lunes, 22 de mayo de 2017

Al amor vacío...


Me habrás de venir buscando,
no sé si me encontrarás
que, a fin de cuentas, te vas
sin saber “por qué” ni “cuándo”.
Al fin me cansé, esperando
que vinieras a abrazarme,
me cansé de no mirarme
mientras mi tiempo pasaba.
Hoy sé que no te encontraba
porque no sabías buscarme.

viernes, 19 de mayo de 2017

Granada en cien fotos


Instantáneas se suceden, una a una,
con falta de color y despintadas;
la colina sí es la misma, mi Granada
ha tiempo que lloró por su fortuna.

Semiocultó el tiempo aquella luna
tantas veces dibujada, abocetada,
esculpida, escrita, imaginada,
por errantes manos oportunas.

Granada, otrora cuna de poetas
del amor y las musas siempre dueños,
huérfana quedó, duerme incompleta.

A sus calles, anfitrionas de los sueños,
barriéronles la esencia; en sus macetas
florecen, con penar, sus desempeños…

miércoles, 17 de mayo de 2017

Juegos...


Está sentada, no se sabe muy bien cómo, ya que ella es de no parar esté dónde esté, y los nervios se la comen de las ganas que tiene de correr a su encuentro. El otro, o la otra, según se mire, que el compañero de juegos no tiene sexo (o los tiene ambos), se acerca sigilosamente hacia ella, como si no quisiera que notara su presencia, pero eso es imposible; se aproxima, la roza, y ya está ella saltando otra vez hacia detrás, porque de lejos, quiere jugar, pero de cerca ya es otra cosa. 

Con el paso de los minutos se van entendiendo, uno y otro saben ya como actúan, cómo piensan, y aunque el otro, por ser más viejo, sabe muchas más cosas que ella y no debemos fiarnos del todo de él, se va adaptando a ella, hasta que se parece que se van a compenetrar y poner de acuerdo. Ella sigue a lo suyo, sentada en el suelo acercándose también, poco a poco, pero él la descubre y salta rápidamente hacia ella para que ésta vuelva a gritar entre risas y suba de nuevo para arriba buscando nuestra complicidad. 

Nos gusta verlos juntos, porque somos amigos de él desde hace mucho tiempo, ya que nos vio nacer a ambos, y nos ha reunido unas cuantas veces a toda la familia para compartir algún que otro rato juntos. Días, semanas y algún mes que otro, tardes sueltas que no te ocupan ni las ocupas, y que inviertes en pasar unas horas junto a él, contándoos las cosas que os han pasado durante el tiempo que no os habéis visto. Cuando la veo jugar, correr de un lado para otro, buscándolo, llamándolo, me veo a mí, con su misma edad, haciendo exactamente lo mismo, y él sigue, a pesar del tiempo transcurrido, como el primer día que me lo presentaron...qué cosa es ésta del paso de los años, en la que el deterioro no afecta por igual, en ningún caso.

Ella sigue moviéndose, torpe e insegura; me mira y se ríe, me dice que vaya, mientras su madre sufre porque la ropa no es la adecuada, y yo me quedo quieto, mirándola, riéndome, y cogiéndole la mano para que pueda seguir jugando, por lo menos hasta que sea la hora de volver a casa....

Ella lo busca,
pero él no espera;
ella lo llama, 
él la contempla.

Suben y bajan
mor de los vientos,
del mar, las olas.
Ella lo quiere,
si juegan juntos
sus pies se mojan...

Así es la vida;
siempre atardece,
pasan las horas.
Ella se seca,
la mar busca otra
noche,
desnuda, y sola.

fuente fotografía pixabay

lunes, 15 de mayo de 2017

Los comienzos...

No sé responder, la verdad. No acierto a emitir una respuesta coherente sin que falte a la verdad por algún u otro lado, y es que es muy difícil descifrar en unos segundos qué fue antes, sí el huevo o la gallina. Si me pongo a rebuscar en el cajón desordenado donde se almacenan (algún día pondré orden y veremos a ver qué pasa) todas las cosas que fueron, hay varias que me acercan a mis orígenes cofrades, que podrían arrojar algo de luz a ese vacío en el que, inevitablemente, vive todo lo que a esta época se refiere, porque fueron muchos los que contribuyeron a que yo, hoy, sea el "jartible" que soy, con mis puntos y mis comas.

Los años no pasan en balde, así que resulta harto complicado vislumbrar tras los visillos del tiempo que ha ido pasando cuál de las imágenes es más antigua y, por tanto, merecedora de ser llamada la pionera a partir de la cual se fue construyendo mi bagaje cofrade, así que no sé qué contestar. Podría ser una desaparecida para el itinerario procesional Plaza de Bib-Rrambla (lateral izquierdo según se mira desde la calle Príncipe), detrás del kiosco de las flores y frente por frente de la juguetería, viendo pasar la efigie de un Cristo con la cruz a cuestas (ignoro a qué hermandad pertenecía), mientras mi paciente (y valiente) madre se desvivía por meter en vereda a cuatro niños cuyas edades estaban separadas sólo por cinco años, o esa otra en la que un paso de palio, desdibujado el rostro de la Virgen por las tufaradas del incienso, avanzaba subiendo la rampa de la catedral y yo, muy pequeño y en primera fila, pegado a sus rejas cerradas (no siempre se ha entrado dentro de la S.E.O granadina, como sabréis) me agarraba a las piernas de mi padre para que no me arrastrasen a empujones mis vecinos de pipas y "¿ésta cual es?, aunque siempre sea la Virgen de los Dolores.

Cualquiera de las dos podría ser la primera, cualquiera de las dos me vale como comienzo de esta andadura que he ido enriqueciendo con momentos importantes a lo largo de los años; cualquiera de las dos me pega un pellizco que retuerce por dentro, cada vez que vuelvo a mirarlos con los ojos de la primera vez. Después de estos, otros en los que mi padre, cansado del trabajo del día entero, todavía tenía fuerzas para cogerme de la mano y, así, llevarme hasta la Plaza Nueva donde, ahora sí que la veo, la Esperanza volvía al templo. Recuerdo que le hablaba a la cuadrilla, desde dentro, para mí, como presintiendo en mi cuerpo de niño que algún día escucharía, desde abajo, al capataz batiendo las andas de la que manda en Santa Ana. Otros, distintos, pero igual de intensos, cada Miércoles Santo de mañana para acompañar al que muere en taracea y recorre la ciudad en total oscuridad para que sólo sea su luz la que nos salve...

Así me he ido formando, así me han ido haciendo; con estos cimientos he llegado a hablarle de tú a mi Semana Santa, a mi ciudad, y a sus tradiciones, ya que la mejor forma de ser de tu ciudad es integrarte en su folclor, porque es tuyo y suyo, y así te sientes parte de algo importante, aunque tú no seas más que la última "piececita" del entramado. Así he llegado hasta aquí y, cuando estoy escribiendo esto gracias a que una amiga me preguntó cómo vivía yo las hermandades, y por qué había entrado a formar parte de ello, siento que mi manos están fuertemente sujetas, protegidas y seguras, otra vez, como antes, como siempre, calle Reyes Católicos arriba, porque he vuelto a ser niño, y mis padres me enseñan su Semana Santa...

viernes, 12 de mayo de 2017

Poniéndole texto a una foto...


