sábado, 13 de abril de 2019

1...



…Por la mañana, chaqueta azul marino, corbata, o camisa, o gemelos nuevos, que el que no estrena no tiene manos, y esa otra mano, la mano de tus hijos, la cintura de tu esposa, y una ciudad entera para pasearla y disfrutarla.
La misa de palmas, las visitas a los templos que, en unas horas, habrán de abrir de nuevo sus puertas para llenar las calles de los colores de las túnicas, los aromas del incienso y los sones de las marchas. Abrazos entre amigos, deseos de buena estación para los que salen y alguna compra en la mesa de póstula para hacer crecer la colección de estampas, o algún pin con el escudo de la hermandad. La solapa ya lucirá los colores de la suya, la medalla estará colgada, señal de que hoy se hace estación y, de vuelta, a ver al Cristo del barrio que sacó cuando joven.
El Almuerzo en casa, con la familia, recuerda otros momentos en que él y sus hermanos jugaban en donde ahora lo hacen su hija y sobrinos, esperando la hora de siempre para ir al encuentro de las hermandades.
Gracias  a la televisión, y a la radio, esa espera se hace menos lenta al contemplar las salidas desde su butaca hojeando el programa y planeando el recorrido de la tarde, aunque podría hacerlo de memoria…la Borriquilla, La Sentencia, la Cena, el Cautivo y el Despojado, junto con el sol en lo más alto del cielo, le confirman que ya sí, que la cuenta atrás terminó, que se silenciaron los pregones, se enfrió la cera que fundió las candelerías, las casas de hermandad se quedan vacías de enseres y los templos están listos para la semana más grande, la más esperada,…
Habrá llegado sin habernos dado tiempo a nada, y otra vez nos cogerá desprevenidos, con la mirada atónita, de sorpresa y asombro, por la celeridad con la que todo llega y todo empieza a irse. Que llegue cuando quiera, que llegue cuando pueda, pero que llegue con sol…vamos a verlo “tos por iguá, valientes”…mañana será Domingo de Ramos…
Fuente Fotografía: La Locura Cofrade

viernes, 12 de abril de 2019

2...



La noche en que todo se acaba empieza a fraguarse muy temprano, porque él se levanta temprano imposibilitado para dormir por los nervios que le han acompañado desde el momento en que se acostó pensando en este día. El desayuno preparado deja indicios más que suficientes de qué día es el que ha amanecido y, todavía en pijama y restregándose los ojos, corre hacia la ventana para comprobar que el cielo raso de la noche anterior no se ha esfumado como la Semana. Se viste y se encamina al templo, por el mismo camino de siempre, los mismos árboles que le saludan impertérritos, el mismo puente bajo el que se cruzan dos ríos, juntando sus aguas como se juntan dos partes de la historia de la ciudad. La misma torre, el mismo local pero sin esencia, donde aguardará dentro de unas horas a que sus capataces, razón y víscera, locura y sensatez, chispa flamenca y orden casi monacal, dispongan el momento para que la tropa se movilice. Todo permanece igual, y lo esperan, como él espera reencontrarse, reconocerse, sentirse y crecerse, ante la mirada más dulce que jamás pudiera salir de mano humana.
En esa venia, se entrecruzan miradas, y Ella le da permiso a él para echarse a la calle en su nombre; para espolear los caballos del orgullo y de la sinrazón, para liberar su desquiciado corazón cuando de Ella se trata, porque él es un loco elegido, es un paria, un don nadie, un indocumentado y un sin techo, que necesita de Ella para poner orden en sus cosas cada año, cada día. La despedida no es larga, es más un hasta luego, y en un abrir y cerrar de ojos se pasa de la oscuridad del templo a la blancura del pantalón y el costal, al aroma a colonia, al frasco de las esencias por destapar y a la verdad que lleva dibujada Ella en la cara.
La noche que todo se acaba, tiene su frontera física en el dintel de la puerta que separa la noche cerrada tras su manto, y la claridad del día en su delantera. Cuando sus locos enamorados, rodilla a tierra, hayan empezado a meter el palio en la Iglesia, se irán escapando, grano a grano, los minutos que quedan de Semana Santa. Cuando su iglesia a oscuras sólo esté pendiente del incendio que es su cara, cuando su marcha suene, y todo se silencie, cuando retumbe en el interior del paso la voz de un hombre llamando a otro, todo se estará yendo, como se van las lágrimas que caen desaforadas e incontenibles al mirarla, en ese momento en que todo es Ella y Ella es de los suyos…ahí está la verdad, en los ojos de los nazarenos que no la miran durante el trayecto, en los cuerpos cansados, en las lágrimas, la respiración y el racheo, ¡qué concierto puede ser mejor que esa música!, en la belleza de su palio, en su Hijo ya esperando hasta otro año, en su historia, en lo que desata al pasar, y en lo que pasa si Ella no pasa…la noche en que todo acaba, él se abrazará a los suyos, le secará las lágrimas a esa amiga que no puede vivir sin Ella, le hablará a su hija de quién es Ella y por qué son de Ella, y le explicará que la del manto exigente, la de la saya torera, la que navega siempre, la que no hay tempestad que pueda con Ella, la de la  mirada dulce y la cara bonita, le renovando el “contrato”, otro año más, dándole fuerzas para aguantar otro año más, renovándole la sangre para vivir otro año más, mientras Ella se va despidiendo a los sones de su marcha la noche en la que todo se acaba, otro año más…

jueves, 11 de abril de 2019

3...



…Mañana será otro día…piensa mientras acaricia la frente de la que, gritando y empapada en sudor, se ha levantado sobresaltada por una pesadilla, llamándola a voces y no queriéndose separar de su cuello, diciéndole que no se vaya. Sentada en el borde de la cama, seca las lágrimas que resbalan por la mejilla regordeta y sonrosada, mientras su mano busca su molde en la otra más pequeña, respiración entrecortada, sábanas rosas y peluche. Su cuerpo está en la cama, pero su mente está en otro sitio; otra cama, la del hospital en la que, también gritando y empapada en sudor, empujaba para dar a luz a la que aún no consigue dormirse, abanicada por su nervioso marido que sólo podía hacer eso; bueno, eso y decirle que la quería, temeroso al máximo, impaciente al máximo, orgulloso al máximo. Recuerda su llanto, y cómo se la pusieron encima, todavía con el cordón umbilical, su húmedo contacto, su calor, y el apresurado latir de un corazón que, a partir de ese instante, ya latía fuera de su cuerpo. Recuerda la sensación inexplicable de querer hasta el extremo a una personita que sólo tenía nombre, y que ya lo era todo.
Jugando con su pelo, ”Cálmate cariño, mamá está aquí”…evoca las veces que la ha peinado para llevarla de paseo, pero nunca, sólo a veces, para ir a colegio, ya que por su trabajo nunca puede llevarla, siendo su marido el que la despierta con besos y siente su primer abrazo, su primera sonrisa. Aún suspira hondo y aguanta un gemido al recordar las veces que se ha caído, las que ha venido corriendo llorando por cualquier cosa, pero se le pasa enseguida cuando piensa en las mil ocurrencias que le despiertan una carcajada casi por cualquier motivo porque, a pesar de todo lo que le ocupa, del tiempo que se ha pasado entre pañales, biberones, uniformes y baberos, a pesar de todo lo que no ha podido hacer por estar con ella, ella es todo lo que tiene que hacer, y por ella no cambiaría ni su juventud, ni su ocio, ni su tiempo libre, ya que su tiempo libre es ella, ahora con sus primeros deberes, y mañana con sus primeros “de todo”. "Uy, mañana", al fin se ha dormido y ella vuelve a su cama sin entender cómo su marido no se ha enterado de nada, y piensa mientras se duerme en todo el cariño desinteresado que recibe de su hija y el amor inmenso que le tiene, lo que la necesita y la añora cuando la tiene lejos, y es entonces cuando piensa en Ella, y piensa que las lágrimas de su cara son pocas para todo lo que debe llevar dentro. "Su Hijo murió por nosotros", piensa,…y se levanta de nuevo a darle un beso a su hija…
Fuente fotografía: El Correo de Andalucía

miércoles, 10 de abril de 2019

4...



