lunes, 30 de diciembre de 2013

Niños...





 

Éramos niños y niñas de uniforme, camisa blanca y jersey azul, pantalón gris ellos, falda de cuadros ellas, para corretear entre las paredes de unas clases en las que nos enseñaron de todo, y por cuyas ventanas se asomaba uno al patio grande, escenario de las actuaciones cada fin de curso y, más allá, al patio chico, por cuya puerta se salía a la calle Solares, que mi colegio, señores, estaba en el Realejo. Un sinfín de anécdotas curiosas, de protagonistas dispares, se sucedieron en las dependencias de la vieja escuela, a las que sólo tiene acceso la memoria, selectiva ella, y de las que no todos nos acordamos de la misma manera. Los incipientes amores, imposibles por primeros, las citas por parejas para dar un paseo por las calles del barrio, las primeras amistades, las primeras rivalidades...niñas que se "enfadaban" porque algunos decían que la más guapa de la clase era la otra, niñas de ensortijada melena, de mirada profunda; niños traviesos, desafiantes e inquietos, otros más calmados, pero todos igualados en nobleza, pasaron por el mimo aula en la que yo, novato en las cosas del barrio, me introduje por avatares de la vida para alejarme después, aunque nunca lo hice del todo, e irme a un colegio más céntrico, más próximo a mi casa, pero infinitamente más frío.
Separado de mis amigos, la vida me hizo discurrir por otros derroteros, supongo que como a ellos, si bien la proximidad de sus viviendas les hicieron mantener una relación que, en mi caso, desapareció el mismo día en que sor Rosario firmó mi baja en el libro de escolaridad. En mi corazón siempre hubo un hueco para todos los que compartieron conmigo las cosas de la antigua EGB, las clases de matemáticas con Piedad, de la que siempre me acuerdo cada vez que paso por la plaza de santo Domingo, la pena por dejar quinto, y a la que había sido una de nuestras mejores profesoras, y un largo etcétera de cosas que quedaron guardadas dentro de mí cuando la vida me hizo andar por otros caminos distantes en todo a las callejuelas del barrio en el que empecé a asomarme a ella. Nuestras formaciones se irían a institutos distintos, a facultades distintas, a ciudades distintas, y el tiempo seguía corriendo inexorablemente, haciendo de nosotros hombres y mujeres de provecho, padres y madres de familia, a los que empezaban a preocuparles responsabilidades mayores que las que les podían surgir en las paredes de ese colegio al que, personalmente, tanto echo de menos. Los sonidos de las voces de mis compañeros, los lugares que ocupaban en la clase que sería la última para mí, cada una de las monjas que forjaron nuestra educación, la luz de los pasillos, los ensayos para la comunión en el salón de actos,...permanecen en mi memoria completamente intactos, a la espera de que algo los rescate para volver a detenerme un rato en los momentos vividos hace tanto tiempo.   
El Sábado, en el bar de siempre, donde los compañeros de colegio son ahora empresarios, nos juntamos unos cuantos de esa maravillosa promoción de Nuestra Señora del Rosario, esa generación del 77 en su mayoría, enriquecida por algunos representantes de otras anteriores que vinieron a engrosar las filas de esa clase en la que aprendimos, como decía al principio, de todo, y que nos volvíamos a ver, en mi caso, apenas veinticuatro años después de separarnos. En esa reunión, en esa foto, no están todos los que son, pero si son todos los que están y, al abrigo de la excelente compañía, de la mejor comida, de la conversación, cuando menos, entrañable, del vino generoso, el postre preparado con primor y el pan casero, se sucedió una jornada en la que todos, por unas horas, volvimos a ser esos niños de uniforme, camisa blanca y jersey azul marino, pantalón gris ellos y falda a cuadros ellas...Montse, Sandra, Lidia, Javi, David, Daniel, Jesús, Porcel, Luis Ja, Raúl, Oscar y Joaquín, ...gracias a todos, por todo, y al resto...nos vemos en la próxima...

lunes, 23 de diciembre de 2013

De ningún sitio...

