viernes, 27 de marzo de 2015

el Cielo sevillano...

Seis años han pasado, con sus días respectivos, desde aquel día en que me calzara el costal y me apretara la faja un viernes de Dolores para pasear al Moreno por su barrio. Llevaba muchos años escuchando hablar de Él a mis amigos de Sevilla y, como era de esperar con las cosas de esta tierra, no me defraudó un ápice. No sólo por el paseo que se le da siempre al Señor de Nazaret cuando se asoma desde san Isidro Labrador a las calles de Pino Montano, sino porque las previas fueron indefinibles para uno que era neófito. De esos días, de tantísimos kilómetros como recorrí, sábado sí, sábado no, en aquel frío diciembre de 2008, me quedo con la hospitalidad de su cuadrilla, de su capataz y de sus hermanos, que me abrieron las puertas de su casa para que supiera lo que es llamar a María Amor y su Hijo Nazaret. Domingos por la mañana de madrugón y ensayo, almuerzo rápido y autobús de vuelta a Granada, de "izquierdos", "costeros" y "tres pasos" y de multitud de anécdotas que se quedan para siempre en la memoria de este que escribe y que sólo puede tener palabras de agradecimiento. 

El horario comercial, los ensayos que no casan con mi jornada de trabajo, me han privado desde entonces de poder llevar al Señor a la calle, pero es imposible que deje de añorarlo, como es imposible que deje de quererlo, ya que todo lo que se estrenó en aquel Abril de 2009, persiste inalterable en mí, y se renueva cada vez que cierro los ojos y me veo en la tercera de su "igualá" baja, trabajando las marchas que "cantaba" mi amigo del alma, que hoy estará ya nervioso, esperando que den las horas señaladas y la banda de Nuestro Padre Jesús de la Salud anuncie con la Marcha Real que el Señor del barrio vuelve a estar en la calle...

Desde aquí les deseo a todos esos costaleros que hoy puedo llamar amigos, que disfruten de Él, que lo paseen cómo ellos saben hacerlo, ya que cada uno reza de una manera, pero como rezan ellos, sólo ellos pueden, y que se acuerden de los que no podemos estar debajo cuando suene el martillo. Le deseo a mi amiga Desi que no llore mucho cuando Carmen acompañe a su padre vestida con la túnica de la hermandad por vez primera, y que Puli, Ramón, Antonio, Raúl, Paterna y Delfín recuerden, como yo, que hoy se cumplen seis años de ése Viernes de Dolores en que, como dice un buen amigo, yo disfruté con ellos del Cielo sevillano...


Fuente Fotografía: www.jovenesdelcostal.blogspot.com

jueves, 26 de marzo de 2015

Sagrado Protector de mi Granada...

Cuando la eterna espera expira, y sabemos que las horas se preparan en las estanterías del alma para que vayamos cogiéndolas a nuestro antojo para usarlas con nuestros peculiares modos y maneras; cuando ya sabemos lo que vamos a estrenar dentro de poquísimos días y nuestro corazón empieza e ensayar el ritmo que deberá adoptar en esas jornadas especiales; cuando los aromas de las calles, los cielos deseados, los tactos repetidos nos vuelvan a advertir de las fechas en las que estamos, antes de que los goznes de las puertas de las sedes chirríen para dejar pasar hábitos, yo habré de pararme un rato ante la verdad que muestra tu costado. 

Hoy mejor que mañana, habré de detenerme ante la llamada, la voz muda, que sale del interior del templo, de la oscuridad disimulada en la que se expone tu cuerpo inerte para orgullo y disfrute de tu ciudad, y aceptaré la reflexión a la que me invita el gesto desgarrado de tus manos asiéndose a los clavos, la no mirada de tus ojos cuando éstos se vuelven por mor de los estertores por los que se te escapa la vida, y habré de mirarte de reojo para que la dureza de tu realidad no me golpee y me aturda el entendimiento. Este año pasaré por la puerta, de nuevo, para detenerme y dedicarte la oración que guardo para Ti, y para tu Madre, siempre que las vísperas se agotan y ya llegan los días que tanto he estado esperando. No te hablaré de mi fortuna, de lo que siento y lo que sentiré cuando el capillo roce por vez primera la cara que tantas veces se sujetó el costal, pero sí te voy a rezar igual, porque los míos esperan que lo haga, para que Tú los cuides otro año más, justo hasta el momento en que renueve mi "contrato", otro Jueves de Dolores a tus pies, Sagrado Protector de mi Granada...


viernes, 20 de marzo de 2015

Tú lo sabes, yo lo sé...