Él encontró la Esperanza un mes de diciembre de un año cualquiera, cuando los dolores de parto de su esposa casi se la traen el dieciocho, festividad de Nuestra Señora, pero quiso Ella que naciera al día siguiente llenando desde entonces sus vidas. La Esperanza, días después, vino a ellos, de nuevo, en el color verde de las batas de los médicos que durante tantos días velaron por su pequeña, en aquella unidad donde cada incubadora era una llamada a la vida, a la lucha diaria de enormes (tan pequeños) corazones. Este duro tramo les golpeó sin piedad, cogiéndoles desprevenidos, mermando su ánimo a la par que aumentaba, quién lo iba a pensar, su entereza. Cambios de carácter que salpicaron a familiares que ya no sabían qué hacer, qué decir, y volvían desanimados a sus casas. Gracias a Dios, la Esperanza llegó a verla y ya se quedó con ella hasta el día en que recibió el alta, después de veintiún de pasillos hospitalarios (que a veces son todo menos eso, hospitalarios)
Él siempre la ha tendido como un referente, para todas las cosas de su vida, por eso siempre le da gracias por todo lo que le ha dado. Por eso, también, a ella, a esa niña que le ganó desde que abrió los ojos, que aprende de sus cosas y le hace ser mejor persona a diario; a esa pequeña que corretea por casa y quiere ver al Señor y a la Virgen, le quiere agradecer  todo lo que le da sin saberlo, todo lo que obtiene de ella y la fuerza que le da con su “vocecilla”; ella le ha entregado lo mejor que tiene en la vida y, como regalo, quiere darle el amor de su Madre, para que siempre la acompañe donde vaya…

Él no sabe qué puede regalarle
por hacerle feliz todos los días;
si es tanta la luz que ella le envía
que todo sería poco para darle…

No sabría jamás cómo pagarle
esa sonrisa eterna, y la alegría
de que le hagan reír las tonterías
que su padre le hace al despertarle.

Su labor será hallar esa manera
de equilibrar para siempre la balanza
y poderle devolver lo que le diera.

Sellar, dándole besos, esa alianza,
que de por vida le quiera y él la quiera,
y que nunca le falte la Esperanza…

martes, 9 de abril de 2019

5...



Tiene el nombre de las cosas bonitas, esas que cuando piensas en ellas sólo puedes sonreír y admirarte. El nombre del amor más puro, el que se siente por aquellos que son sangre de tu sangre, da igual en el orden en que ésta fluya, y el nombre de los sentimientos más profundos, los más escondidos, los más reservados.
Tiene el nombre que todos sabemos, y por eso la llamamos, porque sabemos cómo hacerlo, para que acuda a nosotros con la alegría del que es feliz, pero moderada, no vaya a colisionar con la pena que lleva ese otro que la llama para que le consuele el alma. Todo en Ella es bonito, tan bonito, que la vemos en cada cosa que nos rodea, y todo nos sabe a Ella, y nos llena y nos conforta porque Ella es Ella, para todos nosotros. ¿cómo la llamas?..¿.Victoria en tus batallas importantes, Encarnación, Maravillas, Dulce Nombre para lo amargo de tus horas, o con ese nombre tan grande que sólo ocupa tres letras?...dime,¿ la llamas Luz en la oscuridad del trabajo ingrato pero indispensable?, ¿o la llamas Dolores porque ves en Ella toda la Amargura de tus peores momentos?...¿la llamas Consolación porque sabes que Ella en sí es consuelo para todo?...hay quien la llama Reyes, porque ve en ella la grandeza de su estirpe, Soledad que te acompaña siendo Ella la más necesitada de compañía, Caridad que es de lo que más precisa este mundo que desconoce el significado de la filantropía. ¿o la llamas Esperanza?..¿.Rosario?, ¿Penas?, ¿Merced?, ¿Remedios?, ¿Sacromonte, que es como llamarla raza, barrio, cielo o casa?..¿la llamas como a la brisa más fresca de la mañana, que es como decirle Aurora? ¿la llamas como a la Estrella que a tus noches les de paz, o Concha, que es como decirle hermana, amiga, vecina…a la que es Madre de Dios y de los hombres?
Dime, ¿cómo la llamas?...en estos días en que tan faltos estamos de Misericordia, ¿la llamas Amor y Trabajo para que su cara, que es un lucero, haga que no te falte ninguno de ellos?...en estos tiempos de Soledad, esperando a los hijos que viven con sus madres, a los que se van de fiesta, a los que trabajan fuera…¿non sería más coherente llamarla Mayor Dolor, porque es eso lo que sentimos cuando no los vemos?,¿o la llamas Angustias, que no hay nombre más Alhambreño ni más granaíno para llamar a una madre?.. ¿la llamas Triunfo, la llamas Alegría?...ya lo dijo un pregonero, no hay mejor forma para llamarla, que su nombre, y la gloria se nombra con cinco letras…María. 
Fuente fotografía: ABC Sevilla

lunes, 8 de abril de 2019

6...



…A veces le preguntan por la calle qué va a escribir mañana, y lo agradece. Pero también se asusta un poco al pensar en ese día en el que se le agoten las ideas, y ya no pueda, o no tenga nada, que escribir. Sus amigos le siguen, y le animan, porque se sienten identificados con sus palabras, porque se ven o se han visto muchas veces retratados en los personajes inventados, o simplemente porque se van directamente al sitio que describe, y es que eso es lo más bonito de escribir, piensa, que la gente se emocione con lo que él hace, aunque sea muy difícil conseguirlo.
Pese a todo y a todos lo que le incitan a escribir, él se siente a veces sobrepasado, sobre todo en lo referente a la magnitud de lo que debe ser relatado, y siente que no está a la altura porque..¿qué se le dice a los siglos que van dentro de cada lágrima, de cada clavo, o de cada mirada?...¿qué se le dice al rostro que sólo con verlo te sobrecoge o al que llevas mirando tantos años que ya se le ha dicho todo?...¿qué se le dice a una ciudad que deja de ser nuestra?...¿qué a cada calle archiconocida, pero irreconocible?...¿qué se le dice a la luz inventada por el sol sobre los pasos de misterio al volver una esquina?...¿qué al aliento y al esfuerzo, a la voz afónica, a la garganta seca?...¿qué se dice cuando hay tanto por decir que no se sabe cómo comenzar?...¿qué se le dice al que te ofrece agua?...¿qué se le dice al prioste incansable?...¿qué se le dice al lugar, al sonido, al aroma, al tacto de las túnicas recién planchadas?...¿qué se le dice al abrazo mudo o al grito cuando se recoge arriba?...¿qué se le dice al que te mira llorando?...¿qué al que no puede verla?...¿qué se le dice al que está lejos, y al que está cerca?...¿qué se le dice al que no la conoce, y a que no quiere saber de Ella?...él no sabe, no puede, por eso hay veces en las que se secan en sus manos las fuentes de la escritura, y el pensamiento ya no hilvana, no fluye, no siente…¿qué se le dice al que todo lo puede y todo lo entrega?...¿qué a la más bonita de las mujeres granadinas?...¿qué se le dice?...por eso, porque no se puede decir nada, le dicen, lo tiene que escribir todo, para no olvidarnos, para no alejarnos, para encontrarnos,...¿qué se le dice?...

domingo, 7 de abril de 2019

7...



