martes, 20 de noviembre de 2018

A los amigos, las abuelas y los barrios...



Tantas veces pasé por la plazuela,
que, a veces, percibo su llamada.
tantas calles ocultas, mis pisadas,
que siempre me llevaban a mi abuela.

Las niñas, en domingo, su Rayuela,
reflejan ya su edad en la mirada;
las primeras caricias, inventadas,
adoquines desgastándome las suelas.

Tantas veces mis ojos se posaron
en los árboles longevos de la plaza,
donde siempre mis amigos me encontraron.

La casa, hoy de tu madre, ella te abraza;
sentir de nuevo que los años no pasaron
mas ver los posos de los mismos en tu taza.

N. del A: a veces uno publica en redes sociales alguna foto improvisada, y las más veces surgen comentarios espontáneos acerca de lo que esa foto ha trasmitido (eso es lo más bonito de todo esto, creedme). Otras veces, sólo aquellas en las que los astros se conjuran, de esos comentarios salen cosas como esta, y por eso se la dedico a esos amigos que suelen comentar mis fotos... 

sábado, 11 de agosto de 2018

Angustias...


Aunque no eras su Patrona, aunque en esa localidad se rinda culto en ese sentido a una imagen mucho más pequeña que señorea el quince agosteño, aunque los habitantes de la localidad donde está hecha esta foto no acudan a buscarte al final de cada Septiembre para verte perfumada de nardos, cuando tu ciudad se quita el salitre para inundar tu carrera; aunque, a veces, yo mismo me olvide de que estás ahí siempre, llamándome con la voz de mis abuelos, de mis padres y de todos los míos, muchos de los cuales ya ven tu manto de estrellas en lugar del de los alféreces provisionales, Tú siempre te haces notar, incluso desde los sitios más pequeños, para que yo me fije y te vea, aunque para hacerlo haya que mirar más de dos veces. 

Así son tus cosas, así son las mías, y así también las de nuestra Granada, que siempre está presente incluso si no queremos, incluso si nos olvidamos, incluso si nos alejamos. Yo muchas veces no entro en tu Basílica, a pesar de que paso por la puerta y me santiguo, como siempre hace el granadino y, puede que por eso mismo, por saber que muchas veces no llego a entrar, que no llego a verte para contarte cómo van las cosas en mí, Tú haces porque te vea y me acuerde de que, aunque a veces no repare en Ti, Tú si lo haces en mí, y me alegro de que así sea, de que por donde quiera que yo pase, adonde quiera que yo vaya, siempre están cerca tus Angustias...



miércoles, 8 de agosto de 2018

Fiestas del pueblo...


Tras los últimos acordes, el escenario queda en silencio y, en la boca, el sabor del trago apurado como sin querer hacerlo, dejando en ella el gusto de lo que recién termina, que dirían los argentinos. De camino a casa, su mano en la mía aprieta fuerte, para sentir la seguridad que sólo yo le puedo proporcionar y que algún día comprenderá que no es tal, mientras me cuenta lo feliz que ha sido,(aunque su cara lo delataría si ella no quisiera hacerlo), y emprendemos el recorrido que, sólo unos días antes, nos emplazaba en ese mismo lugar, pero en sentido contrario.

Los operarios afanados en su labor la hacen pensar y lanzar nuevas preguntas que no acierto a responder del todo y a la misma velocidad, y sus ojos deambulan de un lugar a otro, en los que suceden similares situaciones, a saber, recogida de sillas, golpes de martillo, escaleras y luces apagadas. Eso es lo que más le llama la atención, cómo hace apenas unas horas todo brillaba en su esplendor y ahora sólo queda silencio y oscuridad en donde antes había destellos, música y gritos. Los chiquillos miran de soslayo y apenados el cementerio de luces de colores que mañana habrán de resucitar en otro pueblo, para despertar las risas otros de niños, como ellos, en ese trajín que siempre es una atracción itinerante. 

Una última mirada, ella y yo, a la calle que hasta hace poco ha sido testigo del trasiego intermitente de gente, de bullicio, de ruido, y comprendemos al mirarnos que algo ha cambiado en nosotros. Ella el año que viene se podrá subir a los columpios de los "grandes", y a mí se me resta una feria más, sabiéndome el barquillo del vino dulce a madurez, mientras mi mente anda quién sabe por qué recoveco de la infancia con mi mano apretada fuerte a mi seguridad. Un "hasta el año que viene, en el mismo sitio, si Dios quiere", mucha felicidad en su cara y más incertidumbre en la mía cuando, al dejar el recinto, ambos sabemos que se está acabando el verano, al apagarse la última bombilla de las fiestas del pueblo...

lunes, 6 de agosto de 2018

Su risa...


Al final, después de todo por lo que habían luchado, el presentimiento de que no había sido suficiente o, por el contrario, tanta lucha por lo de alrededor había ido haciendo agujeros en sus flancos, y por ahí se había ido deshaciendo todo. Ahora ya no importaba nada, mientras recogía las cajas de cartón con sus últimas cosas de la que fue su casa, la mirada perdida de su compañera le indicaba que poco o nada se podía hacer ya, y el coche esperaba la carga, y el olvido.