 
Me preguntas y no puedo contestarte. No sé dónde mis pasos empezaron ni adónde, peregrinos, habrán de llevarme luego. No sé qué disparate del azar hará que me cuele por las rendijas de cualquier anacronismo, disfrutando sólo del placer de caminar, de mirar, de encontrar en lo que miro el principio de la nada, el final de todo.

No sé quién fue mi ciudad madre, no sé si duermo en la que vivo o vivo en la que duermo, afanándome en hallar lo que no busco, mientras sigo mirando, sin quererlo, las cosas que tomo prestadas de las calles que transito. Pregunta, no sé si la respuesta habrá de conformarte, no sé si la emito con coherencia, no sé si al doblar cualquier esquina, me encuentre la verdad de la ignominia, desastrosa, brutal y traicionera...puede ser, mas no encuentro en mí un resquicio de algo que me sitúe en lugar concreto, nada que sepa más que yo de lo que he sido, mientras vivo el presente que no gasto del todo. El futuro me reclama, el presente me permite, el pasado...
 
Soy de aquí, de allí, de ningún sitio...

viernes, 20 de diciembre de 2013

Mi vida eres tú...


La noche se había cernido sobre la ciudad, cubriendo con su negro manto las luces del día que, como viene siendo habitual, había puesto a la Esperanza a la altura de los hombres. Las luces amarillas de las farolas no calentaban el helado ánimo de los que esperaban turno en la sala de urgencias de ese hospital en el que me estaba empezando a cambiar la vida. Poco a poco, el revuelo característico causado por los altavoces que gritaban los nombres a los impacientes usuarios, entre los que nos encontrábamos mi mujer y yo, primerizos y nerviosos ante la inmensidad de los sucesos que casi nos habían desbordado. Una falsa alarma que no era tal, más bien lo único falso fue la atención prestada por algún espécimen del personal cualificado, dio con nuestros huesos en la angosta sala en la que dos mujeres calés nos daban un concierto a grito pelado justo en el lugar que más silencio requiere, y mi suegra intentaba, en vano, controlar los nervios. Sonidos de voces extrañas en conversaciones sin fin inundaban el espacio, mientras mi pensamiento estaba con ella, que había entrado a consulta a que le confirmaran lo que nosotros ya sabíamos, estaba de parto...

Fuera, a través de los cristales empeñanados con el vaho de los días invernales, la ciudad dormía en ese impás de horas que suceden al sueño y preceden a la rutina laboral de cada uno, mientras mis ojos se iban de mi madre a los edificios en penumbra, y de estos al leve resquicio de luz que asomaba por la puerta de la sala de dilatación, en donde ella luchaba con ese dolor del que siempre se habla aunque nunca se recuerda exactamente. Una noche "tranquila", calmada por la epidural que, poco a poco, iba haciendo el efecto deseado, iba sucediéndose, interrumpido el silencio sólo por el aparataje que nos iba marcando el ritmo de la vida, y el ir y venir de matronas y enfermeros que nos iban asistiendo en todo momento. Aunque el reparador sueño no llegaba, si vino la calma ante la tempestad de vertiginosos acontecimientos y pudimos, al menos, cerrar un poco los ojos imaginando su cara...

Al fin, en uno de los reconocimientos, casi seguidos, de los que fue objeto a lo largo de las horas precedentes, se empezó a vislumbrar la posibilidad de que estuviera cerca el final de la noche y el principio de su vida, hecho que se constató felizmente a las once y ocho de la mañana del día diecinueve de Diciembre de dos mil doce, fecha de la que ayer se cumplió un año...felicidades Candela, mi vida eres tú.
 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Belén Familia Marín-Carrasco 2013



 
 
 
La Navidad ha vuelto a llamar a la puerta de mi casa, por lo que, como viene siendo habitual, os acerco estas imágenes para que veais como ha quedado instalado nuestro tradicional belén, sirviendo estas fotografías como felicitación navideña ante la imposibilidad de pocer hacerlo de una manera personal. 
La Ventana del Abuelo os desea Felices Fiestas...
 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Otoño en Granada

Santo Domingo


Ser de Granada es algo que hemos heredado, gratuitamente, los que hemos tenido la suerte de contar con antepasados que nacieran y murieran aquí, dejando su legado a los que habrían de ser nuestros padres y abuelos para que pudiéramos hacer nuestras las cosas de la ciudad.

