lunes, 30 de diciembre de 2013

Niños...





 

Éramos niños y niñas de uniforme, camisa blanca y jersey azul, pantalón gris ellos, falda de cuadros ellas, para corretear entre las paredes de unas clases en las que nos enseñaron de todo, y por cuyas ventanas se asomaba uno al patio grande, escenario de las actuaciones cada fin de curso y, más allá, al patio chico, por cuya puerta se salía a la calle Solares, que mi colegio, señores, estaba en el Realejo. Un sinfín de anécdotas curiosas, de protagonistas dispares, se sucedieron en las dependencias de la vieja escuela, a las que sólo tiene acceso la memoria, selectiva ella, y de las que no todos nos acordamos de la misma manera. Los incipientes amores, imposibles por primeros, las citas por parejas para dar un paseo por las calles del barrio, las primeras amistades, las primeras rivalidades...niñas que se "enfadaban" porque algunos decían que la más guapa de la clase era la otra, niñas de ensortijada melena, de mirada profunda; niños traviesos, desafiantes e inquietos, otros más calmados, pero todos igualados en nobleza, pasaron por el mimo aula en la que yo, novato en las cosas del barrio, me introduje por avatares de la vida para alejarme después, aunque nunca lo hice del todo, e irme a un colegio más céntrico, más próximo a mi casa, pero infinitamente más frío.
Separado de mis amigos, la vida me hizo discurrir por otros derroteros, supongo que como a ellos, si bien la proximidad de sus viviendas les hicieron mantener una relación que, en mi caso, desapareció el mismo día en que sor Rosario firmó mi baja en el libro de escolaridad. En mi corazón siempre hubo un hueco para todos los que compartieron conmigo las cosas de la antigua EGB, las clases de matemáticas con Piedad, de la que siempre me acuerdo cada vez que paso por la plaza de santo Domingo, la pena por dejar quinto, y a la que había sido una de nuestras mejores profesoras, y un largo etcétera de cosas que quedaron guardadas dentro de mí cuando la vida me hizo andar por otros caminos distantes en todo a las callejuelas del barrio en el que empecé a asomarme a ella. Nuestras formaciones se irían a institutos distintos, a facultades distintas, a ciudades distintas, y el tiempo seguía corriendo inexorablemente, haciendo de nosotros hombres y mujeres de provecho, padres y madres de familia, a los que empezaban a preocuparles responsabilidades mayores que las que les podían surgir en las paredes de ese colegio al que, personalmente, tanto echo de menos. Los sonidos de las voces de mis compañeros, los lugares que ocupaban en la clase que sería la última para mí, cada una de las monjas que forjaron nuestra educación, la luz de los pasillos, los ensayos para la comunión en el salón de actos,...permanecen en mi memoria completamente intactos, a la espera de que algo los rescate para volver a detenerme un rato en los momentos vividos hace tanto tiempo.   
El Sábado, en el bar de siempre, donde los compañeros de colegio son ahora empresarios, nos juntamos unos cuantos de esa maravillosa promoción de Nuestra Señora del Rosario, esa generación del 77 en su mayoría, enriquecida por algunos representantes de otras anteriores que vinieron a engrosar las filas de esa clase en la que aprendimos, como decía al principio, de todo, y que nos volvíamos a ver, en mi caso, apenas veinticuatro años después de separarnos. En esa reunión, en esa foto, no están todos los que son, pero si son todos los que están y, al abrigo de la excelente compañía, de la mejor comida, de la conversación, cuando menos, entrañable, del vino generoso, el postre preparado con primor y el pan casero, se sucedió una jornada en la que todos, por unas horas, volvimos a ser esos niños de uniforme, camisa blanca y jersey azul marino, pantalón gris ellos y falda a cuadros ellas...Montse, Sandra, Lidia, Javi, David, Daniel, Jesús, Porcel, Luis Ja, Raúl, Oscar y Joaquín, ...gracias a todos, por todo, y al resto...nos vemos en la próxima...

lunes, 23 de diciembre de 2013

De ningún sitio...