Ella estaba sentada, allí mismo, sobre la misma piedra que daba al lago, donde de niña pasaba todas las vacaciones. Las que más le gustaban eran las de verano, claro, cuando todas las cabañas se llenaban con las familias de siempre y ella jugaba con los demás niños, que después fueron los demás adolescentes,...Ahí es donde estaba realmente, no jugando con la espiga a hacer círculos sobre el espejo del agua para que la física ondulatoria hiciera el resto y toda la superficie se llenara de anillos concéntricos hasta donde alcanzaba la vista. No, ella estaba más allá del sol entrando y saliendo del agua como bañista omnipresente, más allá de la arena del fondo que se veía a través del limpio cristal, húmedo y transparente y, por supuesto, mucho más allá de sus actuales cuarenta y pocos, escuchando tras de sí las risas de Abril y Cloe, gemelas en todo, pero en todo, todo. 

Ella estaba en sus catorces años, cuando cogía la bicicleta y salía cuesta abajo hacia la cabaña 5, donde Alberto le despertaba algo más que la curiosidad, y por eso lo buscaba, es decir, lo buscó, y lo descubrió una tarde fresca al amparo del sauce; también se descubrió a sí misma, pero en aquel momento no lo sabía, perdidos sus ojos en el próximo camino por si alguien los encontraba. Ahora todo era distinto, la risas de sus hijas le recuerdan a las suyas, y en sus ojos ingenuos y despiertos ve también su ingenuidad de entonces, que todavía le juega malas pasadas cuando Alberto pasa por la puerta de su cabaña, y le guiña, mitad malicia, mitad complicidad, como buscando en su nuevo "look" los cabellos rubios que mesaba bajo el sauce...un golpe de agua bañando sus manos la saca de su "abandono", y corre hacia las niñas que la reclaman para el almuerzo, ahora es primavera en el lago, pero ella, cuando vuelve, vive siempre en verano....

A mi amiga Judit Paradinas, por los ratos de luz de seguridad, proyector y desayunos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

con tu cara...




No espero que la belleza se supere
al llegar de nuevo primavera;
no espero convertir lo que no era
ni espero que el que espera desespere.

Sólo quiero que lo intente, que se esmere,
que se afane en crearlo, si pudiera;
que inventase, para siempre y a mi vera,
algo mejor que tú y que me lo diere.

Al procurarlo, de seguro que erraría,
es imposible encontrar, aun si buscara,
otra que dé más luz cuando sonría.

no habrá nota que más dulce sonara,
ni sonido mejor, ni más poesía
que la rima de tu nombre con tu cara.

lunes, 8 de mayo de 2017

a los cuarenta!!...

Aquí vamos, ya no hay marcha atrás, ya hemos empezado la carrera tras el pistoletazo que marca la salida, y espero ir dejando atrás la misma a buen ritmo, para poder llegar a la meta sin muchos estragos en mi integridad. Hoy empiezo mi vida, no es que nazca de nuevo, es que la empiezo realmente. De pequeño no entendía bien la frase esa que dictaba la sentencia de cuándo empezaba la vida, pero hoy día la entiendo perfectamente, y me parece hasta lógica.

Hasta aquí hemos llegado, con mis andanzas juveniles, mi adolescencia rebelde (lo que me dejaban), mis granos en la cara y mi cambio de voz en la desastrosa pubertad; mis vinilos y casettes y mis recién estrenadas fuerzas bajo los pasos. Atrás se quedan mis dudas, la facultad, las lavadoras llenas de ropa negra (perdona mamá), por mor de los entrenamientos, peñas y partidos de fin de semana, y las tertulias cofrades en el zulo del Armillicas, donde cambiábamos horas de estudio por café con leche sobre suelo de madera. Las tardes de "running" en los paseíllos universitarios, en el parque de García-Lorca, en el carril-bici, y las rodillas echadas literalmente abajo cuando no sabía que los porteros de fútbol (viva el césped) teníamos que tragar barro para llegar a ser alguien; menos mal que luego el fútbol sala y los pabellones cubiertos me aburguesaron. Atrás queda el vodka con Lima (aarggh), el Vat-69 con Pepsi (pufff), y todos los "matarratas" que nos hicieron fuertes y nos cementaron el hígado (gracias a ellos hoy soy un gourmet, y me gusta). 

Hoy empieza mi vida, que sí, porque tengo una familia que me la llena, unos ojos que me sonríen y que, grande Manuel Carrasco, se apellidan igual que yo. Tengo la elegancia hecha mujer  a mi lado, y un trabajo que me permite disfrutar de algunas cosas, y vivirlas todas. Por eso, hoy que es ocho de Mayo, este Tauro que empieza a peinar canas, hace balance de todo lo que dejó atrás, eso que constituye su pasado más o menos lejano, y hace mezcla para sentar las bases de lo que va a ser mi vida, y me quedo con todo lo que sé gracias a lo que he vivido. Una amiga me dejó una vez un comentario en este blog, diciendo que "del pasado, lo aprendido"...hoy la hago mía, y abro una nueva libreta en blanco, con las pastas duras y doble línea para escribir bonito, en la que quepa la primera parte de esta vida que, ya sabéis, empieza a los cuarenta!!     

viernes, 5 de mayo de 2017

Granada en cien fotos


El paseo resulta agradable hasta la casa casi centenaria, desde que dejamos el coche, porque en Granada hay que olvidarse del coche y pasearla, que es la única manera de sentirla, puesto que el alma de Granada está en sus calles, en sus gentes, y en la luz que juega constantemente con ellas llenándolas de unicidad.

Cuando, tras la antepenúltima cuesta de adoquín llegamos a la explanada que precede al portalón que sirve de acceso a la casa, poco podemos imaginar lo que se esconde entre sus muros, salvo que seas un alumno aventajado y ya hayas pisado anteriormente sus losetas, y sorprende, vaya si sorprende, la vida que se oculta, nunca mejor dicho, en el jardín de la vivienda. Sus ventanas se asoman a un vergel en el que florecen, estación por estación, un sinfín de árboles y plantas, y el silencio se apodera del entorno, que hasta podríamos decir que se trata de un convento de clausura, tal es la calma que se respira. Sus moradores, viven ajenos a bullicios urbanos, y es que esta casa es como si no estuviera en la ciudad, como si estuviéramos a muchísimos kilómetros, como si el campo fuera lo que la rodea y no la urbe. Cómo no va ser bonita Granada, si hasta que no la tuvieron en su poder los Reyes Católicos no cesaron en su batalla...

La Alhambra se alza impresionante sobre el verde bosque de la que fuera otrora vivienda de marqueses, y el tiempo se para ante mí, mientras me siento en un banco al frescor de la tarde y bebo un vaso de agua del "pilarillo" que, muy próximo a mí, me ofrece el líquido elemento como el mayor de los trofeos, saciando mi sed, pero no mis ganas de Granada...

miércoles, 3 de mayo de 2017

Tres de Mayo...

