lunes, 22 de mayo de 2017

Al amor vacío...


Me habrás de venir buscando,
no sé si me encontrarás
que, a fin de cuentas, te vas
sin saber “por qué” ni “cuándo”.
Al fin me cansé, esperando
que vinieras a abrazarme,
me cansé de no mirarme
mientras mi tiempo pasaba.
Hoy sé que no te encontraba
porque no sabías buscarme.

viernes, 19 de mayo de 2017

Granada en cien fotos


Instantáneas se suceden, una a una,
con falta de color y despintadas;
la colina sí es la misma, mi Granada
ha tiempo que lloró por su fortuna.

Semiocultó el tiempo aquella luna
tantas veces dibujada, abocetada,
esculpida, escrita, imaginada,
por errantes manos oportunas.

Granada, otrora cuna de poetas
del amor y las musas siempre dueños,
huérfana quedó, duerme incompleta.

A sus calles, anfitrionas de los sueños,
barriéronles la esencia; en sus macetas
florecen, con penar, sus desempeños…

miércoles, 17 de mayo de 2017

Juegos...


Está sentada, no se sabe muy bien cómo, ya que ella es de no parar esté dónde esté, y los nervios se la comen de las ganas que tiene de correr a su encuentro. El otro, o la otra, según se mire, que el compañero de juegos no tiene sexo (o los tiene ambos), se acerca sigilosamente hacia ella, como si no quisiera que notara su presencia, pero eso es imposible; se aproxima, la roza, y ya está ella saltando otra vez hacia detrás, porque de lejos, quiere jugar, pero de cerca ya es otra cosa. 

Con el paso de los minutos se van entendiendo, uno y otro saben ya como actúan, cómo piensan, y aunque el otro, por ser más viejo, sabe muchas más cosas que ella y no debemos fiarnos del todo de él, se va adaptando a ella, hasta que se parece que se van a compenetrar y poner de acuerdo. Ella sigue a lo suyo, sentada en el suelo acercándose también, poco a poco, pero él la descubre y salta rápidamente hacia ella para que ésta vuelva a gritar entre risas y suba de nuevo para arriba buscando nuestra complicidad. 

Nos gusta verlos juntos, porque somos amigos de él desde hace mucho tiempo, ya que nos vio nacer a ambos, y nos ha reunido unas cuantas veces a toda la familia para compartir algún que otro rato juntos. Días, semanas y algún mes que otro, tardes sueltas que no te ocupan ni las ocupas, y que inviertes en pasar unas horas junto a él, contándoos las cosas que os han pasado durante el tiempo que no os habéis visto. Cuando la veo jugar, correr de un lado para otro, buscándolo, llamándolo, me veo a mí, con su misma edad, haciendo exactamente lo mismo, y él sigue, a pesar del tiempo transcurrido, como el primer día que me lo presentaron...qué cosa es ésta del paso de los años, en la que el deterioro no afecta por igual, en ningún caso.

Ella sigue moviéndose, torpe e insegura; me mira y se ríe, me dice que vaya, mientras su madre sufre porque la ropa no es la adecuada, y yo me quedo quieto, mirándola, riéndome, y cogiéndole la mano para que pueda seguir jugando, por lo menos hasta que sea la hora de volver a casa....

Ella lo busca,
pero él no espera;
ella lo llama, 
él la contempla.

Suben y bajan
mor de los vientos,
del mar, las olas.
Ella lo quiere,
si juegan juntos
sus pies se mojan...

Así es la vida;
siempre atardece,
pasan las horas.
Ella se seca,
la mar busca otra
noche,
desnuda, y sola.

fuente fotografía pixabay

lunes, 15 de mayo de 2017

Los comienzos...

No sé responder, la verdad. No acierto a emitir una respuesta coherente sin que falte a la verdad por algún u otro lado, y es que es muy difícil descifrar en unos segundos qué fue antes, sí el huevo o la gallina. Si me pongo a rebuscar en el cajón desordenado donde se almacenan (algún día pondré orden y veremos a ver qué pasa) todas las cosas que fueron, hay varias que me acercan a mis orígenes cofrades, que podrían arrojar algo de luz a ese vacío en el que, inevitablemente, vive todo lo que a esta época se refiere, porque fueron muchos los que contribuyeron a que yo, hoy, sea el "jartible" que soy, con mis puntos y mis comas.

