martes, 5 de mayo de 2015

El mismo lugar de siempre...


Cuando necesito perderme por la ciudad en la que sigo soñando a diario, mis pasos suelen llevarme a los lugares que, de tanto pisarlos, han llegado a formar su hoja de ruta en mi cabeza de tal manera que ando, ando, y de pronto aparezco en ellos sin haberme dado, apenas, cuenta de que he caminado hasta ellos. Son esos lugares de reflexión, en los que te sientas a mirar cómo la ciudad fluye a tu alrededor, con sus ruidos, sus paseantes, sus trabajadores, sus madres con los niños,...su vida, mientras tú tienes tu momento de tranquilidad, de ocio, para dedicarlo a meditar sobre las cosas que te han llevado a donde estás. En esos lugares, dejas las vestiduras a un lado y te entregas, disminuyendo hasta la miniatura, a fin de pasar desapercibido entre tanto bullicio y quedarte contigo y las circunstancias que repiquetean, como las gotas de lluvia sobre la uralita, en tu sesera.

Son siempre los mismos sitios, aunque no sean los mismos los motivos por los que acudes a su cita, deseando encontrar la solución a inquietudes de la vida, mientras piensas en lo que ha ido cambiando la fisonomía de la ciudad aunque las cosas importantes permanezcan en el mismo lugar de siempre. Como la propia existencia, la ciudad va quitando y poniendo atrezzo a su antojo, recolocando calles, semáforos, fuentes, boulevares, alrededor de los destinos que deben permanecer inalterables, como uno mismo quita accesorios y los pone para que adornen lo importante, la esencia del ser que somos y que ya no cambiará. Nuestra personalidad es como la ciudad que recorro, cada vez que tengo tiempo. intentando recordar cómo era en otros tiempos, cómo se llamaba tal café o tal cine de verano, ordenando en la mente las imágenes extintas y recreando las disposiciones con pericia de ingeniero, mientras juegas a ver cómo eras tú en esos instantes y lugares. Hoy día, he sufrido cambios abismales, en los que he dejado de ser yo para ser nosotros, y en los que mis ojos ya no sólo miran por mí, sino por esas mujeres que recorren el camino conmigo día a día; por ellas todo cambia, todo llega y, al final, todo pasa mas, por suerte, yo me sigo encontrando con la vida en nuestros lugares importantes que permanecen, como dije antes, en el mismo lugar de siempre...

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Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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