Cada año, al llegar el tres de Mayo, se me vienen  a la memoria tantas cosas, que mi mente no tiene tiempo ni lugar para acomodarlas y, por eso, algunas se me van olvidando. La primera es que hace ya nueve años que empecé con esto del blog, más o menos por estas fechas, hablando de esta festividad; y, el resto, son imágenes que se me van agolpando, sucediéndose sin ton ni son entre los huecos de mi mente, para que hoy las rescate del olvido. Me veo de niño, en cruces habilitadas en solares que ya no existen, por haber sido edificados, junto a mis hermanos pequeños, que me saludan desde las fotos de álbum en casa de mis padres, y me veo, también de adolescente, paseando por el Albaycín junto a niñas de las que apenas recuerdo sus caras, mucho menos sus nombres, y compañeros de instituto que dejaron de ser compañeros tiempo ha, y el instituto también. 

Cada tres de Mayo me voy a tararear (que no bailar) sevillanas con mi oído enfrente del otro, a tomar "rebujito" fresquito en la cruz del colegio, o asomado al balcón de mi abuela donde la calle se cortaba al tráfico rodado; también, más abajo. la calle Alhamar se nos presentaba de manera diferente, con menos coches, menos vecinos y quién sabe si más solera. Me veo, después, en las Cruces de mis hermandades, de Nueva de san Antón al Centro Comercial Neptuno, y de éste a la plaza del Humilladero, pasando por el teatro de los escolapios cuando las "salaíllas" y las raciones pagaban el viaje a Roma de la Virgen del Mayor Dolor. Cruces de cofradías de amigos, plaza de las Pasiegas, de Alonso Cano y algún año que otro en la Fuente de las batallas, recuerdos gratos todos ellos que tapan aquéllos que no lo son tanto y que acabaron con la fiesta tal y como la entendíamos los granadinos, que tuvimos que ver como el desmadre atropellaba nuestras tradiciones.

Este año vuelven las barras, sólo para contadas asociaciones y que cuenten, además, con varios años de emplazamiento, por lo que puede que volvamos a recuperar parte de la esencia que durante años hemos visto clausurada, y espero que aprobemos con nota, que no cedamos ante la borrachera de calle y foránea, que sepamos defender con uñas y dientes lo que vamos a recuperar este año y que, en un futuro, Granada vuelva a ser el referente que fue, no gracias al botellón ignorante, sino a la sabiduría, el señorío y el saber estar de una ciudad, Granada, que se vuelca con sus festividades más típicas sin desvirtuarlas. Espero que este año a nuestras cruces no les tengan que poner ni un "pero", y que volvamos a disfrutar como tantos años lo hicimos, de las familias, de las mujeres vestidas de flamenca, de los recuerdos y de las Cruces, de nosotros depende.

Granadinos, a la calle, que hoy es Tres de Mayo... 

lunes, 1 de mayo de 2017

Barco en botella...


No sé si alguna vez os habéis planteado cómo se siente un barco en una botella…cómo respira un navío que fue concebido para surcar los siete mares empujado sobre las olas por los vientos de cualquier lado, cuando lo destinan al dique seco de una acristalada cárcel desvalorizando su esencia…así, sin más, se mete un elefante por el ojo de una aguja, y el barco queda anclado, por mor del pegamento y la pericia del maquetista, relegado a ser mirado a través de una ventana estanca cortado el aire por el corcho que hermetiza todo y lo hace vano…

Así me siento yo, enclaustrado en una botella de grandes escaparates por los que el sol se cuela hasta cegar y sentado en blancas sillas en las que espero, desesperando, a que alguien se digne entrar a preguntarme, pero sin intención de escuchar lo que le digo. El barco soy yo, el alma libre es la mía, fotógrafa y poeta, hermetizada en la vana realidad de la bata blanca y el gabinete apagado. El alma de escritor venido a venos, que envidia a quien crea para conmover desde las letras y que sueña, soñar es gratis y reconforta, que sus inquietudes hagan sentir al que pase las páginas, embriagándose del olor a nuevo y de lo que le descubren, siempre de manera distinta, los párrafos manuscritos. El alma de fotógrafo romántico, también es la mía, que ansía, por donde va, que sus fotos le cuenten a alguien todo lo que siente, sin decirlo, y que apenas inmortaliza mentalmente infinitas escenas, relegado a despachar anteojos sin amor propio ni orgullo por lo que hace, que éste hace tiempo que lo mermaron las compañías de saldo y redes no tejidas, pero que lo acepta y agradece porque de lo que le apasiona no se come, y de lo que se come…ya se sabe.

La bata me ahoga, me asfixian las paredes blancas, en los cristales de las gafas sólo se refleja mi hastío y mi cámara espera mejores momentos encerrada, como el barco, en el estuche donde convive con los objetivos, como el arpa de Gustavo, a esa "mano de nieve" salvadora, que la saque de su olvido. La profesión hace tiempo que dejó de aportar algo nuevo para mí, mientras que mi currículum se engorda con cursos de reciclaje inservibles y obligados y algunos años de experiencia, aletargando mi pluma, que se resiste, no obstante, como mi mente, que siempre urde algo para dejar volar mi mano sobre el blanco papel que tan bien me entiende…

La palabra que mejor me define es mediocridad, uno más de los infelices que, a diario, se sumergen en el océano de la labor profesional para traer el pan a la mesa de su familia, sacrificando con ello aquello que le da la vida, y que sólo recupera, muy de vez en cuando, cuando el cansancio del oficio con beneficio le recuerda que tiene alma, que tiene vida, y que ésta todavía le va a brindar muchos momentos que inmortalizar, aunque tenga que ser mentalmente, y a destiempo, mientras pasan los años y el polvo, inexorable, tornando a gris el barco en botella...

Fuente fotografía: La vida cotidiana
 



viernes, 28 de abril de 2017

El cartel...



No hay más cartel, escucha, buen amigo
que aquel en que se muestra nuestra historia;
no hay más verdad, lo sé, que la memoria,
que oculta nuestro ayer, tras los postigos;

mas el ayer, efímero, es castigo
del presente que se va tras de la euforia;
lo bueno, para bien, es que la noria
nos vuelve aquí a citar como testigos.

Un año pasará sin darnos cuenta
y ese cartel será el protagonista
de la semana que pasa desatenta.

Llegaremos hasta ahí, siendo optimistas,
Desempolvando, una vez más, la vestimenta
para apuntarnos, juntos, en su lista.

A mi amigo Jose Moreno Ferro, por la fotografía, y por ser fiel compañero de batallas en las noches del esparto.


miércoles, 26 de abril de 2017

Todo lo que en su vida ha amado...


Ella es "blogger", claro, no por vocación ni por convicción, pero es el resultado de la rabiosa actualidad que demanda a las "influencer", cada día, su vital dosis de zapatos "cool", camisas y blusas "top" y pantalones y bolsos "lo más" que las "it girls" de moda le van sirviendo en su "smartphone". Lo grave no es que se esté quemando la vista estando todo el día pegada al teléfono, o que su casa tenga detalles de las antes mencionadas "it girls", sino que la belleza estereotipada y sólo al alcance de niñas "monas" (o eso creen) y adineradas le esté quemando la moral y hasta la autoestima.

