insigne fotógrafo francés: Robert Doisneau

miércoles, 14 de octubre de 2020


 

Andalucía es un mapa de tierra caliente,
caliente como el viento de Levante.
¡Levante usted, señor andaluz!.
Andaluz no es sólo lo blanco y verde,
verde Esperanza se visten mis días
(días que no son sólo el Veintiocho).
Veintiocho, y más, son las razones,
razones que importunan a los norteños.
Norteños que insultan a quien es mi gente,
gente que añora los que viven lejos.
Lejos quedó la que parió Blas Infante.
Infante que creces en tu Andalucía:
Andalucía es un mapa de tierra caliente. 

viernes, 9 de octubre de 2020

Amor de calendario...


Pasa por tu lado y todo se detiene...
Perfume, andares, maneras...son una amalgama ilusionante que no deja indiferente, no puede, porque por eso precisamente no puedes de dejar de mirarla.
Pervive en ti, latente, debajo del montón de ropa que llena el cesto de la colada, en el último rincón del cajón desastre en donde no aparecen las llaves, pero sí una entrada de concierto olvidado.
Algún recuerdo lo llama y, entonces, descubres que sabes más de lo que desearías, desde el momento primero en que la conociste, hasta el sonido de su risa, o dónde dejaba sus chanclas para ir a bañarse.
Detalles, piezas de un puzzle que nunca acabaste, el último sorbo del café no apurado, por prisa, por cobardía, por todo...
El sol dando en su fachada, una puerta que se abre, su colegio, tus sentimientos recuperados de nuevo, parece que intactos, incluso después del matrimonio, incluso después de los hijos, incluso después del divorcio...
Te sorprende saberlo, recordarlo...
Niegas necesitarlo...
El corazón desbocado, amor de calendario, día señalado en rojo,...hoy la veo, pero no le hablo...
Calle arriba, tú. Calle abajo, ella,...veintitantos años después, misma ciudad, distintas vidas...
Hoy la he visto, pero no le he hablado...  

Fuente dibujo



miércoles, 7 de octubre de 2020

Capítulo cualquiera


Dicen que cuando el amor se va, se tiene claro. Que se ve venir o, mejor dicho, que se  lleva viendo venir demasiado tiempo, aunque se haya hecho como que uno no se  da cuenta, porque darte cuenta te das, sin lugar a dudas. 

Dicen que pasa cuando se ha instalado la rutina, tan adentro, que no deja que se vea más allá del día a día, normalizando las situaciones que se suceden mientras te levantas, desayunas, trabajas, almuerzas, discutes, cenas, discutes, discutes y te acuestas, no viendo que las continuas discusiones se disfrazan porque "nosotros no somos como fulano", "a nosotros no nos pasa como a mengana", pero sí que se es y sí que les pasa. Otra cosa es que se aguanten, que sigan tirando del poco cabo que queda de la gran cuerda que un día fue el amor, y que ahora se les agota desmenuzada por la falta de besos, y el exceso de rutina, empeñados en seguir viviendo así, sin ganas de abrir la puerta de casa al mediodía, y esperando que un milagro venga y les salve, aunque como decía Lemony Snicket, su vida ya sea un "Lago Lacrimógeno".

Dicen que lo que hubiera en el momento en que todo comenzaba, si es que lo hubo y no se resignaron (condenaron) a vivir con una persona por no estar solos, permanece oculto en algún lugar, intacto, claro, porque enseguida se escondió echándole encima reproches y ropa para planchar, no llegando nunca a él porque siempre se acaba antes el agua destilada. 

Dicen que se siguen queriendo, que su amor crece con al ritmo de sus hijos, que son felices con los amigos, que se les ve bien, que son una pareja modelo, aunque el modelo esté obsoleto y desfasado,  y que en todos lados cuecen habas...todo eso es cierto, se siguen queriendo, siguen fieles, pero sin saber si lo son a la persona que convive a su lado, o al ideal que representa, al reflejo de la que les enamoró siendo niños, y que de vez en cuando asoma en una leve sonrisa que el trabajo, la casa, los niños, las discusiones,...desdibuja enseguida, pero lo cierto es que eso puede que no sea suficiente y, que aunque sigan queriéndose, respetándose, se han convertido en compañeros de piso,...

Quizá deban aceptar (y aceptarse) que ya no están enamorados...

