viernes, 26 de febrero de 2016

Uno que no olvidaré...por Jose Carlos Martos

Úbeda,...la monumental ciudad donde Cristo es Sentenciado dejando a su Madre sumida en un mar de Penas, y cada Madrugá de Jueves a Viernes Santo suena a los sones de su banda, y al racheo de sus costaleros...desde allí, un soplo de aire con aroma a Olivo para compartirlo con todos vosotros:

   "Recuerdo con especial cariño, dentro de mis vivencias costaleras, la pertenencia a la cuadrilla de costaleros del Stmo. Cristo de San Agustín.
             
   Como en todo lo relacionado con lo referente al costal “granadino” llegué de la mano del “abuelo”, el año anterior había sufrido un “leve fiasco” en mi intento de formar parte de una cuadrilla granadina, y Luis Francisco, conocedor de mi decepción, me invitó a acudir a la igualá de la cuadrilla del divino protector. Aquella invitación no quedó en el olvido, y allí que me presenté a pedir sitio.
Siempre he sentido especial devoción por el crucificado de San Agustín, las cuadrillas de silencio me llaman especialmente y me gustaba el trabajo y las formas de la cuadrilla comandada por Miguel Almagro, a la postre sería su último año.

Estaba bastante ilusionado con la idea de poder entrar, y ese fue el pensamiento que rondaba mi cabeza durante todo el camino desde Úbeda a Granada el día que teníamos la cita; finalmente tuve hueco y junto conmigo entró mi buen amigo y compañero de batallas Pablo Moya.

Solo un año estuve bajo sus trabajaderas, pero disfruté enormemente los ensayos, aprendí y conocí gente estupenda;y el Lunes Santo rebasó ampliamente mis expectativas, no olvidaré el racheo y el andar del Señor, de recogida en la oscuridad de San Antón.

Gracias abuelo".


Gracias a tí, siempre...

miércoles, 24 de febrero de 2016

26...la calle.

Todo llega y todo pasa, a veces tan rápido que no sabemos si ha sido real o producto de nuestra imaginación, a veces tan intenso que dura días en irse de tu mente y te deja marcado de algún modo; a veces tan lento que te permite disfrutar a cada instante de todo lo que te rodea, hasta que tus sentidos se colapsan de tanto como están percibiendo...a veces, tenemos que volver al punto exacto en donde nos gusta vivir lo mismo cada año, para darnos cuenta de que el tiempo se para y de que, pase lo que pase, seguimos siendo lo que fuímos, aunque transformados por las "inclemencias meteorológicas"...en ese punto exacto de nuestro callejero cofrade ves las mismas caras, casi en la misma posición que el año anterior, y te sientes reconfortado, como si fueran los miembros de una gran familia que se reúne cada año y que se alegran de verse. Así veo yo esa calle, en la penumbra de las luces amarillas, bajo el azulejo que nos habla de la que manda en el barrio, y con la mirada puesta en el horizonte que se desdibuja por las tufaradas del incienso...ahí me encuentro yo, entre amigos, para ver al que me pregunta cómo voy con la sonrisa en los labios a través del aumento de sus gafas; y al que me espera para fundirme en un abrazo, sudoroso, en esa cortesía que sólo tiene la costalería, cuando uno abandona el paso y el otro se sumerge en él. 

La calle, esa calle, la penúltima calle, con su pavimento gastado y su adoquín, su carga para los costeros y sus estrecheces, sus balcones semiabiertos y sus portales de toda la vida. Esa calle, en la que no sabes si es más bonito verla de frente, cuando su cara ilumninada lleva en cada lágrima un motivo para pedirle perdón por tantas cosas, o verla marcharse, cuando el cansancio de los costaleros le imprime una cadencia especial y diferente, y su manto se va alejando como se marchan las cosas que queremos. Cuando la banda se funde con las voces de la gente, las arengas del capataz, el sonido de los varales, el racheo del costalero, el bullicio de los que esperan, las puertas de un templo que se abren, el martillo cayendo sobre la delantera, y la luz de cada noche idéntica pero distinta poniéndole el color al palio, y a la calle...

Cada año la espero, la sufro, la necesito, la redescubro, la recorro y la hago mía, cada año su trazado le hace una muesca más a mi revólver costalero, y le quito un año al calendario que marca el final, cada año piso sobre pétalos al salir de ella y, cuando el frío de la noche me despierta de mi sueño, pienso en que ese día, a esa hora, en cualquier otro punto de Andalucía, alguien, como yo, estará disfrutando de su calle...

