viernes, 31 de marzo de 2017

mi trasera...

Siempre he pensado que la trasera, en esto de los pasos y las cuadrillas de costaleros, es el alma mater, la marmita en la que se van cociendo, a fuego lento, todas esas pociones de "brujería" que luego levantan un palio cuando la calle, y las horas, quieren hundirlo. De la trasera salen las voces que se transmiten a los palos de delante, para que el paso avance tal y como debe hacerlo, ni más ni menos, no de cualquier forma, sino como mandan los cánones del carácter de cada hermandad. Por eso, el capataz siempre llama a su hombre (u hombres) de confianza en los últimos palos para levantar; por eso siempre se le pregunta a ellos primero si hay fuerza o no para afrontar una mano más larga; por eso ellos, que lo saben, se erigen en baluartes de la arenga, para insuflar ánimos al resto del paso, siendo siempre, como a mí me gusta llamarles, el "motorcito" del palio. 

Así son todas las traseras, fuertes, disciplinadas, obedientes hasta decir basta, analíticas, precisas, correctas, elegantes y artistas, sobre todo artistas, porque sin el arte, en este mundo, no se va a ningún sitio. Por eso cuando veo andar un paso, al empezar una cuesta, o en una calle estrecha y mal pavimentada, me fijo en la trasera, la escucho, aprendo de ella, y se me pone el vello de punta cuando, en una revirá de las de manual, el misterio de mi barrio se para, mide los tiempos, y la trasera le entrega ese toque, firme a la par que sutil, para que el Señor vuelva a la rotundidad de su andar sin que la cuadrilla se despeine. Me gusta acercarme al respiradero, y escuchar ese "puf, puf" de cafetera antigua, en el respirar de los hombres cuando el paso viene "calentito" y envidiar sanamente la firmeza de los brazos en el palo de delante para mover una mole de tales dimensiones sin que se mueva un varal y las bellotas marquen el ritmo, al golpear en los varales, que es la sinfonía verdadera del trabajo bien hecho.

Así son todas las traseras, claro, pero luego esta la mía...la trasera del palio que cruza el puente, es distinta, es única, es un patio de colegio a la hora del recreo, es una continua fiesta de cumpleaños en la que el mejor regalo es llevarla a Ella, porque en Ella está la razón de todo. Mi trasera es mitad Albaycín, mitad Vega, mitad aulas, mitad Salve Marinera, mitad san Antón, mitad Fígares, mitad Silencio, mitad jolgorio, mitad concentración, mitad dominio, casi insultante, de la técnica. En mi trasera echo de menos alguna cara, pero he ganado otras, y todas tienen el mismo sello, el de hombres rudos curtidos en la briega costalera que llevan por bandera la cara de una Virgen de Viernes Santo a la que hay que volver como se lleva, y cuando mi trasera se pone firme, y adereza la "ensalada" que es nuestra cuadrilla con ese punto de sal que es su "locura", a mí sólo me queda decirles eso que Jesús Basterra le decía a la trasera de la Virgen del Refugio: "¡qué trasera más bonita tengo!"...

Con ustedes a la gloria: dadle paso, mi trasera!!...

A mi cuadrilla, y sobre todo, a esos dos últimos palos...



miércoles, 29 de marzo de 2017

el nombre de mi abuelo...

Todos queremos a los abuelos, el que más o el que menos tiene infinidad de cosas que contar acerca de ellos y, cuando te faltan, el dolor por su ausencia ya se queda para siempre contigo, casi igual que su memoria.

