miércoles, 26 de junio de 2013

Frases célebres

Todos hemos escuchado alguna vez una de esas frases célebres que nos han llegado al alma, e incluso tendremos nuestra frase favorita, con su autor incluido, que rescata del mar de la indiferencia y el anonimato al que la escribiera para poder ponerla nosotros en nuestra lista de frases de cabecera (la mía la podéis leer cada vez que entráis al blog), de manera que podremos decirla y aplicarla cada vez que venga al caso. Hay, también, páginas y páginas que llenan libros enteros dedicados a este tema, internet está lleno de ellas para que podamos encontrar la adecuada a nuestras necesidades sin tener que dejar patente nuestra, a veces, ignorancia en este tema. Puede que alguna vez que otra, cuando entramos a un WC público, nos haya llamado la atención soberanamente la capacidad de filosofar que han tenido los que lo han usado, dejando muestra de su intelecto floreciente en las paredes del mismo; o en el desayuno rutinario de cada mañana, cuando nuestra camarera (o camarero) favorita nos entrega el café con el azucarillo, podemos encontrar frases célebres inmortalizadas para nuestro bien en el papelillo con el que los fabrican.
 
Frases puedes encontrarte a diario en cualquier parte, y no siempre tienen que ser literatos los que las emiten, antes al contrario, de los labios más inesperados pueden surgir verdaderas obras de arte que podrían estar, por derecho propio, incluidas en todos los casos que he expuesto anteriormente, como a veces somos nosotros mismos los que decimos cosas de las que nos sorprendemos hasta el punto de anotarlas convenientemente, por si alguien se le ocurre plagiar nuestra ocurrencia. Pues bien, todo esto viene a que anoche, en una de esas reuniones familiares que surgen espontáneamente y sin prepararlas, acabé en un bar (cómo no) de nuestra Granada para tomar algo con mi tía, mis hermanas y sobrinos y, obviamente, con mi mujer y mi hija, y así abandonar un poco el axfisiante calor que, ahora sí, está empezando a hacer en la ciudad. En uno de las conversaciones que surgieron, mi hermana mayor me acercó el móvil que su hijo de siete años coge, de vez en cuando, para escribir en "notas" lo que pasa por su cabeza y, cual fue mi sorpresa, no sólo porque a esa edad a mi sobrino le guste plasmar lo que piensa en un papel (en eso se parece a mí), sino por la profundidad de la frase que había escogido para empezar su relato, dedicado a sus cosas del día a día junto a su padre y hermana. No he tenido más remedio que rescatarla y ponerla aquí, porque aun no me creo como una frase tan enorme puede salir de un cerebro tan chico, ¿o será que ya no lo es?...juzguen ustedes:
 
"Qué grande es todo para ser pequeño" (Ignacio Martínez Marín. 7 años) 
 
Fuente fotografía: www.lacastilloesfera.blogspot.com

lunes, 24 de junio de 2013

Momentos especiales...

 
Ahí me tienes, vestido de terno negro por más que he intentado evitarlo, aferrado a ese zanco derecho en el que mi hermano sigue entregándote el alma a cada llamá de nuestros amigos, y aunque sigo sin acostumbrarme a no arrastrarme por el suelo para meterme bajo tu paso de palio, si es verdad que voy sacándole el gusto a esto de ir por fuera, sólo por ver la cara de los que te miran al pasar. Podría contarte tantas cosas de lo que he ido amontonando en esas dos jornadas tan distintas que tendría para llenar bastantes páginas, ya que lo que me has vuelto a dar, Señora, me ha permitido juntar un buen número de emociones. Podría también, enumerar las sensaciones, tan distintas, que me envolvieron el pasado Viernes Santo, cuando acudí a tu encuentro con traje, yo que siempre era de pantalón blanco y costal bajo el brazo de camino a san José de Calasanz. Podría hablarte esta mañana de lunes, de el nerviosismo estrenado ante la diferencia de la jornada que se abría ante mí, de lo extraño que se me hizo no coger la zambrana para auxilio de mis hermanos en tu dificil salida, ya que tuve que andar con mil ojos para que los varales no rozaran la puerta. Te podría hablar, en fin, de muchas cosas, todas ellas comunes, a mi entender, a todos los que alguna vez nos hemos puesto un traje negro para llamar a tu paso.
 