El volante le quemaba en las manos, y el sonido del coche que antes maquillaba su risa, le taladraba el corazón recorriendo, quizá por última vez, el barrio que fue testigo de sus "todos". Mañana ya será tarde, pero en el retrovisor nada le indicaba que las cosas fuesen a cambiar, que los errores no pesaran, que lo que se había descuidado volviera a estar intacto, y que el sol volviera a despertarlo abrazado a ella. Un claxon impertinente le despertó de su abstracción, ya al final de la calle de casas iguales. Aparcó el coche, y salió a estirar las piernas y reparó en que había ido a parar justo al sitio en el que todo empezó, aquella esquina donde empezaron a correr a ver quién llegaba antes a su nueva casa, y la vio correr, ágil, encantadora, mientras las mismas flores que adornaron por vez primera la mesa del salón, ahora le saludaban tristes. Dio la vuelta, subió al coche, y ya nunca volvió a escuchar su risa...

miércoles, 1 de agosto de 2018

Granada en cien fotos...


No nos damos cuenta, pero estamos...todos los que formamos parte de este entramado que llamamos ciudad, aunque es un pueblo pequeño, romántico y atípico, dentro de la definición cosmopolita que podamos tener de ella. Puede que en nuestro quehacer, ensordecedor, no caigamos en la cuenta de que lo que no sentimos no significa que no esté, y que lo que está, no nos paramos a sentirlo. 

La ciudad crece en historia y en nombre, interpretada a su albedrío por los miles de organismos que la habitamos, mientras nosotros nos empequeñecemos ante su lejanía, ante su magnificencia, que nos recuerda lo nimios que somos ante la inmensidad de su sólo apellido, "la Bella". La ciudad se despereza cada mañana de su letargo nocturno y no acertamos a ver la belleza que desprende, con sus detalles necesarios, como el olor a tostada en la cafetería innombrada, o la luz del sol asomando tras la espadaña del templo desconocido, y es que nosotros somos así...un ejército gris de seres iguales, aunque nos creemos únicos, en el diorama que es la ciudad de siempre, a la que tanto desconocemos; como las farolas, estamos, pero no nos sentimos...

viernes, 18 de mayo de 2018

El sol, la luna y,...la Esperanza


El sol va demorando
la hora de esconderse
pues no quiere perderse
el terminar del día…
la luna le urge aprisa
no se retrase tanto
que expira el Martes Santo
y llega la “recogía”…

Asoma por Elvira
la Dueña de la casa
mientras el Martes pasa
apenas comenzado;
la luna anda nerviosa
el palio se presiente
y el sol, astutamente,
olvida lo acordado.

Él daría color al palio
al salir de santa Ana
brillaría la filigrana,
de la plata, a su reflejo…
ella, en cambio, por la noche,
de su barrio, en la angostura,
realzaría su hermosura
al reflejarla en su espejo…

Pero él dice que “nones”
que se queda en su balcón
para ver esa emoción
con que Granada la llama,
quiere ver esa carita
de mocita primorosa
radiante como una rosa
que sólo tiene esta Dama…


Decide que no anochece
que esa noche no habrá luna
y que su luz, oportuna,
le prestará su belleza:
desde el principio hasta el fin
de la cofrade jornada
la Esperanza de Granada
tendrá al sol en su cabeza.

Y desde entonces, señores
Ella lleva por corona
al sol, que no la abandona
para apaciguar su llanto…
por eso es que, en Granada,
cada año y a esa hora
en que sale la Señora
se ilumina el Martes Santo.

Fuente fotografía:; Sergio Aguayo

domingo, 25 de marzo de 2018

1...


R

ealejo y terceros...una CENA, dos misterios. La blancura infinita de pureza de una Virgen que se viste de novia para concedernos la VICTORIA sobre la maldad desorbitada que vivimos, para darnos la PAZ en las batallas que libramos a diario y para las que, a veces, nos faltan fuerzas, ésas que no habrán de faltarle ya mismo al DULCE NOMBRE, cuando salga a la calle a acompañar a su Hijo por los caminos de Fígares. El Hijo, fruto de su ENCARNACION hace muchos años, tantos que pesan sobre aquellos que no creen, sobre aquellos que los insultan, que atentan sobre ellos y que, a pesar de todo, nunca podrán derrotar. 



Él entrará por Elvira en su BORRIQUILLA recuperando recorridos y tradiciones, para decirnos que seamos fuertes, que su SENTENCIA la asume y que ir CAUTIVO y DESPOJADO es parte de nuestra salvación que se hará efectiva justo dentro de una Semana en Vergeles. Dentro de una Semana, que habremos de disfrutar plenamente por haberla esperado tanto. Gracias al Señor y a la Virgen por tantas MARAVILLAS, por darnos salud para ser y para estar. Coged a vuestros hijos, colgaos las medallas, salid a la calle, vivid la Semana Santa como si fuera la última...ha llegado, que tengáis un muy buen…



...DOMINGO DE RAMOS.

sábado, 24 de marzo de 2018

2...


B

acalao, torrijas, pestiños, roscos y arroz con leche. Escaparates llenos de nazarenos de caramelo, pasos en miniatura y el olor que te invita a entrar a la esquina sempiterna, donde alguna vez te llamó la Semana Santa, por los fogones.

Calles con nombre de instrumento que llama a la ciudad para despertarla de un letargo de lluvia y viento que la ha tenido sumida en la oscuridad para sacarla a la luz, al aire fresco de una primavera que necesita todo lo que está presto a suceder para ser primavera, de lo contrario, sería...otra cosa.

Calles con nombre del Cuerpo de Cristo que han llenado la cuaresma de carteles y cerveza fresquita al amparo de una charla entre amigos y de besos a las que aguantan más que una delantera de palio en una "arriá", bares con nombre de palos de baraja por cuya puerta te asomas al barrio de los barrios y ves venir, de frente y muy cortito, la Semana Santa.