Tú lo sabes, yo lo sé...que te queda muy poco para vestirte de primavera y sentirte mujer por los cuatros costados mientras te rondan, en vano, tantos y tantos ilusos aspirantes. Tú lo sabes, yo lo sé, que cuando se te sube el guapo no hay ninguna que te gane en señorío, y la historia de tus muros se derrama por las calles que te convirtieron en el ojo derecho de Isabel. Tú lo sabes, yo lo sé...que llegado el día de los Ramos todo volverá a ocupar su lugar exacto, a desempeñar su precisa función, para que la Semana Santa sea de nuevo tu fiesta por excelencia, la más grande, la que se transmite de padres a hijos, la que te desgarra el alma cuando se contempla en el mismo sitio pero sin la misma gente. Queda poco, tan poco, que da hasta vértigo pararse a pensar en ello, porque con cada pensamiento se consumen los minutos y tal como venga se nos irá, por el mismo sitio en que llegó, cerrándose en Vergeles la puerta que se abrió por Elvira...prepárate ciudad, para que tus calles sean recorridas por infinidad de pasos, los de los nazarenos, penitentes y acólitos, los de los capataces y costaleros, y los de los propios que deberán contemplar el tesoro que guardas para ellos cada año, para volver a verlo con los ojos del alma, y a los extraños, que serán condenados a deambular, plano en mano, por el serpenteante laberinto de tus callejas atoradas por la bulla, sin más remedio para ellos que el "donde fueres, haz lo que vieres". todos ellos, en apenas nueve días, volverán a entender y aprenderán, cómo es Granada en Semana Santa. Que se pare el tiempo una vez más que ya están prestos a sonar los tres golpes de martillo, ¡ponerse que voy a llamar!...esto ya está aquí, oh Granada, tú lo sabes, yo lo sé...


Fuente fotografía: cofrademania.masjerez.com

miércoles, 18 de marzo de 2015

cuestionario...

¿qué sentís cuando suena la llamada?
¿qué esperáis al recibir el paso arriba?
¿qué decís, del Señor, en la morada?
¿cuánto sufrís, si sufrís, en la porfía?

¿qué os llama a seguir aun en la brecha?
¿qué os pasa por la mente junto a Ellos?
¿rezáis, disfrutáis, pedís consejos...?
¿qué esperáis al sentirla tan de cerca?

¿qué recibís por tal esfuerzo?
¿qué hay a cambio?
¿por qué hay marchas especiales?
¿existe el miedo?

¿qué significa un abrazo sudoroso?
¿qué es ser zanco, fijador, qué es ser costero?
¿por qué lloráis al romper a paso largo?
¿puede haber en el dolor algo gozoso?

¿por qué os brillan los ojos cada año?
¿queréis seguir, a toda costa, haciendo esto?
¿por qué, si en el fondo os hacéis daño?
¿qué tiene llamarse costalero?... 


lunes, 16 de marzo de 2015

A ningún sitio...

En este desbarajuste que suele ser nuestra vida desde que el despertador se ríe de ti por la mañana, hasta que lo colocas de nuevo sobre la mesilla de noche al acostarte, no tenemos tiempo ni para mirarnos, y la rutina de la semana te marca el ritmo desde el lunes al sábado (o al viernes según sea el caso), por lo que nos pasamos las horas esperando al domingo para salirnos de lo establecido y disfrutar lo que se pueda. Luego te das cuenta de que el domingo es tan corto que se pasa sin que te dé lugar a hacer gran cosa, así que nos volvemos a acostar para que el despertador siga riéndose de nosotros al ir a detenerlo la mañana siguiente.