Los años no pasan en balde, así que resulta harto complicado vislumbrar tras los visillos del tiempo que ha ido pasando cuál de las imágenes es más antigua y, por tanto, merecedora de ser llamada la pionera a partir de la cual se fue construyendo mi bagaje cofrade, así que no sé qué contestar. Podría ser una desaparecida para el itinerario procesional Plaza de Bib-Rrambla (lateral izquierdo según se mira desde la calle Príncipe), detrás del kiosco de las flores y frente por frente de la juguetería, viendo pasar la efigie de un Cristo con la cruz a cuestas (ignoro a qué hermandad pertenecía), mientras mi paciente (y valiente) madre se desvivía por meter en vereda a cuatro niños cuyas edades estaban separadas sólo por cinco años, o esa otra en la que un paso de palio, desdibujado el rostro de la Virgen por las tufaradas del incienso, avanzaba subiendo la rampa de la catedral y yo, muy pequeño y en primera fila, pegado a sus rejas cerradas (no siempre se ha entrado dentro de la S.E.O granadina, como sabréis) me agarraba a las piernas de mi padre para que no me arrastrasen a empujones mis vecinos de pipas y "¿ésta cual es?, aunque siempre sea la Virgen de los Dolores.

Cualquiera de las dos podría ser la primera, cualquiera de las dos me vale como comienzo de esta andadura que he ido enriqueciendo con momentos importantes a lo largo de los años; cualquiera de las dos me pega un pellizco que retuerce por dentro, cada vez que vuelvo a mirarlos con los ojos de la primera vez. Después de estos, otros en los que mi padre, cansado del trabajo del día entero, todavía tenía fuerzas para cogerme de la mano y, así, llevarme hasta la Plaza Nueva donde, ahora sí que la veo, la Esperanza volvía al templo. Recuerdo que le hablaba a la cuadrilla, desde dentro, para mí, como presintiendo en mi cuerpo de niño que algún día escucharía, desde abajo, al capataz batiendo las andas de la que manda en Santa Ana. Otros, distintos, pero igual de intensos, cada Miércoles Santo de mañana para acompañar al que muere en taracea y recorre la ciudad en total oscuridad para que sólo sea su luz la que nos salve...

Así me he ido formando, así me han ido haciendo; con estos cimientos he llegado a hablarle de tú a mi Semana Santa, a mi ciudad, y a sus tradiciones, ya que la mejor forma de ser de tu ciudad es integrarte en su folclor, porque es tuyo y suyo, y así te sientes parte de algo importante, aunque tú no seas más que la última "piececita" del entramado. Así he llegado hasta aquí y, cuando estoy escribiendo esto gracias a que una amiga me preguntó cómo vivía yo las hermandades, y por qué había entrado a formar parte de ello, siento que mi manos están fuertemente sujetas, protegidas y seguras, otra vez, como antes, como siempre, calle Reyes Católicos arriba, porque he vuelto a ser niño, y mis padres me enseñan su Semana Santa...

viernes, 12 de mayo de 2017

Poniéndole texto a una foto...


Ella estaba sentada, allí mismo, sobre la misma piedra que daba al lago, donde de niña pasaba todas las vacaciones. Las que más le gustaban eran las de verano, claro, cuando todas las cabañas se llenaban con las familias de siempre y ella jugaba con los demás niños, que después fueron los demás adolescentes,...Ahí es donde estaba realmente, no jugando con la espiga a hacer círculos sobre el espejo del agua para que la física ondulatoria hiciera el resto y toda la superficie se llenara de anillos concéntricos hasta donde alcanzaba la vista. No, ella estaba más allá del sol entrando y saliendo del agua como bañista omnipresente, más allá de la arena del fondo que se veía a través del limpio cristal, húmedo y transparente y, por supuesto, mucho más allá de sus actuales cuarenta y pocos, escuchando tras de sí las risas de Abril y Cloe, gemelas en todo, pero en todo, todo. 