Ella se levanta tomando en el desayuno un plato de lo que ellas han hecho el fin de semana y se bebe, sorbo a sorbo, mecánicamente, un vaso lleno de fotos maravillosas en las islas más "chic" del momento, a donde ha ido a pasar la chica el fin de semana con su perfecta familia. No lo critico, ellas se ganan  la vida, pero a ella se la están quitando y no se entera...No le gusta su ropa, porque no hay tendencia en el ropero, no le gusta su casa, porque en el "instagram" de "Pitita Repuca" no hay nada que se le parezca a lo que, con tanto esfuerzo, han construido su marido y ella, que ahora nada en las aguas de un olvido próximo, brutal y descorazonador. Dicen las noticias que los móviles están causando adicción entre nuestros jóvenes, hasta el punto de que les crea ansiedad no poder mirar las redes a cada rato, perdiéndose con ello no sólo las horas del necesario estudio que alimenta la mente y nos hace libres, sino la vida que hay a su alrededor, las sonrisas y los besos, y la forma en la que el sol entra en el salón llenándolo todo de armonía. 

Ella almuerza con "pinterest", se acuesta leyendo la revista "El mueble" y desoye las palabras de quién la mira, en esta nueva anorexia de nuestra época en la que el plato de comida ya no lo desprecian, pero no les alimenta. Quizá la única manera de hacerla de nuevo suya sea hacerse un blog en el que su hijo vuelque sonrisas y abrazos en sus "posts", que contenga vídeos de lo que han hecho el fin de semana en el parque de al lado de casa, en el que se vea cómo su pequeño, que se está haciendo mayor, se mancha los dedos y la boca con el chocolate de un "kinder"...la sorpresa, digo yo, será que su madre los lea...  

Llevo escuchando un tiempo a un cantante español algo así como "todo lo que en mi vida he amado, es una canción, un teatro, y a ti"...ella, algún día, a lo mejor podrá reencontrarse con esa mujer que fue, y recordar todas las cosas buenas que se le han ido escapando de las manos, es decir,  "todo lo que en su vida ha amado"...

lunes, 24 de abril de 2017

La Pasión...


A veces no hay más Pasión
que la que uno dentro lleva.
Nos parece que es tan grande,
que no ahoga pero aprieta
robándonos el aliento,
mermándonos nuestra fuerza.

A veces, nuestra pasión,
nos envuelve y atormenta;
nos hace buscar, al lejos,
lo que tenemos tan cerca;
y nos hunde, en nuestro egos,
con todas nuestras miserias.

A veces,  si retiramos,
de los ojos, la antojera;
nos paramos a pensar
en lo “grave” del problema
y entendemos que, al final,
esa pasión, por ser nuestra,

es tan mísera, tan pobre,
tan ínfima, tan pequeña…
quizás podamos sentir
corriendo por nuestras venas
la sangre que quiso Dios
que nuestras almas tuvieran.

Así veríamos más claro,
que la pasión verdadera
es la que trae Jesús
una tarde Albaycinera
cuando baja hasta Granada
delante de Nuestra Estrella.

viernes, 21 de abril de 2017

Granada en cien fotos


Cuando paseas por Granada, dejándote caer por sus transitadas calles, es bueno a veces meditar un poco acerca de qué es lo que se está viendo, o qué aparece ante tus ojos, para entender así cómo Granada se hizo Granada, mucho antes de que nuestros pies deambularan por su pavimento. Al bajar la calle, bañadas las paredes por el sol de mediatarde un domingo cualquiera, me fui contagiando del ambiente que tiene mi ciudad los días previos a una de sus fiestas grandes, me dejé arrastrar por la euforia, por la proximidad de los días, por el clima primaveral que todo lo inundaba ya, por la belleza del instante y las mano en las mías de las mujeres más importantes de mi vida, y disfruté tanto, que no tuve menos que dejarme llevar por todo eso y enfocar por el visor la puerta que se asoma a la fotografía como un general se planta ante su tropa, serio, altivo y firme, sabedor de que todo responde ante él o se atiene a las consecuencias. Una puerta, una escalinata, el barrio del Apóstol, la tarde en calma, y el ruido de tacones, risas, platos que se trajinan en las terrazas colindantes, me hicieron pensar por un instante en lo que tuvo que pensar aquel que encargó tan solemne obra para que perdurara por los siglos de los siglos y concluí que estoy totalmente de acuerdo con él...Granada bien vale un imperio. 

miércoles, 19 de abril de 2017

No sé qué decirte...

No sé qué decirte, ahora que tu palio dejó sus zancos en el suelo de san José de Calasanz, después de un Viernes Santo más de batalla, de derroche físico y de exprimirme el alma en cada "revirá", en cada "chicotá", en cada vez que me paraba a mirarte sin poder contener las lágrimas. Eres muy grande, siendo tan joven, eres muy grande, siendo tan Niña, apenas una "Mocita" que es maestra en el Dolor, apenas diecisiete años, y ya experta en el sufrimiento y en el llanto; pero qué llanto tienes, Madre mía, que los que se agolpan ante tu paso reflejan tu tristeza en sus miradas y las lágrimas afloran iluminadas las niñas de sus ojos al ritmo que le marcan las velas de tu candelería. ¡Qué bonita eres Madre!, si ya lo dice tu "izquierda alante", eres la "Virgen de la cara bonita", y es que no se puede estar más guapa con la pena tan honda que Tú tienes...

No sé qué decirte, salvo gracias...por un año más bajo tus pies, por la gente que te quiere y que te cuida, por la cuadrilla que tiene la suerte de llevarte, y a la que yo tengo la suerte de llamar mía. Gracias por la emoción incontenible desde que despuntó el alba, por tener a mi familia a mi lado en tu paseo, por la fuerza que me sigues conservando aunque yo barrunto que se agota, como las clepsidras, gota a gota. Gracias por la "revirá" del cancel, y por esa forma que tienes de mirarnos que hasta parece que se para el tiempo ante tu cara y ya no hay más que hermosura, gratuita e inmedible, y gracias porque mi hija ya te espera, ya te conoce, y ya te necesita. 

Gracias, Señora de la cara bonita, no me canso de decirlo, por permitirnos llevar, bajo tus andas, no sólo tu belleza, tu grandeza y tu delicadeza, que eres la delicadeza bajo palio, Escolapia, que no se puede ser más fina, ni más elegante, ni más bonita, sino también, y eso es lo más importante, por permitirnos llevar la fe de tanta gente en un bolsillo, cuando estamos junto a Ti. Dice la saetera que no se explica "cómo una pena tan grande/ cabe en pañuelo tan chico", y yo no me explico cómo en un bolsillo de un pantalón de costalero cabe tanta fe...¿cuántas fotos de padres, de hijos, de esposas y maridos se llevan en el bolsillo? ¿cuántos relicarios en forma de chupetes, anillos, pulseras, llaveros, medallas, van contigo bajo el palio gracias a un simple bolsillo? ¿cabe más fe en un trozo de tela?...fíjate si tu palio es grande, ay, María Santísima del Mayor Dolor, que, con con nosotros, van muchísimas oraciones, muchísimas miradas que se pierden en las camas de los hospitales, muchísimos besos que se mecen en el aire de la distancia, muchísima fuerza en las manos recias de nuestros abuelos, muchísima ternura en las manecitas de nuestros bebés...¿cómo no va ir arriba tu palio, Primor de los Primores, si por cada costalero, va como poco, una esposa, dos padres, cinco hermanos, una hija, cuatro sobrinos, sin contar suegros, cuñados y amigos?...¿ves la de gente que lleva tu paso? ¿cómo no va a volver arriba?...no sé qué decirte, salvo que me sigues emocionando a cada mano, que te llevo en el corazón cada día de mi vida, que te pido por los míos cada minuto, que te añoro cada segundo que pasa desde el Viernes Santo, que te busco, que te sueño, que te lloro, que te quiero, que necesito mirarte, que me siento afortunado cada año que paso debajo de tu palio, que no me salen las palabras, y que mi única manera de rezar, es intentar hacer más liviana, con mi esfuerzo, cada loseta del suelo que pisas, para que no te duela la pena, y para darte gracias, eternas, sinceras y orgullosas, por qué no, por cada uno de los ratos que comparto, con mis amigos, en esa bendita locura que es ese paso de palio de Viernes Santo que me hace más joven, y en el que vuelvo a nacer.