Potaje de garbanzos y espinacas, pavías de bacalao (otra vez), croquetas de lo mismo y de lo otro, que aderezan la vigilia mientras un paso tapado por sábanas blancas nos agudiza la "mudá" del entendimiento. En casa, la plancha humea y deja impoluta la tela que lleva un año guardada; se tragan los últimos trozos del postre, y se preparan las cosas porque, ya mismo, habrá que vestir esa túnica para decir: "yo soy del tramo del Señor"...

viernes, 23 de marzo de 2018

3...


C

omo en todo, siempre hay un público de "panem et circenses" que acude a ver a las hermandades como el que va a ver una carrera de fondo, esto es, se sienta en su silla con el cartucho de pipas desde el primer al último corredor, y luego la pliega y se va, dejando su honda huella de cáscaras, bolsas de "gusanitos" y envoltorios de chucherías. Ese público, entendido hasta decir basta, aplaude a todo lo que no hay que aplaudir y se calla sólo cuando engulle, a veces hasta con dificultad, los enormes trozos de pan con lo que sea y los tragantones de cerveza. Ese público es, además, el que más sabe de todo, y no sólo se atreve a opinar entre los suyos (que al fin y al cabo no molesta), sino que se lo dice al neófito, al turista, al foráneo y a María Santísima, dejando su impronta de inagotable saber y para su mayor regocijo interno. 

Después pasa lo que pasa...al Señor, unos días antes de su salida, lo suben solemnemente a su paso procesional donde espera a que le pongan la flor y ultimen detalles de priostía para salir a la calle. Y he aquí que ese público se cuela, sin saber el porqué del acto, enfadándose con el hermano que le pide silencio, y se pone a verlo junto a una señora que, estrenándose en esto de la Semana Santa, le comenta lo bonito que es el Crucificado... 

¿Bonito?...pues espere usted a ver el que sale de verdad... Lo dicho, "panem et circenses"

jueves, 22 de marzo de 2018

4...


L

os poetas, los rapsodas, los vates, son aquellas personas que, durante siglos, han venido plasmando sobre cualquier medio que le permitiera dejar constancia de ello, los avatares de sus épocas, las cosas que les hacían sentirse vivos, o las que no querían que se olvidaran nunca. Así, amores, desamores, ciudades, hijos, y un largo etcétera de cosas han llegado hasta nuestros días en forma de versos, que algunos se han bebido desde niños para seguir, aunque sea desde un atril particular y doméstico, engordando la lista de homenajes a la belleza que, en sí, constituyen los poemas.

La Semana Santa es poesía pura. Lo es cada alfiler que el vestidor coloca sobre el encaje de la Virgen, lo es la forma en que le cantan los flamencos dejando su alma en la saeta, lo es el primor con que se coloca una vela, o se limpia un farol, lo es la vista de la hermandad en la calle y lo son el rostro del Señor y los ojos de su Madre. Pero hay unos poetas, desapercibidos a los ojos momentáneos del que ve el discurrir de una hermandad, que lleva ese nombre guardado en las entretelas de su traje cada día grande de la salida procesional. Un poeta de palabras, no de escritos, de pellizco y de locura, un poeta en cuyos desordenados renglones se aglomeran los más hermosos versos, aunque salgan en prosa y que es el dueño del compás, la medida y el canon, de los trabajadores cofrades andaluces...

"Mil años...mil años, y estaba la gente de la huerta ahí..."

Poetas...


miércoles, 21 de marzo de 2018

5...


H

ay una Semana Santa, también, desconocida. Una que, aun siendo nuestra no nos pertenece, porque es propiedad de ese día que no vemos y que sólo sabemos de ella por las publicaciones, las fotos, los carteles y lo que los amigos nos cuentan.

De esa Semana Santa próxima y distante, apenas percibimos una trasera de palio que se esconde en una calle, un color de túnicas que avanzan, la sombra de un crucificado o los ecos de una banda que nos constatan que está ahí, pero no la vemos. Quizá esa Semana Santa de los sentidos no afianzados nos hace estar expectantes a cualquier cosa que proceda de ella, quizás es más bella por eso, quizá nos gustaría saber más acerca de sus cosas...

Pero es imposible... No podemos, porque esa Semana Santa es la que vemos a través de las aberturas del capillo, la que nos llega tamizada por la túnica y la que pertenece al mismo día en que nosotros somos cofradía y no ciudad, somos historia y no presente. Por eso nos gusta tanto esa Semana Santa...cuando llega ella, nosotros somos nosotros...

martes, 20 de marzo de 2018

6...


S

iempre la han recibido en casa, a veces con más alegría, a veces con menos, ya se sabe lo de "parientes y trastos viejos...", cada vez que ha querido venir a pasar unos días con ellos, quedándose, insistentemente, demasiado tiempo, tanto que les enturbiaba el carácter y les hacía decir cosas que no sentían. 



Alguien podría pensar que no la quieren, no es eso, sólo que esperan verla lo justo, lo preciso para hacer lo que tenga que hacer, cumplir con la visita, y regresar a su casa sabiendo que la echarán de menos en lugar de desear no verla más, y es que hay que ver lo que llega a hacer, que cuando viene, por su culpa, tienen que quedarse en casa y los niños, pobres criaturas, encerrados en su cuarto, sin poder hacer nada para remediarlo.



