domingo, 31 de marzo de 2019

14...



Ha salido a la calle, como cada mañana, dispuesto a comerse la jornada laboral, habiendo dejado en el colegio, previamente, a la luz de sus días, y dándole un beso enorme, para así llevarse consigo la energía que le transmite y así poder afrontar el tedioso día…

Al salir por el portal, la mañana lo ha saludado con un aroma especial, mitad a flores, mitad a campo, y el frío del invierno parece haber menguado, convirtiéndose en un leve fresco matinal que no ha hecho que se cierre la cremallera del chaquetón. La luz le ha deslumbrado, debido al reflejo que, del sol, hace el escaparate de la tienda de zapatos en la que el cartel de un Cristo con la Cruz a Cuestas le hace recordar que la Cuaresma está terminando, y ya mismo todo volverá a ser como antes.

 Los árboles en flor, el buen humor que va transformando las caras de la gente con la que se cruza en su rutinario paseo hacia el trabajo, son síntomas de la primavera, instalada en el ánimo de los jóvenes que, mochila a la espalda, caminan hacia el instituto delatado el uniforme la procedencia de sus estudios.

La camarera le recibe con su cordial sonrisa, de esas que iluminan hasta los más recónditos rincones de las almas más oscuras, y él le responde igualmente, mientras toma asiento en el lugar de siempre y ella la está poniendo el café, y metiendo la tostada en el tostador, como siempre. El periódico tiene algún artículo sobre el pregón de una cofradía, y el pie de foto lo firma un amigo, y se entrega a la lectura sin percatarse de que una anciana ha entrado al local, peinada con moño y unas flores decorando su canoso pelo. Le ofrece lotería, que rechaza, y sigue con su venta entre los parroquianos que desayunan ahí, algunos por la cercanía, otros por el pan de las tostadas, delicioso, y otros por la sonrisa de la camarera, de esas que iluminan hasta los más recónditos rincones de las almas más oscuras…

Sale por la puerta tras pagar y, al poner el pie en la calle, la misma sensación que hace media hora al salir de su casa, ahora acuciada por el aroma a incienso que sale de la esquina próxima, y que ha hecho que el misterio de otro cartel avance por la callejuela…echa a andar sonriendo y piensa, mientras se coloca el chaquetón, que ya huele a Semana Santa…

sábado, 30 de marzo de 2019

15...



Recuerda que su madre le contaba que una vez, hace muchos años, un Crucificado de su devoción estuvo expuesto, con carácter extraordinario, en la catedral de la ciudad. Ella, devota del Señor, procuraba acompañarlo en todas las oportunidades que tuviese, bien fuera yendo a su iglesia cada Lunes, bien en los actos que su hermandad le dedicase. Ese día fue uno de estos últimos, y acudió a la cita acompañada de su hija, muy pequeña, aunque no puede precisar al edad exacta que ésta tenía en aquel momento. La niña iba muy contenta porque iba a ver al Cristo, y no paraba de preguntarle cosas a su madre acerca del porqué, el cómo y el dónde del besapiés.

La cola era grande, dado todo lo que movía (y mueve) el portentoso Crucificado, por lo que tuvieron que esperar su turno de acercarse, y la niña no podía verlo, ya que su corta estatura era sobrepasada por la marea de gente que les precedía. Llegado el momento, cuando su madre se apartó para la que lo viera, la niña se pegó a sus faldas y, con una mueca de miedo, se quedó parada sin querer acercarse…

Pasados los años, otro besapiés, en otro barrio, otra hermandad, otro Crucificado, no menos portentoso que el anterior, le lleva a él, acompañado de su hija de corta edad que, ilusionada, le pregunta en su “media lengua” los motivos de ir a verlo. La misma cola, la misma espera y, cuando llega la hora, la misma reacción que su tía tuviese hace años y es que, por muy dulce que sea la muerte, siempre conmueve y asusta…

viernes, 29 de marzo de 2019

16...



Se ha visto de pequeño, peinado con la raya al lado, la gomina de marca, el churrete en la mejilla que limpia la saliva de su madre, vestido de monaguillo para salir, por vez primera en las filas de su hermandad. Muchos años así, hasta ese momento en que pudo vestir la túnica de nazareno, y desfilar orgulloso entre los perfectos tramos que tiene su hermandad cuando se hace cofradía. Los momentos de vestirse en casa, junto a sus hermanos, y salir juntos hacia el templo, y el de esperarlo sus padres después para regresar a casa tras la salida procesional.

Se ha visto también, más tarde, con sus amigos de la hermandad, adolescentes entonces, reunidos en la casa de que es de todos para limpiar plata, preparar enseres, o simplemente para echar una mano y quedar con ellos, enseñándole a esa amiga especial los entresijos de la preparación de una estación de penitencia. Los cultos, gomina otra vez, chaqueta azul marino, el besamanos de la Virgen en Diciembre, y tantas vivencias que los hicieron inseparables.

Del cirio pasó al costal, y a pasear a su Cristo por la ciudad, más orgulloso todavía, ya adolescente, recordando ahora los relevos, los preparativos, el crujido del paso aquella vez primera, el olor del interior antes de que den la orden para levantar, y la visión de la calle desde el otro lado de los respiraderos. Muchos años de costalero, hasta que la edad le dijo basta y pasó de nuevo a las filas de nazarenos. Luego vino el ser fiscal, diputado de tramo, diputado mayor de gobierno (aún mira el reloj a la hora de la entrada), miembro de la junta…

Qué de cosas han pasado, piensa, qué de gente ha conocido, qué de momentos le ha tocado vivir en esta, su hermandad, y no puede menos que sonreír con orgullo ahora que, ya en la madurez de su vida, le toca uno de los difíciles, de los de responsabilidad, que espera hacer bien porque para eso siguen con él los mismos amigos que hizo siendo adolescente. Hoy, con ellos, jura el cargo como hermano mayor de la hermandad… 

Fuente fotografía: Hermandad Jesús nazareno de Algeciras

jueves, 28 de marzo de 2019

17...