Nos miran, nos miman. Nos amparan, nos cuidan. Nos “escuchan”, nos sienten. Nos esperan, nos conocen. Nos animan, nos consuelan. Nos arropan, nos hablan. Nos ven, nos intuyen, nos perciben. Nos aconsejan, nos corrigen, pero no nos imponen, Nos calman, nos guían, pero nos dejan seguir nuestro camino. Nos contradicen, pero no discuten. Nos quitan los miedos, nos sacan de las dudas, Saben, sin necesidad de que abramos la boca, nos perdonan, nos buscan, nos encuentran. Nos sonríen, se entristecen. Siempre están, aunque no se les llame. Siempre encuentran el momento de “asaltarnos” cuando más lo necesitamos, aunque creamos que no. Viven, sufren, aguantan todo, aceptan todo. Su indulgencia no conoce límites, siempre lo hacen todo por nosotros, a pesar de que a veces no seamos merecedores. Son desinteresados, son dulces, son hermosos, son nuestros, somos suyos…podrían ser los ojos de una madre. Son los ojos de Una Madre…

sábado, 6 de abril de 2019

8...



Como niños…dejando al lado todo lo que pueda resultar un obstáculo, abandonando toda maldad, todo rencor, toda animadversión, cualquier resquicio de odio.
Como niños, abrazándonos a un peluche para dormir y que él sea el guardián de nuestros sueños felices, pidiendo agua en las noches oscuras sólo para saber que hay alguien ahí, con nosotros, levantándonos con una sonrisa, y un beso, y un abrazo, y que nuestra sonrisa de oreja a oreja, sin estereotipos, sincera y plena, sea la muestra inequívoca de que sólo somos amor, y lo entregamos.
Como niños, buscando por los rincones de la casa el juguete que tenemos enfrente porque sin él no sabemos jugar, pidiendo siempre que lo hagan con nosotros, a cualquier hora, a cualquier cosa. Buscando en los bolsillos de nuestros padres los tesoros más inmensos, cogiendo fuerte su mano, sintiendo que ellos están ahí para nosotros, sin imaginar que lo somos todo para ellos.
Como niños, merendando churros en Bib-rrambla, viendo a los chacolines, huyendo de los cabezudos, corriendo por las farolas del Paseo del Salón vestidos de domingo para acabar despeinados de tanto reír y saltar.
Como niños, sí, como niños, de “ burbuja” para no hundirte al bañarte en Almuñécar, de gorra y cantimplora en la Fuente del Hervidero, de churro-pico-terna al uno, de lima y pilla-pilla, y de misa y almuerzo los domingos.
Pero sobre todo, como niños, de zapatos limpios y campana de barro, para ensordecer al que no se entere del motivo de llevarla, de pararnos ante el puesto de multicolor de tambores y cornetas y algodones. De estrenar hombros, sentirse costaleros y llamarse capataces. Como niños, pero no cualquiera señores, como niños del Realejo, y de Granada…como niños…
Fuente fotografía: Ideal.Granafa

viernes, 5 de abril de 2019

9...



Algunas veces nos vemos “exiliados”, obligados por mayor o menor tiempo a vivir fuera de las fronteras de nuestra ciudad, dejando en ella un beso al salir de casa y encontrando otro al regresar una semana después. A veces, en ese maremágnum de cosas que se suceden dentro de uno cuando está lejos de lo suyo, en esa debacle aparente en que se convierte todo cuando cierras la puerta del improvisado y temporal nuevo hogar, y te enfrentas a la soledad de tu cena, de tu tele encendida para así tener sensación de compañía, de las sábanas frías y el único cepillo de dientes, uno piensa que se están pasando años y años de tu vida y que nunca los vas a recuperar, entregados a un inmisericorde laboro y un sueldo precario que apenas da para pagar los gastos y tomarte un café extraordinario. A veces, cuando uno se aferra al teléfono como único contacto y las visitas inesperadas de un día cobran la importancia de meses, o cuando te ves obligado a relacionarte con gente extraña sólo por salir de las cuatro paredes de tu celda con número y letra, surge un hálito de vida, una ilusión, en las pequeñas cosas…

Un día, durante un paseo invernal por la ciudad que nos acoge y nos intenta agradar (sólo lo consigue cuando la hemos dejado), una puerta abierta te invita a entrar a un espacio amplio, iluminado sólo por un foco que apunta a un sitio en concreto, y por la luz velada de las vidrieras que rodean el edificio. El punto certero, es una cara, son unas manos, no las conoces, te acercas a verlas porque algo te ha llamado a hacerlo, avanzas por la parte central sólo mirando esa cara iluminada por la luz que la hace destacar y sólo entonces reparas en que hay alguien con Ella que sostiene un pañuelo para limpiar la mano, que te ofrece acercarte…y lo haces, le besas la mano, te quedas un rato mirándola, te sientas en un banco y sigues mirándola,.. ya no te sientes sólo, ya no te sientes triste; le preguntas la advocación y te sorprende la respuesta, es la misma que la de tu Virgen en tu ciudad, y entonces lo entiendes todo, y sales inmensamente feliz y reconfortado.

Desde entonces, cada vez que vuelves a la ciudad te pasas a verla, porque comprendes que ahí, con Ella, siempre estará tu casa…

Fuente fotografía: B/C Diócesis de Málaga

jueves, 4 de abril de 2019

10...



Él era de ese lugar en que una Virgen sale de una Iglesia en un recinto árabe, y en las que las mujeres acompañan a su Madre vestidas de mantilla. De ese lugar en el que la Maravilla tiene lágrimas sobre las mejillas, y la Esperanza se pone en la calle bajo una torre altiva e imperecedera. Ese lugar en el que los niños son costaleros debajo de otro Niño, Dulce como ellos, al que acompañan con infinidad de campanas cada año, y cuya visión te pega un pellizco en el alma del que no te recuperas fácilmente. Un lugar en el que Cristo muere en la cruz, en silencio, dos veces en la semana, siendo su muerte aclamada como Protección la una, y como todo la otra. En ese lugar se piden tres deseos cuando suena el toque de clarín el Viernes Santo, justo a la hora en que murió Cristo, precediendo otros toques, los de las Chías, que nos llevan a otros tiempos. En donde una Virgen fue y vino de Roma con el arma de su belleza, ganando la batalla de todos los corazones que la vieron, y en donde tres barrios, tienen ellos solos media Semana Santa…él es de la ciudad en la que los crucificados se siluetean sobre el  blanco fondo de una Sierra, y en donde las estrellas escogieron a la más bonita para ser Madre del barrio. La ciudad en la que los Reyes prestaron título a la que baja por la Carrera de un río que dicen dio oro, y hoy sólo inspira poemas. Una ciudad en la que la Virgen tiene tirabuzones morenos que se peina con primor para seguir a su Hijo, el calé, el de la pita y la zambra, el que inspirara la marcha, el mejor Gitano del monte sagrado.