 
Me preguntas y no puedo contestarte. No sé dónde mis pasos empezaron ni adónde, peregrinos, habrán de llevarme luego. No sé qué disparate del azar hará que me cuele por las rendijas de cualquier anacronismo, disfrutando sólo del placer de caminar, de mirar, de encontrar en lo que miro el principio de la nada, el final de todo.

No sé quién fue mi ciudad madre, no sé si duermo en la que vivo o vivo en la que duermo, afanándome en hallar lo que no busco, mientras sigo mirando, sin quererlo, las cosas que tomo prestadas de las calles que transito. Pregunta, no sé si la respuesta habrá de conformarte, no sé si la emito con coherencia, no sé si al doblar cualquier esquina, me encuentre la verdad de la ignominia, desastrosa, brutal y traicionera...puede ser, mas no encuentro en mí un resquicio de algo que me sitúe en lugar concreto, nada que sepa más que yo de lo que he sido, mientras vivo el presente que no gasto del todo. El futuro me reclama, el presente me permite, el pasado...
 
Soy de aquí, de allí, de ningún sitio...

viernes, 20 de diciembre de 2013

Mi vida eres tú...


La noche se había cernido sobre la ciudad, cubriendo con su negro manto las luces del día que, como viene siendo habitual, había puesto a la Esperanza a la altura de los hombres. Las luces amarillas de las farolas no calentaban el helado ánimo de los que esperaban turno en la sala de urgencias de ese hospital en el que me estaba empezando a cambiar la vida. Poco a poco, el revuelo característico causado por los altavoces que gritaban los nombres a los impacientes usuarios, entre los que nos encontrábamos mi mujer y yo, primerizos y nerviosos ante la inmensidad de los sucesos que casi nos habían desbordado. Una falsa alarma que no era tal, más bien lo único falso fue la atención prestada por algún espécimen del personal cualificado, dio con nuestros huesos en la angosta sala en la que dos mujeres calés nos daban un concierto a grito pelado justo en el lugar que más silencio requiere, y mi suegra intentaba, en vano, controlar los nervios. Sonidos de voces extrañas en conversaciones sin fin inundaban el espacio, mientras mi pensamiento estaba con ella, que había entrado a consulta a que le confirmaran lo que nosotros ya sabíamos, estaba de parto...

Fuera, a través de los cristales empeñanados con el vaho de los días invernales, la ciudad dormía en ese impás de horas que suceden al sueño y preceden a la rutina laboral de cada uno, mientras mis ojos se iban de mi madre a los edificios en penumbra, y de estos al leve resquicio de luz que asomaba por la puerta de la sala de dilatación, en donde ella luchaba con ese dolor del que siempre se habla aunque nunca se recuerda exactamente. Una noche "tranquila", calmada por la epidural que, poco a poco, iba haciendo el efecto deseado, iba sucediéndose, interrumpido el silencio sólo por el aparataje que nos iba marcando el ritmo de la vida, y el ir y venir de matronas y enfermeros que nos iban asistiendo en todo momento. Aunque el reparador sueño no llegaba, si vino la calma ante la tempestad de vertiginosos acontecimientos y pudimos, al menos, cerrar un poco los ojos imaginando su cara...