En la “recogía”, ese momento del recorrido que pone en jaque las fuerzas de los hermanos, cuando el relente del comienzo de la noche ha dejado paso a la fría madrugada y las calles se vuelven hinóspitas, la gente se retira a sus casas, o a otros encierros y el cansancio hace mella, el Hijo de Dios avanza pausado por el centro de la avenida, vislumbrando sus capataces, al final, la luz acogedora de la sede de la Hermandad.
Así viene, cuando los guardabrisas son un ascua titubeante por culpa de la poca cera que queda ya en las velas, cuando su mecida es más pesada, más cadenciosa, cuando se levanta y el quejido de sus hombres te traspasa, y es en esos momentos cuando la marcha se hace más amiga, más confidente, y deja con su sonar una caricia de ánimo, bálsamo para los que lo esperan, lo llevan, y lo acompañan. Surge la marcha, cumpliendo su musical trámite, y trasportando a todos los presentes al momento de la salida, el bullicio y el calor, mientras la noche ha cogido de la mano a la ciudad para llevársela a dormir, y el portentoso paso parece otro, aun siendo el mismo de antes.
En un momento determinado de la interpretación, salta la chispa, el quejido de metal de la corneta que, en un magistral “sólo”, ha conseguido fundir en uno al público y al paso, hasta el punto de que no se sabe dónde empieza uno y acaba el otro; rasga el velo de la noche el intrépido sonido, sin que ninguno de los presentes respire, y el Señor nos va dando la espalda, camino ya de su retiro, otro año más…es tal la emoción, tal la contención de nervios, tal la unión entre banda y paso, que parece que nada puede romperlo pero, al acabar el ·sólo·, el resto de la banda irrumpe con tal ímpetu, que la gente estalla en aplausos y a uno le queda sólo el pensamiento…”quién fuera corneta”.

miércoles, 27 de marzo de 2019

18...



Por la calle más bonita del mundo, viene hacia la ciudad el llanto más personal, es más, el personalísimo llanto que hace de su poseedora la más radiante flor de este pequeño jardín que son sus dolorosas, y viene bajo el palio más romántico, el de la proporción y la medida, que cobija el manto que lleva el mismo color de la colina que se vuelve cada año para verla.

La calle más bonita del mundo se ensancha para que pasen los remates, y las bambalinas no toquen las paredes de sus emblemáticas casas. Los conventos colindantes, los baños de los árabes y el rumor lastimero de un río que dio oro, y ahora apenas sí inunda con su caudal las fuentes en las que beben los poetas que le cantan a esa calle, y a esa ciudad.

La calle más bonita del mundo, a sones de marchas, es todavía más especial, y pareciera que ha sido diseñada expresamente para que discurra por su pavimento adoquinado esta elegante mujer, que convierte en maravilla el recorrido por el que discurre, abriendo la Semana Santa. Pero si cuando va es hermosa, ay, cuando vuelve…sus mejillas iluminadas por una menguante luz de candeleros transmite más dolor, pero más belleza, más cansancio, pero más ternura, más fin, pero más principio…la calle más bonita del mundo, el llanto más personalísimo de la ciudad, es fruto de la calidad que tiene la historia imaginera de la ciudad que tiene la suerte de verla cada año, o cada día, o cada momento,.. cuando Ella sale a la calle, es preciso meterse por los recovecos que hacen las calles colindantes a esa otra, que es la más bonita del mundo, para acercarse hasta donde está y seguirla en todo el trayecto. Ella es el epicentro de un terremoto devocional que se desata en el corazón del que la mira, no digo ya del que ha tenido la suerte de ser parte de Ella en algún momento de su vida, porque ya nunca se puede dejar de amarla.
Él lo sabe bien, no en vano sus ojos fueron los que miró cuando se dirigía al altar a casarse con la que hoy es madre de sus hijos, y por eso se asoma cada año a las puertas de su iglesia, para ver cómo el sol entra antes que nadie, le besa las manos a la Madre de Dios, y la devuelve hecha un ascua de luz, nos la devuelve en Maravillas…

martes, 26 de marzo de 2019

19...



El sol dándole en la cara. El ambiente primaveral. El de los globos y la de las papas asadas. El puesto con tambores de juguete, con cornetas de lo mismo. Los palcos de la carrera oficial engalanados. El bullicio de la gente que va y viene. Algún nazareno con prisa camino de alguna iglesia. Los balcones con familias esperando. Los padres con los hijos, los hijos con los padres, las madres siempre guapas. El incienso que se cuela por algún sitio. Una cruz de guía, algún costalero fajándose y, más tarde, de relevo, mirando la tarjeta para ver dónde entra o repartiendo una estampa entre la gente. La cera en el asfalto, la cera en las candelerías, la cera fundiéndose en alguna cuaresmal sacristía, la cera en la mano del orante nazareno. La luz de la ciudad, los bares repletos, las filas de gente mirando al mismo lugar, la cara de Uno al que no se le puede aguantar la mirada. Las pandillas de jóvenes yendo al encuentro de las cofradías, los que te preguntan “¿está cuál es?”, el que sale a la puerta de su negocio. La ropa de entretiempo, las prisas, ése lugar, aquélla mirada, una cintura asida, las bandas en ordinaria y extraordinarias. Los trajes negros planchados, las medallas al cuello el día de la salida, las póstulas…las tapas de cuaresma con los amigos, los ojos vidriosos cuando viene quien viene. La noche cómplice, los palios que van pesando, los misterios más amasados, las mantillas cansadas, los niños dormidos en brazos de sus padres, las puertas abiertas esperando tramos de recogida, la luna del Jueves Santo, la tarde del Viernes…sus ojos, los míos, y el tiempo que pasa…todo eso, y algo más, se viene a la mente cuando ves, en cualquier comercio, el cartel que anuncia lo que ha de venir…¿o no?...
Fuente fotografía: Fernando Morales.Photography

lunes, 25 de marzo de 2019

20...



De la mano de su padre, todo es más seguro. Su pequeñez, la inocencia que rodea todo lo que dice, se ve más que protegido cuando su pequeña manecilla es envuelta en la de su padre. De la mano de su padre, puede ir a donde quiera, sabiendo que nada malo habrá de ocurrirle.