Él es de esa ciudad, pero también de aquella en que un Señor es Sentenciado en la Madrugá, sin plumeros, sin arco, pero en calles medievales. Es también de esa ciudad en la que a la Esperanza la llevan doscientos hombres bajo una filigrana de trono que huele a biznaga, y donde la Paloma es una mujer que no puede ser más bonita. Es de esa otra ciudad en la que todo se hace silencio para el paso de un nazareno, y explota después en júbilo ante el paso de la mismísima Madre de Dios, y de esa otra en la que los ángeles nombran a la Rosa del Cister.

Él es de Chapiz, Bacalao y Rayo, de olivo, azahar y arrayán, de occidente y de oriente, y en todos los lugares está presente en Semana Santa, porque quien tiene un amigo cofrade en otra ciudad, es como si él mismo fuese cofrade de ella…
Fuente fotografía: Diario Sur

miércoles, 3 de abril de 2019

11...



De pequeño, sus padres lo metieron en un colegio de curas, de esos en los que vivías interno y no salías a la calle más que para ir a clase o en los pocos días de permiso que te daba la educación. Que “la letra con sangre entra” lo fue notando en sus carnes desde muy temprana edad, en las aulas de ese colegio que fue odiando con toda su alma y, al salir de él, su ideología estaba más que definida y decidida…oposición a todo lo que tenga que ver con la Iglesias y sus ministros.

Fue madurando, fue creciendo su rabia; las amistades hicieron la militancia y ésta la destrucción total de lo que quedaba de sus padres en él, cegado ya por la rebeldía, y empezó a expresar libremente su opinión usando como lienzo las blancas cales de las paredes de las iglesias, en su pueblo natal primero, y en la ciudad después. 
Durante los tiempos de la Universidad, sus padres a los que repudiaba por ser de ideología extrema opuesta, le permitieron con sus sueldos vivir holgadamente en un barrio castizo, con historia y enjundia, en el que fue deshojando las margaritas del amor en sus compañeras de facultad, siendo feliz todo el año en ese barrio en el que viven muchos "progres" cómo él, y se juntan a beber cerveza en la plaza que preside un Cristo y al que miran con indiferencia y, en algunos casos, asco.

Al llegar Semana Santa, comienza su calvario particular, pues en ese barrio longevo y culto, hondo en las raíces de la ciudad, radica media nómina de cofradías y, claro, él no puede seguir yendo con la bici por donde quiere y como quiere, y se ve obligado a seguir expresando libremente su opinión, con voces blasfemas al son de las cadenas que penden de sus orejas. Haciendo caso omiso de autoridades y vecinos, llega a su casa a deshoras, habiéndose bebido la educación que sus progenitores costearon, y se asoma borracho a la ventana justo en el momento en el la Virgen llora su amarga pena volviendo al templo cercano. Se calla, enmudece, quizá aquejado por la conciencia, quizá recordando las veces que hizo llorar a su madre, y se come sus gritos, sus blasfemias y sus insultos ante la grandeza de una Madre que a pesar de todo lo que le ha dicho, a pesar de la botella que aferra entre sus manos sólo él sabe con qué intención, todos los años vuelve a verlo pasando por la puerta de su casa…

Fuente fotografía: Diario de Cádiz

martes, 2 de abril de 2019

12...


Son diminutos armarios, y en sus dispuestos cajones, se van guardando año a año todo lo que el que las entrega, o las recibe, entrega y recibe con ellas. No es fácil descifrar su contenido, porque a veces nos quedamos en lo superficial que hace que todas resulten las mimas o. al menos, parecidas. No acertamos a desgranar todo su potencial oculto, porque nos quedamos en lo que se ve a primera vista, pero no avanzamos más, y ahí es donde está la clave, ahí es donde se encuentra su profundo significado.

Si no buscamos más allá de lo meramente estético, no sabremos nunca que en ellas se encuentran los mejores deseos de los que las entregan, ya sea para el niño que ha de venir, el que ya ha venido, o el que se espera con ansia pero nunca llega. En ellas, va impresa el alma del que la da, porque en ellas va siempre un profundo sentimiento de afecto, de que todo salga bien, de bendiciones, o se encuentra el abrazo sin estridencias y el apretón de manos mirándose a los ojos en el adiós definitivo. En ellas la nieve del dolor por la pérdida se funde con el calor de la amistad, al recibirlas.

En ellas van prendidos los besos de los hijos a sus madres, la protección, la seguridad, el amor, la felicidad, la emoción, pero también el apoyo, el “yo estoy contigo” o el “nunca te abandonaré”. Con ellas se busca que nunca le falte a las personas queridas lo que representan, y que se entregan en los momentos cruciales de la vida, porque en ellas está impreso un “no te rindas”, un “hay que seguir” o un ánimo sincero y que no desfallece. El padre que se queda en casa porque ya las fuerzas no le acompañan, las recibe con emoción al día siguiente, y sabe que todo fue bien por la sonrisa del que se la da, dándole un beso enorme al que descansa sus años en el sillón de toda la vida.

No fallan, no se rinden, no caducan, no mienten, pero sufren, y lloran y están, y duermen y viven, siempre viven, y no se marchitan, y, al recibirlas, con ellas va el alma de quien las entrega…por eso, cuando tengáis una en las manos, cuando penséis que otra vez es la misma, recordad que son armarios cuyos dispuestos cajones guardan año a año lo que el que las recibe y las entrega, recibe y entrega con ellas…las estampas

lunes, 1 de abril de 2019

13...

