jueves, 29 de mayo de 2014

Un milagro...

No sé qué hacer, contra quién focalizar mi rabia y mi desesperación, a quién culpablilizar de todo, por tantas cosas de las que ya he perdido hasta la cuenta. No he votado en las europeas, y creo que no lo haré en las generales; bueno, sí he votado, porque ése es un derecho que nadie me podrá quitar, aunque he metido en el sobre la palabra Esperanza, de la que tanto estamos necesitados, en lugar de las siglas de cualquier partido político que sólo se sirve a sí mismo sin importarle los que estamos votándoles.

Cada mañana, me asomo por la ventana de mi ordenador a la página oficial del colegio de ópticos, en donde, gracias a Dios, las ofertas de trabajo para Andalucía se siguen sucediendo casi a diario, reclamando puestos para Huelva, Sevilla y, sobre todo, Málaga y su maravillosa costa del Sol. El inglés hace ya más de cuatro años que dejó de suponer un problema porque, aunque no tengo B1 que me acredite, sí lo acreditan los incontables días que he pasado en la costa atendiendo eficazmente, para la empresa de "mredia" en la que trabajaba, a un variopinto público extranjero que te escupía su idioma nada más atravesar la puerta, y he tenido que aprender a "chapurrear" a pesar de que siempre he sido de los que se ha negado a aprender un vocablo extranjero si había una palabra española que lo definía. Por eso, ya no me da miedo lanzarme fuera de Granada, ya que el tiempo en que eso me asustaba se quedó atrás, en el saco de las ilusiones de trabajar en mi ciudad, por lo que cada día estoy más preparado para irme de nuevo; a fin de cuentas, me he pegado más tiempo fuera ejerciendo mi profesión alejado de la muralla nazarí que protegido por ella, por lo que no me va a venir grande tener que abandonarla de nuevo.

El caso es que, aunque tenga dos soles que me esperan en casa, cada día, cuando abandono este efímero puesto de trabajo que ahora tengo, somo conscientes, ellas y yo, de que acabado este período deberé volver a volar del nido, y he de escoger una ciudad que me apasione para que el trabajo no se me haga pesado y la soledad no me hunda en mis propios pensamientos; pero es que, aunque quiera,  ya no es tan fácil trabajar, y empiezo a entender muchas cosas. ¿qué se hace cuando, entrevista tras entrevista, curriculum tras curriculum (impresos aun a sabiendas de que no servirán de nada), te vas de nuevo a tu casa con "no das el perfil" o "lo siento, pero buscamos a una chica" grabados a fuego sobre la piel?...yo ya ni siento ni padezco, pero ellas sí, y me ven a diario abatido sin poder ayudarme, y es que siento que se me está pasando el arroz y ellas no pueden alimentarse con palabras, con "te quieros" y con besos, aunque no hay nada más bonito para pagar tanta entrega total y desinteresada. El tiempo pasa, para mi pesar, en mi contra, y los noventa minutos del partido se van a cumplir sin que llegue el gol que me meta en la prórroga, empezando a estar harto de hacer entrevistas para nada, de mandar curriculums a empresas que no te llamarán porque el estado subvenciona a los jóvenes, mientras que a los "viejos" como yo de treinta y siete, los deja tirados y abandonados a su suerte. De poco sirve la experiencia cuando al empresario le pagan por contratar a un inexperto (aunque el inexperto tenga todo el derecho a trabajar y cuente con mi apoyo y respeto, aunque lo entienda porque yo mismo fuí un inexperto alguna vez, y me quejaba de que no me daban la oportunidad casi nunca, y ahora hemos vuelto al mismo punto, no me la dan tanpoco por ser demasiado experto...curioso, inconcebible, pero cierto...

Ahora que veo los días pasar desde una tienda a la que no entra nadie y que me ha dejado claro que nunca podré montar un negocio (entre otras cosas porque ya no soy un "joven emprendedor" para este gobierno, y el anterior, y el que vendrá), me ha dado por volver atrás en el tiempo y contemplar, que en el año dos mil, Martínez Ares repartía remedios y milagros en forma de coplas carnavaleras que, catorce años después, me hacen constatar que siguen de rabiosa actualidad y que los políticos, esos usureros de tres al cuarto, siguen siendo unos hijos de puta tuercebotas, sálvese el que pueda, o mejor, que no se salve...

 

jueves, 22 de mayo de 2014

de esos recuerdos...