Yo sólo tuve ocasión de conocer a mis abuelos maternos, ya que los paternos ya faltaban cuando mis padres se casaron, por lo que sé de ellos apenas sus nombres y poco más que alguna que otra cosa que me ha contado mi padre, y de los maternos, sólo mi abuela convivió conmigo el tiempo suficiente para que, aún hoy, siga echándola de menos. No obstante, mi abuelo materno, cuyo nombre es uno de esos que se lleva en la familia con responsabilidad, ha estado siempre presente en nuestras cosas, no sólo por conocerlo, aunque se fuera siendo yo muy niño, sino porque su recuerdo permanecía en casa de mi abuela, entre sus papeles, en su despacho, en sus cajas de puros, y en el sillón desde el que lo observaba todo a través de sus gafas de metal dorado. Hombre de leyes, militar, y político, mi abuelo fue una de esas personas que viven tanto, hacen tantas cosas, que pasados muchos años, aún sigue su nombre saliendo a relucir gracias a una familia que te lo recuerda, por sus actos, por sus palabras, y por lo que él hizo en vida para que esa familia, entre otras, tuviera más comodidades, siempre desde sus posibilidades. Su labor política, tuvo lugar en una época en la que, en Granada, los alcaldes, si era necesario, pagaban cosas de su bolsillo, siempre por y para su ciudad, y se iban de los cargos dejando las cuentas saneadas, por lo poco que había en ellas, y multitud de obras realizadas. Esa labor, le permitió a mi abuelo pisar las cortes, por ejemplo, pero también estar presente en las grandes obras que la Diputación de Granada emprendía para la provincia, y que en no pocas ocasiones perviven en la actualidad. El pantano del cubillas, la reubicación de niños tras los terremotos que sacudieron Granada, la red eléctrica y el agua potable para numerosísimos pueblos del cinturón metropolitano, y más alejados también, además de la suerte de poder departir con ilustres personalidades de la época, como los reyes de Jordania en su visita a la ciudad, hacía de mi abuelo una persona interesante de conocer y, a juzgar por lo que de él me han hablado personas de fuera del ámbito familiar, también de tratar. 

A mí me hubiera gustado eso precisamente, haberlo tenido más conmigo, para poder haberme sentado a escuchar la de historias del ejército que tendría para contar, o las derivadas de su época de profesor en la academia general militar, o las de Baeza, su pueblo natal, entre otras, y haber podido disfrutar, de adolescente, lo mismo que pude hacerlo de mi abuela, su esposa, pero la vida no siempre es como uno quiere, y sí como a ella le parece.

El caso es que, por suerte para mí, cuento con mi madre y mis tíos para que me sigan hablando de él y, aún sin que nadie lo haga, parece que él se encarga de hacerme saber que está ahí, de alguna manera, en mis cosas diarias, como demuestra el hecho de estar revisando fichas de clientes en el ordenador del trabajo y, de pronto, una persona, resulta que vive en una plaza de un pueblo granadino que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue llevando el nombre de mi abuelo...

lunes, 27 de marzo de 2017

Cosas de estantería...

Cuando empezamos a limpiar el polvo de una estantería y a recolocar sus espacios para que vayan adaptándose a los cambios, no somos conscientes, a veces, de que lo que estamos recolocando es nuestra propia vida. En cajas de cartón, supervivientes en la esquina de un trastero, viven los libros y las cosas que, en la última mudanza, dejamos apartadas para volver a ellas cuando fuese necesario. En esas paredes de papel prensado se refugian las historias leídas hace tiempo, marcando las páginas algún dibujo, algo escrito, una foto que hace que sonrías levemente al contemplarlo, de nuevo, mientras desempolvas, como digo, del tiempo y el olvido, los libros que se guardaron.

Una vela, un adorno, algún marco de fotos que ahora se engrandece al ocupar el nuevo sitio, han ido construyendo, poco a poco, día a día, esto que ahora llamamos matrimonio, y que es, en realidad, nuestra vida...aparecen, después de retirar con cuidado el papel de burbuja, alguna que otra figura comprada en la luna de miel, o aquellas cosas que te regalaron en su día para la otra casa y que hemos tenido protegidos desde que la abandonamos, no importa el tiempo que haga de eso.