Fuente fotografía: www.pintoresusmochon.blogspot.com

lunes, 22 de febrero de 2016

28...la "levantá"

...Todos atentos...el llamador golpea tres veces y activa las neuronas, tensiona el cuerpo, conecta todas las alarmas del cerebro, y prepara al costalero para el momento crucial que decide la trayectoria de la "chicotá" y, por consiguiente, el buen desarrollo del caminar del paso. Desde fuera, parece que la gente entiende lo que va a suceder, pero no se engañen, desde fuera, ese momento sólo se reduce, a veces, a un "espera que lo van a saltar" como he llegado a oír en alguna ocasión a lo largo de mi periplo costalero. Pero, obviamente, la "levantá" no es sólo eso. afortunadamente para nosotros, para el capataz y para lo que llevamos encima.

En la "levantá", no puede haber un error, un ápice de distracción o un asomo de retraso, no se puede llegar tarde al palo como no se puede dejar de prestar atención cuando vas a suturar a una persona sobre una mesa de operaciones, o vas a hacer despegar del suelo un avión de toneladas de peso...no se puede hacer mal, porque el daño puede ser irreparable, no olvidemos que debajo van personas, y que los pasos pesan, aunque más de uno piense que jugamos. 

Cuando suena el llamador, la gente deja los comentarios y fija sus cinco sentidos en las órdenes que se van a dar desde fuera; colocada la nuca sobre el palo, las manos en el de enfrente, el costalero mueve las piernas para desentumecer los músculos si es que han estado un rato largo parados o se viene de relevo; la mente vuela, los pensamientos se centran en el aldabonazo, el "a ésta es" que es el previo a la gloria, a llevarlos sobre el cuello otro rato más, para sentir que nos renovamos por dentro, aunque por fuera parezcamos los mismos...la espera desde la voz al martillo, un sólo instante para los que contemplan la hermandad en la calle, pero a veces una eternidad para el costalero, que ansía escuchar el golpe para que se eleven al Cielo sus plegarias; y, después, el salto, los pies volando y, finalmente, el paso recogido arriba con ese sonido inconfundible de cuarenta hombres cayendo al unísono, y por igual, sobre el pavimento. El tambor que ya está marcando el inicio de una nueva "chicotá" y Ellos que marcan el ritmo de sus costaleros...ahora sí,...sólo queda ya esperar a que todo empiece de nuevo...quietos sobre el terreno, casi inmóviles, reciben la última orden antes de que el paso avance y se desaten las emociones..."oído, venga de frente"...así se siente la fe de un Semana.

Fuente fotografía: www.hermanosdelcostalmontellano.blogspot.com


viernes, 19 de febrero de 2016

Uno que no olvidaré, por Jose Antonio Ruano

Desde aquí al lado, empujando conmigo codo a codo para levantarla al Cielo, con tinta de Comendadoras y Cañilla, esa tinta especial que tiene el Realejo, me envían esto para que yo lo comparta con vosotros...Genil


"UNA ISLA EN EL RÍO GENIL
          
  Como casi en todas las cosas de la vida, y para muchos de nosotros sacar pasos es de las mejores cosas que se pueden hacer en esta vida, hay que darse distancia a uno mismo, ver dónde está, lo que hace, cómo lo hace y sobre todo, por qué y con quién lo hace. Y fue en ese mar de dudas cuando la idea que más se iba apoderando de mí era la de dejar guardados y planchados en un cajón mis costales. En ese desbarajuste que era mi cabeza se me invita a formar parte de la cuadrilla de costaleros del paso de palio de la hermandad de Escolapios. Fui muy reacio en las primeras intentonas, pero a veces los amigos no te tienen que pedir las cosas dos veces, y terminé por acceder.
En la guerra de hemisferios de mi cerebro como siempre volvía a ganar el derecho, y me enrolaba nunca mejor dicho en la aventura de sacar un paso de palio de Viernes Santo en esta puñetera ciudad que aún no se merece la Semana Mayor por la que nos esforzamos los muy pocos granadinos que seguimos apostando por lo nuestro. 

   Llegaba de nuevo a sacar un paso de palio, con lo de mucha guasa que tiene eso, o a eso me tenían acostumbrado, y la realidad de ese palio y de las gentes me trastocó por completo mis conceptos de cómo eran las cosas en las cuadrillas granadinas. El ambiente que me encontré fue como si llevara sacando ese palio toda la vida, y apenas llevaba unos minutos,  la camaradería y el ambiente que allí se respiraba era toda una novedad para mí.