Me enamoré de tí, en ese aula en la que olía a plastilina y baberos de cuadros ensuciaban la tela a la par que despertaban nuestra imaginación, en ese mar de miradas furtivas y sueños ocupados, de pensamientos que volaban a una calle empedrada y daban a los rincones por donde tantas veces te llamé, en silencio,...me enamoré sin quererlo, como se suelen hacer estas cosas, sin pararme a pensar qué fue lo que me llamó la atención de tí, si tu sonrisa, tu mirada. tu voz, o tu conjunto, en esa época en la que tu cuerpo ni siquiera era cuerpo todavía, y mis manos estaban sucias por la arena del patio del colegio.

Me enamoré perdidamente, porque no hay otra forma de hacerlo, creo yo, y te veía en todas partes, a todas horas, siendo el día que faltabas a clase uno de esos insulso, que pasa sin pena ni gloria en el calendario escolar, y acababa preguntándome si faltarías también al día siguiente sonriendo cuando, al fin, te veía ocupar tu sitio que todavía me sé de memoria. Entre lecciones de profesores más o menos aprendidas, y pizarras desgastadas por el uso, entré en competencia directa con aquéllos que te tenían, también, en su mente, porque eras especial, aunque nunca llegué a librar batalla, protegido siempre por la barrera del "una retirada a tiempo es una gran victoria", aunque eso me llevara a no intentar nada, nunca...es curioso cómo esos amores, si es que le podemos dar ese nombre, tan pequeños como sus portadores, calan hondo en el alma humana y hasta duelen, como los grandes, sin que nada podamos hacer por evitarlo; nunca te abandonan, siempre permanecen en ese resquicio del alma-trastero en el que se guardan las cosas que alguna vez fueron importantes pero que, con el paso del tiempo, van cediendo el lugar a otras en la escala de valores del corazón, y que florecen, sin pedir permiso, tras una conversación de barra de bar, (almuerzo, café y copa), cuando te abres entero a la amiga que te escucha y que comparte contigo algunas experiencias similares; en esa barra, en la que se aúnan a un tiempo las ganas de hablar con las de escuchar, flotan palabras que se quedan ahí, en ese estrecho espacio entre una y otro, sin tener que volver a repetirlas. Es curioso, repito, cómo todos y cada uno de nosotros tenemos esos amores, esa novia primera, esa llamada a la puerta del estreno de los sentimientos, sin saber exactamente su significado, que cobra sentido con el paso de los años, y que se ven con una perspectiva muy diferente en la época de la madurez. 

Ella sigue igual, claro, la misma sonrisa, la misma mirada, tras la que se adivina la de esa niña que fue, y que te hacía sentir un escalofrío con sólo mirarte o dirigirte la palabra. Ayer me enamoré de ella, hoy quizás lo esté también, aunque ya sólo será de ésos recuerdos... 

martes, 20 de mayo de 2014

Llegando al final...

Estamos llegando al final, pero el final me cuesta lo indecible. No hay nada más agobiante que intentar llevar al día unos estudios, por mínimos que éstos sean, y compaginarlos con un trabajo que, además, te mantiene ocupado todo el día sin tiempo más que para ponerte la bata y esperar a que entre gente, de diez a dos, de cinco a ocho y media, dejando sólo unos pequeños huecos por los que escapan, sin quererlo, la mujer, la hija, los amigos y las aficiones...Paso las horas entre ordenadores y fotos editadas, láminas de dibujo y análisis de spots publicitarios, a la par que mi esposa y mi hija me reclaman para que les preste un poco de esa atención que, de un tiempo a esta parte, sólo se llevan los libros.
 
El tiempo pasa y el agobio crece, en este sprint final en el que me encuentro inmerso por decisión propia y qué no sé muy bien si me valdrá para acabar la carrera como ganador o como cuarto clasificado, ese puesto tan cercano a la gloria que hasta duele, pero sin ningún tipo de recompensa.
 
Los días se van volando, tan rápidos y fugaces que no sé si los vivo o me los como en el almuerzo que apenas mastico y que engullo como los rumiantes para digerirlo, más tranquilo, a la hora de la siesta. Queda poco para el final, los ánimos son dispares, los sentimientos ni te cuento, estando lo mismo triste, que eufórico, que meláncolico, que irritado, dejando que fluyan a su antojo sin prestarles atención porque, si lo hago, pierdo tiempo que necesito para otras cosas...cuando me den las notas, cuando vea si ha merecido la pena el esfuerzo, me va a parecer mentira no tener que levantarme para estar en clase a las ocho y cuarto, irme a trabajar después, volver a clase, llegar a casa y come rápido, hacer trabajos, irme a la óptica y llegar rendido para cenar y acostarme, con mi mujer cansada de su día y mi pequeña ya bañada y cenada...
 
No tengo vida, o la que tengo no la disfruto como debiera, pero estamos llegando al final...

lunes, 12 de mayo de 2014

Dígame...