En ellas se puede leer una vida…porque la vida está ligada ellas, desde el primer momento en que la tocas, hasta la última vez que la contemplar. Su cordón nos habla de cuál es el sitio que hemos elegido para vivirla, ya que el color es un origen, una casa, un sitio al que dirigirte, un saber de dónde vienes y a dónde vas. Además, las revueltas de sus hilos, el ajado de su textura, sus bordes gastados y el oscurecimiento de su metal, son indicadores de la edad que tiene el que la porta, porque el cofrade nace dos veces. Una cuando su madre lo trae al mundo, y otra cuando se la cuelga. En los momentos importantes de la vida, siempre están, bien colgadas del cuello, bien en un bolsillo, perfectamente liado el cordón, porque nos dan fuerza, ánimo, ayuda y seguridad. Exámenes, confirmaciones, bodas, nacimientos y, por supuesto, cultos y salidas, son motivo para llevarlas y para que ellas sigan haciendo historia con nosotros, y viviendo nuestra vida.
En las casas, se guardan celosamente en un lugar privilegiado, inalterable y casi místico, al que no dejamos acceder salvo a nosotros mismos, que nadie toca e incluso nadie conoce, y al que acudimos cuando necesitamos de ellas para cualquier cosa. Lo importante es que no estén solas, y que vayan aumentando su número, señal de que la vida sigue creciendo en el hogar, incrementándose la familia. Cuando esto pasa, es bonito ver las diferencias entre las que acaban de llegar y las que ya llevan tiempo en casa, las más nuevas y las más antiguas, en esa jerarquía que marca el momento en el que juras las reglas y te haces hermano de una hermandad. Por eso, porque son nuestra vida, siempre las tocamos antes de emprender algo que intuimos transcendental para las nuestras, y con ellas va una parte también de la persona, aumentando su valor cundo el que la llevaba ya no esté, Por eso nunca se cambian, porque hacerlo sería perder idiosincrasia y, todo el cofrade lo sabe, algo se sí mismo. La cuaresma ya ha empezado, podéis ir sacando…las medallas.

domingo, 31 de marzo de 2019

14...



Ha salido a la calle, como cada mañana, dispuesto a comerse la jornada laboral, habiendo dejado en el colegio, previamente, a la luz de sus días, y dándole un beso enorme, para así llevarse consigo la energía que le transmite y así poder afrontar el tedioso día…

Al salir por el portal, la mañana lo ha saludado con un aroma especial, mitad a flores, mitad a campo, y el frío del invierno parece haber menguado, convirtiéndose en un leve fresco matinal que no ha hecho que se cierre la cremallera del chaquetón. La luz le ha deslumbrado, debido al reflejo que, del sol, hace el escaparate de la tienda de zapatos en la que el cartel de un Cristo con la Cruz a Cuestas le hace recordar que la Cuaresma está terminando, y ya mismo todo volverá a ser como antes.

 Los árboles en flor, el buen humor que va transformando las caras de la gente con la que se cruza en su rutinario paseo hacia el trabajo, son síntomas de la primavera, instalada en el ánimo de los jóvenes que, mochila a la espalda, caminan hacia el instituto delatado el uniforme la procedencia de sus estudios.

La camarera le recibe con su cordial sonrisa, de esas que iluminan hasta los más recónditos rincones de las almas más oscuras, y él le responde igualmente, mientras toma asiento en el lugar de siempre y ella la está poniendo el café, y metiendo la tostada en el tostador, como siempre. El periódico tiene algún artículo sobre el pregón de una cofradía, y el pie de foto lo firma un amigo, y se entrega a la lectura sin percatarse de que una anciana ha entrado al local, peinada con moño y unas flores decorando su canoso pelo. Le ofrece lotería, que rechaza, y sigue con su venta entre los parroquianos que desayunan ahí, algunos por la cercanía, otros por el pan de las tostadas, delicioso, y otros por la sonrisa de la camarera, de esas que iluminan hasta los más recónditos rincones de las almas más oscuras…

Sale por la puerta tras pagar y, al poner el pie en la calle, la misma sensación que hace media hora al salir de su casa, ahora acuciada por el aroma a incienso que sale de la esquina próxima, y que ha hecho que el misterio de otro cartel avance por la callejuela…echa a andar sonriendo y piensa, mientras se coloca el chaquetón, que ya huele a Semana Santa…

sábado, 30 de marzo de 2019

15...



Recuerda que su madre le contaba que una vez, hace muchos años, un Crucificado de su devoción estuvo expuesto, con carácter extraordinario, en la catedral de la ciudad. Ella, devota del Señor, procuraba acompañarlo en todas las oportunidades que tuviese, bien fuera yendo a su iglesia cada Lunes, bien en los actos que su hermandad le dedicase. Ese día fue uno de estos últimos, y acudió a la cita acompañada de su hija, muy pequeña, aunque no puede precisar al edad exacta que ésta tenía en aquel momento. La niña iba muy contenta porque iba a ver al Cristo, y no paraba de preguntarle cosas a su madre acerca del porqué, el cómo y el dónde del besapiés.

La cola era grande, dado todo lo que movía (y mueve) el portentoso Crucificado, por lo que tuvieron que esperar su turno de acercarse, y la niña no podía verlo, ya que su corta estatura era sobrepasada por la marea de gente que les precedía. Llegado el momento, cuando su madre se apartó para la que lo viera, la niña se pegó a sus faldas y, con una mueca de miedo, se quedó parada sin querer acercarse…

Pasados los años, otro besapiés, en otro barrio, otra hermandad, otro Crucificado, no menos portentoso que el anterior, le lleva a él, acompañado de su hija de corta edad que, ilusionada, le pregunta en su “media lengua” los motivos de ir a verlo. La misma cola, la misma espera y, cuando llega la hora, la misma reacción que su tía tuviese hace años y es que, por muy dulce que sea la muerte, siempre conmueve y asusta…

viernes, 29 de marzo de 2019

16...



Se ha visto de pequeño, peinado con la raya al lado, la gomina de marca, el churrete en la mejilla que limpia la saliva de su madre, vestido de monaguillo para salir, por vez primera en las filas de su hermandad. Muchos años así, hasta ese momento en que pudo vestir la túnica de nazareno, y desfilar orgulloso entre los perfectos tramos que tiene su hermandad cuando se hace cofradía. Los momentos de vestirse en casa, junto a sus hermanos, y salir juntos hacia el templo, y el de esperarlo sus padres después para regresar a casa tras la salida procesional.

Se ha visto también, más tarde, con sus amigos de la hermandad, adolescentes entonces, reunidos en la casa de que es de todos para limpiar plata, preparar enseres, o simplemente para echar una mano y quedar con ellos, enseñándole a esa amiga especial los entresijos de la preparación de una estación de penitencia. Los cultos, gomina otra vez, chaqueta azul marino, el besamanos de la Virgen en Diciembre, y tantas vivencias que los hicieron inseparables.

Del cirio pasó al costal, y a pasear a su Cristo por la ciudad, más orgulloso todavía, ya adolescente, recordando ahora los relevos, los preparativos, el crujido del paso aquella vez primera, el olor del interior antes de que den la orden para levantar, y la visión de la calle desde el otro lado de los respiraderos. Muchos años de costalero, hasta que la edad le dijo basta y pasó de nuevo a las filas de nazarenos. Luego vino el ser fiscal, diputado de tramo, diputado mayor de gobierno (aún mira el reloj a la hora de la entrada), miembro de la junta…

Qué de cosas han pasado, piensa, qué de gente ha conocido, qué de momentos le ha tocado vivir en esta, su hermandad, y no puede menos que sonreír con orgullo ahora que, ya en la madurez de su vida, le toca uno de los difíciles, de los de responsabilidad, que espera hacer bien porque para eso siguen con él los mismos amigos que hizo siendo adolescente. Hoy, con ellos, jura el cargo como hermano mayor de la hermandad… 

Fuente fotografía: Hermandad Jesús nazareno de Algeciras

jueves, 28 de marzo de 2019

17...



