viernes, 22 de febrero de 2013

Decisiones...

Ante las decisiones de la vida, algunas más trascendentales que otras pero todas con su carga de nerviosismo y duda, el estado de ánimo se deteriora hasta el exceso llegando a frenar nuestro raciocinio, lo que hace más complicada la labor de tomar la más adecuada de acuerdo con nuestros fines. Se presentan a diario caminos con diferentes opciones en los que no sabremos si es el correcto hasta que no hayamos recorrido buena parte del mismo, y empecemos a reconocer cosas que nos hagan cerciorarnos de que nos lleva hasta el destino deseado, y lo peor de ellos es que las señales del principio suelen ser confusas y no dejan ver más allá de unos pocos metros el trazo de la senda que se abre ante nuestros pies.


En uno de esos momentos me encuentro yo ahora mismo. Indefenso y desolado ante la situación laboral y/o económica que asola nuestro país, sin soluciones políticas a la misma, se me plantea la diatriba de qué hacer ante una situación que hace tiempo comenzó a ser insostenible, pero que no he tenido más remedio que mantener dada la necesidad que a todos nos apremia. Antes las últimas circunstancias acaecidas en el seno de mi familia, se hacía importantísimo tomar la opción acertada pero, como todos vosotros sabéis, se tome la que se tome, es posible que siempre te equivoques, por lo que la preocupación ha ido aumentando a medida que avanzaba la semana, discurriendo ésta entre negociaciones infructuosas y, sobre todo, injustas para el trabajador que suscribe estas líneas (y en general para todos). Ni que decir tiene que la preocupación antes mencionada no sólo era para mí, sino que por el "en la salud y en la enfermedad, y hasta que la muerte nos separe" que mi mujer y yo firmamos hace casi cuatro años, ella se ha visto salpicada por los momentos que le han tocado vivir junto a mí, y ante los que ha estado, una vez más e impasiblemente, a la altura. Por eso, los llantos, mucha ansiedad, mucha impotencia y mucha rabia, se han ido transformando desde que me decidí por una de las opciones, en una tranquilidad abrumadora de cara a lo que, a partir de ahora, nos tocará afrontar, siempre dentro de lo que cabe. 

Tengo la seguridad de que no va a ser fácil, de que las ortigas fustigarán sin piedad mis cansados pies, y que el futuro se plantea desconocido y preocupante, pero también estoy seguro de que, como siempre, todo lo que venga lo habré de soportar, como en el palo, cerrando los ojos y apretando los dientes, ayudado en mi trabajo por mi fijador que, en la vida, tiene ojos negros y cada día está más guapa. Ahora es madre, y aunque ella no lo note está dotada de una fuerza interior mucho mayor que la que tenía hace unos meses, y esa fuerza anterior es la que me ayuda a sacar la mía, ahora que van a empezar a pintar bastos.

Después de una semana en la que no he tenido tiempo salvo para pensar en mi futuro, puedo escribir hoy que estoy tranquilo, porque sé que mi familia está conmigo, pase lo que pase...sigo siendo afortunado.

2 comentarios:

monaguillo dijo...

Sea lo que sea sabes bien que no vas a estar sólo: está tu fijador, está tu niña, están los que te quieren... y están el Señor y su Madre contigo siempre. Aprieta los dientes, endurece el semblante, y siempre de frente.

Un abrazo gordo.

costalero gruñón dijo...

Así "na" más Álvaro, eso es así...

Otro abrazo de vuelta

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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