 Pero, a veces, gusta aprovechar una mañana soleada de domingo para arreglarte, ponerte la ropa que el uniforme de trabajo te impide usar durante la semana y salir a pasear simplemente por el hecho de hacerlo. Sacarle el jugo a un domingo no es fácil, sobre todo porque las tardes son para los preparativos semanales, y las mañanas duran tan poco...pero, a pesar de todo, las mañanas han sido creadas para disfrutar de ellas...el sol en la plaza de Bib-rrambla, el aroma del Paseo de la bomba, el ruido de la chiquillería en el parque en el del Salón, La carrera de la Virgen, o los aledaños catedralicios, son buenos lugares para hacer un ejercicio de relajación mientras tu niña corretea y coges de la mano a tu esposa, en lo que puede ser el único momento plenamente vuestro de la semana, y todo se disfruta mucho más y se hace más profundo. Una cervecita sentado en una terraza, mientras hablas con ella de planes futuros y no tan lejanos, o un ratito de charla con los amigos, la familia, o explicarle a tu niña qué hacen treinta hombres bajo unas andas tapadas con una lona blanca y que, ella, en sus cortos dos añitos, finja que se ha enterado perfectamente, son cosas muy simples, pero satisfactorias al máximo...

Una mañana de domingo en familia es recargar las pilas, es tomar aire paras subir la cuesta, es como un abrazo a la pareja que se va antes de decirle adiós, quedándote tú con su aroma para toda la semana. A veces necesitamos dejarlo todo a medio hacer, salir a la calle sin pensar en la hora a la que vamos a volver e improvisar el almuerzo, disfrutar de la ciudad, del tiempo libre, y caminar, como he dicho más arriba, simplemente por el hecho de hacerlo, con la certeza de que no tenemos que llegar a ningún sitio...  



viernes, 13 de marzo de 2015

Sonriendo...


Tengo un "padre" que me cuida y me protege, que aunque llueva o haga frío me acompaña hasta el colegio; al que le cuento lo que he hecho en clase y le pido que me abrace y me dé besos. Tengo un "padre" que todas las mañanas, me recibe en la puerta sonriendo, me pregunta cómo he pasado la noche mientras me lleva, en sus brazos, por el cielo. Tengo un "padre" al que las canas le delatan la juventud que, poco a poco, fue perdiendo, y sus ojos pequeños y arrugados me hablan de historias de otro tiempo. Tengo un "padre", servil y consejero, tengo un "padre" cariñoso y compañero, Tengo un "padre" que me quiere y al que quiero.

Tengo un "padre" que sabe cómo nadie hacerme sonreír si estoy sufriendo, que me compra mis juguetes con su sueldo y que me enseña las cosas que yo quiero, Tengo un "padre" enamorado de su esposa, mi otra "madre", pilares y cimientos, de la casa en la que juego y voy creciendo. Tengo un "padre" que no duerme y, aun despierto, me hace ver las cosas que no entiendo. Soy feliz, porque, a mi lado, a diario tengo, a mi "papi" al que, en pijama, siempre espero, para darme, feliz, las buenas noches después de acostarme y leerme un cuento; a mi "mami" que, cuando me acabo mi almuerzo, llega del trabajo, aparca el coche, y sale, con sus brazos siempre abiertos, a estrecharme fuerte, fuerte, en el cálido cubil que aun es su pecho. Soy feliz, porque vivo, corro y siento, gracias a mi abuela y su desvelo, y porque sé que, después de la noche y de mi sueño, mañana volverá a abrirse la puerta y saldrá mi abuelo sonriendo...       


miércoles, 11 de marzo de 2015

El relevo...

...Se acerca, lo intuyes, lo necesitas...agolpado entre la gente, con el "pase" de arpillera para poder atravesar la barrera de gente, sientes el hormigueo especial que sólo entra cuando ves, de lejos, que los ciriales asoman por la esquina y la delantera del paso hace acto de presencia adentrándose en la calle. Nubes de incienso lo preceden y desdibujan el rostro del que va arriba, sentido y fin de nuestro trabajo, y te ajustas la faja, te aprietas la camisa en torno a la cintura, te guardas la tarjeta en el bolsillo, estiras un poco, te despides de la persona que, curiosa, te ha estado preguntando "¿cuántos vais?", "¿pesa mucho?"...dejas caer una estampa sobre el carrito donde un niño pequeño duerme, incomprensiblemente, para que Ellos lo acompañen siempre, y te lanzas al vacío de la calle para esperar a que el paso arríe de una vez y puedas meterte debajo. 