Al fin, en uno de los reconocimientos, casi seguidos, de los que fue objeto a lo largo de las horas precedentes, se empezó a vislumbrar la posibilidad de que estuviera cerca el final de la noche y el principio de su vida, hecho que se constató felizmente a las once y ocho de la mañana del día diecinueve de Diciembre de dos mil doce, fecha de la que ayer se cumplió un año...felicidades Candela, mi vida eres tú.
 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Belén Familia Marín-Carrasco 2013



 
 
 
La Navidad ha vuelto a llamar a la puerta de mi casa, por lo que, como viene siendo habitual, os acerco estas imágenes para que veais como ha quedado instalado nuestro tradicional belén, sirviendo estas fotografías como felicitación navideña ante la imposibilidad de pocer hacerlo de una manera personal. 
La Ventana del Abuelo os desea Felices Fiestas...
 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Otoño en Granada

Santo Domingo


Ser de Granada es algo que hemos heredado, gratuitamente, los que hemos tenido la suerte de contar con antepasados que nacieran y murieran aquí, dejando su legado a los que habrían de ser nuestros padres y abuelos para que pudiéramos hacer nuestras las cosas de la ciudad.

Por eso, pasear por Granada a cualquier hora es un ejericicio que no todo el mundo puede hacer, y que los que somos de aquí no hacemos con la frecuencia que quisiéramos, sobre todo si tenemos en cuenta que las condiciones actuales de la vida no nos dejan mucho tiempo para el relax y/o el disfrute de los paisajes de nuestra ciudad, aunque deberíamos intentarlo para desconectar mejor de las cosas que tanto nos llegan a turbar. 

Eso es lo que yo pude hacer el pasado jueves cuando, con una compañía inmejorable, me adentré en ese corazón romántico que a Granada le late en sus barrios más característicos a cualquier hora del día. Pero no fue a cualquier hora, sino a esa en la que la ciudad aún se está despertando del sueño nocturno y los turistas todavía no han empezado a salir, por lo que sólo te encuentras en la calle los que son como Tú, esto es, unos afortunados paseantes, o los que ya han empezado su jornada laboral a los mandos del motor de la ciudad. A esa hora, la Plaza Nueva se desperezaba de la noche con un golpe de frío matutino que se afanaba por helarnos el ánimo, y el Darro nos llamaba a voces entre las orillas cubiertas de hojas secas. Disparo por aquí y por allí, charla amena con mis acompañantes y Granada iluminada por la luz, casi perfecta, que tanto ansían los fotógrafos. 

La cuesta de Gomérez, empinada como siempre pero expuesta como nunca, la frontera entre la ciudad y la fortaleza nazarí, donde el color otoñal me volvió a transportar en el tiempo hacia esa infancia en la que tantas veces recorriera su albero, para cerciorarme de que sigue exactamente igual, con sus monumentos a Irving y Ganivet, y con su puerta a ningún sitio, como gusto de llamar al arco de las orejas, que permanece abandonado e inútil, sin más labor que la de hacer preguntarse al transeúnte despistado el motivo de su estancia allí. A continuación, la bajada desde la colina roja hasta el Realejo, donde fotografié el campo del príncipe y la plaza de santo Domingo, no sin antes disfrutar del sabor a colegio de monjas, a niños de comunión y cambios de misterio que siempre acompañan a esta plaza. A partir de ahí y como colofón a la jornada matinal, el Campillo y de vuelta al punto de partida, en donde me paré a reflexionar sobre la suerte que tenemos los granadinos de poder recorrer nuestra ciudad una mañana de otoño cualquiera...

Podéis repetir el paseo pinchando aquí.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

De tiempo y malentendidos...


La vida, en ese desbarajuste de personas y situaciones que se dan a lo largo de ella, no suele ser justa con la gente que ha pasado por tu lado, o con la que ha dejado de pasar, haciendo que se ciernan sobre ellas nubarrones de oscura niebla que, en la mayoría de los casos, nos hacen verlas desdibujadas para siempre. Además, en no pocas ocasiones por no decir en la mayoría de ellas, los hechos que van acaeciendo en nuestro irrefrenable existir, no están cortados por el patrón de la verdad, viniendo disfrazados por terceras personas, que a su antojo, esbozan la situación para que tú la perfiles sugestionado por sus comentarios.