   Ya han caído algunas cuaresmas desde aquella invitación a enrolarme en el barco pirata, no puedo decir hasta cuando, pero gracias a aquellos que estaban y a los que hoy siguen, disfruto mucho más de esta locura que nos embriaga a todos.

    Cuando llegues a los Basilios, echa anclas porque has llegado a una isla en pleno Genil"


P.D: la fotografía me la han enviado por móvil, de ahí la poca calidad. 

miércoles, 17 de febrero de 2016

33...la música

Cierro los ojos, me tumbo en el sillón y, con el Hi Fi al volumen justo para envolverme en las notas, me imagino esa calle en la que la luz de la mediatarde acompaña el deambular de la hermandad. Da igual si abre calle, acompasa los pasos cadenciosos del Señor, duerme a la Virgen que se ahoga en suspiros, o si rompe el silencio en la madrugada mientras un Cristo renacentista enmudece a Granada. La música, es un componente indispensable para que la emoción venga a nosotros y la Semana Santa sea Semana Santa. Da igual, no importa, la música nos pega el pellizco en ese momento en el que el cuerpo se prepara para todo lo que está viendo, el vello se eriza, el escalofrío recorre la espalda a lo largo de la espina dorsal y sacude el espíritu antes de que, al fin, aflore la lágrima y nos veamos en el mismo lugar de siempre...qué curioso, que no por vistas las mismas imágenes dejan de emocionarte...

Con los ojos cerrados, como gusto de hacer las cosas que me calan dentro, me veo pisando el adoquín de la calle que necesito para ser yo, agarrado de diferentes manos a lo largo de la vida, a cual más importante...esa mano callosa, primero, que tenía que sujetar estirando el brazo y que me hacía sentirme protegido; esa mano suave, perfumada, después, a la que le descubrí esa calle una tarde de primavera, siempre parecida, siempre distinta, cuando la música, también, me dió valor para hablarle al oído y, por último, esa mano pequeñita y regordeta a la que voy introduciendo, poco a poco, como hicieron conmigo hace mucho tiempo...da igual, creedme, en donde la escuchéis, o cómo lo hagáis, porque siempre os llenará igual y os evocará lo mismo...quizá os veáis con vuestro padre, o debajo de un paso, o abrazados a alguien, o llorando por alguien, o enseñando a alguien, o...da igual, la música, siempre, os apretará el corazón de la misma forma y, al hacerlo, os sentiréis, una vez más, vosotros mismos...
 

lunes, 15 de febrero de 2016

35...Detalles

Están ahí, pero no los percibimos. Escapan a nuestra vista, ya que estamos en otras cosas cuando salimos a la calle en Semana Santa. No están ahí por casualidad, que en lo cofrade nada se deja al azar y todo tiene una razón y una lógica aplastante. Puede que por eso ganen en importancia cuando nos damos cuenta de ellos o alguien nos ilustra al pasar la cofradía. No serán adivinados por el público de "panem et circenses" que se asoma a nuestra semana mayor rápida y fugazmente, llevándose éste una idea más que equivocada de lo que está viendo y que luego contará, a su manera, a todos sus conocidos..."yo estuve allí, y no te puedes imaginar lo bonito de...", y sí se lo imaginará, pero no tendrá nada que ver con lo que era. 

Pocos verán que esa hermandad lleva la túnica recogida, sujetada por el esparto, y menos aún que el color de la misma no importa cuando el nazareno se presenta, así, en la calle, para dejar silente testimonio de su fe; pocos verán los ángeles sentados en una peana, o las azucenas en jarritas violeteras dentro de hornacinas de ése respiradero. Pocos notarán quién lleva cuatro clavos y que no todas las Vírgenes se llaman Dolores. El paño de pureza puede ser de talla o de tela, pero ¿qué es un paño de pureza?; ¿qué es una marcha sobria? ¿en qué respiradero estaba el Cristo del Silencio y por qué? ¿quién lleva un Ángel Custodio en el entrecalle? ¿quién a la Virgen del Rocío? ¿pero qué es un entrecalle?...¿qué dices, que es una copia?. Pasará desapercibida la manera de presentar una candelería, la rectitud de unas caídas o la filigrana de un manto, porque no todo es para todos los públicos, y no se aprecia todo igual aunque estemos en el mismo sitio. Si no, todo el mundo sabría que hay Vírgenes que van bajo palio, sí, pero no lloran, y que unas tenazas pueden ser de lo más dulce de un canasto. La belleza casi humana de alguna Magdalena sobre un misterio, o la reminiscencia macarena en algún entrecejo. Un saco de monedas, unos dados, la ausencia de maniguetas, algún clavo en el que el martillo ha dejado un corazón, o rosarios que golpean algún varal, puede que nunca sean vistos, pero pienso que ahí está el encanto de este "minimundo" nuestro de la Semana Santa; precisamente, en que cuando el palio se haya ido, aplaudido hasta la extenuación aunque no lleve música, alguien le dirá a alguien si se ha fijado en tal cosa y, alguno de ellos, mirará asombrado al otro y le preguntará...¿sí?...pues eso, detalles...

