miércoles, 25 de noviembre de 2015

y también es Granada...

Lejos del bullicio del tráfico, de la polución que tan de moda está ahora, y del ruido ensordecedor de sirenas, toques de claxon, y frenazos de coches sobre el asfalto, se encuentra una Granada diferente, una Granada que no está representada por la Alhambra, que no entiende de prisas, que se encuentra al margen de la ofrecida por las agencias de viajes, sin lujosos restaurantes con sus cartas en Inglés, Francés y Alemán, sin colas para entrar en los museos y en la que la ciencia no se encierra en un parque, sino que crece junto a los troncos de los árboles. 

En esa Granada, en la que el frío aprieta más si cabe, las hojas caídas de los árboles armonizan el paseo, mientras el único sonido discordante son las voces de los niños en sus juegos infantiles. Una Granada diferente, silenciosa, íntima y espectacular, en la que los dueños absolutos de todo son los colores que ofrecen el verde de las copas con el azul y gris del cielo a medio nublar. Una Granada lejana,  perdida entre las montañas, protegida por bosques y carreteras sinuosas que transportan a los pocos que las conocen, y que nos hace preguntarnos a cada momento si estamos realmente en Granada.

Una Granada, de riachuelos que brotan de la roca, de musgo y setas, de piñas esparcidas por el suelo que hacen las veces de proyectiles, o de improvisados balones que los niños patean por doquier, sobre el verde manto de la hierba todavía húmeda por el relente de la noche. Una Granada para los granadinos amantes de la calma, del campo y del bofetón de aire frío en la cara al bajarte del coche, de los trinos de los pájaros y del ejército de árboles formados hasta donde alcanza la vista. Una Granada que invita a visitarla, a castigar tus pies recorriendo sus senderos, pero sobre todo, a deleitar a la vista con un panorama que dista mucho del sobresaturado mirador de san Nicolás. En esa Granada de chiruca, pantalón de pana y pelliza reforzada, de guantes y gorros calado hasta las mismísimas barbas, los niños patean las hojas que son la alfombra del suelo en esta época del año, y los mayores, ora encendiendo la barbacoa que será la recompensa al esforzado paseo, ora cámara en mano, nos dejamos llevar, concentrando los sentidos en no perder ni un gramo de naturaleza, en estos maravillosos parajes que, tras las escarpadas montañas, nos dice que ella también es Granada...  





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