sábado, 14 de septiembre de 2013

Nos vamos de boda...

 
Hoy es catorce de Septiembre, es un día importante para todos los hermanos del Cristo de san Agustín ya que hoy se celebra la renovación del voto que el ayuntamiento hiciera al Crucificado como Sagrado Protector de la ciudad,...¡espera!, que esto es para otra entrada.
 
Hoy es catorce de Septiembre, es un día importante en la vida de dos personas (ahora sí) muy importantes para mí, Jorge y Ana, que se darán el "sí, quiero" esta tarde a eso de las seis en la Iglesia parroquial de su pueblo natal, Albolote. Al enlace acudiremos todos los que los queremos y, obviamente, estamos deseando que lleguen las seis para descubrir el traje de la novia y si el novio se pondrá nervioso o no ya que, a día de hoy, eso no ha ocurrido todavía.
 
Para mí, como cuñado de Ana, que llevo compartiendo con ella los diez años de noviazgo con Jorge, más que nada porque empezaron a salir el mismo año que nosotros, no me es fácil hilvanar unas palabras que le digan a ellos lo contentos que estamos por el momento que están prestos a vivir, pero haré un esfuerzo, primero porque se lo merecen y, segundo, porque así servirá también para que mi mujer pueda comunicarles, mediante esta entrada, casi todo lo que siente, digo casi todo porque hay cosas que sólo una hermana puede decirle a otra en el día de su boda y que serían imposibles de transmitir aquí. Así que vamos a la tarea...
 
En primer lugar, enhorabuena, al fin habeis cumplido un sueño, casaros y vivir juntos, que es algo que veniais deseando desde hace mucho y todavía no os había sido concedido. Ahora empezaréis a vivir esa incertidumbre, esas mariposas en el estómago, ese nerviosismo que a todos nos embarga cuando llega este momento y, sobre todo, esa sensación agridulce que da el entregarse a la que será tu pareja de por vida teniendo que pagar el precio de abandonar el que ha sido tu hogar hasta ahora. Todos hemos pasado por eso y, aunque nunca llegamos a acostumbrarnos del todo, sí es verdad que la convivencia va mitigando ese sopor y que pronto lo iréis dejando atrás. Os quiero desear lo mejor en esta empresa tan complicada que empezáis hoy y que, os aseguro, será gratificante. Disfrutad desde la víspera de todo lo que vais a vivir, sed muy felices antes, durante y después de la ceremonia, aprovechad para meditad acerca de los amigos y la familia porque van a ser los pilares sobre los que va a edificarse vuestra vida en común, haced muchas fotos y que os hagan muchas vuestra gente, porque siempre es bonito tener las muestras gráficas de cómo se lo pasaron todos en la boda, aunque todas parezcan iguales, tendrán la peculiaridad que otorga la personalidad del que dispara la cámara por lo que todas serán especiales. No os quiteis el traje y el vestido hasta que no llegueis a casa, porque puede que sea la última vez que te lo pongas Jorge, y será la última para Ana. Sentid que estamos a vuestro lado, que os queremos y que vamos a pasarlo en grande con vosotros esta tarde, emocionaos lo justo, que las lágrimas no dejan ver nada de lo que pasa alrededor y dadle gracias a Dios porque os puso al uno en el camino del otro para que hoy celebreis vuestro enlace matrimonial...
 
Muchas felicidades y hasta esta tarde...¡¡vivan los novios!! 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Casi nueve...


Casi nueve, tu crecimiento sigue su curso y conforme pasan los días, Candela, los oscuros nubarrones que se formaron sobre nosotros cuando tú viniste a este mundo, se van disipando y ya empiezan a verse, cada vez más claros, los rayos del sol que nos devolverá a la vida que siempre soñamos para ti y que se ha visto pospuesta por indeseables circunstancias. Tu madre y yo te vamos viendo crecer a diario, así que no notamos los cambios de una forma tan impactante como tus abuelos o tíos, que se sorprenden con tu tamaño y con lo espabilada que estás cuando vamos a verlos las dos veces por semana que nos deja el trabajo de tu madre. Ellos, que esperan ansiosos verte entrar en tu carrito por las puertas de casa, también ven con optimismo esta recta final de todo, y al ver la luz al final del túnel todos vamos estando más contentos.