A lo largo de mis treinta y seis años, he recibido muchísimos palos por amistades que morían por mí y se daban golpes de pecho que, mire usted por dónde, dejaron de ser lo que predicaban a los cuatro vientos, como también me he visto sorprendido por las actuaciones de gente que lleva en mi vida poco más del tiempo que se invierte en arriar un paso, rindiéndome a la evidencia de que, en cuanto a amigos se refiere, no es oro todo lo que reluce. 

Esos esbozos de gente malintencionada que actúa a beneficio propio y que suelen ir al sol que más les calienta, han dado al traste con amistades que merecían la pena y que, por ambas partes, se han rendido ante el bombardeo de información sesgada haciendo que la bola sea tan grande que no haya forma de gobernarla; con la experiencia adquirida en ese tipo de lides y mirándolo todo desde el prisma del tiempo pasado, he de decir que me arrepiento de algunas decisiones tomadas, como puede que haga también la otra parte, aunque ya nada será como al principio. 

Gracias a Dios, casi nunca me dejo llevar por los impulsos de mi corazón malherido, y suelo sopesar todo en la tranquilidad de mi casa, dejando que las buenos ratos pasados con los amigos prevalezcan sobre esas faltas, que todos tenemos, y que incluso puede que se hayan producido carentes de la intención que, a veces, les damos. Pues bien, la otra noche dejé todo lo que estaba haciendo, es decir, abandoné  la reunión familiar en la que me encontraba, para acudir a la llamada de un amigo, uno que siempre me ha tenido y al que siempre he tenido, y con el se estaba empezando a dar forma a una bola de esas de las que antes os hablaba como consecuencia de la falta de información ante hechos concretos ocurridos en nuestras vidas. La otra noche dejé a un lado lo que me había molestado y fui decidido a pasar un buen rato y conocer a una "personita" que, como era de esperar, me ha robado el corazón. Es imposible no aparcar todo lo que te puede molestar de algo sucedido anteriormente cuando la hija de un amigo sonríe en tus brazos llena de bondad y buenos deseos. 

La otra noche comprendí que, por muchas cosas que sucedan en la vida, siempre habrá un momento para sentarse a hablar, recapacitar y darte cuenta de que, como le dije a él al día siguiente, las buenas amistades no entienden de según qué cosas. Fui con muchas dudas, y volví como sí nada hubiera pasado, y es algo de lo que me alegro enormemente...y a buen entendedor, con pocas palabras basta. Un abrazo, amigo.
 
Fuente fotografía: www.eldivandemcfly.blogspot.com

lunes, 9 de diciembre de 2013

Qué carrete tienes!!


Una mañana de Junio, calurosa como ella sola, tres personas, entre otras, cada una de su padre y de su madre como se dice en lenguaje coloquial, se enfrentaban sin saberlo a una prueba que iba a ser algo más que la vía de acceso a unos estudios más o menos anhelados por ellos. Esa mañana, los tres estaban ahí, sentados con sus útiles de dibujo, dispuestos a dar lo mejor de sí mismos a la hora de encajar un ventilador en un formato A3, o componiendo en poco tiempo y con los medios recopilados sin ton ni son, un collage que sirviera de cartel anunciador para un importante evento fotográfico que, en mi caso, no había escuchado en mi vida, y que crucifiquen los eruditos. Ahí estaban, sentados sin mirarse unos a otros, intentando vislumbrar entre los borrosos rasgos de sus desconocidos rostros el dominio de esa parte de su técnica que pudiera ser superior a la suya y diera al traste con sus ilusiones al ser su examen peor, en consecuencia. Ahí estaban, intentando que no se notaran los nervios en el trazado de la línea, sin ser conscientes de que a medida que iba avanzando ese dibujo, se estaban fraguando los cimientos de algo más, se estaban poniendo de acuerdo, como la niebla surge de la nada, esos astros que habrían de colocarlas, unos meses después y por mor del azar más aleatorio, en la misma aula del casi desvencijado edificio que acoge anualmente a los estudiantes de fotografía. Ellos no lo sabían, pero eso ya estaba ahí, y sólo había que apretar las teclas apropiadas para que la nave llegara a buen puerto, y creedme sí os digo que ha llegado.