Este año, como casi todos, volverá a coger su equipaje y venir a instalarse en su casa. Aunque esperan que no sea por mucho tiempo, seguro será indefinido y no calculado, pudiendo consistir en unos días sólo, o todas las vacaciones, así que hay que hacerse a la idea de que vendrá, aunque no queramos verla en estas fechas con su húmeda carga para deslucir o impedir los desfiles porque, como a nosotros, a la lluvia también le gusta la Semana Santa...

lunes, 19 de marzo de 2018

7...


R

ecuerda que hace muchos años, cuando empezaba en esto de los pasos, un año, el capataz antes de llamar, les contó una historia de un hombre retirado, que había sacado al Señor muchos años y al que quería dedicarle la "levantá" por los prestados a su servicio y por lo que les había enseñado. El hombre era uno humilde, de camisilla blanca que empezaba a amarillear, y de mirada profunda, sabia, aunque algo enturbiada por la emoción del momento. 

No sabe por qué, recuerda también que él se asomó a la calle desde el paso y le dio las gracias a aquel hombre, quizá pensando en lo fácil que resulta ahora sacar pasos, en lo arropados que van los costaleros, desde fuera y desde dentro, de la hermandad al público, y lo difícil que resultaría para unos hombres que, muchas veces, lo hacían por llevar un jornal a casa y no eran muy queridos entre la gente. El hombre aceptó aquel agradecimiento con una media sonrisa y se quedó ahí, mirando la "levantá" de una cuadrilla que llevaba al mismo Señor, aunque de manera diferente.

Hoy el tiempo ha pasado, piensa, tan rápido que casi no le da tiempo a vivir, y mientras espera el homenaje que su hermandad y su cuadrilla le van a dedicar en reconocimiento de los años que lleva bajo los palos, recuerda todos los momentos que ha vivido, la de gente que ha conocido y se siente feliz, y agradecido. No repara en un chaval que se le acerca y, mirándolo a los ojos, le tiende la mano; él se la ofrece también y, en el fuerte apretón, aunque no lo diga, siente que le está diciendo: "gracias".

domingo, 18 de marzo de 2018

8...


C

ada mañana, desde hacía muchas, llegaba al colegio ilusionado sólo por verla, sentarse al lado, y dejar que le contara sus cosas, contarle él las suyas y sacar temas de conversación sólo por tenerla cerca.

Desde siempre han estado juntos, en el barrio, donde sus puertas contiguas le siguen teniendo asomado a la mirilla todo el día, casi, para verla salir o entrar, y luego en el colegio, donde comparten aula y confidencias.

Con el paso del tiempo, sigue mirándola, sigue esperándola y sigue sintiendo lo mismo, aunque ahora agudizado por los años que han pasado y que le hacen mirarla de otra manera diferente, pero igual de apasionada. 

Hoy es un día grande, se estrena de nazareno, y ya tiene todo preparado para salir, pero ella no ha aparecido en todo el día, y no va a verlo salir de casa vestido para ir al templo, ni él la ha visto por las calles del barrio camino de la hermandad. La cruz de guía se pone en la calle, él va con su cirio mientras todos los niños le piden caramelos y estampitas, aunque él no los escucha. La hermandad avanza, y después de la catedral emprende el camino de vuelta y no la ha visto, ni cree que lo haga ya, por lo que se desanima enormemente viéndose ya a lo lejos la plaza de la iglesia. Entonces, en una esquina, aparece de pronto, y siente que se le acelera el corazón. Al fin llega a su lado, se acerca a ella, nervioso y sonriente, y le alarga la mano, casi en la recogía, depositando en la de ella su primer caramelo de nazareno...

sábado, 17 de marzo de 2018

9...


P

repara con mimo su equipo. Las lentes que va a usar, el monopie, no sabe si usar trípode o con un objetivo luminoso le bastará para cuando la oscuridad haga acto de presencia, algo para picar por si el hambre le asalta, sin permiso, y una pequeña escalera de mano por si necesita subirse por encima de la gente.

La búsqueda del encuadre perfecto le va a hacer perderse muchos momentos que conoce de otros años, pero da por bien empleado el tiempo si consigue lo que quiere, las escenas que lleva urdiendo en su mente durante bastantes meses atrás y que, ahora, deberá llevar a la práctica. Va a ser difícil, lo sabe también, nadie le dijo que no iba a serlo, porque el tumulto, la aglomeración de gente, el ir y venir, callejeando, cargando con el equipo, y algunos ratos de agobio, van a ser obstáculos que deberá sortear, pero él quiere hacerlo, y tiene claro que lo va a conseguir, otro año más, siempre a las mismas horas. 

La gente, no va a ayudarle mucho. Le increpan, le hacen irse a otro sitio cuando ha conseguido ver la escena que buscaba, a veces le empujan justo cuando está subido a un pretil poniendo en peligro su integridad, y no pocas veces el equipo ha salido mal parado, pero él sigue en la dura tarea, para que luego, curiosidades de este mundillo, la misma gente que le impidió hacer su trabajo disfrute con él y de él.

Al llegar los días señalados de su cofradía, el fotógrafo coge la cámara y busca a sus titulares, sus hermanos, las esquinas y las calles, que luego veremos en carteles y boletines durante todo el año. Se abren las puertas, sale la cruz de guía, empieza la estación de penitencia...

La cámara, es otra forma de rezar...

viernes, 16 de marzo de 2018

10...


