lunes, 9 de marzo de 2015

La luz...

La luz es, físicamente, una onda electromagnética cuya dualidad onda-corpúsculo le hace comportarse a la vez como onda o como masa, o lo que es lo mismo y en lenguaje coloquial, como le venga en gana. La luz es importante para nosotros que la necesitamos para vivir, hasta el punto de que cuando nos la quitan, nos arrebatan también una parte importantísima de nuestra alma. La luz en todo y todas las cosas, en los amaneceres, en los atardeceres, y en la complicidad de la noche...la luz con nosotros, la luz en Semana Santa...

La luz del efecto "ola" al levantarse los cirios de los nazarenos en sus filas; la luz de la tarde entrando por los resquicios de las puertas de nuestros templos, avivando la llama de los nervios en las horas previas a la salida; la luz de los hachones sobre la muerte de Cristo; la luz de los faroles de escolta; la luz juguetona de las candelerías a la hora de restar pena a nuestra Madre, que no hermosura; la luz imponente del sol en el dorado de los pasos de misterio; la luz del "flash" de miles de fotógrafos improvisados en cualquier esquina de un barrio al paso de una hermandad; la luz de los guardabrisas iluminando mantos de dibujos imposibles sobre terciopelo morado; la luz de la Luna de Jueves Santo, y la que se filtra por los canastos y respiraderos haciendo más liviana la oscuridad de los de abajo; la luz de los altares de cultos en las tardes cuaresmales, y la artificial en los talleres de bordado; la luz de las calles angostas donde se obran los milagros; la luz de las plazas con solera en los encierros de Granada; la luz del cielo azul reflejado en las brillantes cornetas de las bandas; la luz de la ciudad camino de la "igualá" antes de la estación; la luz viva del camino más corto sujetando el capirote, y la luz cansada del mismo camino tras la salida procesional; la luz conventual cuando se rezan Siete Palabras en un Sábado de Pasión; la luz de las puertas abiertas de los templos en las mañanas del día señalado; la luz incandescente de cualquier sacristía en una noche de cuaresma; la luz de la hora clave en los Besamanos; la luz del alma cuando la vemos vestida para subir al paso de palio, la luz del drama en los besapiés de san Antón. La luz que todos deseamos en la mañana del Domingo de Ramos; la luz de nuestra hermandad en el momento en que todo empieza, la luz que necesitamos para mirar hacia adelante en la mirada sonriente de nuestros hijos, y la luz al final del túnel, siempre, donde esperamos encontrarla... 


Fuente fotografía: www.cofrades.sevilla.abc.es

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