...dígame usted, Sr. Pina, que se le dice ahora a la afición de la que llevan reclamando apoyo desde los albores de la competición, ante la situación que está viviendo en estos momentos. Cómo explicarle a esas almas que cada domingo se dejan la garganta en las gradas, por no hablar del calor y el frío, de la lluvia y el viento, por no hablar de lo que han sufrido sus bolsillos con los precios de los abonos (un abono en tribuna para toda la temporada en el estadio del Mediterráneo, p.e, cuesta 390€, frente a los mil y pico que se pagan aquí...), y lo que sufren con los precios de los bares del estadio, por no hablar de que sale más rentable comprar las entradas sueltas toda la temporada que sacarse el abono, por no hablar...

Dígame, cómo explicarle a esa afición que su equipo no juega a nada, que sale al campo para pasearse, que se pierde un balón y no se corre para recuperarlo, que no crean juego porque no quieren, porque saber saben, o eso nos han dado a entender a juzgar por el bombo que se le ha dado a la plantilla durante toda la campaña...cómo explicarle que los jugadores no tienen amor propio, ni pundonor, ni orgullo, ni vergüenza; que su entrenador no sabe cómo afrontar un partido, ni antes, ni durante, ni después; cómo explicarle la falta de sistema, de esquema, de táctica, de gol, de intensidad, de cariño a su afición y de respeto a la elástica que visten. Dígame, señor Pina, qué se le dice a los socios de toda la vida, que refieren no haber conocido esto nunca, que su Granada es un desconocido, y que antes había coraje y se dejaban la piel en cada partido. Dígame qué se le dice a una niña de ocho años que, vestida con su camiseta y enarbolando su banderita, te pregunta: "papá, ¿por qué no ha ganado el Granada, si yo he agitado mi bandera?...


Dígame, si es que lo sabe usted, el motivo de los penalties sin sentido, de las autoexpulsiones de nuestros jugadores, y de la falta de actitud, sobre todo en casa, ya que fuera parece que saben jugar algo más, a tenor de los resultados este año. Dígame cómo es posible lo que pasó en Copa, qué premio obtiene una afición que ve cómo, domingo tras domingo, los tres puntos vuelan de los Cármenes sin que haya habido oposición ni reacción alguna por parte del cuerpo técnico ni la plantilla; dígame por qué el Granada no ha remontado un partido esta temporada y por qué se encierra atrás sea cual sea el equipo que tiene enfrente, y el resultado. Dígame de qué sirve ganarle al Barcelona, si te ganan Rayo y Almería, por citar los más recientes y que sean, además, de los llamados de "nuestra liga", sin desmerecer a ninguno de los dos.  Han dado lugar, señor Pina, a llegar al último partido en casa y que medio estadio se vaciara antes de que el partido acabase, viendo a sus jugadores a merced de un Almería que, sin hacer gran cosa, se llevó los tres puntos y acabó humillando a un Granada, como siempre, inerme e indefenso. Ahora, a esperar no perder el Domingo a domicilio, cosa harto difícil, máxime cuando al rival se le va la vida en ese encuentro, y con una afición decepcionada, dolida, y aburrida...hay equipos ya descendidos esta campaña que han hecho mucho mejor fútbol que nuestro Granada el cual, perdóneme, no se merece seguir en primera. Dígame, señor Pina, que se le puede decir a un aficionado que ha perdido la ilusión...

Fuente fotografía: www.marca.com 

viernes, 9 de mayo de 2014

Contento...





Ya ha empezado,...la descarga de sensaciones que lleva aparejada la acción de hacerse la ropa se desencadenó, de nuevo, el miércoles pasado. Mayo ya está casi mediado, y las torres alhambreñas buscan el camino que les lleva hasta Ella que vuelve a aparecer, como cada año, para bajar a Granada. Tras un período de tiempo alejado de todo lo que conlleva ese día, sí he tenido clara una cosa, que la he echado de menos, quizá por el hecho en sí de vestirme de costalero fuera de las fechas penitenciales, quizá por ver a mis amigos pululando alrededor de su paso, y seguro que por verla a Ella y yo no estar bajo el mismo. 