S

entada en su mesa de camilla, ha tiempo que dejó de reconocer el sitio en el que está, y la cama donde duerme. A los marcos de fotos se asoman rostros sin nombre otrora conocidos y queridos, que ahora no le dicen nada, mientras ella sigue en su mundo, viendo una televisión que mira pero no comprende, y lee la misma hoja de la revista cada vez que mira hacia ella.

Sus hijos se van de la casa con el dolor de lo inevitable, y la impotencia de que ella les sonría pero no sepa por qué, ni quiénes son los niños que la abrazan llamándola abuela aunque ella nunca les responda. En este continuo deambular por las sombras de la mente, ella es feliz durante cortos espacios de tiempo, y luego vuelve a su oscuridad, removiendo la taza del café de sobremesa, tras comer el almuerzo que cree que prepara, y se duerme la siesta.

Ni sabe, ni recuerda, pero hoy la han despertado los tambores e, instintivamente, se levanta de la mesa y corre a abrir el balcón, como sabe que ha hecho toda la vida, y se ve con su familia, ahora sí sabe quiénes son, asomada a la calle justo en el momento en que el Crucificado casi introduce su mano herida en las rejas de su casa. Ella le coge el dedo al Señor, le reza un Padrenuestro y se va feliz a su mesa de camilla. Sus hijos y nietos se despiden, pero ella ya no los conoce...


jueves, 15 de marzo de 2018

11...


C

uando todo está a punto de empezar, él mira el ir y venir de hábitos, monaguillos y costaleros, que deambulan buscando su sitio en el templo. Todo se coloca exactamente igual, todo donde debe estar, para que el discurrir de nazarenos sea fluido cuando se abran las puertas y la hermandad, convertida en cofradía, salga a la calle. 

Él sabe dónde debe estar, también, esperando que lo llamen, para esa labor efímera, como todo lo que tiene que ver con la Semana Santa, casi fugaz, por lo breve, pero tan intensa que hace que se le erice el vello, y que salga del instante con suficiente carga de paz como para aguantar los envites de la vida durante un año


Los nazarenos van saliendo, ordenados al máximo; la cruz de guía hace rato que anunció en la calle quién sale hoy a la ciudad y el paso se va acercando a la puerta rubricando el humo de las velas sobre el techo que ya es ése día, y los guardabrisas dejan su rastro de luz sobre las paredes, adivinándose desde fuera la mole dorada que es el misterio de su hermandad. 

Tras la salida, justamente difícil, el Señor se pone en la calle y llega su momento. Agarra la escalera, sortea los tramos de cruces y se acerca al paso, depositándola suavemente sobre el canasto. Con más suavidad todavía coloca un pie, afianzándolo sin alterar la escena y, una a una, va poniendo las potencias sobre la cabeza de Cristo, se santigua y se retira, habiendo sido el que más cerca ha estado de Él, durante toda la estación de penitencia...

miércoles, 14 de marzo de 2018

12...


C

uando el paso de palio emboca la ojiva, el murmullo reinante en la plazuela se apaga y todos los ojos se centran en Ella para no perderse ni un instante de la salida. Entre el público, una mujer de tantas empieza a luchar, apretando el puño y los dientes, mientras el paso, a órdenes de ese director de orquesta que siempre es un capataz, va salvando, poco a poco, el persistente muro que tampoco quiere dejar pasar la oportunidad de rozar el palio.

Durante la maniobra, dura, breve y precisa, ella no ha dejado de mirarla, hablándole en silencio, los nervios a flor de piel, como si ella misma estuviera debajo, sintiendo como suyos cada gemido del costalero, cada orden, cada paso, cada sentimiento...sus lágrimas ya empiezan a brotar, a pesar de que ella intenta contenerlas, como sabiendo que si el agua sale, ella no percibe el último esfuerzo, y se resiste a ello con todas las fuerzas de las que dispone. 

Al final, el palio, en mitad de la plaza, es recibido con júbilo por los allí congregados, pero ella sabe que queda el trámite decisivo, el momento en que los hombres, ya con el Himno Nacional en los cielos de la ciudad, deben levantarlo desde las rodillas, para que flote sobre sus cervices durante toda la noche. Ella se encoge al mismo tiempo que el martillo suena y respira, aliviada, cuando la ve mecerse sobre sus treinta almas, un año más.

Ahora sí, las lágrimas salen, ella se seca con su pañuelo y, emocionada, avanza hacia donde el palio se ha detenido, toca el respiradero para sentir el calor de los "hombres de María" y ya se va retirando cuando, el capataz la toma de la mano, la acerca a la delantera y llama:

"Fulano...esta levantá va por tu madre, que la tengo aquí al "laíto""...

martes, 13 de marzo de 2018

13...


E

n el hospital que lleva su nombre, cada ventana a la calle es un sagrario donde vive Dios velando por los enfermos y la Esperanza pasea por los pasillos en las batas verdes de los médicos y enfermeros. Cada mañana del día más grande del barrio, desde esas ventanas por donde esperan que entre la Salud, esa que se cuela desde diversos rincones de la ciudad, miran los pacientes y el personal médico, a que llegue la hora en que todo vuelve a empezar otra vez.


A lo lejos no se ve nada, no se escucha nada, pero ellos tienen Esperanza, y saben que pronto volverá a ellos, como cada mañana del día más grande del barrio, el son que les aporta, al menos durante el momento que dura, una paz especial, y ese cariño tan suyo que les otorgan los que lo hacen posible.