Irremediablemente, las películas, los cds,...nos llevarán a una parte de nuestra existencia que tuvo hueco en otra ciudad, en otro trabajo, y que, sin remedio también, ha marcado nuestra vida de algún modo u otro, y recuperas en el acto la imagen de esa otra casa, donde todas esas cosas tenían el sentido justo de recordarte lo que quedaba atrás, cada vez que ibas al trabajo, cada semana del mes, cada mes del largo año...y ahora, entre las bromas de tu hija, los gestos cómplices con tu fiel compañera de batalla, las vuelves a colocar, cambiadas, con más años, quizá con menos sentido, en las nuevas baldas de esa reluciente estantería frente a la ventana que se asoma a la Sierra. Nuevas baldas que podrían ser perfectamente las bases de un nuevo episodio en tu existencia, las directrices de un nuevo trabajo, o simplemente, las fases, reorganizadas y actualizadas, de tu vida.

De pronto, sacas un libro medio desvencijado, casi rotas las páginas, el lomo inexistente, por lo que las mismas quedan sueltas a merced del lector, más o menos cuidadoso, que te hace recordar algo, un comienzo, una historia de algún amigo de la familia, una calle, un olor, una luz mortecina entrando vagamente por los resquicios de un ventanuco improvisado, algún toque de campana y, sin más, comprendes que siempre, Él hace lo posible para que sepas que esta ahí, y que debe ocupar un lugar importante, siempre, entre esas baldas de las que os he hablado. Ahí lo tenéis, siendo uno de los pilares más fuertes de mi vida, dormido en un humilde libro entre mis cosas de estantería...

viernes, 24 de marzo de 2017

Mil...


Parece mentira que haya sido capaz, pero lo cierto es que ha llegado...sólo han tenido que pasar casi diez años, pero al final he llegado a las mil entradas en La Ventana del Abuelo, una ventana que al principio fue sólo mía, pero que se fue haciendo de todos los que iban cogiendo "cositas" de aquí para ponerlas en otros espacios parecidos al mío, pero en otras ciudades y ámbitos. 

Mis cosas han viajado por Andalucía, sin salir de Granada, por mor de internet, y me ha sorprendido gratamente encontrarme mis entradas cuando visitaba otros blogs. Han sido mil entradas cofrades, en los que he volcado todo lo que llevo dentro a la hora de hablar de mis hermandades y de las de otras Semanas Santas, y que han valido para que mucha gente se identifique con ellas y con lo que sus titulares representan. Mil entradas de valentía, a veces, para hablar de temas muy personales, y otras de cobardía, por no haber escrito lo que pensaba en muchas situaciones, quedándose para mi blog "de dentro" muchas entradas que engrosan las filas de "borradores". 

Mil entradas de Granada, y Sevilla, de nacimientos de hijos, de bautizos de otros, de fotografía, de toros, "poesía" y reflexiones, pero sobre todo mil entradas de cariño, de respeto a la escritura, por la que siento una gran admiración, y a esos verdaderos escritores que no juegan como yo, sino que se gana la vida ya, escribiendo en múltiples medios. He tenido la suerte de contar para esta ventana, siempre que lo he precisado, con la inestimable ayuda de amigos que han prestado su pluma y sus emociones al servicio de este espacio, enriqueciendo enormemente las páginas del blog, y a las que me gusta acudir para releer lo que escribieron los días que no son tan buenos. 

Mil entradas de historias, personales e intransferibles, como el carnet de identidad, mil entradas de amor hacia los míos, de emociones a flor de piel y algún que otro desengaño. La melancolía, la nostalgia, los recuerdos y las vivencias se han ido sucediendo hasta el día de hoy para contar mil entradas, y a veces pienso si podré seguir siempre dedicando algo de tiempo a esto que tanto me gusta aunque, como se ha visto últimamente, no siempre me es posible. Yo espero que sí, que por lo menos de vez en cuando, ya que la regularidad es una meta harto difícil, pueda volcar en una entrada lo que transmiten las lágrimas de una Virgen, o mostrarle, al que no la conozca, la belleza proverbial de mi Granada, así como su inmensa cultura e historia. 

