viernes, 31 de marzo de 2017

mi trasera...

Siempre he pensado que la trasera, en esto de los pasos y las cuadrillas de costaleros, es el alma mater, la marmita en la que se van cociendo, a fuego lento, todas esas pociones de "brujería" que luego levantan un palio cuando la calle, y las horas, quieren hundirlo. De la trasera salen las voces que se transmiten a los palos de delante, para que el paso avance tal y como debe hacerlo, ni más ni menos, no de cualquier forma, sino como mandan los cánones del carácter de cada hermandad. Por eso, el capataz siempre llama a su hombre (u hombres) de confianza en los últimos palos para levantar; por eso siempre se le pregunta a ellos primero si hay fuerza o no para afrontar una mano más larga; por eso ellos, que lo saben, se erigen en baluartes de la arenga, para insuflar ánimos al resto del paso, siendo siempre, como a mí me gusta llamarles, el "motorcito" del palio. 

Así son todas las traseras, fuertes, disciplinadas, obedientes hasta decir basta, analíticas, precisas, correctas, elegantes y artistas, sobre todo artistas, porque sin el arte, en este mundo, no se va a ningún sitio. Por eso cuando veo andar un paso, al empezar una cuesta, o en una calle estrecha y mal pavimentada, me fijo en la trasera, la escucho, aprendo de ella, y se me pone el vello de punta cuando, en una revirá de las de manual, el misterio de mi barrio se para, mide los tiempos, y la trasera le entrega ese toque, firme a la par que sutil, para que el Señor vuelva a la rotundidad de su andar sin que la cuadrilla se despeine. Me gusta acercarme al respiradero, y escuchar ese "puf, puf" de cafetera antigua, en el respirar de los hombres cuando el paso viene "calentito" y envidiar sanamente la firmeza de los brazos en el palo de delante para mover una mole de tales dimensiones sin que se mueva un varal y las bellotas marquen el ritmo, al golpear en los varales, que es la sinfonía verdadera del trabajo bien hecho.

Así son todas las traseras, claro, pero luego esta la mía...la trasera del palio que cruza el puente, es distinta, es única, es un patio de colegio a la hora del recreo, es una continua fiesta de cumpleaños en la que el mejor regalo es llevarla a Ella, porque en Ella está la razón de todo. Mi trasera es mitad Albaycín, mitad Vega, mitad aulas, mitad Salve Marinera, mitad san Antón, mitad Fígares, mitad Silencio, mitad jolgorio, mitad concentración, mitad dominio, casi insultante, de la técnica. En mi trasera echo de menos alguna cara, pero he ganado otras, y todas tienen el mismo sello, el de hombres rudos curtidos en la briega costalera que llevan por bandera la cara de una Virgen de Viernes Santo a la que hay que volver como se lleva, y cuando mi trasera se pone firme, y adereza la "ensalada" que es nuestra cuadrilla con ese punto de sal que es su "locura", a mí sólo me queda decirles eso que Jesús Basterra le decía a la trasera de la Virgen del Refugio: "¡qué trasera más bonita tengo!"...

Con ustedes a la gloria: dadle paso, mi trasera!!...

A mi cuadrilla, y sobre todo, a esos dos últimos palos...



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