Al fin, acompasadamente, se empiezan a intuir los ecos de unas cornetas que también llevan su nombre, el azul del cielo raya con el blanco de las plumas al viento en el horizonte, y ya todo es mar blanco y cielo limpio, destellos de corazas y sonidos marciales que llenan el aire de las más profunda Esperanza...lo saben, ha llegado el momento, en los sagrarios donde vive Dios en cada cama del hospital que lleva su nombre, las cabezas se amontonan para ver el milagro...otra vez, su ciudad del siglo XXI, es provincia romana...


lunes, 12 de marzo de 2018

14...


A

dolescencia...muchas noches ha salido dando un portazo a su educación, enfadado porque su padre no sabe de la vida (qué sabrá él, si es un viejo...), otras tantas de verlo asomado a la ventana, de madrugada, cuando vuelve de estar con los amigos y regresa a casa de aquella manera (qué pesado, no ha tenido juventud).

Las diferencias entre su edad, la actual, la que sabe de todo y por eso no pregunta nada y no se equivoca en nada, y la de él, arcaica y desfasada, han salido a relucir por casi todo, los estudios, las chicas, el alcohol, la política, la música, y siempre las voces han dejado al "viejo" cabizbajo, preguntándose qué es lo que ha hecho mal y por qué su hijo lo trata así, que siempre lo acompañó de niño, le enseñó a montar en bici, lo llevó a la feria y le mostró las cofradías cuando empezaba a despertar.

Pero, a pesar de todo, está contento, lo quiere y sabe que el tiempo lo pondrá todo en su sitio, y espera ansioso que lleguen los ensayos, los de su cuadrilla de toda la vida, porque en ella la adolescencia se templa y la fuerza se invierte bajo los palos. En Semana Santa, su hijo siempre lo busca para que le coloque la ropa antes de meterse, juntos, debajo del paso...

domingo, 11 de marzo de 2018

15...


E

s hijo...sus padres, de niño, le fueron enseñando los entresijos de su ciudad y las imágenes que, a ellos, siempre les han escuchado en sus oraciones.

Es marido...y su esposa aguanta lo indecible por Cuaresma.

Es hermano...la suya lo llevaba de adolescente a ver a sus amigos costaleros, y los otros han ido con él infinidad de veces haciéndose el costal para llevar juntos a la Madre de Dios, o a su hijo el Nazareno.

Es amigo...muchos de ellos no comprenden su costalería, y otros tantos lo acompañan en esta batalla de fe y de lucha contra la física que es sacar pasos.

Es padre...a su hija le está enseñando, como mejor sabe, lo mismo que sus padres le enseñaron a él, pero con otras imágenes, que cada cual tiene las suyas.

Es Semana Santa...y él deja de ser hijo, marido, hermano, amigo, padre,... para ser, solamente, costalero...

sábado, 10 de marzo de 2018

16...


H

ay una Semana Santa en blanco y negro. Una que nunca vivimos y que nos llama desde desgastadas fotografías que tantas veces hemos visto, ora en nuestras casas de hermandad, ora en los libros de cabecera que todos tenemos en nuestras estanterías.

Esa Semana Santa nos habla de siglos de historia, desde la antigüedad de nuestras imágenes, desde los años en los que se vienen celebrando rituales, cultos y reconocimientos a éste o aquél gesto hacia la ciudad de un Crucificado, un Nazareno o una Dolorosa

Una Semana Santa donde la ciudad misma era un aprendiz, y las imágenes se nos presentaban en "carrozas" desprovistas de la gracia costalera, la flor se salpicaba en los inexistentes canastillos y se usaba, más que para completar, para tapar las carencias de una pobreza que a todos afectaba, como a las cuadrillas, por igual. 

Esa Semana Santa sepia, en la que reconocemos a nuestros Sagrados Titulares, en la que vemos imágenes que dejaron de ser y templos ya extintos por la burocracia municipal, también nos muestra, claramente, y nos enseña, que si no hubiera sido por ella, por los desvelos de esos rostros antiguos asomados en blanco y negro a nuestra España, a nuestra Andalucía, hoy nosotros no veríamos la nuestra en color...

viernes, 9 de marzo de 2018

17...


T

ienen solera, son históricos y en ellos habita el saber popular de las gentes que le dan vida, con ese arte especial que tiene todo lo que suene a andaluz. Junto a ríos que desembocan, o no, en el mediterráneo, que daban oro y discurren a las faldas de montes rojos, o por los que se gestaron hitos de la historia de España. 

De casas pequeñas, humildes y nobles, rodeados por murallas que terminan en arcos, con sabor a salitre, o protegidos por chancillerías y juzgados, son especiales, marineros, señoriales, con mercados en los que se pregona el género en puestos que, casi siempre, llevan fotos, también especiales, en sus paredes. Azahar, biznaga y arrayán, perfuman sus vericuetos callejeros. Cucañas, historia y sabor en las calles donde bulle, hirviente, la sangre de las ciudades en que se emplazan, con nombres emblemáticos y llenos de tipismo que nos llevan a Ellas,...no en vano, Perchel, Triana, Macarena y el centro de la vieja Granada, son los barrios donde vive la Esperanza...


jueves, 8 de marzo de 2018

18...


S

e conocen desde hace muchos años, y casi desde el mismo día en que los presentaron se hicieron amigos, uno de occidente y otro de oriente en este basto terreno que cubre el orbe andaluz. Desde ese día, lluvioso y frío, empezaron una historia contándose, mutuamente, las cosas de sus respectivos lugares de procedencia, y su amistad se fortaleció por "culpa" de una Virgen a la que ambos llaman suya. 