viernes, 12 de febrero de 2016

Uno que no olvidaré...por Jose Canalo

Desde Sevilla, me llega con aroma de azahar un recuerdo de Miércoles Santo...granadino...

"Mañana del treinta y uno de Marzo en Sevilla...un despertador sonaba, si es que hacía falta que sonara. Junto a mi cama, descansa una sudadera roja con las siete letras que forman tu nombre, Rosario y, encima de ella, acurrucado, mi blanco costal. Blanco como una ilusión y, en la barriga, mariposas que revolotean en mi interior.

Llega la hora de irse, doscientos cincuenta kilómetros no son nada si la que me espera es Granada, y casi sin darme cuenta ya estaba allí, en la calle Ganivet, esperando el relevo. Se adivinan los ciriales, un tronar de tambores avisa que llegas y me gustaría parar el tiempo, porque no sé si el sueño empezaba ahora, o era ahora cuando iba a acabar...Te acercas, y una furtiva lágrima moja mi cara...

Me acuerdo de todos los viajes, de aquel miedo de no volver a verte, de tener que olvidarte como aquel que una vez desterraron de su palacio rojo. El faldón se abre y un escalofrío me recorre el alma; me tiemblan las piernas, la voz...y mi corazón. Suena el llamador, cruje la madera, la banda toca...al día siguiente fue Jueves Santo".

Fuente fotografía: www.granadacofradiera.blogspot.com




miércoles, 10 de febrero de 2016

40...


Ya está aquí...el pistoletazo de salida de la recta final de la espera; el último empujón al final de año para el cofrade, el verdadero final de año, sin uvas ni champán (el cava para ellos y que les aproveche) y en el que las campanadas que se cuentan son los meses que se van desgajando, uno a uno, hasta llegar al Domingo de Ramos.

Ha costado, de hecho cada vez cuesta más, cumplir años y mantener intacta la ilusión, pero se va consiguiendo, poco a poco, y ya estamos en la salida de esta carrera que nos llevará directos a esa mañana en la que todo se renueva y el tiempo se detiene. Esa mañana en la que el bullicio de los templos nos dice que Granada está de fiesta grande, esa mañana, en fin, en la que si no estrenas...

Queda poco, cuarenta días, disfruten de las vísperas... 



Fuente fotografía: www.hermandadborriquillagranada.blogspot.com

lunes, 8 de febrero de 2016

Los "carteles" de mi hermano...

A veces no es necesario una cámara réflex; a veces no es necesario cegarse con la técnica, ni con el photosop; a veces sólo basta con estar en el momento justo en que nuestros sentidos se multiplican y apretar el disparador; a veces sólo hay que tener ojo...






A veces, uno es fotógrafo sin saberlo...

Fuente fotografía: Archivo personal Fernando Marín López

viernes, 5 de febrero de 2016

miércoles, 3 de febrero de 2016

A Sevilla...



No se puede añorar lo que nunca se tuvo, si acaso se puede desear, y mucho; tanto se puede desear que a veces nos sorprenderemos con el escozor en la herida, porque duele, sobre todo cuando los deseos son imposibles e inalcanzables. 


Yo nunca lo tuve, al menos no en los días que pintan de rojo el calendario del cofrade, y me he tenido que "conformar" con ser espectador en lugar de protagonista, incluso sabiendo lo que puedo aportar y cómo las gasto debajo de los pasos, incluso a pesar de contar con innumerables amigos que, en un momento determinado y con una sonrisa en la boca, me han brindado su mano para acudir junto a ellos a las innumerables "igualás" en las que participan, pero no es fácil. Ahora no lo es, bien por mi "maravilloso" horario comercial, bien porque mi situación familiar me hace priorizar los besos y las sonrisas a los kilómetros y las arpilleras. Ahora no es fácil, en su momento, hace años, no es que lo fuera más, pero se pudieron haber hecho las cosas de otra manera y haberme acercado a ella en lugar de alejarme tanto...hoy sólo me queda mirar por el espejo de lo que pudo haber sido y no fué, que tampoco es mala marca.