Podría,...pero me quiero centrar en dos, sólo en dos momentos que rescato, por sublimes, de todos los que tuve el honor de poder disfrutar al ir "pegadito" a la gente que te lleva cada año, intentando aportar mis ánimos y mis ganas a cada uno de los miembros de tu cuadrilla, que también es la mía, y los dos tienen como principal motivo agradecérselos a la persona que los hizo posibles, a la que tengo la suerte de llamar amigo. El primero, no es ni siquiera del día de la salida, es completamente ajeno al ajetreo del Viernes Santo, y tuvo lugar en la intimidad de los ensayos cuaresmales, que es donde se concentra la esencia de todo esto, en donde se cuajan las cuadrillas y se crean las amistades, no en vano, quien hace un amigo bajo un paso lo mantiene para toda la vida. Fue en el primer ensayo, cuando la gente está preparada para el primer arreón, y el capataz inicia el camino que les habrá de llevar a la estación penitencial, cuando me pegó el primer pellizco; tras la oración que siempre precede a la primera llamada, el capataz de tu paso, Señora, tuvo a bien acordarse de mi hija, como se han acordado tantos en estos seis meses de su vida, y no pude evitar emocionarme, así que es de ley agradecérselo a él, que bien sabe lo que hemos pasado.
 
El segundo, lo llevaré guardado siempre durante el tiempo que tengas a bien dejarme a tu lado, Señora, y hasta el día en que falte de este mundo, porque después de tantos años a tu servicio, de intentar hacer las cosas lo mejor posible, de tener el orgullo de poder llevarte; después de tantos años disfrutando bajo tus faldones, aun tenías reservado algo más para mí. Después de tantas cosas vividas en este mundo de la Semana Santa nunca me imaginé que iba a vivir una jornada tan especial como la preregrinación mariana del pasado dieciocho de Mayo, así que nunca supe que iba a disfrutar como lo hice, simplemente almorzando con dos amigos geniales, ni que iba a tener el privilegio de ir junto a Tí y llevar destrás a mi Esperanza, así que nunca pude pensar que me iban a dar la oportunidad de llamar a mi maestro bajo tu palio, y que eso serviría para iniciar la chicotá que te habría de llevar hasta el interior de la Catedral esa mañana de sábado.
 
Que después de tantas cosas, uno de tus mejores amigos te deje el martillo de tu Virgen, es todo un privilegio que siempre agradeceré...Gracias amigo, por ese momento tan especial...
 
Fuente fotografía: archivo de Jose Carlos Martos

lunes, 3 de junio de 2013

Chupetes...


Deambulan por nuestras casas, siempre sobre el capazo del Moisés, en el carrito, o en cualquiera de los muebles que, a buen seguro, han perdido el lustre que tenían antes de que estos pequeños objetos empezaran a rodar por sus encimeras. Da igual el color que tengan, si tienen un nombre que los personaliza, da igual el número que precise el portador, todos y cada uno de ellos pertenecen a esos pequeños seres que empezaron a robarnos el corazón nada más enterarnos de que iban a venir al mundo para compartir nuestras vidas con nosotros.

Los chupetes, nos hacen felices precisamente porque son suyos, y necesitamos escuchar el sonido que se produce cuando son utilizados en el silencio de la noche, ya que eso significará que el dueño o la dueña duermen plácidamente y nada enturbia sus pequeños sueños; aunque no sólo por eso, sino que también nos podemos sorprender asomados a la cuna, embobados, observando cómo unas manecillas lo cogen torpemente e intentan llevárselos a la boca sin conseguirlo, al menos de momento.

Los buscamos cuando el llanto de nuestro bebé inunda el espacio a fin de que cese su mal rato, aunque no siempre lo consigue calmar, y lo limpiamos mil y una veces bajo el grifo para que ningún germen invada la intimidad recién estrenada de nuestros vástagos. Los chupetes tienen alma, ya que se la presta el portador hasta el punto de que no concebimos verlo ya con otro, como si otro distinto fuera a cambiar en algo el día a día de los reyes de la casa. Yo, desde hace casi seis meses, vengo viendo chupetes en mi casa, y os puedo asegurar que es una alegría inmensa el poder recogerlos y colocarlos junto a ella, para que su mano recorra la cuna hasta encontrarlo, señal de que todo discurre con la normalidad que habíamos deseado, y que los nubarrones hace tiempo que abandonaron nuestro cielo, pero no va por ahí la entrada de hoy. No, la entrada de este lunes va dedicada a Jimena, una sevillana con nombre castellano, a la que espero conocer muy pronto porque no me hallo sabiendo qe existe y que las circunstancias todavía no me han llevado hasta ella. Va dedicada a Ana, otra sevillana que vino al mundo sabiéndose querida y deseada por sus padres, a los que tanto aprecio y añoro. Va dedicada a Miguel Ángel, hermano de Mario, cuya sangre huele a incienso de Viernes Santo y al que, seguro, veremos muy pronto corretear con su hermano jugando a ser costalero como su padre y su tío. Y, no por ser la última menos importante, va dedicada a María, que no quiso venir un sábado para no "fastidiarle" a su padre su palio en la calle, pero llegó al siguiente "fastidiándole" una gloria; cosas que sólo pueden pasar en Granada...además, va por vosotros, Mercedes y Carlos, Ana y Antonio, Almudena y Miguel Ángel, Marisa y Lolo, que ya sabéis ,como yo, lo bonito que es escuchar a cualquier hora el sonido que tienen los chupetes...

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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