Los amigos de su padre, cuando éste le suelta la mano, se la cogen con igual firmeza y, aunque no es lo mismo, también se siente protegido, y va de un lado a otro con ellos, acercándose aquí y mirando tal cosa, o corriendo hasta allá para fijarse en otra, y es que son bonitos estos días que el pasa con su padre y sus amigos, dejándose llevar por lo que dicen unos y contestan otros.

Los hijos de los amigos de su padre, son sus amigos; tienen que serlo a la fuerza porque se han criado juntos, en parte porque casi todos tienen edades parejas, en parte porque sus padre pasan mucho tiempo juntos, así que se divierte con ellos, se encuentra cómodo y le gusta ir donde ellos van, que casi siempre es al mismo sitio, deambular en torno a un grupo de amigos, sus padres, que una vez por semana en ese tiempo que llaman cuaresma, se reúnen para ensayar con la cuadrilla de costaleros a la que él, obviamente ,pertenecerá algún día, no sólo porque es la de su padre, sino más bien porque es la suya, y por eso le gusta ir pegado a la Zambrana mientras suena la marcha y el capataza ordena, imitando los pasos los de los costaleros, y cogido de la mano de su padre.

domingo, 24 de marzo de 2019

21...



En la radio suena “Mujer de las mil Batallas”…y él piensa…uno que está en paro desde hace mucho tiempo. A otro, desde este año, le falta una madre, o una abuela. El otro vé cómo el que le dio la vida se apaga lentamente en una cama del olvido, sin conocer a nadie ni recordar nada, y en su mirada lleva reflejada la tristeza de su oscuridad. El otro está estudiando oposiciones y lucha a diario con el cansancio para darle estabilidad a su familia. El otro se ha divorciado y no ve a su hija nada más que cuando puede, o le dejan, nunca cuando quiere. A La hermana del otro la han echado del trabajo porque se ha quedado embarazada, aunque no pueda explicarse cómo en este siglo siguen pasando estas cosas. El otro ha sido padre, y su recién estrenada sonrisa contrasta con las lágrimas del otro, también padre, que tiene a su hijo en un hospital enganchado a no sé cuántas máquinas, fiero guerrero con pañales que libra su guerra con la ayuda de una estampa que alguien ha dejado sobre la incubadora. El otro se acaba de casar, y el otro se lo ha pedido a su novia de siempre, y le ha dicho que sí, por lo que vienen con una risa cómplice y una felicidad desbordada. Los otros este año no vienen, uno se ha lesionado y el otro trabaja en Dublín, donde el único dorado que ve es el de la espumosa cerveza que le sabe a su barrio. El otro no llega a fin de mes, y al hijo de otro le dicen “gordo” en el colegio, mira tú que cosas, apellidándose “Delgado”. La Madre del otro le pone flores a la Virgen todas las mañanas; el otro es de Derechas, y el otro de izquierda, y a los otros los políticos le son indiferentes, por no decir otra cosa, porque aquéllos no se enteran de que la verdadera UGT es una cuadrilla de costaleros. El otro viene y va, el otro sólo va a las cervezas; Al otro la edad le avisa que esto se va acabando, y todos juntos van debajo de Ella cada año,..otras mil, distintas, pero batallas…
Fuente fotografía: Granada Hoy

sábado, 23 de marzo de 2019

22...


Durante la estación de penitencia, el costalero abraza el zanco para impedir que se mueva durante el avance del paso, y corregir, en la medida de lo posible, los vaivenes que éste pueda tener mor de las calles o de las órdenes, rápidas y que no admiten demora, del capataz.
Su mano queda casi oculta por el faldón, asomando de vez en cuando en ese mapa que representa la vida del costalero, que es el estado de la misma. Muchas veces hemos imaginado la clase de hombre que se esconde detrás de esa mano, intentando saber algo de su vida, sólo porque la hemos visto asida a la madera del paso, intentando adivinar sus devociones por las pulseras que la decoran, o si es casado o no, por el anillo que lleve entre sus dedos.
No se sabe el motivo por el que esa mano asomando por los faldones conmueve, hasta el punto de que más de una vez la acariciamos, como si con esa caricia quisiéramos recompensar el esfuerzo del de abajo, o recibir un poco de la gloria que le imaginamos a todos los que llevan a las sagradas imágenes.
Para él, quizá pase desapercibido que desde fuera le brindamos, como homenaje a ese trabajo voluntario por el que la Semana Santa es así, y no de otra manera, ese leve roce con su mano. Para él, quizá no pase desapercibido, y con ese gesto sonría mientras el paso avanza y otras manos esperan cruzarse con la suya. Quizá, lo bonito de salir de costalero esté precisamente en lo que no ves, más que en lo que ves, y lo que reconforte su espíritu mientras entrega el corazón bajo los pasos es que, al pasar nuestros Cristos y Vírgenes por las calles de nuestras ciudades, alguien se conmueva al mirarlos y los sienta cerca cogiéndole la mano…

viernes, 22 de marzo de 2019

23...



Aun adaptándose a la oscuridad del templo desde la luz de la plaza, camina con cuidado buscando su lugar en la capilla, ése al que le gusta llegar para abandonarse a sus cosas, y pensar, sólo pensar, dejando un rato aparcados los problemas y las dudas que le asaltan.
Es entonces, ya acomodado en el banco, fijándose en cada uno de los detalles del templo, comenzado con un estilo y finalizado con otro, dado el sinfín de artistas que contribuyeron a ello, cuando quiere percibir una conversación muy tenue, como la luz que ahora llena la iglesia, en la que cree adivinar una voz de mujer que habla con otra, de sus hijos que están en el extranjero por no haber encontrado trabajo aquí, de su madre que está muy mayor, y enferma, y ya no puede acudir a misa como a ella le gustaba dándose su “paseíto” hasta la iglesia cada Domingo por la tarde. En su conversación, una lágrima se escapa hablándole a su interlocutora de su marido que sigue en paro y no levanta cabeza, mientras intenta alegrarse contando las ocurrencias de sus nietos, alguno de los cuales tiene que llevar al colegio todas las mañanas porque su hijo y nuera trabajan.
No alcanza a ver con quién habla, porque no se le ve, debe estar en alguno de los recovecos que tiene esta iglesia, probablemente esperando a que el sacerdote pueda confesarla, y matando el tiempo con la charla entre amigas, vecinas del barrio que coinciden en misa, y que ven en eso una escapada de su rutina, una salida a todo lo que las espera en casa, desde que se levantan hasta que se acuestan, labor ésta de las mujeres tan poco reconocida y respetada.
Pasado un buen rato de charla amigable,(alguna carcajada ha soltado la mujer, en su distendido parloteo), sale al fin del lugar que la ocultaba de la vista, saludándolo al pasar por su lado. Pero sólo sale ella. Sorprendido, y tras comprobar que no viene nadie detrás de la mujer, se levanta de su sitio y camina hacia el lugar donde ha oído que estaba hablando y, al doblar la esquina, una capilla se abre desde donde nos saluda, esperando en su altar, la Amiga con la que estaba hablando la mujer,…la Virgen del barrio.

jueves, 21 de marzo de 2019

24...