 Biología, Enfermería, Óptica y pruebas de acceso, personalidades distantes y distintas, pareceres alejados y diferentes pasados, todo ello se mezcló por la alquimia del destino, para que la amalgama de diferencias de edades y pensamientos diera como resultado un grupo común y homogéneo, duramente compactado por objetivos, sensores, laboratorio, desayunos y muchos ratos de hacer fotos a deshoras, y convertirlo en lo que ahora es y que ya no podrá cambiar aunque queramos. Si hace unos meses, cuando mis lápices rasgaban el formato blanco con prisas y nerviosismo, alguien me hubiera dicho lo que iba a vivir junto a unas personas que hasta hace nada eran desconocidas, seguramente le hubiera dicho: "qué carrete tienes"...curioso, ¿verdad?
 

sábado, 14 de septiembre de 2013

Nos vamos de boda...

 
Hoy es catorce de Septiembre, es un día importante para todos los hermanos del Cristo de san Agustín ya que hoy se celebra la renovación del voto que el ayuntamiento hiciera al Crucificado como Sagrado Protector de la ciudad,...¡espera!, que esto es para otra entrada.
 
Hoy es catorce de Septiembre, es un día importante en la vida de dos personas (ahora sí) muy importantes para mí, Jorge y Ana, que se darán el "sí, quiero" esta tarde a eso de las seis en la Iglesia parroquial de su pueblo natal, Albolote. Al enlace acudiremos todos los que los queremos y, obviamente, estamos deseando que lleguen las seis para descubrir el traje de la novia y si el novio se pondrá nervioso o no ya que, a día de hoy, eso no ha ocurrido todavía.
 
Para mí, como cuñado de Ana, que llevo compartiendo con ella los diez años de noviazgo con Jorge, más que nada porque empezaron a salir el mismo año que nosotros, no me es fácil hilvanar unas palabras que le digan a ellos lo contentos que estamos por el momento que están prestos a vivir, pero haré un esfuerzo, primero porque se lo merecen y, segundo, porque así servirá también para que mi mujer pueda comunicarles, mediante esta entrada, casi todo lo que siente, digo casi todo porque hay cosas que sólo una hermana puede decirle a otra en el día de su boda y que serían imposibles de transmitir aquí. Así que vamos a la tarea...
 
En primer lugar, enhorabuena, al fin habeis cumplido un sueño, casaros y vivir juntos, que es algo que veniais deseando desde hace mucho y todavía no os había sido concedido. Ahora empezaréis a vivir esa incertidumbre, esas mariposas en el estómago, ese nerviosismo que a todos nos embarga cuando llega este momento y, sobre todo, esa sensación agridulce que da el entregarse a la que será tu pareja de por vida teniendo que pagar el precio de abandonar el que ha sido tu hogar hasta ahora. Todos hemos pasado por eso y, aunque nunca llegamos a acostumbrarnos del todo, sí es verdad que la convivencia va mitigando ese sopor y que pronto lo iréis dejando atrás. Os quiero desear lo mejor en esta empresa tan complicada que empezáis hoy y que, os aseguro, será gratificante. Disfrutad desde la víspera de todo lo que vais a vivir, sed muy felices antes, durante y después de la ceremonia, aprovechad para meditad acerca de los amigos y la familia porque van a ser los pilares sobre los que va a edificarse vuestra vida en común, haced muchas fotos y que os hagan muchas vuestra gente, porque siempre es bonito tener las muestras gráficas de cómo se lo pasaron todos en la boda, aunque todas parezcan iguales, tendrán la peculiaridad que otorga la personalidad del que dispara la cámara por lo que todas serán especiales. No os quiteis el traje y el vestido hasta que no llegueis a casa, porque puede que sea la última vez que te lo pongas Jorge, y será la última para Ana. Sentid que estamos a vuestro lado, que os queremos y que vamos a pasarlo en grande con vosotros esta tarde, emocionaos lo justo, que las lágrimas no dejan ver nada de lo que pasa alrededor y dadle gracias a Dios porque os puso al uno en el camino del otro para que hoy celebreis vuestro enlace matrimonial...
 
