miércoles, 30 de abril de 2014

Whatsapp...

 A veces las cosas no las elegimos, y no llegamos a saber cómo nos vemos en determinadas situaciones ni cómo salir de ellas sin demasiado agobio y fatiga. A veces te ves obligado a abandonar un barco cuando mejor va su rumbo porque la vida requiere que te subas a otro, de singladura más breve, de puerto fijo y muy cercano, aunque infinitamente más necesario. Es en esos casos cuando te ves inmerso en un maremagnum de circunstancias que te atacan por todos lados, recibiendo información a diestro y siniestro sin tiempo para asimilarla, y que luego tendrás que ajustar convenientemente si no quieres que todo salte en pedazos y tu esfuerzo no haya servido para nada. A veces los que mandan no están a la altura y poco aportan a ese conjunto de necesidades que se van amontonando en la puerta de tu tiempo y que no sabes cómo ni cuándo vas a afrontar ni de qué manera; pero cuando las cosas aprietan, están ellos, y ellas...


Cuando no puedes estar a su lado empapándote de los conocimientos necesarios para realizar un trabajo, siempre hay alguien que, móvil en mano (gracias tecnología), desafía la atenta mirada del guardián y hace una foto de una lámina, de un círculo cromático, de una lista de ejercicios,...siempre hay alguien que se presta a ayudarte con un zapato por la módica cantidad de "la voluntad" que, en nuestro argot, viene a significar un café con leche y media de tomate (o dos, o tres...), y ya está la deuda saldada. Siempre, cuando no sabes qué hacer con una escalera en perspectiva, con unas letras que resultan complicadas de lo simples que son, aparece el apoyo rápido, la mano honesta de la que te agarras para salir a flote, y el cariño y la palabra sincera y reconfortante cuando ya estás empezando a pensar en tonterías. 

Yo no estoy a diario con ellos/as, apenas una horita por la mañana temprano y otra al final de la misma, pero sí que he pasado muchas anteriormente, y eso nos ha llevado a conocernos, a apreciarnos y a formar un equipo que difícilmente se disuelva salvo que la vida se encargue de ponernos a cada uno en un extremo del mundo fotográfico, ese mundo que me ha permitido conocer y compartir aulas una esta gente maravillosa capaz de resolverte un problema en menos que se dice whatsapp...


Gracias a todos y a todas. Estas fotos son obra vuestra, ya va quedando menos...

lunes, 28 de abril de 2014

Profesores...


No he sido buen estudiante, podríamos decir que lo era en función de cómo soplara el viento contra la veleta que presidía el tejado de mis entendederas. Pero  lo cortés no quita lo valiente, y he llegado a entender un poco de profesores. Los he tenido de todos los tipos y colores, desde las entrañables profesoras que, en parvulillos, nos animaban a desarrollar la imganiación con plastilina, ceras, lápices de colores,...hasta los que se han ganado a pulso mi respeto y admiración por el dominio total y absoluto de sus asignaturas, pasando por todos esos que contribuyeron, sin pena ni gloria, a que fuera superando cursos en mi periplo académico.

Creo que no es mejor profesor el que más sabe, sino el que mejor transmite, consiguiendo que el alumnado se meta dentro de la asignatura hasta el punto de que no le cueste trabajo estudiarse la materia o, incluso, que llegue a sentir fascinación por ella, y en este ámbito son pocos los que merecen la palabra profesor a la hora de definir su profesión. Antes al contrario, son muy pocos los que puedo incluir en este apartado de todos los que han pasado por mis manos de alumno, ora aventajado, ora en el olvido, desde que empezó mi discurrir por las aulas. Dos colegios diferentes, cada uno con un carácter diferente, aunque los dos religiosos; el instituto, la Facultad, en dos carreras distintas aunque sólo llegué a terminar una, y ahora la escuela de arte, me han ayudado a forjar una idea acerca del profesorado y no puedo decir que sea mala, en general, aunque en todos los huertos existen cardos. Puedo entender que los profesores, como los alumnos, tengan sus días malos y buenos, puedo entender que ellos no son los culpables de todo, como tampoco tienen la verdad en su posesión en cada cosa que dicen; puedo entender que la materia sea más fea o más llevadera a la hora de explicarla, como también entiendo que hay asignaturas que son infumables por mucho que el profesor ponga de su parte. Entiendo que los alumnos somos un rebaño disperso al que cuesta mucho reunir para el pasto del conocimiento y que es muy difícil lidiar con determinados toros que, disfrazados de alumno, se cuelan en el ruedo y hacen más árdua la labor, pero lo que no puedo entender es la desidia, el pasotismo, la falta de criterio y la total ausencia de un programa, de unas unidades didácticas claras y de un dominio, al menos mínimo, de la materia que se imparte. No entiendo que sólo se critique y no se enseñe, no entiendo que se den clases improvisadas, apuntadas en la agenda del "donde dije digo, digo Diego"; no entiendo que se califique en función de quién te cae mejor o peor, y no entiendo que se le suponga la buena docencia a alguien que sólo es buen profesional de su materia. No entiendo que un alumnado, año tras año, sufra los daños de una mala transmisión de datos, por hacer un símil informático, y que un grupo entero se desanime y abandone unos estudios con los que hace poco soñaba pero, sobre todo, no entiendo que no se le ponga remedio. 