En la estrecha calle, todo se complica…la gente agolpada no deja maniobrar y las fuerzas del orden deben de ir acomodando a la gente antes de que llegue el paso que, imponente e irremediablemente, ya está asomando la manigueta por el muro. Se suceden los “Shhhhhh…” de la multitud pidiendo silencio, y las primeras órdenes del capataz no se hacen esperar…”poco a poco, oído a lo que se manda”…el paso ralentiza su marcha, sus hombres lo duermen en los costeros y la banda, que hasta hace nada llenaba el aire con sus metálicos quejidos, adopta una postura nueva, marcando el paso de los costaleros con las cajas chinas…el redoble manda a los de abajo, y el capataz, con voz clara y firme a pesar del momento decisivo, templa los nervios y manda de nuevo…”la derecha adelante y la izquierda atrás”…sus hombres, obedientes hasta el extremo, van revirando el paso hacia la calle, queriendo las farolas de las esquinas tocar con su hierro de siglos los guardabrisas delanteros…el paso sigue su marcha, pausada, cadenciosa e imposible, y ya está embocado para que sus enormes dimensiones entren en la calle, que espera absorta y en silencio. Los brazos de la Cruz casi dan con los ventanales, y el capataz, todavía entero, sin nervios, sigue ordenando a los suyos que sólo toquen los zancos, y que no tengan miedo porque él no lo tiene. La gente sí que lo tiene, se desatan los nervios, alguien amaga un grito porque el remate iba a tocar un cable, y las vecinas le dan la mano al que muere por nosotros que se despide de la calle sin haberse alterado el de negro…la banda, de nuevo, arranca la marcha dándole a los costaleros la señal para adelantar el izquierdo y sacar el misterio a la plaza mientras todo son aplausos y vítores al capataz y a sus hombres…el que lo haya visto alguna vez, seguirá teniendo los vellos de punta ante esa liturgia no escrita que rubrican los costaleros por las calles andaluzas, esa liturgia no escrita del “parece fácil, pero no lo es”…

miércoles, 20 de marzo de 2019

25...


Por el callejón del barrio, pegado a la tapia de otras veces, espera a que la cruz parroquial anuncie la llegada del cortejo. Es éste unas de los momentos de su Semana Santa que más significan para él, sin ser hermano siquiera de la hermandad a la que espera, y que ha empezado a derramar sus ordenadas filas de hermanos, cirio en mano, sobre el grisáceo pavimento de la calle. El sol sigue ahí, pero matizado por la translúcida presencia de alguna nube inoportuna, que no parece amenazar lluvia sobre él, que sigue contando hermanos, a la espera de que llegue el Crucificado, al que llevan hasta el lugar que será de salida para la estación de penitencia del día siguiente.

Aunque él no lo pretenda, su mente ha empezado a ordenar recuerdos innombrados pero presentes, que acuden a su memoria sólo con el lugar, la hora, y el día. No es la primera vez que espera al Señor en esa tapia, y no lo ha hecho siempre sólo, sino que antes iba con su madre y hermanos, luego con sus hijos y, ahora, con todos y con nadie a la vez, por esas cosas que tiene la vida de situar a las personas sólo en los instantes que a ella le viene en gana.

Hace tiempo que viene sólo, y nota que las caras de los cofrades son desconocidas, lejos de aquellas que le saludaban a él y a sus hijos mientras acompañaban el solemne traslado de Cristo, y no puede dejar de preocuparse, sabiendo que quizá, muy pronto, él vuelva con ellos a hacer ese traslado, como espectador por las calles del cielo que, ahora sí, se ha quedado totalmente encapotado. El incienso empieza a dar su aromatizado pregón para anunciar la presencia del Omnipresente y ya todo es silencio al paso de la sublime talla del Señor, un Señor que no es de su hermandad, ni de sus cofrades, no es ni siquiera de la ciudad. En esta jornada matinal, el Señor es el de su madre, sus hermanos,…el que pasa delante suya, al que saluda santiguándose,..es, ni más ni menos, el Señor de su vida.

martes, 19 de marzo de 2019

26...



En la plaza que le sabe a infancia, los niños juegan al fútbol en el campo improvisado en el que el césped crece entre los adoquines y las porterías son dos bancos de piedra. De uno de ellos, jugándose el tipo, torero, un zagal así que le brillan los ojos intenta decirle algo más que palabras a una niña rubia de pelo larguísimo, enrollado en el extremo por unos dedos finos decorados con pintura y purpurina. Los amigos insisten en distraerle, echando el balón con intención nada alcahueta, mientras él pone la mano para evitar lo que  parecía inevitable, y parece que ha ganado puntos a juzgar por la sonrisa de la adolescente.

En la plaza que le sabe a infancia, una cuesta empieza junto a un antiguo hospital, hoy Facultad, y termina en donde la vista se cruza conejo ladrillo rojo de un palacio con nombre de hotel, o puede que fuese al revés. La gente pasea, espera a sus hijos en el parque infantil se encuentra a un lado, o disfruta de un café en las terrazas aún vacías, por la hora, pero que serán un hervidero dentro de no mucho rato.

Una fuente anima con su acompasado rumor el canto de un vagabundo que emociona a sus vecinos de litrona y, a la par, provoca la risa de los jóvenes que lo miran ajenos a su carga de vida destrozada, o quien sabe si escogida, o las lágrimas de una anciana que ve en él a su hijo casi vencido por la droga y el alcohol que aplaude desde uno de los balcones de la plaza que le sabe a infancia.