Para tus padres, el verte feliz cada mañana ya es suficiente, pero siempre viene bien que las terceras personas que te van viendo regularmente nos digan que todo está perfecto, así que cada nueva cosa que haces es una doble alegría para nosotros, que te damos nuestro beso de buenas noches mientras nos sonríes. Gracias a Dios, todo aquello que pasó se quedó ahí, en un "pasó" que no ha enturbiado en demasía nuestra convivencia contigo, y el año que nos dieron de tregua para ver que todo salía como Él mandaba va pasando, hasta el punto que ya estamos en Septiembre, y todo está exactamente como habíamos deseado todos los que te rodeamos y queremos.

Me encanta verte a diario, disfrutar de tu día a día, sentirme un afortunado teniendo en cuenta que casi todos mis amigos se han quejado siempre de que se perdieron los primeros meses de sus hijos, porque siempre que llegaban a casa ya estaban dormidos. Ese no es mi caso, yo te tengo para mí, desde el momento en que te levantas hasta que te acuestas, incluso más que tu madre, que ya empieza a temer si no me vas a querer más a mí que a ella, como si una hija pudiera olvidar el vínculo sagrado que le une a su madre, y ella se siente feliz cuando le echas los brazos nada más llegar a casa del trabajo.
 
Sí, Candela, estamos tan felices que podríamos estar gritando todos los días y a todo el mundo lo que nos ha cambiado la vida contigo, y tan feliz me siento que sólo puedo darte las gracias. Gracias por todas las cosas que nos estás dando, gracias por la lucha y la entrega cuando fue necesario, gracias por tus risas, por tus juegos, por lo que te gusta estar con tus primos, por hacernos tan felices y sobre todo, gracias por estos casi nueve meses que ya llevamos juntos, aprendiendo la una de los otros a cada minuto que pasa en nuestras vidas...

lunes, 9 de septiembre de 2013

De Gracia...




...Ayer por la noche, a eso de las nueve y media, se ponía en la calle una de las Vírgenes más bellas que posee la ciudad de Granada, y que se puede visitar casi a cualquier hora en la céntrica iglesia de Nuestra Señora de Gracia, que recibe el nombre de la advocación mariana que reside en ella. Ayer por la noche, la procesión, afortunadamente recuperada como celebración del cuatrocientos aniversario de la hechura, por Luis de la Peña, de la Virgen, recorrió las principales calles del barrio ante un gran número de fieles y vecinos que quisieron acompañarla en tan importante ocasión; y ayer por la noche, también, se recuperaron con su salida viejas amistades que nunca se perdieron, muchísimos recuerdos y anécdotas de las aulas del seminario, y vivencias de catequesis y confirmaciones en los sótanos de la parroquia; no en vano, todos los que tuvimos la suerte de formar parte directamente de la sucedido ayer, hemos pasado nuestro período del bachiller por los patios de ese colegio en el que Ella lo ve y lo domina todo, o hemos formado parte de los numerosos grupos en los que nos preparaban para la confirmación siempre celebrada en su iglesia.
 

Lo de anoche fue emocionante, muy emocionante, porque volvíamos a encontrarnos en la misma situación aquellos que la sacamos hace años, bien junto a la hermandad de la Esperanza cuando era esta corporación la encargada de nutrir con sus hombres de abajo las andas, bien como antiguos alumnos después, pero siempre con el mismo cariño y con la sensación de estar en tu casa cada vez que atraviesas la puerta de la sacristía. Fue emocionante porque a mí me emociona saber que tengo amigos que cuentan conmigo cada vez que hay que moverla, o que acuden sin dudarlo cuando eres tú quien los reclama; emocionante porque volvimos a los dieciséis años aquellos viernes por la tarde; emocionante porque casados, con hijos, con nuestra vida completamente alejada de Ella, acudimos de nuevo a su llamada con mucho tiempo de por medio y pareció que el tiempo no había pasado...


Anoche, mientras veía a la Virgen avanzar sobre los hombros de la gente de siempre, de nuevas caras y otras viejas conocidas, me acordé de muchas cosas, pero sobre todo me acordé de agradecerle a Ella permitirme estar ahí, a su lado, cuando el barrio la recibe, siempre ese ocho de Septiembre que esperemos no se pierda nunca más y junto a la gente que no para de trabajar para que sus cosas sigan funcionando.