Soy un aficionado, uno de tantísimos que quisieran tener en la escritura algo más que un "hobbie" para amigos y familiares, pero cuyo talento no llega a tanto, por lo que se da más que por satisfecho, si alguien, alguna vez, se ha parado un "ratito" a leer mis cosas, que hoy han llegado hasta mil...

A todos, mil gracias.

Fuente fotografía: culturamas.  

miércoles, 22 de marzo de 2017

Brindo...


Un amigo, un fiel seguidor de esta ventana, me mostró una vez un blog en el que una mujer cuyo nombre termina en "m" escribe exactamente lo mismo que el pastelero de la antigua "La Campana" (calle Alhóndiga, esquina de recuerdo con nostalgia) amasaba sus "Felipes" (¿por qué se llaman Felipes los Felipes?). Ese día no, pero otro, descubrí que hay muchos motivos por los que brindar, y hoy, emulando a esa mujer, os escribo mi brindis:

Brindo por los pasos que pesan y se llevan entre amigos, por las hamburguesas del san Remo que alimentan tradiciones; por el mundo que se ve a través de un visor; por las amigas que regalan dibujos; por los días de Navidad en Plaza de Bib-Rrambla, y los de Otoño en los bosques de la Alhambra; brindo por las playas de roca, y los castillos coronando pueblos blancos; por el sabor de un Rioja en los labios, bebido de sus labios. Por esa corona y ese otro centenario. Por san gil y la dinastía del Músico Palatín; Brindo por las caricias, las humanas y "perrunas", por la sonrisa de una hija, y por las lágrimas derramadas tras escuchar a una comparsa. Brindo por "Mayor Dolor" al final de todo, y por la Marcha Real al comienzo de todo. Por los padres que se afanaron en educar a sus hijos, y por los hijos que se dejan educar; por un folio en blanco y una pluma estilográfica; por tener siempre algo de que escribir; por el 24x36 y la luz roja de seguridad. Por esa rubia que trabaja en Cádiz; Por las ventanas que se abren al frío y las que orean las casas de vacaciones al volver a ellas. Brindo por las mujeres que saben besar, y por los besos en la frente al acostarse; por la mercromina que todo lo cura, y por la Carrera de la Virgen en Septiembre. Por calle Pizarro, y calle Leones. Por las abuelas, por los padrinos; por las letras que empiezan los nombres importantes, y por lo que esos nombres significan; por las palabras no dichas; por los que se entienden con sólo mirarse; por no echar de menos, nunca; brindo por brindar, sólo por eso, por todo aquello que merezca la pena, y por las penas que no la merecen; por la moto que nunca te comprarás, por lo que soy, por un café con leche en el bar de siempre; por los ¡hhuuuy! de una tarde en los Cármenes (goles vemos pocos...); por la puerta que se abre, por un dieciocho de Diciembre cualquiera, por la bolea perfecta, la mirada perfecta, el poema perfecto...por los que siempre me leen, y los que me escuchan leerlo; por vosotras, por vosotros, por un renault 12 amarillo, por "Las Flores" de una calle llena de sobrinos; por el cine, la intimidad, las llaves de nuestra casa; brindo por las voces que me transmiten cuando cantan. Por la vida...

Fuente fotografía: mibloguerapreferida.worpress.es

lunes, 20 de marzo de 2017

destino...

Nunca sabes cuando te vas a encontrar con aquello que es para ti, y eso que siempre escuché de mi abuela lo de "en el Cielo está escrito: fulanita con fulanito" aunque no le echara demasiadas cuentas. El caso es que no soy yo persona de ir buscando mi destino, pero siempre llevas dentro una duda acerca de lo que te espera en esta vida que va pasando inexorablemente y que, en ocasiones, no sabes si estás aprovechando bien del todo. Inmerso como estoy en mi rutinaria labor de "vendegafas" no me da tiempo a disfrutar todo lo que debiera del regalo que me ha dado la vida en forma de mujer e hija y que tantas cosas buenas me está trayendo, así que no sé si esperar algo más de esta vida por si se "enfada"  El de arriba, que también he escuchado más de una vez lo de "no enojes a Dios" cuando te quejas de algo sin tener motivo, o pensar que no puede venir nada mejor que lo tengo ahora mismo y que me sonríe cada mañana al despertarse. 