Ella estaba en sus catorces años, cuando cogía la bicicleta y salía cuesta abajo hacia la cabaña 5, donde Alberto le despertaba algo más que la curiosidad, y por eso lo buscaba, es decir, lo buscó, y lo descubrió una tarde fresca al amparo del sauce; también se descubrió a sí misma, pero en aquel momento no lo sabía, perdidos sus ojos en el próximo camino por si alguien los encontraba. Ahora todo era distinto, la risas de sus hijas le recuerdan a las suyas, y en sus ojos ingenuos y despiertos ve también su ingenuidad de entonces, que todavía le juega malas pasadas cuando Alberto pasa por la puerta de su cabaña, y le guiña, mitad malicia, mitad complicidad, como buscando en su nuevo "look" los cabellos rubios que mesaba bajo el sauce...un golpe de agua bañando sus manos la saca de su "abandono", y corre hacia las niñas que la reclaman para el almuerzo, ahora es primavera en el lago, pero ella, cuando vuelve, vive siempre en verano....

A mi amiga Judit Paradinas, por los ratos de luz de seguridad, proyector y desayunos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

con tu cara...




No espero que la belleza se supere
al llegar de nuevo primavera;
no espero convertir lo que no era
ni espero que el que espera desespere.

Sólo quiero que lo intente, que se esmere,
que se afane en crearlo, si pudiera;
que inventase, para siempre y a mi vera,
algo mejor que tú y que me lo diere.

Al procurarlo, de seguro que erraría,
es imposible encontrar, aun si buscara,
otra que dé más luz cuando sonría.

no habrá nota que más dulce sonara,
ni sonido mejor, ni más poesía
que la rima de tu nombre con tu cara.

lunes, 8 de mayo de 2017

a los cuarenta!!...

Aquí vamos, ya no hay marcha atrás, ya hemos empezado la carrera tras el pistoletazo que marca la salida, y espero ir dejando atrás la misma a buen ritmo, para poder llegar a la meta sin muchos estragos en mi integridad. Hoy empiezo mi vida, no es que nazca de nuevo, es que la empiezo realmente. De pequeño no entendía bien la frase esa que dictaba la sentencia de cuándo empezaba la vida, pero hoy día la entiendo perfectamente, y me parece hasta lógica.

Hasta aquí hemos llegado, con mis andanzas juveniles, mi adolescencia rebelde (lo que me dejaban), mis granos en la cara y mi cambio de voz en la desastrosa pubertad; mis vinilos y casettes y mis recién estrenadas fuerzas bajo los pasos. Atrás se quedan mis dudas, la facultad, las lavadoras llenas de ropa negra (perdona mamá), por mor de los entrenamientos, peñas y partidos de fin de semana, y las tertulias cofrades en el zulo del Armillicas, donde cambiábamos horas de estudio por café con leche sobre suelo de madera. Las tardes de "running" en los paseíllos universitarios, en el parque de García-Lorca, en el carril-bici, y las rodillas echadas literalmente abajo cuando no sabía que los porteros de fútbol (viva el césped) teníamos que tragar barro para llegar a ser alguien; menos mal que luego el fútbol sala y los pabellones cubiertos me aburguesaron. Atrás queda el vodka con Lima (aarggh), el Vat-69 con Pepsi (pufff), y todos los "matarratas" que nos hicieron fuertes y nos cementaron el hígado (gracias a ellos hoy soy un gourmet, y me gusta). 