No sé que decirte, pero creo que te lo he dicho todo, me falta sólo una cosa, sólo una, que no recuerdo haberla mencionado..¡Qué cara más bonita tienes, "Hija"!...

lunes, 17 de abril de 2017

el "rinconcito" de la solera...

No sé si sabré expresar algún día, aquel en que aprenda a transmitir lo que siento sin que se me coja un pellizco en el alma, lo orgulloso que me siento de estar incluido en la nómina de hermanos de mi hermandad del Lunes Santo. No sólo por la manera que tiene de hacer las cosas, por la exquisita forma de presentar sus pasos en la calle, o por la pulcra rectitud con la que sus hermanos van en las filas, sino también por las personas que he ido encontrando a lo largo de estos años que han  pasado desde que ingresé en esta hermandad que me robó el corazón un Lunes Santo abrileño de mil novecientos noventa y tres. 

Yo, que desde mi "ceguera" costalera (entiéndase por ceguera no ver más allá de la visera del costal), nunca entendí qué había de difícil, de belleza, y de gratificación en vestir un hábito, me he estado perdiendo casi cinco lustros lo que he descubierto hace poco y que se ha convertido en uno de esos momentos que esperas con más ganas, aunque se haga complicado el llevarlo a cabo. Nunca pensé que un antifaz tenía tanto de intimidad, de reflexión y de "reseteo" del alma. Nunca imaginé que pudiera llenar tanto coger una cruz y seguir los pasos del Señor, pudiendo reflexionar en su sufrimiento, en su entrega, en su valor, mucho más tiempo y de una manera más personal, si cabe, que la que ya había vivido como costalero del Sagrada Protector primero, y de su Madre después, pero lo cierto es que es algo extraordinario esto de formar parte de las filas de nazarenos de una hermandad, que además, es la mía.

Pero si esto resulta ya, "per sé", algo gratificante y que te permite encarar el resto del año en paz contigo mismo, no menos cierto es que buena culpa de ello la tienen las personas con las que compartes estación, amigos las más veces, pero también personas de hermandad con las que te une, a decir de un pregonero, "algo muy grande". Esas personas se encargan de ayudarte a colocarte la túnica, de hacer el "paseíllo" hasta el templo contigo, de compartir contigo cosas vividas junto al que va a ir clavado en la Cruz unos metros delante nuestra, y se encargan también, de recordarte la historia importantísima que tiene la hermandad a la que perteneces, a tenor de lo visto en el tramo de cruces, desde hace muchos años. 

Entrar en el templo acompañado de un amigo que cumplió el año pasado veinticinco de hermano, saludar, al menos, a dos pregoneros de la Semana Santa dentro del templo, abrazar emocionado al que firmó como padrino el día de tu ingreso escuchándolo decir que se sentía orgulloso de seguir viéndonos ahí, con Él; esperar a que el paso del Señor arríe a centímetros de donde tú estás mientras te coge por los hombros algún que otro responsable de la refundación de la cofradía en la calle es de un valor incalculable que va, "in crescendo" cada vez que llega un Lunes Santo y, al mirar las caras de unos y otros, compruebas que eres un privilegiado más no sólo por estar en ese tramo de cruces, con los amigos, sino por formar parte de un "selecto" grupo de "jartibles" amantes del silencio, del racheo y del esparto, que constituyen, incansables, el "rinconcito" de la solera...

A todos, gracias, por todo...

viernes, 7 de abril de 2017

mi Esperanza...

Refugiado en el zaguán
de mudéjar centenario 
voy hilvanando rosarios,
de mi mente, en el desván,
al morir el lubricán
de esta tarde sempiterna
cuando yo voy a buscarte
esperando reencontrarte
dormida entre las lucernas.

Me fijo en esa antesala
del mismo Cielo, entoldado,
que es ese palio bordado
donde mi vida hace escala.
Eres Tú la Generala
de un ejército que suma
costales para una cita
cuando así lo solicitas
en un número que abruma.

Yo miro a mi alrededor 
y sólo cuento belleza;
la de un poema que empieza
con "palabritas" de amor.
Llevas tan bello dolor,
no entiendo que la dulzura
que se escapa de tu boca
no aclare al que se equivoca
al no ver, en Ti, hermosura.

No sé rezar de otro modo
que no sea llorar contigo,
o abrazarme a los amigos
que hayamos, en ti, acomodo,
ni deseo más en la vida
que todas mi añoranzas
se terminen, por lo inciertas,
ante esa puerta entreabierta
donde asoma mi Esperanza.


miércoles, 5 de abril de 2017

luces y sombras

 
No hay una luz sin su sombra, éstas coexisten con aquéllas, ligadas siempre, unidas siempre, llenando todo con su continuo juego de oscuridades y penumbras, haces de luz, y pequeños puntos luminosos. No existen las unas sin las otras, cuando hay luz en un lugar, la sombra aparece en el lado contrario, de las que se sirven, para existir también, las caricias y los besos fugaces a cuyo amparo se producen. 

Granada está llenas de luces y sombras, en el toreo aparecen dividiendo a la plaza en sombreros y abanicos, gafas de sol frente a las camisas sin surcos de sudor y olor a perfume de la zona más oscura; no digo yo que esta sea una diferencia de ricos y pobres, ni lo diré, pero huele mejor en la zona de la sombra...sus calles saben de esta eterna lucha por dominar los rincones, produciéndose una batalla conforme el sol avanza en el cielo y nos va dejando su rastro de colores y reflejos, colándose por las grietas de las paredes, la abertura de una ventana, o el mínimo "hilillo" que le sirve a la vieja de turno para enterarse de todo; no ha luz sin sombra como no hay victoria sin derrota, porque de su dualidad surge su existencia, y la una sería menos sin la otra. La tarde, en su ocaso, abandona su cuerpo de día para entregarse a la noche, permitiendo que por los infinitos puntos de la celosía árabe atraviese su luz ya menguada, y somnolienta. Los juegos se vuelven a suceder y la ventana se refleja en el suelo que lleva a su vez, la marca del sol de la tarde que se bate en retirada, mientras todo apunta ya a la noche que se nos viene, para que sigamos en esto de contar luces, y sombras...

lunes, 3 de abril de 2017

El cielo de los macarenos...