Él mismo se ve en los niños que juegan en el parque, o en los otros que aturden a la pareja, incluso en los del café y comprende, desde su improvisado, también, mirador el discurrir de la vida de la plaza, voces, risas, pájaros y agua, pensando en que se ha bebido de un trago la infancia, la juventud y media vida.

En la plaza que le sabe a infancia, las vecinas del barrio pasan santiguándose ante la pétrea imagen que la preside, cada vez que salen a la calle y él lo hace también, ante ese otro del mismo nombre que ahora mismo se acaba de poner en la plaza que le sabe a infancia…

Fuente Fotografía: Efrén Cea

lunes, 18 de marzo de 2019

27...



Cuando suena “Mi Armagura” la vida es dejarse ir, mientras todo se detiene en un momento. Todo permanece inmóvil, todo deja de ser todo para ser marcha, y palio, y calle, y fiesta…

Cuando suena “Mi Amargura” tan sólo hay que cerrar los ojos, abrazarse a tu interior, a tu “yo” más íntimo, y saborear ese momento fugaz e irrepetible, a que siempre nos lleva esta marcha; a ese paso que se va, a esas bambalinas besando balcones, a esos brazos de cola iluminando un manto de despedida, que sólo nos sabe a nostalgia.

Cuando suena “Mi Amargura”, se han apagado los soles para encenderse las lunas, y la ciudad ya no es sino una enorme cuna en que se duerme la Virgen mientras suena “Mi Amargura”…y se va tan lentamente que parece que se queda, y se queda mas se va, sin parecerse a ninguna, pero nuestra mente sabe quién viene con “Mi Amargura”…

Cuando suena “Mi Amargura” las almas se quedan frías, y los corazones laten sin pararse y a porfía, al ritmo del son que marcan esos hombres de María…

¡por Dios! que no la despierten,..
dejadla con su hermosura,
 con la inherente apostura
de esa mirada que enciende
 las tinieblas más oscuras,
 que llega ya por su calle,
 descorriendo cerraduras,
 llamando a sus convecinos,
 mientras su gente susurra
oraciones bajo el paso
para la que llaman Pura,

Dejadla, que viene sola,
pero su barrio procura
 envolverla en un abrazo,
en esta noche que oculta
 los temores, los enfados,
 los olvidos y las dudas…
dejadla, que viene sola,
pero su barrio la ayuda
a superar esos trances,
 aunque no encuentre la cura,

 Al verla venir dormida,
 su palio, por la estrechura
 de su calle que la espera
 controlando su locura,
 esa que siente por Ella
 y no precisa mesura,
Uno piensa en que esta noche
 a su paso se aseguran
 las sonrisas, los milagros,
 las dichas y las venturas,
 más bello marco no existe,
 se rinde la arquitectura,
que en Ella todo se acaba
y Ella todo lo inaugura,
 viéndola venir de frente,
 mientras suena…”Mi Amargura”.

domingo, 17 de marzo de 2019

28...



Siempre había pensado en lo equivocada que estaba la gente cuando pensaba (y piensa) que lo que marca la separación entre el resto del año y las previas para los cofrades es la Navidad. Pero no, la Navidad es el comienzo en sí, ya que nace el Redentor, Alfa y Omega de sus vidas, no sólo de la parte cofrade de las mismas. El inicio es otro, son los carnavales…ese “febrerillo” loco que llega revolucionando todo, y por el que se quedan dormidos con el transistor en la oreja hasta que su mujer les dice que se los quite.

Las coplas de los copleros de Carnaval, son las que, más de una vez, les acompañan en el coche camino de los ensayos, señalan los días cofrades hasta el punto de que alguna letra les lleva a un lugar exacto, en algún determinado año…él mismo, cantaba coplas de carnaval con sus amigos, cuando se reunían en casa de alguno por su cumpleaños, que cae en Febrero, o casi siempre que quedaban para salir por la noche. Las coplas los han acompañado en las tardes de café, e incluso en los intervalos que había durante el montaje de los pasos, mor de la Eucaristía que obligaba a dejar las tareas. Él recuerda todos esos momentos, y todos le llevan a sus amigos, y siempre sonríe al evocar las cosas que, una detrás de otra, desmadejadas, se suceden en su mente.

Le siguen gustando los carnavales, aunque ya no se reúne con sus amigos para cantar, apenas para nada, porque las responsabilidades familiares se los han llevado lejos o, incluso en la cercanía, sus horarios son tan diferentes que es casi imposible verse.

 Las letras de todos los grandes que escriben carnaval, casi siempre tienen que ver con la Semana Santa, y es que de alguna manera lo cofrade y lo carnavalesco están relacionados, no en vano les une el cordón umbilical de la madrugada del Miércoles de ceniza. Tan relacionados están, que casi siempre un carnavalero es cofrade, y a la inversa, y siempre hay coplas para definir instantes cofrades que saltan en el momento justo, sin ser llamados a la memoria…ahora mismo, por ejemplo, cogido de la mano de su hija entre esa bulla que espera la cruz de guía, se ha sorprendido cantando: “Hoy es Domingo de Ramos, y a mi niña <>”…

sábado, 16 de marzo de 2019

29...



La ciudad es una mujer, y como tal, se arregla…
Para hacerlo, se viste de fiesta cuando toca, aunque también de luto muchas veces, y llora y ríe por las cosas que le hacen sus hijos, como todas las madres, porque la ciudad también es madre, aunque luego está siempre orgullosa de ellos. La ciudad, mujer independiente, culta, elegante y bella hasta decir basta, necesita sus “arreglillos”, aunque la que es guapa es guapa por muy tarde que se acueste, si bien necesita de ellos para sentirse más bonita, y por eso se pinta y se maquilla, y selecciona sus mejores joyas…
La ciudad mujer tiene muchas joyas, cada una con sus colores y estilo propio, con su idiosincrasia, sus tipismos y sus maneras, y cada una de ellas la adorna de manera especial y única. Lo malo es que, de tantas como tiene, no se las puede poner todas al mismo tiempo, sólo una vez al año, en la que se engalana con varias de ellas a la vez y se pone guapa para beberse la primavera a grandes tragos. Esas joyas la definen, la diferencian de otras mujeres amigas suyas, que hacen lo propio en la misma fecha, pero de manera diferente. Ella no tiene predilección por ninguna, porque todas le gustan y todas le recuerdan cosas vividas, pero siempre hay alguna especial, y es que la ciudad tiene muchas joyas, todas valiosísimas, y ella tiene la suerte de ser joyero…

viernes, 15 de marzo de 2019

30...