"Reflexiones ante una taza de café" capítulo cualquiera.

Fuente fotografía: diario jurídico

lunes, 5 de octubre de 2020

¿?...

 

¿Por qué llega tan tarde el mediodía,
y la noche se pasa tan temprano?.
¿Por qué hoy la llevo de la mano
y mañana no consigo que se ría?...

¿Por qué crece deprisa, y ya no es mía
es del mundo que la llama a su presencia?,
¿Por qué se van tan presta la inocencia?,
¿Por qué una vida entera dura un día?.

¿Por qué le pesa tanto la mochila,
si va llena de juegos y canciones?,
¿Por qué su sonrisilla me encandila?.

¿Por qué me pongo a prueba las razones?,
¿Por qué le suelto tanta retahíla?,
¿Por qué la infancia son dos achuchones?.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Sevilla...

Echo de menos el cante
en la parada de un conde
lugar en el que se esconde
el arte más rutilante.
Esas calles rezumantes
de omnipresente azahar,
el relax de pasear
por barrios de tus poetas
donde el silencio asaeta
al ver a Dios caminar.

Unos vinos en Triana,
la casa de Enladrillada,
en vela Esa madrugada
y un café en la Relosana.
Levantarme una mañana
de Domingo, bien temprano,
ensayo en Pino Montano.
Las noches del Arenal,
colocarme, en ti, el costal,
y visitar a mi hermano.

Echo de menos tu todo,
que mi nada justifica. 
La torre que simplifica
la complejidad del no-do.
Las revueltas y recodos
del río por besar tu orilla,
añoro las mariquillas
de la pena y la sonrisa,
y envidio tu luz, poetisa,
que te hace versos...Sevilla.


lunes, 28 de septiembre de 2020

Sombrero de copa


De pequeño tuvo acné. Tanto, que su cara parecía un campo de batalla donde las trincheras eran los pliegues de su oronda faz, y las bombas habían dejado por cráteres los agujeros que siempre le habrían de acompañar. Su madre le decía con insistencia que no se rascara, pero él era por naturaleza desoído, y descuidaba muy mucho los consejos de cualquiera, así que su madre no iba a ser menos.

Su aspecto desaliñado, poniéndose lo primero o último, según abriera el armario o usara la silla, le proporcionaba un aspecto de pedigüeno, a pesar de que siempre fue muy aseado, por lo que las mujeres se cuidaban bastante de acercarse a él, y los hombres se mofaban, empingorotados "señores" de pantalón a raya y zapato impecable, que guardaban como un tesoro, bajo su ropa a medida, la verdad de una existencia pobre e infeliz, que el dinero se empeñaba en ocultar, pero no lo conseguía. Nefastos intentos de matrimonio de bien se escondían tras de sus sonrisas perfectas, su perfume y sus modales, aunque la realidad amenazaba con delatarles al menor intento de abrir la boca. 

No, de él no se podían reír, porque le temían y le envidiaban. Por su apariencia desalmada, escogida entre un montón de escoria predispuesto, pero también por su gesto altivo, gallardo y canalla, que dibujaba siempre una obscenidad al fijar los ojos en una dama, mientras pensaba otra cosa al besarle la mano. 

Con el tiempo, dejó de saltar en marcha de los carruajes para sumergirse en el alcohol de cualquier antro, y se centró en sacar provecho a su socarronería, consiguiendo con sus ensayada galantería de barrio industrial introducirse en la sororidad femenina, para sacar una pieza que relucía, a su juicio, entre las demás. Venció sus remilgos con agasajos infames, ocupó su ocio, dominó su furia, y se introdujo poco a poco en ese mundo del que tanto había huido...

Detestándose a sí mismo por haber sucumbido a la tentación, por haberse convertido en un burgués de zapato de charol y gestos prefabricados en escuelas de la alta sociedad, quiso volver a ser chusma selecta, a vagar sin rumbo por el empedrado de las calles y a asustar a todos con los surcos de su cara...su punto de bravucón se había ahogado entre los sorbos del champán y su entendimiento se quedó en el cuello de esa mujer que lo había embriagado la primera vez que sus labios lo rozaron.

En un banco, mesándose la barba que oculta la batalla, su mano apoyada en un bastón, piensa en todo esto, anciano y acabado, mientras pasa una señora y la saluda, levantando educadamente su sombrero de copa...

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

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