Gracias a todos, y enhorabuena.
 
 
Las magníficas fotografías que ilustran esta entrada están realizadas por Juan Spiztley. Gracias, hermano, por tu colaboración.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Un hombre...

 
Los "ayeres" pesan demasiado y los "mañanas", que están por llegar, no aportan nada nuevo a la existencia que se ha ido fraguando con el paso del tiempo. La rabiosa actualidad le ataca donde más le duele, ya que las cosas no mejoran económicamente, y el trabajo no llama a su puerta por más que él aporrea la del Inem cada primero de mes. Si le hubiesen preguntado hace un año, cuando apuraba las horas que le faltaban por despedirse de ese mugriento trabajo en el que se le escapaba la vida, que después de trescientos y pico días todo iba a ser exactamente igual que antes, quizá no se lo hubiera creído, pero la verdad es que si no hay trabajo para nadie, por qué iba a haberlo para él, así que pasa las horas ocupado en mil cosas para dejar la mente quieta.

Pasan los días, y en su nueva "oficina" entre las paredes de su casa, da igual que sea Domingo o Lunes porque el principio y el fin de la jornada lo marca el biberón que da a su hijo, y es él el que le marca las horas, a Dios gracias, para no desesperarse. Le cuentan que la cosa va a mejorar, que esto no puede durar mucho, pero lo cierto es que siempre es de noche en casa del pobre y que los únicos que saben disfrutar la vida son los que nos roban desde los atriles de manejo del estado, al mismo tiempo que nos toman el pelo entre los de antes y los de ahora que de tanto cómo roban se les ha perdido hasta el color, unificándolos en el negro del futuro que labran para su país. Hace tiempo también que dejó de oir las noticias, y de comer en casa de sus padres, donde el plato de comida sabía a política, a paro y a desahucios, pero nunca ha dejado de sonreír, sobre todo cuando levanta a su hijo de la cuna por las mañanas y éste le entrega su risa como premio por todos los sinsabores que se está llevando, aun estando ajeno a todo lo que pasa desde su pequeña estancia. La vida, se dice, es más hermosa que todo lo que le rodea, aunque a veces piense en tirar la toalla y mandarlo todo a paseo, y es necesario vivirla obviando sus desaires para no enfadarse con ella a diario. Nada de lo que le cuenten desde fuera le sirve, la única referencia que sigue es la que le marca su entregada esposa, que ahora tira del carro, y los balbuceos de su hijo cuando quiere decirle "papá" y sólo le salen cuatro letras. Es él el que le ayuda a tirar hacia adelante, ya que por lo menos lo está viendo crecer y ése es el mejor de los sueldos, aunque preferiría un salario, por bajo que fuese, para comprarle un juguete de vez en cuando o unos zapatitos para el invierno y es que no puede evitar soltar unas lágrimas cuando se acuerda de ello, al menos una vez al mes, como el Inem.

Pero todo esto habrá de cambiar, algún día conseguirá ese trabajo que le permita ayudar a su esposa en la economía del hogar, dejará de sentirse un don nadie cada vez que se acueste porque al día siguiente tendrá que levantarse para trabajar, y podrá comprarle a su hijo todo lo que quiera, o incluso a su hija, porque todavía no ha podido atreverse a buscar una hermana para él en estas circunstancias...algún día, mientras tanto, sólo queda la Esperanza, y capear el temporal como se pueda...  
 
Dedicado a todos (y todas) los valientes parados que engrosan las listas del paro de nuestro amado país.
 
Fuente fotografía: www.antoniodavidfo.blogspot.com  

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Atardecer...