En cierta iglesia hay un sitio especial, como en todas, seguramente, pero este sitio es especial porque en él se fajan los costaleros multiusos que tiene su hermandad, y que, después de estar todo el año bregando con el cargo que a veces pesa, de quitarle horas a su familia, a sus hijos, a su tiempo libre, sólo tienen un momento para ellos, que es justamente cuando se fajan en ese lugar especial. Hay priostes buenos, mejores y artistas; excelentes amigos y personas, y luego están ellos, y él, por encima de todos, prestándole a su Virgen y a su Cristo su tiempo, y entregando todo, primero en forma de diseños de altares, montajes de pasos, limpieza de enseres, y bajo las trabajaderas después…

A ese sitio llegan los últimos, aunque son los primeros en enterarse de todo, más que nada porque son ellos los que aportan las ideas, y luego las cosas salen como salen. Si quieres buscarlos, los encontrarás ahí, en ese sitio especial, pero no esperes que te dediquen mucho tiempo, hoy es su día, y ése es su momento. Seguramente los encontrarás llorando de emoción mientras la hermandad ya está saliendo, y sólo podrás darle un abrazo corto que nunca abarca el agradecimiento que les profesamos.

A veces, Dios escribe derecho con renglones torcidos, y en esos renglones se dictan cosas que son acatadas con humildad y con ilusión, aunque esas cosas deriven en dejar la trabajadera y vestirte de negro, “sólo” porque Ella te lo pide. Así pues, el prioste costalero, ahora saldrá de contraguía, pero seguirá aportándole a la Virgen todo lo que lleva dentro para Ella y, eso sí, cambia la oscuridad de sus bodegas, por la luz de su mirada.

Seguro que hasta al escultor que tallara a su Virgen, que la ve salir desde ese lugar especial en que se fajan los priostes costaleros, se le va a hacer raro verlo de negro, él que siempre iba de blanco…

jueves, 14 de marzo de 2019

31...


La alegría se manifiesta de muchas maneras, casi siempre relacionada con las cosas, más o menos importantes, que nos hacen reír, y son muchas las formas en las que se manifiesta. Quizá, la alegría esté en el salón de una casa donde se reúne toda la familia sin faltar nadie, o en los días de cumpleaños de los pequeños de la misma. Puede estar en la sonrisa con la que tu hijo se despierta, o la que te dedica cuando lo recoges del colegio, si es que tienes la suerte de poder hacerlo. Una tarde con los amigos de siempre, una noche de pádel o de fútbol, la comida que te prepara tu madre o los recuerdos que tienes de lo que fue y ya no es.
La alegría está en la forma en que encaramos una semana cuando sabemos que el fin de la misma lo pasamos en otro sitio, con gente a la que hace tiempo que no vemos, o cuando recuerdas momentos de risa con tus hermanos cuando aún vivíais en la casa de vuestros padres, todo eso es la definición de alegría, como cuando apruebas ese examen importante, o lo supera alguien muy querido por ti. Está en los triunfos de las personas a las que quieres, efectivamente, y en los tuyos propios, como está en el avión que te acerca a tu ciudad, tras un exilio laboral que ya dura demasiado tiempo.
La Semana Santa, es alegría en sí misma, es la apoteosis de la alegría, a pesar del drama que representa, (yo he oído definir a una cuadrilla de costaleros como “el salón de una casa en la Noche de Reyes”, de lo felices que son sus integrantes en ella, y el bienestar que aporta la pertenencia a la misma).
Hay alegría en todo lo que rodea a una salida procesional, desde los preparativos a la clausura y alegre es, para los suyos, hasta el llanto de la Virgen en su día grande. Habría que ahondar mucho para definir la alegría dentro de una hermandad convertida en cofradía, porque todos sus componentes están alegres desde que se abren los postigos, pero, para mí, la alegría, entendida en su máxima expresión, está, con muchísima diferencia, en ese maravilloso, inocente y “ordenado” tramo infantil…

miércoles, 13 de marzo de 2019

32...



Al llegar del instituto, comen tranquilos porque hoy no hay que estudiar, bueno, siempre hay que estudiar, pero hoy no quieren. Una sobremesa tranquila, descansando el cuerpo y la mente después de las intensas horas de clase les lleva directamente a la hora de la merienda, y a la habitación donde descansan los VHS de Semana Santa que se saben de memoria, y que su familia no entiende cómo pueden estar todo el día viendo. El café, sentado en su sillón viendo cómo las cofradías salen y entran de sus templos, o discurren por los puntos neurálgicos de las ciudades vestidas de fiesta, sabe mucho mejor que cualquier tarde del año, y la tertulia se improvisa, mientras las imágenes, y los vídeos, se van sucediendo. Llegada la hora, empiezan a prepararse, y uno va sacando la ropa mientras el otro prepara la plancha, sin quitarle ojo al palio que revira en la calle con la torre al fondo.

Tras quitar las arrugas, todo se prepara con mimo y, después de despedirse de sus padres, salen contentos calle arriba hacia el local donde espera la parihuela de ensayos de su hermandad, y donde sus amigos ya les están reclamando. Unas horas de ensayo, de preparar lo que tanto les gusta, de reírse con los que comparten con ellos la hermosa tarea de ser los pies del Señor el día de la salida, unas cervezas posteriores con los que siempre se quedan, y a dormir que mañana hay que levantarse para ir a clase…estas son las cosas que han vivido los que han tenido la suerte de salir de costalero con su hermano…

martes, 12 de marzo de 2019

33...


Yo soy aquella que ordena los presentes,
a través de los cristales del pasado,
 disponiendo luego lo ordenado
en hileras de cofrades penitentes. 