Quizá lo más bonito del destino, lo más romántico también, es precisamente el desconocimiento total que, de él, tenemos, así como la incertidumbre hacia todo lo que lo envuelve, dotándolo precisamente de ese halo de misticismo, con el que lo definimos. Como no sabemos qué vendrá, cualquier cosa que recibamos, mala o buena, puede ser cosa del destino, si bien algunas serán por mor del merecimiento y otras de la casualidad, aunque está bien eso de esperar por esperar y recibir lo que te venga sin más dilación y porque sí. 

Muchas veces me sorprenden las cosas sin esperarlo, y me hacen recapacitar y darme cuenta de que lo único que importa es el presente, vivirlo y disfrutarlo al máximo que, por lejano y nuboso, el destino carece de importancia; a lo largo de mi vida he podido comprobar, no obstante, en mis carnes que sí existe el destino (o por lo menos yo así lo creo, no hace falta comenzar un debate sobre esto), pues cosas que me han pasado sólo pueden explicarse de este modo, por lo que no distraigo mi mente en exceso con estas cosas, aunque tampoco la castigo con el devenir y el porvenir. Además, cuando menos te lo esperas, por cosas fugaces casi siempre, pactadas o casuales, te encuentras dando un paseo con los amigos, pendiente de que tu hija no se caiga al suelo por correr demasiado y haciéndole fotos a tu esposa, cuando aciertas a detener la mirada en el banco en el que estás sentado, de no sé qué plaza sevillana, y te asalta, sin quererlo, tu destino...

viernes, 17 de marzo de 2017

24...el silencio

El silencio siempre está presente en nuestras vidas; lo precisamos al dormir a nuestros hijos cuando, cansados del día, necesitan dormir para recuperarse del ajetreo constante de su infancia, y lo precisamos también cuando queremos descansar un poco, ya sea durmiendo también, o sentado en el sillón de casa sosteniendo entre las manos el libro que nunca continuamos.

En nuestra Semana Santa, en nuestras hermandades, el silencio está muy presente también. Lo está en los últimos "gubiazos" del escultor que preceden a la inminencia de una cara ante la que rezarán tantos cofrades, y lo está ante el primor con el que el orfebre remata la corona que será puesta sobre las sienes de una Virgen, a lo mejor, el día de su coronación canónica. El silencio está en la primera oración ante una parihuela de ensayos, no sólo en el rezo recogido de la catedral, cuando cobra sentido el salir a la calle, y lo está en el cariño con el que una madre coloca sobre su hijo pequeño la túnica de su hermandad. 

El silencio no sólo es potestad de las hermandades de negro, sino que también lo ejercen con maestría algunas que van de blanco, o de morado, y lo hacen extensivo a la gente que se agolpa en las aceras para que sólo se oigan los suspiros. El silencio se hace cuando una cuadrilla echa rodilla a tierra para culminar el gozo de poner a su Virgen en la plaza, y lo está en cada una de las lágrimas que se derraman al paso de una hermandad. Hay silencio cuando entregas una estampa o recibes un caramelo, y lo hay cuando un capataz mira a su titular minutos antes de llamar al paso para hacer estación de penitencia. Lo hay en el abrazo entre dos hermanos al desearse mutuamente que la misma sea fructífera, y cuando resuena el ¡a ésta es!...el silencio aparece cuando un vestidor selecciona los encajes del rostrillo, y cuando un hermano limpia con un pañuelo el pie del Señor tras ser besado. Hay silencio en nuestras madres cuando nos dejan marchar para llevar a Cristo o a María, lo hay en nuestras esposas al despedirse en el relevo, y en nuestros hijos cuando los dejamos en la fila para ocupar nuestro lugar. La Semana Santa está llena de silencios, sólo hay que escoger uno, y hacerlo nuestro...