No siempre el cielo es azul, hay veces que la infinidad de colores en la que se nos presenta hace imposible decidirnos por cuál es el dominante, siéndonos harto complicado decantarnos por uno cualquiera. Eso ocurre, por ejemplo, cuando, sólo una vez al año, nos adentramos en la basílica donde reside Nuestra Esperanza, y la de todos los que la buscan, que su nombre es tan grande que no existen fronteras de ningún tipo cuando de mirar su rostro se trata. Esa vez al año, en la que todo espera ya, en la que todo está preparado para ir iniciando el montaje de ese altar ambulante que es el paso palio de la Macarena, ese paso de palio de manual, en el que todas las cosas la esperan a Ella si quieren ser las cosas (parafraseando a Barbeito), en el que todos nosotros la vemos a Ella, sin estar, la buscamos a Ella, la necesitamos a Ella, si queremos ser nosotros...ocurre que, aunque parezca vacío, ausentes las jarras, la candelería, el pollero y la peana, aunque parezca que lo único cierto es que no hay nada, en realidad está todo. Sólo hay que saber mirar, para poder encontrar; abriendo las puertas del alma de par  en par para sentir ese soplo de aire fresco que siempre se apodera de uno cuando entra por la Resolana y ya todo huele a Ella; hay que dejar los suspiros tendidos en el cordel del más hondo sentimiento, hay que abandonarnos y llegar desnudos, para poder llenarnos de Esperanza. Es muy fácil, la tarea que se nos presenta es bien sencilla, tenemos que entender que. aunque parezca que todo es ausencia total, nuestra mirada encontrará los recovecos necesarios para imbuirse de plenitud al girar la cabeza hacia arriba, y pedir por todo lo importante. Ahí está la medida de lo inmedible, la suma de lo insumable, la llegada de lo inalcanzable. Sólo hay que mirar hacia arriba, sí, hacia el Cielo sí, el cielo de los macarenos... 


Fuente fotografía: colección particular Delfín Gandiaga

viernes, 31 de marzo de 2017

mi trasera...

Siempre he pensado que la trasera, en esto de los pasos y las cuadrillas de costaleros, es el alma mater, la marmita en la que se van cociendo, a fuego lento, todas esas pociones de "brujería" que luego levantan un palio cuando la calle, y las horas, quieren hundirlo. De la trasera salen las voces que se transmiten a los palos de delante, para que el paso avance tal y como debe hacerlo, ni más ni menos, no de cualquier forma, sino como mandan los cánones del carácter de cada hermandad. Por eso, el capataz siempre llama a su hombre (u hombres) de confianza en los últimos palos para levantar; por eso siempre se le pregunta a ellos primero si hay fuerza o no para afrontar una mano más larga; por eso ellos, que lo saben, se erigen en baluartes de la arenga, para insuflar ánimos al resto del paso, siendo siempre, como a mí me gusta llamarles, el "motorcito" del palio. 

Así son todas las traseras, fuertes, disciplinadas, obedientes hasta decir basta, analíticas, precisas, correctas, elegantes y artistas, sobre todo artistas, porque sin el arte, en este mundo, no se va a ningún sitio. Por eso cuando veo andar un paso, al empezar una cuesta, o en una calle estrecha y mal pavimentada, me fijo en la trasera, la escucho, aprendo de ella, y se me pone el vello de punta cuando, en una revirá de las de manual, el misterio de mi barrio se para, mide los tiempos, y la trasera le entrega ese toque, firme a la par que sutil, para que el Señor vuelva a la rotundidad de su andar sin que la cuadrilla se despeine. Me gusta acercarme al respiradero, y escuchar ese "puf, puf" de cafetera antigua, en el respirar de los hombres cuando el paso viene "calentito" y envidiar sanamente la firmeza de los brazos en el palo de delante para mover una mole de tales dimensiones sin que se mueva un varal y las bellotas marquen el ritmo, al golpear en los varales, que es la sinfonía verdadera del trabajo bien hecho.

Así son todas las traseras, claro, pero luego esta la mía...la trasera del palio que cruza el puente, es distinta, es única, es un patio de colegio a la hora del recreo, es una continua fiesta de cumpleaños en la que el mejor regalo es llevarla a Ella, porque en Ella está la razón de todo. Mi trasera es mitad Albaycín, mitad Vega, mitad aulas, mitad Salve Marinera, mitad san Antón, mitad Fígares, mitad Silencio, mitad jolgorio, mitad concentración, mitad dominio, casi insultante, de la técnica. En mi trasera echo de menos alguna cara, pero he ganado otras, y todas tienen el mismo sello, el de hombres rudos curtidos en la briega costalera que llevan por bandera la cara de una Virgen de Viernes Santo a la que hay que volver como se lleva, y cuando mi trasera se pone firme, y adereza la "ensalada" que es nuestra cuadrilla con ese punto de sal que es su "locura", a mí sólo me queda decirles eso que Jesús Basterra le decía a la trasera de la Virgen del Refugio: "¡qué trasera más bonita tengo!"...

Con ustedes a la gloria: dadle paso, mi trasera!!...

A mi cuadrilla, y sobre todo, a esos dos últimos palos...



miércoles, 29 de marzo de 2017

el nombre de mi abuelo...

Todos queremos a los abuelos, el que más o el que menos tiene infinidad de cosas que contar acerca de ellos y, cuando te faltan, el dolor por su ausencia ya se queda para siempre contigo, casi igual que su memoria.

Yo sólo tuve ocasión de conocer a mis abuelos maternos, ya que los paternos ya faltaban cuando mis padres se casaron, por lo que sé de ellos apenas sus nombres y poco más que alguna que otra cosa que me ha contado mi padre, y de los maternos, sólo mi abuela convivió conmigo el tiempo suficiente para que, aún hoy, siga echándola de menos. No obstante, mi abuelo materno, cuyo nombre es uno de esos que se lleva en la familia con responsabilidad, ha estado siempre presente en nuestras cosas, no sólo por conocerlo, aunque se fuera siendo yo muy niño, sino porque su recuerdo permanecía en casa de mi abuela, entre sus papeles, en su despacho, en sus cajas de puros, y en el sillón desde el que lo observaba todo a través de sus gafas de metal dorado. Hombre de leyes, militar, y político, mi abuelo fue una de esas personas que viven tanto, hacen tantas cosas, que pasados muchos años, aún sigue su nombre saliendo a relucir gracias a una familia que te lo recuerda, por sus actos, por sus palabras, y por lo que él hizo en vida para que esa familia, entre otras, tuviera más comodidades, siempre desde sus posibilidades. Su labor política, tuvo lugar en una época en la que, en Granada, los alcaldes, si era necesario, pagaban cosas de su bolsillo, siempre por y para su ciudad, y se iban de los cargos dejando las cuentas saneadas, por lo poco que había en ellas, y multitud de obras realizadas. Esa labor, le permitió a mi abuelo pisar las cortes, por ejemplo, pero también estar presente en las grandes obras que la Diputación de Granada emprendía para la provincia, y que en no pocas ocasiones perviven en la actualidad. El pantano del cubillas, la reubicación de niños tras los terremotos que sacudieron Granada, la red eléctrica y el agua potable para numerosísimos pueblos del cinturón metropolitano, y más alejados también, además de la suerte de poder departir con ilustres personalidades de la época, como los reyes de Jordania en su visita a la ciudad, hacía de mi abuelo una persona interesante de conocer y, a juzgar por lo que de él me han hablado personas de fuera del ámbito familiar, también de tratar. 