Atardece en la ciudad de la Alhambra, el sol se va dejando caer llenando de contrastes y luces rosas el cielo inmaculado de Granada, mientras los miles de turistas se afanan en captar la belleza del momento, resaltado por un americano en su cuaderno de bitácora. Burlón y esquivo, el sol se despide de nosotros sin querer dejarse fotografiar, acaso dejando para nuestra imaginación su forma y su tamaño, pero sin que lo veamos del todo ahora que la fuerza de su luz mengua tras los montes y casas del Albayzín, y me pregunto si realmente Granada es más bonita ahora que atardece, o por el contrario cada hora de la ciudad tiene algo especial aunque el calor y el frío extremos no inviten precisamente a pasear por sus calles. Desde mi privilegiada atalaya, diviso perfectamente el bloque de la iglesia de san Nicolás, en la que cientos de paseantes deseosos de Granada se agolpan tras el murete que separa la plaza del abismo e intento imaginarme qué es lo que piensan sus mentes, observadoras e inquietas, ante la magnificencia de lo que se asoma a sus retinas. Si es la primera vez, pocas palabras acertará a hilvanar su intelecto, mermado por el cansancio de la subida hasta allí y por la vista que se extiende ante sus ojos. Si ya lo han visto con anterioridad, quizá su mente recuerde las veces anteriores y sus ojos jueguen con la perspectiva del paisaje por si pueden descubrir nuevas e interesantes formas que se les escaparon, por lo efímeras, en la anterior ocasión. Sea como fuere, Granada se abre como un libro de aventuras al visitante, y será éste el que deba descubrir entre sus páginas todo lo que se esconde a cada renglón de piedra de su historia. Será él el que deba empaparse de todo lo que ella puede ofrecerle para divulgarlo después a sus paisanos, será él quién deba observarla discretamente evitando, ante todo, enamorarse.
No conozco a nadie que, viniendo a Granada por cualquier motivo, no haya deseado quedarse a vivir en ella, y por Dios que algunos lo consiguen, volviendo a nacer el día exacto en que adquirieron su vivienda granadina. No conozco a nadie que no la llame en sueños cuando un resquicio de locura le turba mientras duerme; no conozco a nadie que no sea de su país, de su ciudad, y de Granada...no sé qué tiene Granada, pero si sé lo que no tiene...réplicas en miniatura para poder llevarla donde quieras.
Atardece en Granada, el sol se despide finalmente, y con la llegada de la noche, se abre la puerta para los soñadores...

lunes, 2 de septiembre de 2013

Calma chicha...


Ha pasado el verano que cada año me sume en la más completa desidia, ya que caigo asfixiado por el sofocante calor que azota la ciudad en el periodo veraniego, y me cuesta conciliar el sueño llevándome, irremediablemente, a darle demasiadas vueltas al magín. Siempre que septiembre llama a las puertas del año, el optimismo se aloja en mí, y empiezo a ver la botella medio llena que se va dejando ver en las cosas que me atañen diariamente; con la llegada de septiembre, empieza de nuevo esta ventana a meter aire nuevo en la habitación de mi alma, y nuevas e  ilusionantes perspectivas se asoman a lo lejos en el amplio horizonte que ahora sí, puedo divisar. Gracias a Dios, he vuelto de todo y renovado, mirando al frente ansioso y con mil nervios, como el corredor espera a que den la salida para salir a comerse los kilómetros que lo separan de la victoria, esperando el comienzo de los nuevos proyectos que se han ido forjando desde los albores del estío y que, por fin, se van viendo más cerca, lo que me hace estar más feliz que de costumbre.

Todas las cosas que se fueron cuando llegó Junio, con esa cantidad de días soleados y calurosos en el zurrón, han vuelto para dejarme en posición, justo en el momento en el que empiezo de nuevo a funcionar y con muchísimas ganas, ganas que espero contagiaos desde aquí, por lo menos hasta que llegue otro Junio a la ventana.

 La situación en la que me encuentro es como la del barco de la fotografía, quieto sobre las especulares aguas del pantano, detenido su deslizar sobre las mismas por las circunstancias tan ajenas a él mismo, que le han llevado a permanecer estancado, sin posible avance o retroceso, en la infinidad de situaciones que conforman su existencia. Como él, y a pesar de todas las cosas que se han ido sumando para poner mi vida patas arriba, me encuentro también esperanzado en la llegada del ansiado tiempo que me devuelva la fuerza para volver a surcar las aguas que se pongan por delante. En calma chicha, a día dos de septiembre de dos mil trece, me encuentro tranquilo y sereno, después de mucho tiempo sin lograrlo plenamente y viendo por popa el viento que me habrá de empujar. Con mi vida ordenada de nuevo, el rumbo establecido y la meta clara y a la vista, sólo me queda esperar que todo empiece...¡ay! Septiembre, que tarde vienes siempre.

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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