En la “recogía”, ese momento del recorrido que pone en jaque las fuerzas de los hermanos, cuando el relente del comienzo de la noche ha dejado paso a la fría madrugada y las calles se vuelven hinóspitas, la gente se retira a sus casas, o a otros encierros y el cansancio hace mella, el Hijo de Dios avanza pausado por el centro de la avenida, vislumbrando sus capataces, al final, la luz acogedora de la sede de la Hermandad.
Así viene, cuando los guardabrisas son un ascua titubeante por culpa de la poca cera que queda ya en las velas, cuando su mecida es más pesada, más cadenciosa, cuando se levanta y el quejido de sus hombres te traspasa, y es en esos momentos cuando la marcha se hace más amiga, más confidente, y deja con su sonar una caricia de ánimo, bálsamo para los que lo esperan, lo llevan, y lo acompañan. Surge la marcha, cumpliendo su musical trámite, y trasportando a todos los presentes al momento de la salida, el bullicio y el calor, mientras la noche ha cogido de la mano a la ciudad para llevársela a dormir, y el portentoso paso parece otro, aun siendo el mismo de antes.
En un momento determinado de la interpretación, salta la chispa, el quejido de metal de la corneta que, en un magistral “sólo”, ha conseguido fundir en uno al público y al paso, hasta el punto de que no se sabe dónde empieza uno y acaba el otro; rasga el velo de la noche el intrépido sonido, sin que ninguno de los presentes respire, y el Señor nos va dando la espalda, camino ya de su retiro, otro año más…es tal la emoción, tal la contención de nervios, tal la unión entre banda y paso, que parece que nada puede romperlo pero, al acabar el ·sólo·, el resto de la banda irrumpe con tal ímpetu, que la gente estalla en aplausos y a uno le queda sólo el pensamiento…”quién fuera corneta”.

miércoles, 27 de marzo de 2019

18...



Por la calle más bonita del mundo, viene hacia la ciudad el llanto más personal, es más, el personalísimo llanto que hace de su poseedora la más radiante flor de este pequeño jardín que son sus dolorosas, y viene bajo el palio más romántico, el de la proporción y la medida, que cobija el manto que lleva el mismo color de la colina que se vuelve cada año para verla.

La calle más bonita del mundo se ensancha para que pasen los remates, y las bambalinas no toquen las paredes de sus emblemáticas casas. Los conventos colindantes, los baños de los árabes y el rumor lastimero de un río que dio oro, y ahora apenas sí inunda con su caudal las fuentes en las que beben los poetas que le cantan a esa calle, y a esa ciudad.

La calle más bonita del mundo, a sones de marchas, es todavía más especial, y pareciera que ha sido diseñada expresamente para que discurra por su pavimento adoquinado esta elegante mujer, que convierte en maravilla el recorrido por el que discurre, abriendo la Semana Santa. Pero si cuando va es hermosa, ay, cuando vuelve…sus mejillas iluminadas por una menguante luz de candeleros transmite más dolor, pero más belleza, más cansancio, pero más ternura, más fin, pero más principio…la calle más bonita del mundo, el llanto más personalísimo de la ciudad, es fruto de la calidad que tiene la historia imaginera de la ciudad que tiene la suerte de verla cada año, o cada día, o cada momento,.. cuando Ella sale a la calle, es preciso meterse por los recovecos que hacen las calles colindantes a esa otra, que es la más bonita del mundo, para acercarse hasta donde está y seguirla en todo el trayecto. Ella es el epicentro de un terremoto devocional que se desata en el corazón del que la mira, no digo ya del que ha tenido la suerte de ser parte de Ella en algún momento de su vida, porque ya nunca se puede dejar de amarla.
Él lo sabe bien, no en vano sus ojos fueron los que miró cuando se dirigía al altar a casarse con la que hoy es madre de sus hijos, y por eso se asoma cada año a las puertas de su iglesia, para ver cómo el sol entra antes que nadie, le besa las manos a la Madre de Dios, y la devuelve hecha un ascua de luz, nos la devuelve en Maravillas…

martes, 26 de marzo de 2019

19...



El sol dándole en la cara. El ambiente primaveral. El de los globos y la de las papas asadas. El puesto con tambores de juguete, con cornetas de lo mismo. Los palcos de la carrera oficial engalanados. El bullicio de la gente que va y viene. Algún nazareno con prisa camino de alguna iglesia. Los balcones con familias esperando. Los padres con los hijos, los hijos con los padres, las madres siempre guapas. El incienso que se cuela por algún sitio. Una cruz de guía, algún costalero fajándose y, más tarde, de relevo, mirando la tarjeta para ver dónde entra o repartiendo una estampa entre la gente. La cera en el asfalto, la cera en las candelerías, la cera fundiéndose en alguna cuaresmal sacristía, la cera en la mano del orante nazareno. La luz de la ciudad, los bares repletos, las filas de gente mirando al mismo lugar, la cara de Uno al que no se le puede aguantar la mirada. Las pandillas de jóvenes yendo al encuentro de las cofradías, los que te preguntan “¿está cuál es?”, el que sale a la puerta de su negocio. La ropa de entretiempo, las prisas, ése lugar, aquélla mirada, una cintura asida, las bandas en ordinaria y extraordinarias. Los trajes negros planchados, las medallas al cuello el día de la salida, las póstulas…las tapas de cuaresma con los amigos, los ojos vidriosos cuando viene quien viene. La noche cómplice, los palios que van pesando, los misterios más amasados, las mantillas cansadas, los niños dormidos en brazos de sus padres, las puertas abiertas esperando tramos de recogida, la luna del Jueves Santo, la tarde del Viernes…sus ojos, los míos, y el tiempo que pasa…todo eso, y algo más, se viene a la mente cuando ves, en cualquier comercio, el cartel que anuncia lo que ha de venir…¿o no?...
Fuente fotografía: Fernando Morales.Photography

lunes, 25 de marzo de 2019

20...



De la mano de su padre, todo es más seguro. Su pequeñez, la inocencia que rodea todo lo que dice, se ve más que protegido cuando su pequeña manecilla es envuelta en la de su padre. De la mano de su padre, puede ir a donde quiera, sabiendo que nada malo habrá de ocurrirle.

Los amigos de su padre, cuando éste le suelta la mano, se la cogen con igual firmeza y, aunque no es lo mismo, también se siente protegido, y va de un lado a otro con ellos, acercándose aquí y mirando tal cosa, o corriendo hasta allá para fijarse en otra, y es que son bonitos estos días que el pasa con su padre y sus amigos, dejándose llevar por lo que dicen unos y contestan otros.

Los hijos de los amigos de su padre, son sus amigos; tienen que serlo a la fuerza porque se han criado juntos, en parte porque casi todos tienen edades parejas, en parte porque sus padre pasan mucho tiempo juntos, así que se divierte con ellos, se encuentra cómodo y le gusta ir donde ellos van, que casi siempre es al mismo sitio, deambular en torno a un grupo de amigos, sus padres, que una vez por semana en ese tiempo que llaman cuaresma, se reúnen para ensayar con la cuadrilla de costaleros a la que él, obviamente ,pertenecerá algún día, no sólo porque es la de su padre, sino más bien porque es la suya, y por eso le gusta ir pegado a la Zambrana mientras suena la marcha y el capataza ordena, imitando los pasos los de los costaleros, y cogido de la mano de su padre.

domingo, 24 de marzo de 2019

21...