Hoy empieza mi vida, que sí, porque tengo una familia que me la llena, unos ojos que me sonríen y que, grande Manuel Carrasco, se apellidan igual que yo. Tengo la elegancia hecha mujer  a mi lado, y un trabajo que me permite disfrutar de algunas cosas, y vivirlas todas. Por eso, hoy que es ocho de Mayo, este Tauro que empieza a peinar canas, hace balance de todo lo que dejó atrás, eso que constituye su pasado más o menos lejano, y hace mezcla para sentar las bases de lo que va a ser mi vida, y me quedo con todo lo que sé gracias a lo que he vivido. Una amiga me dejó una vez un comentario en este blog, diciendo que "del pasado, lo aprendido"...hoy la hago mía, y abro una nueva libreta en blanco, con las pastas duras y doble línea para escribir bonito, en la que quepa la primera parte de esta vida que, ya sabéis, empieza a los cuarenta!!     

viernes, 5 de mayo de 2017

Granada en cien fotos


El paseo resulta agradable hasta la casa casi centenaria, desde que dejamos el coche, porque en Granada hay que olvidarse del coche y pasearla, que es la única manera de sentirla, puesto que el alma de Granada está en sus calles, en sus gentes, y en la luz que juega constantemente con ellas llenándolas de unicidad.

Cuando, tras la antepenúltima cuesta de adoquín llegamos a la explanada que precede al portalón que sirve de acceso a la casa, poco podemos imaginar lo que se esconde entre sus muros, salvo que seas un alumno aventajado y ya hayas pisado anteriormente sus losetas, y sorprende, vaya si sorprende, la vida que se oculta, nunca mejor dicho, en el jardín de la vivienda. Sus ventanas se asoman a un vergel en el que florecen, estación por estación, un sinfín de árboles y plantas, y el silencio se apodera del entorno, que hasta podríamos decir que se trata de un convento de clausura, tal es la calma que se respira. Sus moradores, viven ajenos a bullicios urbanos, y es que esta casa es como si no estuviera en la ciudad, como si estuviéramos a muchísimos kilómetros, como si el campo fuera lo que la rodea y no la urbe. Cómo no va ser bonita Granada, si hasta que no la tuvieron en su poder los Reyes Católicos no cesaron en su batalla...

La Alhambra se alza impresionante sobre el verde bosque de la que fuera otrora vivienda de marqueses, y el tiempo se para ante mí, mientras me siento en un banco al frescor de la tarde y bebo un vaso de agua del "pilarillo" que, muy próximo a mí, me ofrece el líquido elemento como el mayor de los trofeos, saciando mi sed, pero no mis ganas de Granada...

miércoles, 3 de mayo de 2017

Tres de Mayo...

Cada año, al llegar el tres de Mayo, se me vienen  a la memoria tantas cosas, que mi mente no tiene tiempo ni lugar para acomodarlas y, por eso, algunas se me van olvidando. La primera es que hace ya nueve años que empecé con esto del blog, más o menos por estas fechas, hablando de esta festividad; y, el resto, son imágenes que se me van agolpando, sucediéndose sin ton ni son entre los huecos de mi mente, para que hoy las rescate del olvido. Me veo de niño, en cruces habilitadas en solares que ya no existen, por haber sido edificados, junto a mis hermanos pequeños, que me saludan desde las fotos de álbum en casa de mis padres, y me veo, también de adolescente, paseando por el Albaycín junto a niñas de las que apenas recuerdo sus caras, mucho menos sus nombres, y compañeros de instituto que dejaron de ser compañeros tiempo ha, y el instituto también. 

Cada tres de Mayo me voy a tararear (que no bailar) sevillanas con mi oído enfrente del otro, a tomar "rebujito" fresquito en la cruz del colegio, o asomado al balcón de mi abuela donde la calle se cortaba al tráfico rodado; también, más abajo. la calle Alhamar se nos presentaba de manera diferente, con menos coches, menos vecinos y quién sabe si más solera. Me veo, después, en las Cruces de mis hermandades, de Nueva de san Antón al Centro Comercial Neptuno, y de éste a la plaza del Humilladero, pasando por el teatro de los escolapios cuando las "salaíllas" y las raciones pagaban el viaje a Roma de la Virgen del Mayor Dolor. Cruces de cofradías de amigos, plaza de las Pasiegas, de Alonso Cano y algún año que otro en la Fuente de las batallas, recuerdos gratos todos ellos que tapan aquéllos que no lo son tanto y que acabaron con la fiesta tal y como la entendíamos los granadinos, que tuvimos que ver como el desmadre atropellaba nuestras tradiciones.