Fuente fotografía: San Agustín

miércoles, 15 de marzo de 2017

al cielo!...


Al cielo se elevan las palabras que ruegan cuando, cada noche, en la tranquilidad de nuestra cama y antes del merecido descanso, dedicamos unos segundos a Cristo y a María para que nos echen un capote en nuestras cosas. Del cielo esperamos, en esa Esperanza que todo cristiano tiene y nunca pierde, que nuestros familiares y amigos no sufran, que los trabajos vengan de una vez, y que nuestra vida discurra dentro de los cauces de la más absoluta normalidad, y por eso miramos al cielo cuando dudamos o estamos necesitados de un apoyo mayor que el que nuestra gente nos puede proporcionar.

En el cielo descansan los que un día se marcharon de nuestro lado, y despedimos entre lágrimas y apretones de manos, cuando el dolor de la pérdida no nos dejaba atisbar lo que vendría después para nuestros seres queridos, que se asoman constantemente a su balcón del cielo para ver cómo corretean sus nietos, cómo sus hijos siguen peleando con la vida y cómo, cada año, la Virgen a la que tanto tiempo le rezaron en vida, vuelve a hacer el milagro de salvar la puerta  de su iglesia para pasearse por su barrio. 

Al cielo miramos, también, de soslayo, cuando amanece el día grande de una salida procesional, cuando se casa alguien importante para nosotros, o cuando la primera comunión de nuestros pequeños se aproxima, para que no deje escapar su carga de agua sobre nuestras cabezas, en la medida de lo posible. El cielo marca el límite, la línea que separa el antes y el después, el horizonte de lo desconocido. A él nos sorprendemos mirando cuando nos quedamos pensando en todo y en nada a la vez, fijos los ojos en las nubes que lo recorren o en el azul intenso que lo define, mientras se reproduce en nuestra cabeza esa película que son las situaciones variopintas en las que nadamos a diario. Él es la recompensa final tras nuestra estancia en la tierra, cuando todo se acabe y sólo nos quede su existencia.

Pero el Cielo es, además, eso que se toca cada vez que suena el martillo, metáfora de las cosas bien hechas, culmen de la "levantá" dedicada a esa gente que se agolpa en torno a un paso, o a esa otra que pertenece a cada uno, en cada uno de esos momentos íntimos que se sucenden durante el recorrido procesional. El Cielo es volcar todo lo que llevas dentro y no quedarte con nada, es derramar sin ton ni son las emociones, es apretar los dientes, apoyar tu cabeza en un palo y dejar la mente volar; es desatar el nudo que contiene los aplausos, es quedarte en la cabeza con la última orden del capataz y que todo lo que sientes, lo que anhelas, lo que tienes, lo que das, lo que esperas y lo que necesitas suba hasta el lugar donde viven aquellos a quien tanto quisimos, para que la vuelvan a ver, al menos, durante el corto espacio de tiempo que hay después de que se escuche...¡al Cielo!

Fuente fotografía: Kike Cofrade

lunes, 13 de marzo de 2017

Tarde de Cuaresma...


Quizá todo en la vida no son los pasos que se sacan, quizá todo lo importante de esta vida (o la otra) no gire siempre alrededor de las marchas, las "igualás" o las entradas y salidas de nuestras cofradías, pero lo que sí es cierto es que son un aderezo fundamental en el plato principal de nuestra existencia.

Cuando un paso sale a la calle, mal que le pese a muchos, no lo hace por colapsar el tráfico de una ciudad, sobre todo porque al tráfico de las ciudades poco le hace falta para ir mal, y no lo hace por fastidiar a los vecinos de tal o cual barrio entorpeciendo sus vidas al poner un cortejo justo en la puerta de sus cocheras; no, cuando una hermandad decide poner sus pasos en la calle extraordinariamente, lo hace para celebrar una efeméride tan notable, que hace que una ciudad se sienta orgullosa.