Un guiño del capataz que te insta a fijarte en cómo viene, a fin de que te concentres al máximo y no permitas que baje un ápice la labor costalera; los nervios que arrecian, una mirada de soslayo al público, las órdenes del contraguía cuadrando el paso, la banda que apura los acordes, las voces de los compañeros, la cara del Señor, una oración rápida, una mirada, un abrazo con tu compañero de palo antes de entregarte a todo lo que está por venir y que se desencadena irremediablemente, una vez más, cuando el capataz grita: "oído, ¡¡relevo!!"...
    

Fuente fotografía: graphyfoto.wordpress.com. Fotógrafo: Jesús Cancelo Nieto

lunes, 9 de marzo de 2015

La luz...

La luz es, físicamente, una onda electromagnética cuya dualidad onda-corpúsculo le hace comportarse a la vez como onda o como masa, o lo que es lo mismo y en lenguaje coloquial, como le venga en gana. La luz es importante para nosotros que la necesitamos para vivir, hasta el punto de que cuando nos la quitan, nos arrebatan también una parte importantísima de nuestra alma. La luz en todo y todas las cosas, en los amaneceres, en los atardeceres, y en la complicidad de la noche...la luz con nosotros, la luz en Semana Santa...

La luz del efecto "ola" al levantarse los cirios de los nazarenos en sus filas; la luz de la tarde entrando por los resquicios de las puertas de nuestros templos, avivando la llama de los nervios en las horas previas a la salida; la luz de los hachones sobre la muerte de Cristo; la luz de los faroles de escolta; la luz juguetona de las candelerías a la hora de restar pena a nuestra Madre, que no hermosura; la luz imponente del sol en el dorado de los pasos de misterio; la luz del "flash" de miles de fotógrafos improvisados en cualquier esquina de un barrio al paso de una hermandad; la luz de los guardabrisas iluminando mantos de dibujos imposibles sobre terciopelo morado; la luz de la Luna de Jueves Santo, y la que se filtra por los canastos y respiraderos haciendo más liviana la oscuridad de los de abajo; la luz de los altares de cultos en las tardes cuaresmales, y la artificial en los talleres de bordado; la luz de las calles angostas donde se obran los milagros; la luz de las plazas con solera en los encierros de Granada; la luz del cielo azul reflejado en las brillantes cornetas de las bandas; la luz de la ciudad camino de la "igualá" antes de la estación; la luz viva del camino más corto sujetando el capirote, y la luz cansada del mismo camino tras la salida procesional; la luz conventual cuando se rezan Siete Palabras en un Sábado de Pasión; la luz de las puertas abiertas de los templos en las mañanas del día señalado; la luz incandescente de cualquier sacristía en una noche de cuaresma; la luz de la hora clave en los Besamanos; la luz del alma cuando la vemos vestida para subir al paso de palio, la luz del drama en los besapiés de san Antón. La luz que todos deseamos en la mañana del Domingo de Ramos; la luz de nuestra hermandad en el momento en que todo empieza, la luz que necesitamos para mirar hacia adelante en la mirada sonriente de nuestros hijos, y la luz al final del túnel, siempre, donde esperamos encontrarla... 


Fuente fotografía: www.cofrades.sevilla.abc.es

miércoles, 4 de marzo de 2015

La bola...

