jueves, 30 de abril de 2015

Lunes...

Por la tarde, cuando el sol empieza a despedirse por unas horas de la ciudad jugando su reflejo con los cristales de las ventanas del barrio, el Señor del Rescate avanzaba solemne por Puentezuelas, mientras contemplaban la escena unos ojos que recordaban la de veces que habían visto al Señor junto a su madre, y otros, más pequeños, abiertos de par en par ante el estreno, el nacimiento a la vida cofrade de Granada, en brazos de su orgullosísimo padre, asentando la tradición familiar de rezar al Cristo de la Magdalena. 

En mis manos, una bolsa de la desaparecida tienda de telas "La Villa" constataba que no iba ser un lunes cualquiera. ni siquiera parecido, al de tantísimos años atrás y es que, en su interior, la túnica de la hermandad ocultaba otro estreno, importante, para el que la sostenía incrédulo todavía, que se corroboró después al vestirme en Darrillo de la Magdalena; tomarme un café con nerviosismo; taparme la cara con el antifaz (ese tacto y ese olor a recién planchado), la medalla rozando mi cuello y no asida a la hebilla del pantalón; un paseíllo diferente hacia el templo, una hora diferente; cruzarme desde el anonimato con los que fueran mis compañeros de palo; la "tertulia" improvisada a los pies del Señor con amigos de siempre; el abrazo con alguno de los hermanos más antiguos; la visión de la trasera del palio asomándose por la entreabierta puerta de la sacristía (siempre el ojo del fotógrafo, Pepe...); el tañir de las campanas escuchado desde el tramo de penitentes; el aldabonazo en la delantera del paso; la presión de la cruz en el hombro; el comienzo de la marcha hacia la catedral...

Intimidad, plenitud, satisfacción, solemnidad, oración, rezos y rezos, la entrada en catedral a continuación del impresionante paso del Sagrado Protector, la visión de seres queridos y amigos tras la protección de un capillo que me permitió mirarme hacia dentro y tener consciencia de la verdadera penitencia, y de lo que se espera de un hermano de san Agustín cuando viste la túnica nazarena. No sabía que iba ser tan duro, no sabía que iba a ser tan reconfortante, no sabía que el haber dejado el costal me iba a abrir una nueva puerta hacia la Semana Santa, no sabía que un Lunes Santo pudiera ser mejor, no sabía que iba a desear volver a vestirme de nazareno, no sabía lo bonito que es caminar por ti y por los tuyos, emocionarte sólo con una sonrisa, y salir renovado al concluir la estación de penitencia...no lo sabía, pero ya nunca se me va a olvidar... 


Fuente fotografía: web de la hermandad.

martes, 28 de abril de 2015

Desvaríos...

..."que sí, que ya sé qué es lo correcto, pero no necesito que me digas eso, sino que lo que hago está bien o, al menos, puede llegar a estarlo cuando los que vengan miren nuestros actos desde otra perspectiva. No me digas que no es fácil, que eso también lo sé, ayúdame en la dificultad, para que pueda salir indemne del atolladero"...quisiera volver a esa terraza de París, en la que te decía al oído las palabras que sólo nosotros entendíamos, mientras el mundo giraba a nuestro alrededor, aunque a nosotros nos pareciera que no. Recuerdo perfectamente la luz del atardecer sobre tu pelo oscuro, y los reflejos del agua sobre tu cara, en la terraza donde fingías beber café, aunque sé perfectamente que no te gusta. ¿Por qué los momentos mejores se van para no volver a repetirse?...los malos sí que se repiten, podría contar por decenas las veces que he llorado, pero las que he reído con ganas me cabrían en una mano, ésa que sujetaba el bolígrafo para garabatear tu nombre en una servilleta de papel con una dirección escrita en francés...

  A lo mejor no fuimos lo bastante felices, o a lo mejor lo fuimos tanto que cualquier nueva situación no nos llenaba como las primeras; a lo mejor te dije te quiero a mi manera, cuando tú querías que simplemente lo dijera. A lo mejor, el francés es ese idioma en que cualquier cosa suena a música, A lo mejor nos echamos de menos aunque ninguno quiera reconocerlo, quizá por miedo a volver a hacernos daño. "qué sí, que ya sé qué es lo correcto, pero no necesito que me digas eso... 


Fuente fotografía: www.lasmiradasdelalentevioleta.wordpress.com

miércoles, 8 de abril de 2015

Cuando se cierren las puertas...

Cuando se cierran las puertas y el trabajo casi roza su final, es cuando mejor se aprecian los detalles. Cuando la luz tenue de la iglesia se filtra por los respiraderos que exhalan alientos cansados por el esfuerzo del encierro, es cuando más se siente uno costalero. Cuando su cara queda sólo iluminada por el ascua moribunda de la candelería y el río de su llanto llega a su desembocadura, es cuando más me enamoro yo de Ella...cuando el capataz dedica la "levantá" a la hermandad que la espera, es cuando más cerca me siento de todos los que componemos la nómina de los escolapios. Cuando su manto me habla de finales de Semana Santa, es cuando más me acuerdo de los que ya no están, y cuando cierro los ojos y lloro escuchando su marcha en el interior del templo, es cuando entiendo que la tensión del trabajo ha dejado lugar al disfrute por definición. Es en esos momentos, en los que a mi alrededor veo a bellísimas mujeres vestidas de mantilla llenando sus ojos con las lágrimas de la emoción desbordada, sin medida, de tanto contenerse, cuando escucho que hay familias que vienen a verla desde Roma, cada año, a partir de aquel Junio del dos mil, es cuando siento la magia de esta Madre y cuando más orgulloso me siento de ser de Ella. Que no os quepa duda alguna, no somos privilegiados por estar cerca de Ella, sino por ser de Ella, y el que no entienda todavía por qué Mayor Dolor engancha como engancha, sólo tiene que ir el año que viene y dejarse llevar por las emociones cuando se cierren las puertas...  


P.d: perdón por la calidad de la foto (cosas del móvil)

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

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