Muchas felicidades y hasta esta tarde...¡¡vivan los novios!! 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Casi nueve...


Casi nueve, tu crecimiento sigue su curso y conforme pasan los días, Candela, los oscuros nubarrones que se formaron sobre nosotros cuando tú viniste a este mundo, se van disipando y ya empiezan a verse, cada vez más claros, los rayos del sol que nos devolverá a la vida que siempre soñamos para ti y que se ha visto pospuesta por indeseables circunstancias. Tu madre y yo te vamos viendo crecer a diario, así que no notamos los cambios de una forma tan impactante como tus abuelos o tíos, que se sorprenden con tu tamaño y con lo espabilada que estás cuando vamos a verlos las dos veces por semana que nos deja el trabajo de tu madre. Ellos, que esperan ansiosos verte entrar en tu carrito por las puertas de casa, también ven con optimismo esta recta final de todo, y al ver la luz al final del túnel todos vamos estando más contentos.

Para tus padres, el verte feliz cada mañana ya es suficiente, pero siempre viene bien que las terceras personas que te van viendo regularmente nos digan que todo está perfecto, así que cada nueva cosa que haces es una doble alegría para nosotros, que te damos nuestro beso de buenas noches mientras nos sonríes. Gracias a Dios, todo aquello que pasó se quedó ahí, en un "pasó" que no ha enturbiado en demasía nuestra convivencia contigo, y el año que nos dieron de tregua para ver que todo salía como Él mandaba va pasando, hasta el punto que ya estamos en Septiembre, y todo está exactamente como habíamos deseado todos los que te rodeamos y queremos.

Me encanta verte a diario, disfrutar de tu día a día, sentirme un afortunado teniendo en cuenta que casi todos mis amigos se han quejado siempre de que se perdieron los primeros meses de sus hijos, porque siempre que llegaban a casa ya estaban dormidos. Ese no es mi caso, yo te tengo para mí, desde el momento en que te levantas hasta que te acuestas, incluso más que tu madre, que ya empieza a temer si no me vas a querer más a mí que a ella, como si una hija pudiera olvidar el vínculo sagrado que le une a su madre, y ella se siente feliz cuando le echas los brazos nada más llegar a casa del trabajo.
 
Sí, Candela, estamos tan felices que podríamos estar gritando todos los días y a todo el mundo lo que nos ha cambiado la vida contigo, y tan feliz me siento que sólo puedo darte las gracias. Gracias por todas las cosas que nos estás dando, gracias por la lucha y la entrega cuando fue necesario, gracias por tus risas, por tus juegos, por lo que te gusta estar con tus primos, por hacernos tan felices y sobre todo, gracias por estos casi nueve meses que ya llevamos juntos, aprendiendo la una de los otros a cada minuto que pasa en nuestras vidas...

lunes, 9 de septiembre de 2013

De Gracia...




...Ayer por la noche, a eso de las nueve y media, se ponía en la calle una de las Vírgenes más bellas que posee la ciudad de Granada, y que se puede visitar casi a cualquier hora en la céntrica iglesia de Nuestra Señora de Gracia, que recibe el nombre de la advocación mariana que reside en ella. Ayer por la noche, la procesión, afortunadamente recuperada como celebración del cuatrocientos aniversario de la hechura, por Luis de la Peña, de la Virgen, recorrió las principales calles del barrio ante un gran número de fieles y vecinos que quisieron acompañarla en tan importante ocasión; y ayer por la noche, también, se recuperaron con su salida viejas amistades que nunca se perdieron, muchísimos recuerdos y anécdotas de las aulas del seminario, y vivencias de catequesis y confirmaciones en los sótanos de la parroquia; no en vano, todos los que tuvimos la suerte de formar parte directamente de la sucedido ayer, hemos pasado nuestro período del bachiller por los patios de ese colegio en el que Ella lo ve y lo domina todo, o hemos formado parte de los numerosos grupos en los que nos preparaban para la confirmación siempre celebrada en su iglesia.
 