Com María Auxiliadora de la Alhambra, "la María" para los que la conocemos bien, se han escrito páginas importantes de mi vida, hasta el punto de que los años que llevo con Ella son los mismos que llevo, por ejemplo, con mi esposa, por lo que su estación de Gloria siempre ha estado ligada fuertemente a sentimientos muy profundos para mí, sentimientos que he intentado tener guardados, y  casi obviarlos, durante los años que no he estado ahí, y que por diversos motivos no he conseguido esconder del todo. Ahora, tras un tiempo de revolución interna en mí mismo y en mi vida, tras hacer balance de las decisiones que, por uno u otro motivo, he ido tomando (de las que no me arrepiento en absoluto) y ver hacía dónde me estaban conduciendo, he llegado a la conclusión de que lo único cierto es que la vida ya es demasiado dura como para ponerle más trabas encima, y que lo que verdaderamente importa es vivirla feliz, teniendo clara la fragilidad de la misma y su incertidumbre. Yo no sé lo que va a pasar mañana, pero sí sé lo que pasa hoy y lo que pasó ayer, porque no conviene hacer planes a largo plazo, como tampoco conviene encerrarse en uno mismo y obcecarse, a veces, con cosas que no tienen sentido. Por eso, como estoy pintando la "casa" para que parezca nueva, he decidido que van a cambiar algunas cosas en mi vida, afectando directamente a la relación que mantengo con mis amistades y la gente en general. Gracias a esa revolución que antes mencionaba y a las directrices que van a ir marcando el reformado sendero, hoy puedo decir que el miércoles disfruté de mis amigos, del ensayo, del lugar y del tercer tiempo como hacía tiempo que no lo hacía, y eso ya es muy importante. Mañana no sé lo que pasará, pero hoy me siento contento.

fuente fotografía: www.nomemuevemidios.wordpress.com. Autor: Julio Valle

miércoles, 7 de mayo de 2014

Aunque no tengo que dar explicaciones...


No lo entiendo, os juro que no lo entiendo, pero es así...en mi ciudad, la mía, en la que habitan los que llevan mi apellido desde muchísimos años atrás, no se puede ser más que del Real Madrid o del FC Barcelona, ya que si te sales de esos dos a la hora de elegir un equipo al que animar, pues ya te llueven las críticas. Si desde chico has pegado en tu pared fotos de los jugadores merengues o azulgranas, te has comprado sus elásticas, casi a una por temporada, y has cantado a los cuatro vientos el castizo himno madrileño o el culé (éste con más dificultad), eres una persona normal, lleno de amor por los colores de unos equipos que, no obstante, no pertenecen al equipo de tu ciudad, el Granada CF, porque no olvidemos que éste, mal que nos pese, no lleva en primera mucho tiempo. Por eso, el granadinito de a pie, el superaficionado que presume de sentir los colores rojiblancos, resulta que antes es del Madrid o del Barça y que, además, cuando vienen éstos a Los Cármenes van a animarlos a ellos, porque son los colores que han querido desde chicos, ya que de los rojiblancos sólo tenían conocimiento por sus progenitores, caso en el que me encuentro, por supuesto, aunque haya visto más de un partido en el viejo Los Cármenes, cosa que muchos de los actuales aficionados no han hecho. Pero en esta ciudad sucede, además, una cosa fastidiosa, y es que, si tu afición por el fútbol se traslada a varios kilómetros de nuestra malafollá granadina allende la A-92 (p.e), eres un proscrito futbolístico y si, encima, el estadio que te llama es el Ramón Sánchez Pizjuán, los comentarios se suceden porque, en Granada, "no se entiende como te puede gustar el Sevilla"...pues veréis, aunque no sea sevillano (a pesar de que si de algo me arrepiento es de no haberme ido allí cuando tuve la ocasión) esa ciudad me llena, y lo hace porque su gente siempre me demuestra cariño y respeto por la mía, me acoge y me trata bien, se me abre en primavera y me invita a sus calles, a su feria, a su Semana Santa, y durante todo el año, echo de menos no poder pasearla todas las veces que a mí me gustaría, cosa que no reniega, creo, de mis raíces granadinas en absoluto. 


Me gusta el Sevilla porque sí, lo que no resta ni un ápice a mi afición por el Granada, equipo que me duele hasta el punto de enfadarme con él en numerosísimas ocasiones, aunque lo quiera con locura, como me peleo con mi familia y luego la sigo queriendo igual. Os agradezco que os preocupeis por mí invitándome a seguir a otros equipos, pero no quiero que os preocupeis más, soy del Sevilla, como tampoco quiero que sufráis lo innecesario si, de vez en cuando, me escapo a ver atardecer desde el puente de Triana, porque sólo yo decido a quién animo y a quién quiero, y como no encuentro otra manera mejor de expresarlo, lo haré tomando prestadas las palabras: "Granada es mi madre, pero Sevilla es mi novia"...así que, aunque no tengo que dar explicaciones, me gusta dejar las cosas claras por si, de vez en cuando, alguien se cree superior o mejor que yo, porque se rasga la elástica Nazarí de cuatro años a esta parte.

Las fotografías que ilustran esta entrada corresponden, por orden ade aparición, a www.lafutbolteca.com y www.minube.com





Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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