A mí me hubiera gustado eso precisamente, haberlo tenido más conmigo, para poder haberme sentado a escuchar la de historias del ejército que tendría para contar, o las derivadas de su época de profesor en la academia general militar, o las de Baeza, su pueblo natal, entre otras, y haber podido disfrutar, de adolescente, lo mismo que pude hacerlo de mi abuela, su esposa, pero la vida no siempre es como uno quiere, y sí como a ella le parece.

El caso es que, por suerte para mí, cuento con mi madre y mis tíos para que me sigan hablando de él y, aún sin que nadie lo haga, parece que él se encarga de hacerme saber que está ahí, de alguna manera, en mis cosas diarias, como demuestra el hecho de estar revisando fichas de clientes en el ordenador del trabajo y, de pronto, una persona, resulta que vive en una plaza de un pueblo granadino que, a pesar del tiempo transcurrido, sigue llevando el nombre de mi abuelo...

lunes, 27 de marzo de 2017

Cosas de estantería...

Cuando empezamos a limpiar el polvo de una estantería y a recolocar sus espacios para que vayan adaptándose a los cambios, no somos conscientes, a veces, de que lo que estamos recolocando es nuestra propia vida. En cajas de cartón, supervivientes en la esquina de un trastero, viven los libros y las cosas que, en la última mudanza, dejamos apartadas para volver a ellas cuando fuese necesario. En esas paredes de papel prensado se refugian las historias leídas hace tiempo, marcando las páginas algún dibujo, algo escrito, una foto que hace que sonrías levemente al contemplarlo, de nuevo, mientras desempolvas, como digo, del tiempo y el olvido, los libros que se guardaron.

Una vela, un adorno, algún marco de fotos que ahora se engrandece al ocupar el nuevo sitio, han ido construyendo, poco a poco, día a día, esto que ahora llamamos matrimonio, y que es, en realidad, nuestra vida...aparecen, después de retirar con cuidado el papel de burbuja, alguna que otra figura comprada en la luna de miel, o aquellas cosas que te regalaron en su día para la otra casa y que hemos tenido protegidos desde que la abandonamos, no importa el tiempo que haga de eso.

Irremediablemente, las películas, los cds,...nos llevarán a una parte de nuestra existencia que tuvo hueco en otra ciudad, en otro trabajo, y que, sin remedio también, ha marcado nuestra vida de algún modo u otro, y recuperas en el acto la imagen de esa otra casa, donde todas esas cosas tenían el sentido justo de recordarte lo que quedaba atrás, cada vez que ibas al trabajo, cada semana del mes, cada mes del largo año...y ahora, entre las bromas de tu hija, los gestos cómplices con tu fiel compañera de batalla, las vuelves a colocar, cambiadas, con más años, quizá con menos sentido, en las nuevas baldas de esa reluciente estantería frente a la ventana que se asoma a la Sierra. Nuevas baldas que podrían ser perfectamente las bases de un nuevo episodio en tu existencia, las directrices de un nuevo trabajo, o simplemente, las fases, reorganizadas y actualizadas, de tu vida.

De pronto, sacas un libro medio desvencijado, casi rotas las páginas, el lomo inexistente, por lo que las mismas quedan sueltas a merced del lector, más o menos cuidadoso, que te hace recordar algo, un comienzo, una historia de algún amigo de la familia, una calle, un olor, una luz mortecina entrando vagamente por los resquicios de un ventanuco improvisado, algún toque de campana y, sin más, comprendes que siempre, Él hace lo posible para que sepas que esta ahí, y que debe ocupar un lugar importante, siempre, entre esas baldas de las que os he hablado. Ahí lo tenéis, siendo uno de los pilares más fuertes de mi vida, dormido en un humilde libro entre mis cosas de estantería...

viernes, 24 de marzo de 2017

Mil...


Parece mentira que haya sido capaz, pero lo cierto es que ha llegado...sólo han tenido que pasar casi diez años, pero al final he llegado a las mil entradas en La Ventana del Abuelo, una ventana que al principio fue sólo mía, pero que se fue haciendo de todos los que iban cogiendo "cositas" de aquí para ponerlas en otros espacios parecidos al mío, pero en otras ciudades y ámbitos. 

Mis cosas han viajado por Andalucía, sin salir de Granada, por mor de internet, y me ha sorprendido gratamente encontrarme mis entradas cuando visitaba otros blogs. Han sido mil entradas cofrades, en los que he volcado todo lo que llevo dentro a la hora de hablar de mis hermandades y de las de otras Semanas Santas, y que han valido para que mucha gente se identifique con ellas y con lo que sus titulares representan. Mil entradas de valentía, a veces, para hablar de temas muy personales, y otras de cobardía, por no haber escrito lo que pensaba en muchas situaciones, quedándose para mi blog "de dentro" muchas entradas que engrosan las filas de "borradores". 

Mil entradas de Granada, y Sevilla, de nacimientos de hijos, de bautizos de otros, de fotografía, de toros, "poesía" y reflexiones, pero sobre todo mil entradas de cariño, de respeto a la escritura, por la que siento una gran admiración, y a esos verdaderos escritores que no juegan como yo, sino que se gana la vida ya, escribiendo en múltiples medios. He tenido la suerte de contar para esta ventana, siempre que lo he precisado, con la inestimable ayuda de amigos que han prestado su pluma y sus emociones al servicio de este espacio, enriqueciendo enormemente las páginas del blog, y a las que me gusta acudir para releer lo que escribieron los días que no son tan buenos. 

Mil entradas de historias, personales e intransferibles, como el carnet de identidad, mil entradas de amor hacia los míos, de emociones a flor de piel y algún que otro desengaño. La melancolía, la nostalgia, los recuerdos y las vivencias se han ido sucediendo hasta el día de hoy para contar mil entradas, y a veces pienso si podré seguir siempre dedicando algo de tiempo a esto que tanto me gusta aunque, como se ha visto últimamente, no siempre me es posible. Yo espero que sí, que por lo menos de vez en cuando, ya que la regularidad es una meta harto difícil, pueda volcar en una entrada lo que transmiten las lágrimas de una Virgen, o mostrarle, al que no la conozca, la belleza proverbial de mi Granada, así como su inmensa cultura e historia. 

Soy un aficionado, uno de tantísimos que quisieran tener en la escritura algo más que un "hobbie" para amigos y familiares, pero cuyo talento no llega a tanto, por lo que se da más que por satisfecho, si alguien, alguna vez, se ha parado un "ratito" a leer mis cosas, que hoy han llegado hasta mil...

A todos, mil gracias.

Fuente fotografía: culturamas.  

miércoles, 22 de marzo de 2017

Brindo...