Por eso, pasear por Granada a cualquier hora es un ejericicio que no todo el mundo puede hacer, y que los que somos de aquí no hacemos con la frecuencia que quisiéramos, sobre todo si tenemos en cuenta que las condiciones actuales de la vida no nos dejan mucho tiempo para el relax y/o el disfrute de los paisajes de nuestra ciudad, aunque deberíamos intentarlo para desconectar mejor de las cosas que tanto nos llegan a turbar. 

Eso es lo que yo pude hacer el pasado jueves cuando, con una compañía inmejorable, me adentré en ese corazón romántico que a Granada le late en sus barrios más característicos a cualquier hora del día. Pero no fue a cualquier hora, sino a esa en la que la ciudad aún se está despertando del sueño nocturno y los turistas todavía no han empezado a salir, por lo que sólo te encuentras en la calle los que son como Tú, esto es, unos afortunados paseantes, o los que ya han empezado su jornada laboral a los mandos del motor de la ciudad. A esa hora, la Plaza Nueva se desperezaba de la noche con un golpe de frío matutino que se afanaba por helarnos el ánimo, y el Darro nos llamaba a voces entre las orillas cubiertas de hojas secas. Disparo por aquí y por allí, charla amena con mis acompañantes y Granada iluminada por la luz, casi perfecta, que tanto ansían los fotógrafos. 

La cuesta de Gomérez, empinada como siempre pero expuesta como nunca, la frontera entre la ciudad y la fortaleza nazarí, donde el color otoñal me volvió a transportar en el tiempo hacia esa infancia en la que tantas veces recorriera su albero, para cerciorarme de que sigue exactamente igual, con sus monumentos a Irving y Ganivet, y con su puerta a ningún sitio, como gusto de llamar al arco de las orejas, que permanece abandonado e inútil, sin más labor que la de hacer preguntarse al transeúnte despistado el motivo de su estancia allí. A continuación, la bajada desde la colina roja hasta el Realejo, donde fotografié el campo del príncipe y la plaza de santo Domingo, no sin antes disfrutar del sabor a colegio de monjas, a niños de comunión y cambios de misterio que siempre acompañan a esta plaza. A partir de ahí y como colofón a la jornada matinal, el Campillo y de vuelta al punto de partida, en donde me paré a reflexionar sobre la suerte que tenemos los granadinos de poder recorrer nuestra ciudad una mañana de otoño cualquiera...

Podéis repetir el paseo pinchando aquí.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

De tiempo y malentendidos...


La vida, en ese desbarajuste de personas y situaciones que se dan a lo largo de ella, no suele ser justa con la gente que ha pasado por tu lado, o con la que ha dejado de pasar, haciendo que se ciernan sobre ellas nubarrones de oscura niebla que, en la mayoría de los casos, nos hacen verlas desdibujadas para siempre. Además, en no pocas ocasiones por no decir en la mayoría de ellas, los hechos que van acaeciendo en nuestro irrefrenable existir, no están cortados por el patrón de la verdad, viniendo disfrazados por terceras personas, que a su antojo, esbozan la situación para que tú la perfiles sugestionado por sus comentarios.

A lo largo de mis treinta y seis años, he recibido muchísimos palos por amistades que morían por mí y se daban golpes de pecho que, mire usted por dónde, dejaron de ser lo que predicaban a los cuatro vientos, como también me he visto sorprendido por las actuaciones de gente que lleva en mi vida poco más del tiempo que se invierte en arriar un paso, rindiéndome a la evidencia de que, en cuanto a amigos se refiere, no es oro todo lo que reluce. 

Esos esbozos de gente malintencionada que actúa a beneficio propio y que suelen ir al sol que más les calienta, han dado al traste con amistades que merecían la pena y que, por ambas partes, se han rendido ante el bombardeo de información sesgada haciendo que la bola sea tan grande que no haya forma de gobernarla; con la experiencia adquirida en ese tipo de lides y mirándolo todo desde el prisma del tiempo pasado, he de decir que me arrepiento de algunas decisiones tomadas, como puede que haga también la otra parte, aunque ya nada será como al principio. 