Yo soy la que registra las patentes 
de aquello que aún no está inventado, 
la que plancha los trajes arrugados, 
el polvo que seremos en la frente.

Lo mismo soy ciudad, que soy el barrio 
que acoge a las familias en el día 
en que pinto de colores los calvarios.

Yo soy la misma, la de ayer, ésa que guía
pasocristos, misterios, pasopalios... 
la Semana más fugaz de Andalucía

Fuente fotografía: archivo personal Delfín Gandiaga

lunes, 11 de marzo de 2019

34...



Las cosas no pasan porque sí, algo hay además del azar, o del destino, a los que se empeñan en achacar las cosas que no se pueden explicar, o que parecen imposibles. No siempre ocurre, porque no siempre se conjuran los astros para hacer posible lo que no puede serlo, y no siempre las personas están en el momento justo, en el instante preciso, por lo que hay que preparar el instante, jugar con la casualidad, y de eso se encargan los de arriba, no la probabilidad ni la estadística.

Resulta que al sur del sur, en la más enraizada Andalucía, un chico llevaba años llamando a una compañera de facultad, del Norte del Norte, que había compartido con él su último curso, para que fuera a conocer la parte de su ciudad que le había faltado, su Semana Santa. La chica, ya por la imposibilidad de hacerse con un billete, ya por la coincidencia con otros proyectos, había declinado la invitación muchas veces, tantas, que ya empezaban a pesar en el corazón del chico. Cierto día, ella lo llamó para decirle que bajaba a verlo, por Semana Santa, y que tenía que llevarla por los sitios de los que tanto le había hablado.
El muchacho se afanó en preparar unos días que le fueran difíciles de olvidar a su amiga, y cuando ésta llegó, la llevó a las salidas y los encierros, a las esquinas donde los pasos desafían a los balcones, y a éstos en los que esperan los saeteros. Todo iba como él esperaba, pero es aquí cuando aparecen las cosas imposibles, que algunos achacan al destino, y que hacen de este mundo un lugar mejor para vivir. La chica, torció por una calle que le había parecido diferente, y desembocaron en una plaza en la que había un paso de palio. Ella se quedó mirándola embobada, y le pareció la Virgen más bonita de todas las que había visto, por lo que le preguntó a su amigo por Ella. Él le explicó que era la primera vez que salía a la calle…su amiga y la Virgen, se habían estrenado el mismo año en la Semana Santa de la ciudad…desde entonces, la chica sale todos los años de nazareno en la hermandad…

domingo, 10 de marzo de 2019

35...



Lleva dentro de sí viejos marcos colgados con las fotos que siempre protegieran su casa. Los pasillos y libros, las ventanas abiertas, el aroma de la limpia blancura colgada. Lleva siempre, en los forros del traje que viste, en sus pulcras corbatas, la manera de un padre que igual la llevara y el clavel que su madre en el ojal le colgara.

Lleva risas de amigos, abrazos sinceros de la gente que vive los pasos con él, pero siempre, bolsillo pequeño de las cosas no idas, los abrazos de aquellos que lo fueron también. Una marcha en la mente y otra en los labios, la silbada entre dientes y la que mueve su palio, las estampas guardadas, los folios escritos, las palabras no dichas y los libros leídos. Complicidad cotidiana de los grandes amigos, y las noches sin luna protegiendo suspiros. Su legado, su historia, lo mejor construido, que pasea su sonrisa de color monaguillo.

Lleva cultos de antaño, los pasos distintos, tan pequeños que apenas podía perpetrarlos, una mano sujeta su cuerpo vencido justo antes que el suelo lo reciba en sus brazos. Los juegos de entonces, paseos por su barrio que le habla y le dice que el tiempo ha pasado desde las viejas cales de edificios borrados. A los balcones se asoman, presente y pasado, tantos buenos hombres de cordón morado.

Eso lleva, y parece que es poco a los ojos de aquellos que le dieran de lado, se limpia las gafas con mesura y cuidado, asoma sus ojos por los lentes gastados, sonríe al que sabe que ansía escucharlo y lanza su voz al oscuro teatro. Sus amigos, sus sueños, su gente, sus versos, saquito de esencias donde viven los ecos de las voces que ordenan vividos momentos. Mide el pulso al tiempo, porque hoy es su dueño, y empieza a vivir lo que ayer era sueño,..

…pregonero.

sábado, 9 de marzo de 2019

36...

En la ciudad longeva, cargada de historia, amanece cualquier mañana inundando el sol con su presencia la habitación del hotel que, en caótico trajín, los acoge desde la noche anterior. En las calles, los transeúntes se entregan a su tarea, ajenos al ocio que se asoma desde la ventana del primer piso, restregándose los ojos (qué bonita está cuando despierta). Los pregones de los dueños de los puestos lanzan al aire sus productos en un idioma ensordecedor, pero de un ruido melódico, casi agradable, que le recuerda a su ciudad, tan lejos y a la vez tan cerca.
Al salir a la calle, todo está muy distinto a la tristeza de la noche anterior, cuando la lúgubre atmósfera de una ciudad rindiéndose al sueño casi les asusta, y es que el sol lo alegra todo, por muy fríos que estén los ánimos. Paseando de su mano por la ciudad, sus ojos van de un edificio a otro sin posarse en ninguno, de una estatua a otra, de un palacio de acaudaladas familias medievales a otro, mirando en las fachadas los nombres de los que fueron y que tanto hicieron por la humanidad desde la rama de su estudio. Al final, en una calleja angosta paralela al río, las casas se adaptan al trazado de la calle, retorciéndose al final en un sinuoso espacio, tan estrecho, que hace que los balcones se saluden. En el aire que queda entre los portales, algunos turistas sacan la cámara para inmortalizarse, mientras que otros saborean un helado típico de la vecina casapuerta. Él, mire usted por dónde, no coge la cámara, se ha quedado absorto, fija la mirada en la calle que se pierde y su mujer le saca de sus pensamientos al preguntarle. La respuesta, rotunda, saca a relucir su naturaleza, que no se pierde nunca…”qué bonito iría por esa calle un paso de palio”….

viernes, 8 de marzo de 2019

37...



