miércoles, 6 de marzo de 2013

La nostalgia de la trasera


Una de las certezas más grandes de nuestra Semana Mayor es lo efímero de su esencia, que dota de un especial sabor a todo lo que tenga que ver con ella, y esa velocidad a la que transcurre la pasión de Cristo en las calles andaluzas la podemos medir cada vez que un paso de palio pasa ante nuestros ojos, casi sin tiempo para poder apreciar los mil detalles que lo componen. Decía mi suegra hace ya algunos años en relación a cierta ocasión en que mis hermanos me abrieron las puertas de santa Ana un lunes Santo por la tarde, que no sabía que el paso de palio de la Esperanza era tan rico en orfebrería y en bordados, y es que en la calle no había tenido ocasión de observarlo detenidamente, tal es la fugacidad de los instantes procesionales. 

A la Semana Santa, la intuimos mucho antes de tenerla cerca, la esperamos y esperamos, y siempre damos por bueno el tiempo invertido en ello, ya que luego nos sentimos ampliamente satisfechos; sentimos su cercanía y nos ponemos nerviosos ante ella, preparando las cosas para su inminente llegada y prestos a disfrutar a corazón abierto de todo lo que vamos a tener ocasión de vivir. Eso mismo nos pasa a los cofrades cuando, en la calle, en la jornada procesional, todo anuncia la llegada de la Madre de Dios sobre su paso de palio; entonces, como en Cuaresma, la música nos ha hecho intuir su proximidad, los ciriales nos dirán que falta poco para verla y, ante la certeza de su presencia, nos levantaremos sobre nuestros pies, de puntillas, para verla venir de frente, con los nervios instalados en la mente. Ya estamos en Semana Santa, la Virgen viene mecida sobre las cervices de sus hombres de abajo, y ya sólo toca vivirla intensamente, de calle en calle, templo a templo. Durante estos días, las vísperas quedan lejos ya y sólo tenemos delante la plenitud del tiempo que hemos estado esperando, como atrás queda la candelería una vez que estamos observando el palio por su costero notando el calor que sale por los respiraderos, esfuerzo de los hombres de María, y sus voces se mezclan con el silencio de los que contemplamos la escena desde fuera...el palio avanza, como avanzan los días de la Semana, dejándonos sumidos en el transcurso de nuestros sentimientos, de nuestras devociones, adornando la mente con la imagen de su trasera, brazos de cola al ritmo de la banda, al son de los costaleros, para hacernos despertar del sueño que hemos estado viviendo, ¿o fue real?, al contemplar en su despedida el paso de nuestro tiempo mejor, una vez más, sin habernos dado cuenta...cuando la Virgen se despide, nos dice adiós la Semana Santa y nosotros, sin perder un detalle de lo que estamos viviendo nos damos cuenta de la verdad, sólo nos queda ya la nostalgia de la trasera...

Fuente fotografía: www.latrabajadera.mforos.com

1 comentario:

monaguillo dijo...

¡Bravo!. Qué cosa más bonita de entrada, ¡¡¡por Dios!!!

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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