miércoles, 28 de enero de 2015

Reflejo...

En el agradable paseo que queda tras la lluvia, cuando el sol se deja asomar por entre las nubes casi extintas, mirando a todas partes y a ninguna en particular, es cuando se repara en las cosas que, a priori, parecen insignificantes, y surge la pregunta, la duda que se nos viene a la cabeza espoleada por la curiosidad a flor de piel y que nos hace meditar sobre el devenir del tiempo, las idas y venidas, y los disparatados avatares que a cada uno le acontecen. 

Reflejada en el ínfimo charco, la torre majestuosa se queda reducida al tamaño del marco del agua, adaptándose a él si quiere ser percibida, y consciente de lo efímero de su reflejo que, a poco el sol empiece a hacer de las suyas, volverá a borrarla del albero hasta la siguiente tormenta, y el siguiente fotógrafo. Con ella, me planteo la flexibilidad de nuestras personalidades, es decir, cómo somos capaces de adaptarnos, al igual que la torre, para entrar a formar parte en la vida de otras personas, en sus momentos y sus necesidades, cómo nos desenvolvemos de mil maneras a fin de poder ayudar a los que nos parecen importantes, aunque nuestra ayuda sea tan efímera, aveces, como la imagen de la torre en el charco de agua. Me pregunto si somos conscientes de esa durabilidad acotada que tenemos, y cómo se verán nuestros actos desde la perspectiva del fotógrafo, y si serán lo suficientemente buenos como para que éste apriete el disparador y nos mantenga inmortales, al menos, en las páginas del álbum de su memoria.

Al pasar junto al charco, pienso en él, en la utilidad de su existencia, al menos para que se refleje en él la arquitectura de la ciudad, resistente a vendavales y temporales, impertérrita ante el paso de los años y siempre igual, con sus característicos colores según sea la época que toca en la ciudad de turno, pétreo testimonio del que la diseñase y construyese. Quizás, el paso del tiempo  no me trate tan bien como a la torre, quizá no encuentre un charco en el que reflejar mi cansada fachada de siglos, quizá un fotógrafo no deje testimonio de mi paso por la tierra y nadie se pregunte sobre mí todo lo que yo me estoy planteando en esta entrada, pero siempre me quedará esta foto, para seguir buscando todo lo que no se ve reflejado en ese charco... 

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Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
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