miércoles, 11 de diciembre de 2013

De tiempo y malentendidos...


La vida, en ese desbarajuste de personas y situaciones que se dan a lo largo de ella, no suele ser justa con la gente que ha pasado por tu lado, o con la que ha dejado de pasar, haciendo que se ciernan sobre ellas nubarrones de oscura niebla que, en la mayoría de los casos, nos hacen verlas desdibujadas para siempre. Además, en no pocas ocasiones por no decir en la mayoría de ellas, los hechos que van acaeciendo en nuestro irrefrenable existir, no están cortados por el patrón de la verdad, viniendo disfrazados por terceras personas, que a su antojo, esbozan la situación para que tú la perfiles sugestionado por sus comentarios.

A lo largo de mis treinta y seis años, he recibido muchísimos palos por amistades que morían por mí y se daban golpes de pecho que, mire usted por dónde, dejaron de ser lo que predicaban a los cuatro vientos, como también me he visto sorprendido por las actuaciones de gente que lleva en mi vida poco más del tiempo que se invierte en arriar un paso, rindiéndome a la evidencia de que, en cuanto a amigos se refiere, no es oro todo lo que reluce. 

Esos esbozos de gente malintencionada que actúa a beneficio propio y que suelen ir al sol que más les calienta, han dado al traste con amistades que merecían la pena y que, por ambas partes, se han rendido ante el bombardeo de información sesgada haciendo que la bola sea tan grande que no haya forma de gobernarla; con la experiencia adquirida en ese tipo de lides y mirándolo todo desde el prisma del tiempo pasado, he de decir que me arrepiento de algunas decisiones tomadas, como puede que haga también la otra parte, aunque ya nada será como al principio. 

Gracias a Dios, casi nunca me dejo llevar por los impulsos de mi corazón malherido, y suelo sopesar todo en la tranquilidad de mi casa, dejando que las buenos ratos pasados con los amigos prevalezcan sobre esas faltas, que todos tenemos, y que incluso puede que se hayan producido carentes de la intención que, a veces, les damos. Pues bien, la otra noche dejé todo lo que estaba haciendo, es decir, abandoné  la reunión familiar en la que me encontraba, para acudir a la llamada de un amigo, uno que siempre me ha tenido y al que siempre he tenido, y con el se estaba empezando a dar forma a una bola de esas de las que antes os hablaba como consecuencia de la falta de información ante hechos concretos ocurridos en nuestras vidas. La otra noche dejé a un lado lo que me había molestado y fui decidido a pasar un buen rato y conocer a una "personita" que, como era de esperar, me ha robado el corazón. Es imposible no aparcar todo lo que te puede molestar de algo sucedido anteriormente cuando la hija de un amigo sonríe en tus brazos llena de bondad y buenos deseos. 

La otra noche comprendí que, por muchas cosas que sucedan en la vida, siempre habrá un momento para sentarse a hablar, recapacitar y darte cuenta de que, como le dije a él al día siguiente, las buenas amistades no entienden de según qué cosas. Fui con muchas dudas, y volví como sí nada hubiera pasado, y es algo de lo que me alegro enormemente...y a buen entendedor, con pocas palabras basta. Un abrazo, amigo.
 
Fuente fotografía: www.eldivandemcfly.blogspot.com

Gracias por asomarte...

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