Con el tiempo, matrimonio, hijos, bautizos, idas y venidas cruzando carreteras para verse, casi por cualquier motivo, consiguieron que esa amistad sobrepasara los límites de la palabra, y ya son familia cada uno de las respectivas del otro, teniendo casa en donde el otro tiene, y así con todo.

Cada Semana Santa, por esa amistad que llevan a gala, se llaman para desearse una feliz estación de penitencia y que cada uno se acuerde del otro cuando acompañen a los titulares de sus otras hermandades porque, cuando su Virgen sale a la calle, consiguen, cada año sin faltar uno lo consiguen, que uno físicamente, y el otro dentro del corazón y la mente de su amigo, vayan juntos debajo paseándola por las calles...


miércoles, 7 de marzo de 2018

19...


E

stá cansada...sus cinco añitos empiezan a sucumbir a los estragos del sueño y hace un rato que dejó de prestar atención a las camareras que, cansadas también, y con frío, anteceden al paso de palio, ése que salió a primera hora de la tarde y del que empiezan a intuirse las caídas. 

Abrazada a las piernas de su padre, su lazo deshecho reposando sobre el hombro, su bola de cera apenas asida por sus deditos, va mostrando señales, más que claras, del cansancio que ya no puede disimular. Juega con sus pies sobre el dibujo del adoquín, soñando quizás con su cama, a la que nunca quiere irse, para finalizar la agotadora jornada en la que se ha portado, eso sí, como una campeona.

Siguen pasando camareras, el relente de la noche que ha empezado a ser mujer se va metiendo por todos los resquicios, y el palio avanza, como en una nube, sobre las cervices de sus valientes costaleros. El padre le dice que ya está aquí, los sones de la banda se la acercan, en efecto, y por mor de las casualidades, o del merecido descanso para la cuadrilla antes de acometer el broche de oro a su estación, el capataz ordena a sus hombres detener el paso cerca de ella.

La niña, después de que su padre la coja en brazos, se queda mirando con los ojos entornados la belleza sublime de la Virgen, su rostro perfilado por las mortecinas luces de la candelería, deshechas las velas sobre los candeleros; las lágrimas, dibujadas casi, sobre la perfección de su tez, a la que la luz le da un aspecto diferente del de la tarde, en la que todo empezaba a ser.

El paso levanta, y el andar costalero, ya más asentado, parece confirmarle a la niña lo que lleva un rato rondando su cabecita, y le dice a su madre: "mamá, la Virgen también está cansada"...

martes, 6 de marzo de 2018

20...


C

onoce a todo el mundo, y todo el mundo lo conoce a él, dentro de los límites que establecen las puertas de entrada al barrio, por donde antaño salían y entraban los comerciantes a la ciudad. 


A todos...desde el último niño nacido en el barrio, hasta la abuelita más longeva; no hay ni uno de los que no sepa el nombre y a los que ayude, en su justa medida, cuando así se lo solicitan, en las innumerables ocasiones en que se encuentran.

A él le gusta pasear por su barrio, y pararse ante los puestos del pescadero, que limpia con tesón su género, ante la puerta del bar donde se reúnen los mismos a las horas sabidas, o ante los portales donde sus vecinas se alegran cuando se para un ratito a saludarlas para seguir con su ruta. Le gusta saludar a todos los que lo llaman desde los balcones, dedicándole siempre una palabra cariñosa, entre las macetas que imperan por doquier tras las rejas.

En los días grandes de la Semana Santa, disfruta más si cabe del barrio, al que acuden gentes que no van durante el año y se alegra enormemente de volver a ver las caras, ya mayores, de esos niños que se fueron buscando un trabajo, y hoy regresan con sus hijos a recorrer sus calles, buscando su propia historia. 

Esos días, él sale a mediodía, porque le gusta tener tiempo para dedicárselo a sus vecinos que, reunidos como digo por familias, esperan ansiosos volver a saludarlo para contarle sus cosas, cuando el sol anuncia en la torre la hora señalada... 

¡¡Oído!! ¡¡Los dos costeros por parejo a tierra!!...su barrio le está esperando...

lunes, 5 de marzo de 2018

21...


L

a luna, y él, lo saben...ella va marcando con sus ritmos el tiempo que les va acercando, y puede que también separando, a ese momento en el que se dicen las cosas que se han quedado guardadas, como la túnica, desde la última vez que se vieron.


La luna, Cuaresma alante, invierno atrás, menos paso quiero pero no pararse, se va haciendo más grande, más redonda, mientras él la mira cumpliendo trámites... Recogida de túnica, papeleta de sitio,...haciendo las cosas necesarias antes de todo, para que todo esté perfecto cuando vuelvan a encontrarse, y la gente le pregunta qué tiene con la luna que lo absorbe y que lo emboba, viéndola cambiar, como cambian también los continentes, que no los contenidos...

En la última luna, la más especial y brillante, la más grande y la más profunda, él se pone la túnica con su mejor amigo, yendo hacia el templo por el camino más corto, acortando también la distancia entre ella y él, pero hay algo más, algo que sólo saben la luna y él.

Esa noche, luna de parasceve en el cielo más limpio, la que marca la madrugada del Jueves al Viernes Santo, su túnica, su cruz, el Señor, el silencio y su familia... Toda su familia, la que está en la tierra viendo al Crucificado avanzar sobre racheo costalero, y la que, asomada a la inmensa ventana que es la luna, lo contempla desde el Cielo... El pasado y el presente, unidos por esa luna... Padre Nuestro que estás en el Cielo...

domingo, 4 de marzo de 2018

22...