De pascuas a Ramos, se va guardando la bola que va creciendo cada año merced a los paseos arriba y abajo entre las filas de nazarenos, aun a costa de perder la referencia de sus familiares ubicados en la calle. Quizá ellos, los niños y niñas no sean conscientes de que ese juego que celebran en cada jornada penitencial, librando batallas por coger el sitio con los otros niños, les llevará a esbozar una sonrisa cuando, ya de mayores, vean fotos antiguas en las que aparecen con su bola en la mano; y es que, esa bola es como un tesoro, guardado celosamente a lo largo de la Semana Santa, y con posterioridad también, hasta que su madre se harte de verla rondando por la casa y la tire a la basura. Este juego les sirve, desde niños, a distinguir unas hermandades de otras, las que son más "flexibles" en sus reglas y permiten al nazareno girar el cirio para ofrecerle la cera al pequeño que la solicita, de esas otras que, con sus cirios en alto, caminan silentes por las calles de la ciudad, constituyendo para el niño un sistema efectivo para ir diferenciando las hermandades más "alegres" de las otras más "serias".

A medida que va creciendo la bola, van transcurriendo los días pasionales, se va madurando y esa afición de niño irá metiéndole dentro el "veneno" de la Semana Santa, hasta que pase a engrosar las filas de nazarenos de su hermandad y, más adelante quizá, sus cuadrillas de costaleros, ya que la Semana Santa tiene diferentes estamentos por los que se va pasando a lo largo de nuestra vida cofrade, iniciada de la mano de nuestros padres, acompañados por nuestros hermanos y amigos, cualquier día
santo de nuestra ciudad, pidiéndole cera a un nazareno...


Fuente fotografía: www.mispisadas.blogspot.com

lunes, 2 de marzo de 2015

Vacío...

La puerta cede, al fin, ante la insistencia de siete vueltas de llave (aún no sabe por qué tantas, y eso que juró cambiarlo algún día) y el olor a cerrado inunda todo de momento; deambula por el corto pasillo, a tientas, desplazando con los pies alguna caja llena hasta los topes con esas cosas que no son lo suficientemente necesarias para incluirlas en una mudanza, ni lo suficientemente banales como para tirarlas a la basura, por lo que quedan en los pasillos testimoniando lo que algún día fueron, pero sin recobrar la importancia adquirida a lo largo de los años. Habitaciones cerradas se abren paso ante él, y consigue a duras penas llegar al panel de luz antes de caerse de bruces sobre la sábana que protege el sofá del paso del tiempo. Cuando consigue, al fin, levantar la palanca que activa la luz de la casa, comprueba con desdén que su habitación sigue encendida, recordándole la sombra que ésta hace contra la pared tantos momentos vividos, tantas cosas, que casi puede oler la pintura de la primera vez que, juntos, recorrierron el inmueble.

El salón está exactamente igual mas, sin embargo, nada encuentra en la estancia que se la recuerde, salvo la foto que descansa sobre la mesita auxiliar en la que el teléfono se ríe de él y de las veces que dijo que la llamaría para solucionar lo que ya no tiene remedio, secreto a voces compartido por casi todos menos por él, y del que tuvo constancia el mismo día que cerraba la puerta tras de sí, esa puerta que le invita al olvido socarronamente. El resto de la casa sigue en penumbra, cada resquicio con su dosis de importancia en esta historia, y le va asaltando poco a poco, a medida que va recorriendo las habitaciones decoradas a base de ver revistas hasta la extenuación, sentados en una caja de madera comiendo bocadillos del Aliatar, que es lo que priva en Granada, y el único indicio de haber albergado vida son las diferenci
as de claridad de la pared en los huecos de los cuadros. Todo le invita a la tristeza, todo se burla de él con insistencia mientras su desestabilizada mente intenta poner cada cosa en su lugar para empezar de nuevo y para siempre, porque se ha jurado no doblegarse ante el amor, por muy fuerte que éste sea, a fin de no volver a tropezar con la misma piedra ahora que todo empieza a normalizarse. Ni una mirada, ni un gesto, ni una sonrisa, habrán de causar en él más que una mera impresión y alguna mueca a modo de saludo; ninguna mujer habrá de ocupar en su restaurado corazón un lugar más importante que él mismo, y así no se verá obligado a hacer balance de cajas vacías cuando todo se vuelva a terminar...ella no tuvo la culpa, él no la tiene ahora, y se jura que el amor no volverá a jugar con él...


Fuente fotografía: www.nosvemosdeabandoneo.blogspot.com

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

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