Un paso se pone en la calle un domingo cualquiera, y las familias comen juntas y se encuentran en los puntos clave por los que pasará el Señor o la Virgen para verlos juntos, abuelos, padres e hijos, sobrinos y nietos, esperan a las puertas de un templo para verlo salir y después merendar juntos e irse a sus casas contentos por haber compartido ese momento en familia. En cada esquina se improvisa una tertulia con los amigos de tu Hermandad o de otras Hermandades para comentar lo acaecido en el seno de las mismas, el ensayo del día anterior y, las más veces, se aprovecha para disfrutar muchísimo del andar de un paso que, además, no ves casi nunca por coincidir con la tuya en la nómina del día. Un paso sale a la calle a "deshoras" y la ciudad cofrade se reúne y lo acompaña de una forma tan extraordinaria como la jornada y saborea cada momento, cada instante, para poder recordarlo en el futuro.

Ayer me paré a contemplar los mil detalles del canasto del Señor de la Amargura, disfruté de mis amigos bajo su paso y por fuera de él, recordé momentos junto a sus capataces en otras hermandades conmigo, comprobé lo bien que se están haciendo las cosas en San Juan de los Reyes y me vine a mi casa, con mi familia, orgulloso del nivel de mi ciudad y de su Semana Santa.

Fuente fotografía: Archivo personal Miguel Delgado.

viernes, 10 de marzo de 2017

Cuatro viernes...


Dentro de cuatro viernes, nada más, Sevilla habrá percibido el aroma de la flor de la Esperanza que, prendida sobre la plata de su paso de palio, se habrá ido desgranando poco a poco llenando la ciudad de ese olor tan peculiar que sólo Ella tiene y que tanto se necesita hoy día; El Señor de la Sentencia, desde su majestuoso y clásico paso de misterio, ya habrá dejado la huella en las cervices de los suyos, testimonio de piel quebrada de una noche mágica, que muere en la amanecida cerca de ése arco que apenas horas atrás recibía impertérrito a Jesús maniatado...

Dentro de cuatro viernes, también, en Chapina, el Cachorro cruzará el puente asidos los brazos a su muerte en Cruz, recordándonos que el desbordado río de llanto de Patrocinio es culpa nuestra, mientras la efigie del portentoso Crucificado nos llevará, irremediablemente, hacia el final de todo..."consumatum est"...hasta el año que viene en Triana. 

Dentro de cuatro Viernes, Úbeda habrá sentenciado al Señor, convirtiendo las Penas de María en sones para su Cristo, imprimiendo a su caminar un sello propio, que los de abajo convierten en solemne cuando lo llevan entre los muros medievales de la estructura urbana.   

Dentro de cuatro Viernes, los mismos viernes pero distintos, otro puente, más íntimo, más coqueto, bajo cuyas piedras romanas discurre desangrado el Genil, reflejando, a ratos, la torre de la iglesia, si es que se han subido las exclusas que han secado su cauce y nuestra historia, comprobará otra vez, como cada año que no llueve, que es posible reunir en un rostro las palabras más bonitas, y luego no decirlas para que, el que quiera entenderlas, las pueda leer sobre esa cara que tiene la Reina de los escolapios. 

Dentro de cuatro viernes ya, nuestros costales sevillanos, granadinos y ubetenses volverán a hablar, bajo los palos, de lo que es sentirse costalero, cada uno con su acento...¡al cielo lo que es del Cielo!

Disfruten de las vísperas...   

A mis amigos Delfín y Jose Carlos Martos, que tanto saben de "Madrugás", y a los que, cada año, cruzan el puente conmigo para llevar al centro a la Virgen del Mayor Dolor

Fuente dibujo: www.ciudadredonda.com 

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

Si estás interesado/a en algo de lo que figura en esta Ventana, manda un e-mail a abuelo_costalero@hotmail.com antes de colgarlo en otra página.
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