Gracias a Dios, casi nunca me dejo llevar por los impulsos de mi corazón malherido, y suelo sopesar todo en la tranquilidad de mi casa, dejando que las buenos ratos pasados con los amigos prevalezcan sobre esas faltas, que todos tenemos, y que incluso puede que se hayan producido carentes de la intención que, a veces, les damos. Pues bien, la otra noche dejé todo lo que estaba haciendo, es decir, abandoné  la reunión familiar en la que me encontraba, para acudir a la llamada de un amigo, uno que siempre me ha tenido y al que siempre he tenido, y con el se estaba empezando a dar forma a una bola de esas de las que antes os hablaba como consecuencia de la falta de información ante hechos concretos ocurridos en nuestras vidas. La otra noche dejé a un lado lo que me había molestado y fui decidido a pasar un buen rato y conocer a una "personita" que, como era de esperar, me ha robado el corazón. Es imposible no aparcar todo lo que te puede molestar de algo sucedido anteriormente cuando la hija de un amigo sonríe en tus brazos llena de bondad y buenos deseos. 

La otra noche comprendí que, por muchas cosas que sucedan en la vida, siempre habrá un momento para sentarse a hablar, recapacitar y darte cuenta de que, como le dije a él al día siguiente, las buenas amistades no entienden de según qué cosas. Fui con muchas dudas, y volví como sí nada hubiera pasado, y es algo de lo que me alegro enormemente...y a buen entendedor, con pocas palabras basta. Un abrazo, amigo.
 
Fuente fotografía: www.eldivandemcfly.blogspot.com

lunes, 9 de diciembre de 2013

Qué carrete tienes!!


Una mañana de Junio, calurosa como ella sola, tres personas, entre otras, cada una de su padre y de su madre como se dice en lenguaje coloquial, se enfrentaban sin saberlo a una prueba que iba a ser algo más que la vía de acceso a unos estudios más o menos anhelados por ellos. Esa mañana, los tres estaban ahí, sentados con sus útiles de dibujo, dispuestos a dar lo mejor de sí mismos a la hora de encajar un ventilador en un formato A3, o componiendo en poco tiempo y con los medios recopilados sin ton ni son, un collage que sirviera de cartel anunciador para un importante evento fotográfico que, en mi caso, no había escuchado en mi vida, y que crucifiquen los eruditos. Ahí estaban, sentados sin mirarse unos a otros, intentando vislumbrar entre los borrosos rasgos de sus desconocidos rostros el dominio de esa parte de su técnica que pudiera ser superior a la suya y diera al traste con sus ilusiones al ser su examen peor, en consecuencia. Ahí estaban, intentando que no se notaran los nervios en el trazado de la línea, sin ser conscientes de que a medida que iba avanzando ese dibujo, se estaban fraguando los cimientos de algo más, se estaban poniendo de acuerdo, como la niebla surge de la nada, esos astros que habrían de colocarlas, unos meses después y por mor del azar más aleatorio, en la misma aula del casi desvencijado edificio que acoge anualmente a los estudiantes de fotografía. Ellos no lo sabían, pero eso ya estaba ahí, y sólo había que apretar las teclas apropiadas para que la nave llegara a buen puerto, y creedme sí os digo que ha llegado.

 Biología, Enfermería, Óptica y pruebas de acceso, personalidades distantes y distintas, pareceres alejados y diferentes pasados, todo ello se mezcló por la alquimia del destino, para que la amalgama de diferencias de edades y pensamientos diera como resultado un grupo común y homogéneo, duramente compactado por objetivos, sensores, laboratorio, desayunos y muchos ratos de hacer fotos a deshoras, y convertirlo en lo que ahora es y que ya no podrá cambiar aunque queramos. Si hace unos meses, cuando mis lápices rasgaban el formato blanco con prisas y nerviosismo, alguien me hubiera dicho lo que iba a vivir junto a unas personas que hasta hace nada eran desconocidas, seguramente le hubiera dicho: "qué carrete tienes"...curioso, ¿verdad?
 

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

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