En la radio suena “Mujer de las mil Batallas”…y él piensa…uno que está en paro desde hace mucho tiempo. A otro, desde este año, le falta una madre, o una abuela. El otro vé cómo el que le dio la vida se apaga lentamente en una cama del olvido, sin conocer a nadie ni recordar nada, y en su mirada lleva reflejada la tristeza de su oscuridad. El otro está estudiando oposiciones y lucha a diario con el cansancio para darle estabilidad a su familia. El otro se ha divorciado y no ve a su hija nada más que cuando puede, o le dejan, nunca cuando quiere. A La hermana del otro la han echado del trabajo porque se ha quedado embarazada, aunque no pueda explicarse cómo en este siglo siguen pasando estas cosas. El otro ha sido padre, y su recién estrenada sonrisa contrasta con las lágrimas del otro, también padre, que tiene a su hijo en un hospital enganchado a no sé cuántas máquinas, fiero guerrero con pañales que libra su guerra con la ayuda de una estampa que alguien ha dejado sobre la incubadora. El otro se acaba de casar, y el otro se lo ha pedido a su novia de siempre, y le ha dicho que sí, por lo que vienen con una risa cómplice y una felicidad desbordada. Los otros este año no vienen, uno se ha lesionado y el otro trabaja en Dublín, donde el único dorado que ve es el de la espumosa cerveza que le sabe a su barrio. El otro no llega a fin de mes, y al hijo de otro le dicen “gordo” en el colegio, mira tú que cosas, apellidándose “Delgado”. La Madre del otro le pone flores a la Virgen todas las mañanas; el otro es de Derechas, y el otro de izquierda, y a los otros los políticos le son indiferentes, por no decir otra cosa, porque aquéllos no se enteran de que la verdadera UGT es una cuadrilla de costaleros. El otro viene y va, el otro sólo va a las cervezas; Al otro la edad le avisa que esto se va acabando, y todos juntos van debajo de Ella cada año,..otras mil, distintas, pero batallas…
Fuente fotografía: Granada Hoy

sábado, 23 de marzo de 2019

22...


Durante la estación de penitencia, el costalero abraza el zanco para impedir que se mueva durante el avance del paso, y corregir, en la medida de lo posible, los vaivenes que éste pueda tener mor de las calles o de las órdenes, rápidas y que no admiten demora, del capataz.
Su mano queda casi oculta por el faldón, asomando de vez en cuando en ese mapa que representa la vida del costalero, que es el estado de la misma. Muchas veces hemos imaginado la clase de hombre que se esconde detrás de esa mano, intentando saber algo de su vida, sólo porque la hemos visto asida a la madera del paso, intentando adivinar sus devociones por las pulseras que la decoran, o si es casado o no, por el anillo que lleve entre sus dedos.
No se sabe el motivo por el que esa mano asomando por los faldones conmueve, hasta el punto de que más de una vez la acariciamos, como si con esa caricia quisiéramos recompensar el esfuerzo del de abajo, o recibir un poco de la gloria que le imaginamos a todos los que llevan a las sagradas imágenes.
Para él, quizá pase desapercibido que desde fuera le brindamos, como homenaje a ese trabajo voluntario por el que la Semana Santa es así, y no de otra manera, ese leve roce con su mano. Para él, quizá no pase desapercibido, y con ese gesto sonría mientras el paso avanza y otras manos esperan cruzarse con la suya. Quizá, lo bonito de salir de costalero esté precisamente en lo que no ves, más que en lo que ves, y lo que reconforte su espíritu mientras entrega el corazón bajo los pasos es que, al pasar nuestros Cristos y Vírgenes por las calles de nuestras ciudades, alguien se conmueva al mirarlos y los sienta cerca cogiéndole la mano…

viernes, 22 de marzo de 2019

23...



Aun adaptándose a la oscuridad del templo desde la luz de la plaza, camina con cuidado buscando su lugar en la capilla, ése al que le gusta llegar para abandonarse a sus cosas, y pensar, sólo pensar, dejando un rato aparcados los problemas y las dudas que le asaltan.
Es entonces, ya acomodado en el banco, fijándose en cada uno de los detalles del templo, comenzado con un estilo y finalizado con otro, dado el sinfín de artistas que contribuyeron a ello, cuando quiere percibir una conversación muy tenue, como la luz que ahora llena la iglesia, en la que cree adivinar una voz de mujer que habla con otra, de sus hijos que están en el extranjero por no haber encontrado trabajo aquí, de su madre que está muy mayor, y enferma, y ya no puede acudir a misa como a ella le gustaba dándose su “paseíto” hasta la iglesia cada Domingo por la tarde. En su conversación, una lágrima se escapa hablándole a su interlocutora de su marido que sigue en paro y no levanta cabeza, mientras intenta alegrarse contando las ocurrencias de sus nietos, alguno de los cuales tiene que llevar al colegio todas las mañanas porque su hijo y nuera trabajan.
No alcanza a ver con quién habla, porque no se le ve, debe estar en alguno de los recovecos que tiene esta iglesia, probablemente esperando a que el sacerdote pueda confesarla, y matando el tiempo con la charla entre amigas, vecinas del barrio que coinciden en misa, y que ven en eso una escapada de su rutina, una salida a todo lo que las espera en casa, desde que se levantan hasta que se acuestan, labor ésta de las mujeres tan poco reconocida y respetada.
Pasado un buen rato de charla amigable,(alguna carcajada ha soltado la mujer, en su distendido parloteo), sale al fin del lugar que la ocultaba de la vista, saludándolo al pasar por su lado. Pero sólo sale ella. Sorprendido, y tras comprobar que no viene nadie detrás de la mujer, se levanta de su sitio y camina hacia el lugar donde ha oído que estaba hablando y, al doblar la esquina, una capilla se abre desde donde nos saluda, esperando en su altar, la Amiga con la que estaba hablando la mujer,…la Virgen del barrio.

jueves, 21 de marzo de 2019

24...





En la estrecha calle, todo se complica…la gente agolpada no deja maniobrar y las fuerzas del orden deben de ir acomodando a la gente antes de que llegue el paso que, imponente e irremediablemente, ya está asomando la manigueta por el muro. Se suceden los “Shhhhhh…” de la multitud pidiendo silencio, y las primeras órdenes del capataz no se hacen esperar…”poco a poco, oído a lo que se manda”…el paso ralentiza su marcha, sus hombres lo duermen en los costeros y la banda, que hasta hace nada llenaba el aire con sus metálicos quejidos, adopta una postura nueva, marcando el paso de los costaleros con las cajas chinas…el redoble manda a los de abajo, y el capataz, con voz clara y firme a pesar del momento decisivo, templa los nervios y manda de nuevo…”la derecha adelante y la izquierda atrás”…sus hombres, obedientes hasta el extremo, van revirando el paso hacia la calle, queriendo las farolas de las esquinas tocar con su hierro de siglos los guardabrisas delanteros…el paso sigue su marcha, pausada, cadenciosa e imposible, y ya está embocado para que sus enormes dimensiones entren en la calle, que espera absorta y en silencio. Los brazos de la Cruz casi dan con los ventanales, y el capataz, todavía entero, sin nervios, sigue ordenando a los suyos que sólo toquen los zancos, y que no tengan miedo porque él no lo tiene. La gente sí que lo tiene, se desatan los nervios, alguien amaga un grito porque el remate iba a tocar un cable, y las vecinas le dan la mano al que muere por nosotros que se despide de la calle sin haberse alterado el de negro…la banda, de nuevo, arranca la marcha dándole a los costaleros la señal para adelantar el izquierdo y sacar el misterio a la plaza mientras todo son aplausos y vítores al capataz y a sus hombres…el que lo haya visto alguna vez, seguirá teniendo los vellos de punta ante esa liturgia no escrita que rubrican los costaleros por las calles andaluzas, esa liturgia no escrita del “parece fácil, pero no lo es”…

miércoles, 20 de marzo de 2019

25...


