viernes, 22 de enero de 2016

uno que no olvidaré...por Manolo Sánchez

LA MIRADA DE UNA MADRE


A más de 2,500 km. de distancia de casa las sensaciones se magnifican y es por ello que la mente, el  intelecto, busca sensaciones y motivaciones.

Roma Junio del año 2.000, Iglesia de San Juan Bautista de los Florentinos, María Stma. del Mayor Dolor así como el paso de palio al completo está por montar , para tal cometido cuatro granadinos, Cristobal, Guillermo, Paco, Antonio y yo nos desplazamos hasta allí con días de antelación para que a la llegada de los peregrinos dispuestos a acompañar a la Señora a San Pedro del  Vaticano todo estuviera listo, dispuesto , como si de un Viernes Santo y en Granada se tratara, largas jornadas de trabajo que iban de las 7 de la mañana a las 7 de la tarde sin interrupción alguna.

 Una vez montada la infraestructura inicial del paso, varales y palio, candelería y candelabros de cola, peana y Ella situada sobre ésta, pollero y pavero, llegó el momento sublime de vestirla, labor reservada para mi persona. Fueron unas horas apenas lo que tardé en tenerla vestida si bien es cierto que a Su Serena Belleza poco le hace falta complemento alguno.

 Tan fuerte fue el ritmo de trabajo que a tres días de la llegada de los peregrinos , a  falta de flor, todo estaba listo, lo que hizo que subiera al paso centenares de veces a retocar un pliegue, una sombra, un matiz… y cada vez que subía, SU MIRADA, SU DIVINA MIRADA, que me otorgaba el calor de hogar, la motivación para estar allí.

Las veces que he vuelto por la Ciudad Eterna un no sé qué, una atracción desconocida, me ha llevado a aquella Iglesia donde tanto y bueno vivimos, sobresaliendo entre las múltiples sensaciones el encuentro con la foto de la Reina de Roma que perpetúa el recuerdo de aquella odisea cofrade y como no,  sólo he tenido que cerrar los ojos para que los suyos estuvieran conmigo.


Tan fuerte, tan importante fue esa relación entre sus ojos y los míos que, hoy, casi dieciséis años después, cada vez que los inconvenientes propios de la vida se acercan a mí como negros nubarrones solo tengo que cerrar los ojos y los suyos me acompañan, me arropan y me dan fuerza y compañía y es que no hay nada como la mirada de una Madre.

Gracias Manolo. Qué recuerdos me traen estas palabras...

2 comentarios:

Manolo Sánchez y Salmerón dijo...

A ti amigo por querer contar con una experiencia mía en tu fantástico blog. Un abrazo grande.

costalero gruñón dijo...

Siempre es un placer Manolo, otro abrazo de vuelta...

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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