“¡Shhh….! Mi niña,…¡Shhhh…!...Corazón…no te pongas a llorar ahora, mira que ya queda poco y nos vamos…ea, ea”,…se va repitiendo el padre mientras su niña, de apenas meses, empieza a sentirse incómoda; balbucea, se despereza, y amaga con romper a llorar mientras su madre le pone el chupete y su padre la sigue meciendo, dulcemente, entre sus brazos.

Es Domingo, la han arreglado con su “vestidito” y su capota a juego para darse un paseo por la ciudad, o eso parece, pero lo cierto es que el paseo ha sido corto, desde el garaje a un lugar cerrado en el que hace calor, aumentado por la gente que se agolpa alrededor suyo. Los gemidos de la niña han hecho volverse a la señora de turno sobre su asiento que, con cara de desprecio, mira al padre y a la madre preguntándose, quizá, por qué han tenido que traer al bebé que no le deja escuchar nada, olvidándose de aquél que murió en la Cruz y que dijo aquello de “dejad que los niños se acerquen a mí…”.

La pequeña ya está más inquieta, pero se va calmando, y todo discurre con la normalidad que debiera, hasta que se escucha un nombre, el padre se hace hueco entre la gente y avanza orgulloso y nervioso, acercando a su hija hasta quien la llama, el cual, al verla, no tiene más remedio que esbozar una sonrisa mientras espera que ella llegue hasta él. El padre se coloca en su sitio, y responde por ella, dándole un legado que sólo unos pocos pueden tener, y hacerla partícipe, desde ya, de toda su historia; la de su familia, la de su cuidad…la niña se rebela, amaga con un llanto, pero al fin se consigue el cometido, ya descansa sobre cuello la medalla de su hermandad…

jueves, 7 de marzo de 2019

38...


La conocía desde siempre, aún sin conocerla, a través del recuerdo que, de su tierra, descansaba sobre la mesita de noche de su padre con forma de rectángulo de plata sobre piel, y su figura grabada en el metal. Luego, mor de sus anhelos cofrades, empezó a verla en todas partes, primero en los vídeos VHS que iba adquiriendo, cuando aún no estaba internet para buscarla cuando quisiese, luego en los artículos de libros, periódicos y revistas que siempre le dedicaban unas palabras. Claro que la conocía, porque… ¿Quién no la conoce? ¿Quién no ha escuchado nunca hablar de Ella? ¿De su barrio? ¿De su noche?...su nombre lo llena todo, de un rincón a otro del orbe andaluz que tanto necesita de él para sus cosas.
El tiempo, por un sinfín de circunstancias, no había permitido nunca que él, que tanto sabía ya de Ella, siempre en la distancia, que la quería desde la lejanía de sus ciudades, la hubiese visto, sin embargo, desde la proximidad de sus calles, y había imaginado muchas veces cómo sería el momento, llegado el caso. Se veía en esa archiconocida calle de “recogías”, invadido por el ambiente que sólo a Ella le rodea, disfrutando de su palio, de la gente, de la música,…mirando hacia arriba, hacia los balcones repletísimos de vecinos esperándola, y se llenaba de un “algo” especial y que no acertaba a explicar. Pero el hombre propone y Dios…ya se sabe, así que el día que la vio, no se pareció en nada a lo que había imaginado…cuando la Virgen asomó por la calle, su cara lo absorbió, de tal manera, que no había nada más; ni empujones, ni gente, ni música, ni nada…sólo su cara, desde que salió de la “callecita” a la avenida, desde que apareció hasta que se paró a su lado; sólo su cara, sólo su cara,.. y, además, desdibujada por las lágrimas…

























































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































La conocía desde siempre, aún sin conocerla, a través del recuerdo que, de su tierra, descansaba sobre la mesita de noche de su padre con forma de rectángulo de plata sobre piel, y su figura grabada en el metal. Luego, mor de sus anhelos cofrades, empezó a verla en todas partes, primero en los vídeos VHS que iba adquiriendo, cuando aún no estaba internet para buscarla cuando quisiese, luego en los artículos de libros, periódicos y revistas que siempre le dedicaban unas palabras. Claro que la conocía, porque… ¿Quién no la conoce? ¿Quién no ha escuchado nunca hablar de Ella? ¿De su barrio? ¿De su noche?...su nombre lo llena todo, de un rincón a otro del orbe andaluz que tanto necesita de él para sus cosas.

El tiempo, por un sinfín de circunstancias, no había permitido nunca que él, que tanto sabía ya de Ella, siempre en la distancia, que la quería desde la lejanía de sus ciudades, la hubiese visto, sin embargo, desde la proximidad de sus calles, y había imaginado muchas veces cómo sería el momento, llegado el caso. Se veía en esa archiconocida calle de “recogías”, invadido por el ambiente que sólo a Ella le rodea, disfrutando de su palio, de la gente, de la música,…mirando hacia arriba, hacia los balcones hasta repletísimos de vecinos esperándola, y se llenaba de un “algo” especial y que no acertaba a explicar. Pero el hombre propone y Dios…ya se sabe, así que el día que la vio, no se pareció en nada a lo que había imaginado…cuando la Virgen asomó por la calle, su cara lo absorbió, de tal manera, que no había nada más; ni empujones, ni gente, ni música, ni nada…sólo su cara, desde que salió de la “callecita” a la avenida, desde que apareció hasta que se paró a su lado; sólo su cara, sólo su cara,.. y, además, desdibujada por las lágrimas…

miércoles, 6 de marzo de 2019

40/39...


Todo apunta a nuestra hora deseada,
la cabal, la principal, la desmedida,
la inmedible, la especial, la repetida,
la siempre bienvenida y bien hallada

Esta hora que aparece remarcada
en el cofrade calendario de la vida
es el b
álsamo anual de las heridas
que causara al batirse en retirada.

Ha sonado la hora, os lo aseguro,
es el mismo sonido,
¡quién diría!
incipiente, sosegado y prematuro.

Ha llegado en el momento que debía
su fruto va a caer, est
á maduro,
tan s
ólo restan yacuarenta días

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

Si estás interesado/a en algo de lo que figura en esta Ventana, manda un e-mail a abuelo_costalero@hotmail.com antes de colgarlo en otra página.
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