Ahora veo como amigos de Granada participan activamente del cielo sevillano en sus días grandes, les escucho contar sus experiencias, las mismas que yo viví en las vísperas, hace años, pero de forma diferente. El otro día leía a un amigo decir que "añoraba a Sevilla". Yo también. Añoro no vivir más cerca y poder disfrutar más de mis amigos, añoro sus colores para mi objetivo, sus experiencias para mi aprendizaje, su temperatura para mi recreo. Añoro sus calles pequeñas por las que se cuelan los suspiros, sus estrecheces cuando un misterio avanza, sus tufaradas de incienso ante el llanto de María, su aroma, su acento, su hospitalidad. Añoro la mirada de la que vive en san Gil para mis penas y mis "bajoncillos", las risas, las anécdotas y los ojos azules de mi Carmen; añoro la guitarra de Carlos, las ocurrencias de Raúl, y los siempre bienvenidos chascarrillos de Pulido; Añoro el acento palentino de Tusa, y el puramente sevillano de Ana, y a Jimena, y a Anita...añoro la bonhomía de Delfín y el cante de Desi, el no haber pisado nunca la Plaza de España por las obras, y la salida impetuosa del barco de san Martín. Las vivencias costaleras de Jorge y esa bendita Estrella que siempre pulula a su vera. Añoro la callejuela donde ví llorar por vez primera a la Soledad de san Lorenzo y añoro el Pizjuán engalanado para una tarde de gloria futbolística. Añoro Casa Gandiaga y hacerme la ropa por san Isidro Labrador...

Pero no se puede añorar lo que nunca se tuvo, y eso me duele, tanto, que cuando las cornetas, esos pájaros dorados, alzan sus "trinos" al aire de Sevilla, cada chicotá es un puñalito que se mete dentro...un año más llega su tiempo mejor, un año más se vestirá de mantilla para pasear su belleza por Semana Santa, un año más...que yo seguiré añorando a Sevilla...    


lunes, 1 de febrero de 2016

Trece...

Impar, supersticioso y hasta repudiado, este número convive con nosotros siendo siempre foco de las más oscuras ocurrencias. A él se le relacionan las cosas que nos pueden pasar, sólo si coincide con Martes o con Viernes, y si en esos días se te ocurre pasar por debajo  de una escalera, o cruzarte con un felino negro, qué digo yo, poca culpa tendrá el pobre de que a nosotros se nos crucen los cables.

A mí, ni fú ni fa, que no soy yo hombre de banalidades del medievo, por lo que, modificando a mi necesidad los versos de don Mendo "no me inspira un temor extraordinario/ esa cifra, ay de mí, del calendario". Antes al contrario, me gusta el trece, y hoy más, porque hoy se cumplen esos años de aquella primera noche, en la que todo se puso patas arriba, para bien, en mi desordenada vida. Trece años de todo, de no notar el frío cuando nos refugiábamos de las miradas de nuestros amigos en cualquier callejón de la ciudad; trece años de la timidez, de las miradas bajas, de querer coger su mano y no atreverme, de mirarla de reojo, de intentar acabar a su lado a toda costa, de buscar pretextos para verla, llamarla...trece años ya, de aquella madrugada que permanece en el recuerdo, aunque hayamos olvidado los detalles, y trece años en los que todo se ha fortalecido y ha ido creciendo con el tiempo. 

Ahora la miro a los ojos y la chica es madre, en sus ojos, las líneas de expresión le dicen que ha dejado de ser niña, sus manos peinan ahora el pelo de su hija, su cuerpo ha cambiado para bien, aunque ella diga que no y su pelo huele como siempre. Ahora no somos dos, pero da igual, y la sigo mirando cuando anda, porque sigue siendo sexy, la sigo mirando cuando duerme, porque sigue siendo dulce, la sigo mirando cuando sonríe, porque sigue siendo un ángel, la sigo mirando...porque me sigue volviendo loco...han pasado trece años, impares, que diría uno que ve todo desde la oscuridad de un faldón, y la sigo queriendo, más si cabe...

  

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

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