Un amigo, un fiel seguidor de esta ventana, me mostró una vez un blog en el que una mujer cuyo nombre termina en "m" escribe exactamente lo mismo que el pastelero de la antigua "La Campana" (calle Alhóndiga, esquina de recuerdo con nostalgia) amasaba sus "Felipes" (¿por qué se llaman Felipes los Felipes?). Ese día no, pero otro, descubrí que hay muchos motivos por los que brindar, y hoy, emulando a esa mujer, os escribo mi brindis:

Brindo por los pasos que pesan y se llevan entre amigos, por las hamburguesas del san Remo que alimentan tradiciones; por el mundo que se ve a través de un visor; por las amigas que regalan dibujos; por los días de Navidad en Plaza de Bib-Rrambla, y los de Otoño en los bosques de la Alhambra; brindo por las playas de roca, y los castillos coronando pueblos blancos; por el sabor de un Rioja en los labios, bebido de sus labios. Por esa corona y ese otro centenario. Por san gil y la dinastía del Músico Palatín; Brindo por las caricias, las humanas y "perrunas", por la sonrisa de una hija, y por las lágrimas derramadas tras escuchar a una comparsa. Brindo por "Mayor Dolor" al final de todo, y por la Marcha Real al comienzo de todo. Por los padres que se afanaron en educar a sus hijos, y por los hijos que se dejan educar; por un folio en blanco y una pluma estilográfica; por tener siempre algo de que escribir; por el 24x36 y la luz roja de seguridad. Por esa rubia que trabaja en Cádiz; Por las ventanas que se abren al frío y las que orean las casas de vacaciones al volver a ellas. Brindo por las mujeres que saben besar, y por los besos en la frente al acostarse; por la mercromina que todo lo cura, y por la Carrera de la Virgen en Septiembre. Por calle Pizarro, y calle Leones. Por las abuelas, por los padrinos; por las letras que empiezan los nombres importantes, y por lo que esos nombres significan; por las palabras no dichas; por los que se entienden con sólo mirarse; por no echar de menos, nunca; brindo por brindar, sólo por eso, por todo aquello que merezca la pena, y por las penas que no la merecen; por la moto que nunca te comprarás, por lo que soy, por un café con leche en el bar de siempre; por los ¡hhuuuy! de una tarde en los Cármenes (goles vemos pocos...); por la puerta que se abre, por un dieciocho de Diciembre cualquiera, por la bolea perfecta, la mirada perfecta, el poema perfecto...por los que siempre me leen, y los que me escuchan leerlo; por vosotras, por vosotros, por un renault 12 amarillo, por "Las Flores" de una calle llena de sobrinos; por el cine, la intimidad, las llaves de nuestra casa; brindo por las voces que me transmiten cuando cantan. Por la vida...

Fuente fotografía: mibloguerapreferida.worpress.es

lunes, 20 de marzo de 2017

destino...

Nunca sabes cuando te vas a encontrar con aquello que es para ti, y eso que siempre escuché de mi abuela lo de "en el Cielo está escrito: fulanita con fulanito" aunque no le echara demasiadas cuentas. El caso es que no soy yo persona de ir buscando mi destino, pero siempre llevas dentro una duda acerca de lo que te espera en esta vida que va pasando inexorablemente y que, en ocasiones, no sabes si estás aprovechando bien del todo. Inmerso como estoy en mi rutinaria labor de "vendegafas" no me da tiempo a disfrutar todo lo que debiera del regalo que me ha dado la vida en forma de mujer e hija y que tantas cosas buenas me está trayendo, así que no sé si esperar algo más de esta vida por si se "enfada"  El de arriba, que también he escuchado más de una vez lo de "no enojes a Dios" cuando te quejas de algo sin tener motivo, o pensar que no puede venir nada mejor que lo tengo ahora mismo y que me sonríe cada mañana al despertarse. 

Quizá lo más bonito del destino, lo más romántico también, es precisamente el desconocimiento total que, de él, tenemos, así como la incertidumbre hacia todo lo que lo envuelve, dotándolo precisamente de ese halo de misticismo, con el que lo definimos. Como no sabemos qué vendrá, cualquier cosa que recibamos, mala o buena, puede ser cosa del destino, si bien algunas serán por mor del merecimiento y otras de la casualidad, aunque está bien eso de esperar por esperar y recibir lo que te venga sin más dilación y porque sí. 

Muchas veces me sorprenden las cosas sin esperarlo, y me hacen recapacitar y darme cuenta de que lo único que importa es el presente, vivirlo y disfrutarlo al máximo que, por lejano y nuboso, el destino carece de importancia; a lo largo de mi vida he podido comprobar, no obstante, en mis carnes que sí existe el destino (o por lo menos yo así lo creo, no hace falta comenzar un debate sobre esto), pues cosas que me han pasado sólo pueden explicarse de este modo, por lo que no distraigo mi mente en exceso con estas cosas, aunque tampoco la castigo con el devenir y el porvenir. Además, cuando menos te lo esperas, por cosas fugaces casi siempre, pactadas o casuales, te encuentras dando un paseo con los amigos, pendiente de que tu hija no se caiga al suelo por correr demasiado y haciéndole fotos a tu esposa, cuando aciertas a detener la mirada en el banco en el que estás sentado, de no sé qué plaza sevillana, y te asalta, sin quererlo, tu destino...

viernes, 17 de marzo de 2017

24...el silencio

El silencio siempre está presente en nuestras vidas; lo precisamos al dormir a nuestros hijos cuando, cansados del día, necesitan dormir para recuperarse del ajetreo constante de su infancia, y lo precisamos también cuando queremos descansar un poco, ya sea durmiendo también, o sentado en el sillón de casa sosteniendo entre las manos el libro que nunca continuamos.

En nuestra Semana Santa, en nuestras hermandades, el silencio está muy presente también. Lo está en los últimos "gubiazos" del escultor que preceden a la inminencia de una cara ante la que rezarán tantos cofrades, y lo está ante el primor con el que el orfebre remata la corona que será puesta sobre las sienes de una Virgen, a lo mejor, el día de su coronación canónica. El silencio está en la primera oración ante una parihuela de ensayos, no sólo en el rezo recogido de la catedral, cuando cobra sentido el salir a la calle, y lo está en el cariño con el que una madre coloca sobre su hijo pequeño la túnica de su hermandad. 

El silencio no sólo es potestad de las hermandades de negro, sino que también lo ejercen con maestría algunas que van de blanco, o de morado, y lo hacen extensivo a la gente que se agolpa en las aceras para que sólo se oigan los suspiros. El silencio se hace cuando una cuadrilla echa rodilla a tierra para culminar el gozo de poner a su Virgen en la plaza, y lo está en cada una de las lágrimas que se derraman al paso de una hermandad. Hay silencio cuando entregas una estampa o recibes un caramelo, y lo hay cuando un capataz mira a su titular minutos antes de llamar al paso para hacer estación de penitencia. Lo hay en el abrazo entre dos hermanos al desearse mutuamente que la misma sea fructífera, y cuando resuena el ¡a ésta es!...el silencio aparece cuando un vestidor selecciona los encajes del rostrillo, y cuando un hermano limpia con un pañuelo el pie del Señor tras ser besado. Hay silencio en nuestras madres cuando nos dejan marchar para llevar a Cristo o a María, lo hay en nuestras esposas al despedirse en el relevo, y en nuestros hijos cuando los dejamos en la fila para ocupar nuestro lugar. La Semana Santa está llena de silencios, sólo hay que escoger uno, y hacerlo nuestro...


Fuente fotografía: San Agustín

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

Si estás interesado/a en algo de lo que figura en esta Ventana, manda un e-mail a abuelo_costalero@hotmail.com antes de colgarlo en otra página.
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