Por el callejón del barrio, pegado a la tapia de otras veces, espera a que la cruz parroquial anuncie la llegada del cortejo. Es éste unas de los momentos de su Semana Santa que más significan para él, sin ser hermano siquiera de la hermandad a la que espera, y que ha empezado a derramar sus ordenadas filas de hermanos, cirio en mano, sobre el grisáceo pavimento de la calle. El sol sigue ahí, pero matizado por la translúcida presencia de alguna nube inoportuna, que no parece amenazar lluvia sobre él, que sigue contando hermanos, a la espera de que llegue el Crucificado, al que llevan hasta el lugar que será de salida para la estación de penitencia del día siguiente.

Aunque él no lo pretenda, su mente ha empezado a ordenar recuerdos innombrados pero presentes, que acuden a su memoria sólo con el lugar, la hora, y el día. No es la primera vez que espera al Señor en esa tapia, y no lo ha hecho siempre sólo, sino que antes iba con su madre y hermanos, luego con sus hijos y, ahora, con todos y con nadie a la vez, por esas cosas que tiene la vida de situar a las personas sólo en los instantes que a ella le viene en gana.

Hace tiempo que viene sólo, y nota que las caras de los cofrades son desconocidas, lejos de aquellas que le saludaban a él y a sus hijos mientras acompañaban el solemne traslado de Cristo, y no puede dejar de preocuparse, sabiendo que quizá, muy pronto, él vuelva con ellos a hacer ese traslado, como espectador por las calles del cielo que, ahora sí, se ha quedado totalmente encapotado. El incienso empieza a dar su aromatizado pregón para anunciar la presencia del Omnipresente y ya todo es silencio al paso de la sublime talla del Señor, un Señor que no es de su hermandad, ni de sus cofrades, no es ni siquiera de la ciudad. En esta jornada matinal, el Señor es el de su madre, sus hermanos,…el que pasa delante suya, al que saluda santiguándose,..es, ni más ni menos, el Señor de su vida.

martes, 19 de marzo de 2019

26...



En la plaza que le sabe a infancia, los niños juegan al fútbol en el campo improvisado en el que el césped crece entre los adoquines y las porterías son dos bancos de piedra. De uno de ellos, jugándose el tipo, torero, un zagal así que le brillan los ojos intenta decirle algo más que palabras a una niña rubia de pelo larguísimo, enrollado en el extremo por unos dedos finos decorados con pintura y purpurina. Los amigos insisten en distraerle, echando el balón con intención nada alcahueta, mientras él pone la mano para evitar lo que  parecía inevitable, y parece que ha ganado puntos a juzgar por la sonrisa de la adolescente.

En la plaza que le sabe a infancia, una cuesta empieza junto a un antiguo hospital, hoy Facultad, y termina en donde la vista se cruza conejo ladrillo rojo de un palacio con nombre de hotel, o puede que fuese al revés. La gente pasea, espera a sus hijos en el parque infantil se encuentra a un lado, o disfruta de un café en las terrazas aún vacías, por la hora, pero que serán un hervidero dentro de no mucho rato.

Una fuente anima con su acompasado rumor el canto de un vagabundo que emociona a sus vecinos de litrona y, a la par, provoca la risa de los jóvenes que lo miran ajenos a su carga de vida destrozada, o quien sabe si escogida, o las lágrimas de una anciana que ve en él a su hijo casi vencido por la droga y el alcohol que aplaude desde uno de los balcones de la plaza que le sabe a infancia.

Él mismo se ve en los niños que juegan en el parque, o en los otros que aturden a la pareja, incluso en los del café y comprende, desde su improvisado, también, mirador el discurrir de la vida de la plaza, voces, risas, pájaros y agua, pensando en que se ha bebido de un trago la infancia, la juventud y media vida.

En la plaza que le sabe a infancia, las vecinas del barrio pasan santiguándose ante la pétrea imagen que la preside, cada vez que salen a la calle y él lo hace también, ante ese otro del mismo nombre que ahora mismo se acaba de poner en la plaza que le sabe a infancia…

Fuente Fotografía: Efrén Cea

lunes, 18 de marzo de 2019

27...



Cuando suena “Mi Armagura” la vida es dejarse ir, mientras todo se detiene en un momento. Todo permanece inmóvil, todo deja de ser todo para ser marcha, y palio, y calle, y fiesta…

Cuando suena “Mi Amargura” tan sólo hay que cerrar los ojos, abrazarse a tu interior, a tu “yo” más íntimo, y saborear ese momento fugaz e irrepetible, a que siempre nos lleva esta marcha; a ese paso que se va, a esas bambalinas besando balcones, a esos brazos de cola iluminando un manto de despedida, que sólo nos sabe a nostalgia.

Cuando suena “Mi Amargura”, se han apagado los soles para encenderse las lunas, y la ciudad ya no es sino una enorme cuna en que se duerme la Virgen mientras suena “Mi Amargura”…y se va tan lentamente que parece que se queda, y se queda mas se va, sin parecerse a ninguna, pero nuestra mente sabe quién viene con “Mi Amargura”…

Cuando suena “Mi Amargura” las almas se quedan frías, y los corazones laten sin pararse y a porfía, al ritmo del son que marcan esos hombres de María…

¡por Dios! que no la despierten,..
dejadla con su hermosura,
 con la inherente apostura
de esa mirada que enciende
 las tinieblas más oscuras,
 que llega ya por su calle,
 descorriendo cerraduras,
 llamando a sus convecinos,
 mientras su gente susurra
oraciones bajo el paso
para la que llaman Pura,

Dejadla, que viene sola,
pero su barrio procura
 envolverla en un abrazo,
en esta noche que oculta
 los temores, los enfados,
 los olvidos y las dudas…
dejadla, que viene sola,
pero su barrio la ayuda
a superar esos trances,
 aunque no encuentre la cura,

 Al verla venir dormida,
 su palio, por la estrechura
 de su calle que la espera
 controlando su locura,
 esa que siente por Ella
 y no precisa mesura,
Uno piensa en que esta noche
 a su paso se aseguran
 las sonrisas, los milagros,
 las dichas y las venturas,
 más bello marco no existe,
 se rinde la arquitectura,
que en Ella todo se acaba
y Ella todo lo inaugura,
 viéndola venir de frente,
 mientras suena…”Mi Amargura”.

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

Si estás interesado/a en algo de lo que figura en esta Ventana, manda un e-mail a abuelo_costalero@hotmail.com antes de colgarlo en otra página.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...