Como no lo entiendo, como no llego a entender que existan interinos e incluso gente que ha aprobado las oposiciones sin plaza, mientras otros las ocupan aburridos o hastiados, no podré comprender, en consecuencia, que el profesor sea un elemento más del empolvado mobiliario de las aulas, ni que a ciertas personas se les siga llamando profesores; para mí, ser profesor, es otra cosa... 

miércoles, 23 de abril de 2014

Cerrada...

...Hasta el año que viene...atrás queda una Semana Santa intensísima y plena de sensaciones, a la par que diferente a otras anteriores, por estar trabajando los primeros días y no poder participar todo lo activamente que me hubiera gustado, y por contar con un año más que hace acercarse irremediablemente la hora del adiós definitivo a esto que me llena y me activa, como a otros, para el resto del año.

Ahora que el toro ha pasado, me permito la licencia de hacer un pequeño balance de lo que he obtenido de esta Semana Santa de 2014 y, la verdad, es que no puedo decir más que cosas positivas, por lo que pienso que la madurez se ha instalado en mí definitivamente y no me tomo las cosas tan a la tremenda, aunque haya visto algunas que no me han cuadrado mucho y que serán tela a cortar en los cabildos correspondientes. Han habido momentos tan increíbles, tan reconfortantes, que creo voy a tener las pilas cargadas hasta la llegada de una nueva Semana, allá por el mes de Marzo de 2015, pero quiero quedarme con uno que, curiosamente, no ha sido un momento costalero, pero sí muy emocionante porque me ha hecho replantearme muchas cosas ya pasadas, y hacerme pensar si me ha merecido realmente la pena la decisión, que por su causa, tomé hace tiempo. No me arrepiento, no obstante, de nada de lo que hice, pero sí me arrepiento de sus consecuencias, que me han llevado a alejarme de algo que fue, es y será muy importante para mí. Ese momento tuvo lugar el viernes de dolores cuando, en compañía de mi mujer y mi hija tomaba un respiro en una terraza de las muchas que tiene Granada. Yo no lo esperaba, antes al contrario, pensaba que ya no habría de pasar por ahí pero, quizás por cosas del destino, la hermandad dobló la esquina hacia la calle en la que yo estaba y me encontré, de nuevo, cara a cara con su mirada. Inmediatamente un torrente de emociones se desató en mí, por el lugar, por los recuerdos que siempre me trae su rostro, y por los hechos acaecidos hace años en ese lugar que, ahora, echo de menos. Me quedé mirándolo lentamente, desde el primer momento en que apareció en mi campo visual hasta el último, en que su espalda me llevó a su barrio tiempo atrás, y yo comenzaba a entender cosas de Él, un Domingo de Ramos cualquiera. 

Cuando pasó, me planteé si yo era el mismo que lo había visto venir de frente, sobre sus andas, y aún no he podido contestar a esa pregunta, por lo que me la volveré a plantear en san Emilio, cualquier tarde que pase por su barrio, que también es el mío...

Fuente fotografía: www.despojado.org 

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

Si estás interesado/a en algo de lo que figura en esta Ventana, manda un e-mail a abuelo_costalero@hotmail.com antes de colgarlo en otra página.
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