Este año vuelven las barras, sólo para contadas asociaciones y que cuenten, además, con varios años de emplazamiento, por lo que puede que volvamos a recuperar parte de la esencia que durante años hemos visto clausurada, y espero que aprobemos con nota, que no cedamos ante la borrachera de calle y foránea, que sepamos defender con uñas y dientes lo que vamos a recuperar este año y que, en un futuro, Granada vuelva a ser el referente que fue, no gracias al botellón ignorante, sino a la sabiduría, el señorío y el saber estar de una ciudad, Granada, que se vuelca con sus festividades más típicas sin desvirtuarlas. Espero que este año a nuestras cruces no les tengan que poner ni un "pero", y que volvamos a disfrutar como tantos años lo hicimos, de las familias, de las mujeres vestidas de flamenca, de los recuerdos y de las Cruces, de nosotros depende.

Granadinos, a la calle, que hoy es Tres de Mayo... 

lunes, 1 de mayo de 2017

Barco en botella...


No sé si alguna vez os habéis planteado cómo se siente un barco en una botella…cómo respira un navío que fue concebido para surcar los siete mares empujado sobre las olas por los vientos de cualquier lado, cuando lo destinan al dique seco de una acristalada cárcel desvalorizando su esencia…así, sin más, se mete un elefante por el ojo de una aguja, y el barco queda anclado, por mor del pegamento y la pericia del maquetista, relegado a ser mirado a través de una ventana estanca cortado el aire por el corcho que hermetiza todo y lo hace vano…

Así me siento yo, enclaustrado en una botella de grandes escaparates por los que el sol se cuela hasta cegar y sentado en blancas sillas en las que espero, desesperando, a que alguien se digne entrar a preguntarme, pero sin intención de escuchar lo que le digo. El barco soy yo, el alma libre es la mía, fotógrafa y poeta, hermetizada en la vana realidad de la bata blanca y el gabinete apagado. El alma de escritor venido a venos, que envidia a quien crea para conmover desde las letras y que sueña, soñar es gratis y reconforta, que sus inquietudes hagan sentir al que pase las páginas, embriagándose del olor a nuevo y de lo que le descubren, siempre de manera distinta, los párrafos manuscritos. El alma de fotógrafo romántico, también es la mía, que ansía, por donde va, que sus fotos le cuenten a alguien todo lo que siente, sin decirlo, y que apenas inmortaliza mentalmente infinitas escenas, relegado a despachar anteojos sin amor propio ni orgullo por lo que hace, que éste hace tiempo que lo mermaron las compañías de saldo y redes no tejidas, pero que lo acepta y agradece porque de lo que le apasiona no se come, y de lo que se come…ya se sabe.

La bata me ahoga, me asfixian las paredes blancas, en los cristales de las gafas sólo se refleja mi hastío y mi cámara espera mejores momentos encerrada, como el barco, en el estuche donde convive con los objetivos, como el arpa de Gustavo, a esa "mano de nieve" salvadora, que la saque de su olvido. La profesión hace tiempo que dejó de aportar algo nuevo para mí, mientras que mi currículum se engorda con cursos de reciclaje inservibles y obligados y algunos años de experiencia, aletargando mi pluma, que se resiste, no obstante, como mi mente, que siempre urde algo para dejar volar mi mano sobre el blanco papel que tan bien me entiende…

La palabra que mejor me define es mediocridad, uno más de los infelices que, a diario, se sumergen en el océano de la labor profesional para traer el pan a la mesa de su familia, sacrificando con ello aquello que le da la vida, y que sólo recupera, muy de vez en cuando, cuando el cansancio del oficio con beneficio le recuerda que tiene alma, que tiene vida, y que ésta todavía le va a brindar muchos momentos que inmortalizar, aunque tenga que ser mentalmente, y a destiempo, mientras pasan los años y el polvo, inexorable, tornando a gris el barco en botella...

Fuente fotografía: La vida cotidiana
 



Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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