lunes, 2 de febrero de 2015

A veces...

A veces se me olvida por qué estamos donde estamos y hacemos lo que hacemos, sobre todo porque la rutina de estos días, la familiaridad con la que afrontamos las citas nos hace evadirnos, un poco, del profundo significado que tienen nuestras "igualás", nuestros ensayos...tan poco entendidos si son vistos desde el, a veces, criticón ojo de aquel que no quiere entender lo nuestro (es libre de hacerlo siempre que no se salte la delgada línea del respeto),  y que les pueden parecer casi reuniones de amigos que, con una cerveza en la mano, hablan en grupitos del comienzo de los días que tanto hemos esperado. Por supuesto, parte de razón lleva el que así piense, pero no es sólo eso, ya que detrás de cada capataz, de cada contraguía, de cada listero y, cómo no, detrás de cada costalero, existe una vida, una situación familiar, un trabajo, un desempleo, una enfermedad, un nacimiento,...que hace que afrontemos la misma estación de penitencia con aires renovados y completamente diferentes que te aportarán, por ende, diferentes situaciones ante la misma. Gracias a este entramado que acompaña a cada uno, cada día de la Semana Santa se afrontará de manera única, ya que únicas son las situaciones que nos envuelven a lo largo del año y que compartimos, aunque no queramos a veces, con la gente que nos rodea debajo de un paso. Como bien dijo mi capataz la otra noche, incluso el más fuerte necesita del de al lado para poder levantarlo, ya  que él sólo no podría, y en esta unión reside la importancia de la cuadrilla que, al igual que empuja contigo a la hora del "...¡a ésta es!", lo hace también cuando la vida te pone un lomo en el costero del que no sabes si vas a salir airoso. 

La otra noche me encontré con algo que no esperaba, con una reflexión importantísima de la persona que será nuestros ojos el Martes Santo, con una invitación a disfrutar de todo momento como si fuera el último, precisamente porque no sabemos si será eso, el último, y nos quedaremos con alguna "deuda" pendiente. Me encontré con las mismas caras de siempre, que abandonaron las risas y chascarrillos típicos de un ambiente distendido y entre amigos, para ponerse el traje serio y escuchar a un hombre que nos entregó el corazón en un momento, y que me hizo reflexionar sobre lo importante que es formar parte de la Semana Santa, porque aunque alguno no lo entienda, cada vez que un palio levanta, cada vez que un Crucificado cambia de dirección en una calle, cada vez que el capataz toca el martillo, Ellos transmiten cosas a los que, parados en las esquinas de Granada, esperan su aliento, su bendición, su consuelo y su Esperanza...

A veces, cuando voy con mis zapatillas blancas a reencontrarme conmigo mismo una vez más, me topo también con la verdad de este mundo, la que te aporta un compañero de palo contándote un problema, la que te aporta tu capataz cuando te insta a vivir, con egoísmo incluso, los instantes que están prestos a suceder...a veces, sin esperarlo, alguien me dice una frase que se me queda grabada y que se convierte en una más de ésas de cabecera que marcan el sendero por el que ando; a veces, tengo la suerte de que alguien diga cosas como ésta, y yo esté ahí para escucharlas: "no os olvidéis nunca de que vosotros le lleváis a la gente la Esperanza"...


Fuente fotografía: www.tirillascontdetriana.blogspot.com

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