U

n devastador incendio acabó con todo. No se sabe cómo, de pronto las llamas hicieron presa de la iglesia en donde residía la hermandad, y del Señor no quedaron más que cenizas, salvo sus pies. Se fueron con el fuego las oraciones de penumbra, y los vítores en la calle, y las miradas de soslayo en una misa, junto con las ilusiones y Esperanza que su barrio había depositado en Él. Pero el fuego purifica, aunque parezca una aberración lo que estáis leyendo, y el escultor, obviamente, tuvo que hacer el trabajo duro de sustituir, a golpe de gubia, la talla que el barrio reconocía por otra que habrían de reconocer como referente devocional.

No fue fácil, pero el autor puso en cada toque el mismo cariño que la gente que lo había perdido todo en un incendio desafortunado. Acabó la tarea, y el Señor hizo el resto...la junta de gobierno había decidido que los pies se dejaran porque no se podían perder los innumerables besos que sus devotos le habían otorgado en cada besapiés, y estimó oportuno colocarlos dentro de la nueva imagen... 

Desde entonces, el Señor sale a la calle llevando en su pecho las oraciones que, en forma de beso, se le habían dejado a la antigua imagen.

Cosas de tallas, imagineros, y Semana Santa.



sábado, 3 de marzo de 2018

23...


C

uando el frío aprieta y las noches de Enero se hacen eternas, siempre hay una rotonda que nos devuelve, al pasar y a modo de saludo, ecos de Primavera en sus notas. A veces sufren, además de las inclemencias de un tiempo desagradecido, las voces y los insultos de los vecinos que, mor de sus acompasadas notas, no pueden dormir aunque no les quiten el sueño otras situaciones más desagradables. Ellos son los que acompañan los esfuerzos costaleros, los que erizan el vello de los espectadores, los que sirven de apoyo a las horas interminables de sacristía, limpiando enseres, montando pasos, preparando cultos o repartiendo papeletas de sitio. En casa, con incienso en la habitación, o en el coche camino del trabajo, con los auriculares antes de dormir o, ya en directo otra vez, en presentaciones de carteles, conciertos benéficos, en la puerta de un bar de vísperas, nos hacen sentir, mucho antes de que llegue, que ya está aquí nuestro tiempo mejor. Por eso, cuando el misterio arranca un ¡ole! de la gente que lo mira, y rompen a aplaudir la labor de su cuadrilla, yo aplaudo, a modo de gracias, a los que desde tantos días antes, nos permiten disfrutar de la Semana Santa...

viernes, 2 de marzo de 2018

24...


S

e levanta temprano, a las ocho de la mañana, desperezándose lentamente mientras le dedica un abrazo a su padre, preguntándole por su madre como cada día, una vez que sus ojillos han logrado abrirse.

De ahí, la bata y al sofá, para ver un poco los dibujos mientras su padre prepara el desayuno con el tiempo contado al milímetro, como andan los pasos de palio, para fregar, hacer camas, antes de que ella acabe de comerse las galletas, justo cuando la vista y la peine para ir al colegio.

A las dos, corriendo a casa a comer que hay que irse a las actividades extraescolares, luego deberes y, casi sin tiempo para más, cena y se acuesta hasta el día siguiente. 

Está cansada, y las responsabilidades que le hemos impuesto las acepta como una jabata, de sólo cinco años, sin quejarse, pero necesita un día sin prisas, sin estrés, para estar tranquila y ser feliz, y es cuando su padre decide llevarla a la hermandad, a que vea y disfrute cómo el tiempo no altera las cosas de siempre, cómo es posible hacerlas lentamente para que estén bien hechas, y cómo la tranquilidad es necesaria en este mundo, al menos, el cofrade. 

Hoy toca llevarla a ver cómo le ponen la candelería a su Virgen...

jueves, 1 de marzo de 2018

25...


D

esde la ventana, la calle estrecha de adoquín severo acompaña el caminar de un espigado nazareno que, la cola recogida sobre el brazo, se dirige por el camino más corto a la iglesia donde esperan sus devociones. Él, mirando cómo se va, sueña agarrado a su baranda con ser igual, vestir la túnica nazarena y acompañar, con su luz, al Señor que tanto sabe de las cosas de su casa. Hoy es un juego, y jugando se baja del escalón de la ventana para sumergirse en sus quehaceres de niño, mientras el día santo avanza en su tarde, esperando ir al encuentro de las hermandades.


No ha echado cuentas el zagal, inmerso en sus nazarenitos de barro pintados por él, ordenados en larguísimas filas por su habitación, que su padre se tomó el postre y se fue, y que no ha vuelto a verlo desde entonces, y ya su madre le reclama para ponerse la ropa nueva, peinarse, y acercarse a la esquina donde se ensancha el recorrido y se pueden ver mejor los nazarenos. De pronto, uno espigado, tanto como el que se alejaba hacia el sol de la tarde en la calle adoquinada, le aúpa sobre sus hombros y lo abraza tiernamente...El niño, tras la impresión del momento, repara en las líneas de las manos, en la mirada que asoma tras los ojales del capillo, y le devuelve el abrazo con lágrimas en los ojos...

Cuando pase el tiempo, será él el que ice a alguien sobre sus hombros, alguien le estará esperando en la esquina donde se ensancha el recorrido y se pueden ver mejor los nazarenos, y volverán, otra vez, las lágrimas a sus ojos...

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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