Lo de anoche fue emocionante, muy emocionante, porque volvíamos a encontrarnos en la misma situación aquellos que la sacamos hace años, bien junto a la hermandad de la Esperanza cuando era esta corporación la encargada de nutrir con sus hombres de abajo las andas, bien como antiguos alumnos después, pero siempre con el mismo cariño y con la sensación de estar en tu casa cada vez que atraviesas la puerta de la sacristía. Fue emocionante porque a mí me emociona saber que tengo amigos que cuentan conmigo cada vez que hay que moverla, o que acuden sin dudarlo cuando eres tú quien los reclama; emocionante porque volvimos a los dieciséis años aquellos viernes por la tarde; emocionante porque casados, con hijos, con nuestra vida completamente alejada de Ella, acudimos de nuevo a su llamada con mucho tiempo de por medio y pareció que el tiempo no había pasado...


Anoche, mientras veía a la Virgen avanzar sobre los hombros de la gente de siempre, de nuevas caras y otras viejas conocidas, me acordé de muchas cosas, pero sobre todo me acordé de agradecerle a Ella permitirme estar ahí, a su lado, cuando el barrio la recibe, siempre ese ocho de Septiembre que esperemos no se pierda nunca más y junto a la gente que no para de trabajar para que sus cosas sigan funcionando.

Gracias a todos, y enhorabuena.
 
 
Las magníficas fotografías que ilustran esta entrada están realizadas por Juan Spiztley. Gracias, hermano, por tu colaboración.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Un hombre...

 
Los "ayeres" pesan demasiado y los "mañanas", que están por llegar, no aportan nada nuevo a la existencia que se ha ido fraguando con el paso del tiempo. La rabiosa actualidad le ataca donde más le duele, ya que las cosas no mejoran económicamente, y el trabajo no llama a su puerta por más que él aporrea la del Inem cada primero de mes. Si le hubiesen preguntado hace un año, cuando apuraba las horas que le faltaban por despedirse de ese mugriento trabajo en el que se le escapaba la vida, que después de trescientos y pico días todo iba a ser exactamente igual que antes, quizá no se lo hubiera creído, pero la verdad es que si no hay trabajo para nadie, por qué iba a haberlo para él, así que pasa las horas ocupado en mil cosas para dejar la mente quieta.

Pasan los días, y en su nueva "oficina" entre las paredes de su casa, da igual que sea Domingo o Lunes porque el principio y el fin de la jornada lo marca el biberón que da a su hijo, y es él el que le marca las horas, a Dios gracias, para no desesperarse. Le cuentan que la cosa va a mejorar, que esto no puede durar mucho, pero lo cierto es que siempre es de noche en casa del pobre y que los únicos que saben disfrutar la vida son los que nos roban desde los atriles de manejo del estado, al mismo tiempo que nos toman el pelo entre los de antes y los de ahora que de tanto cómo roban se les ha perdido hasta el color, unificándolos en el negro del futuro que labran para su país. Hace tiempo también que dejó de oir las noticias, y de comer en casa de sus padres, donde el plato de comida sabía a política, a paro y a desahucios, pero nunca ha dejado de sonreír, sobre todo cuando levanta a su hijo de la cuna por las mañanas y éste le entrega su risa como premio por todos los sinsabores que se está llevando, aun estando ajeno a todo lo que pasa desde su pequeña estancia. La vida, se dice, es más hermosa que todo lo que le rodea, aunque a veces piense en tirar la toalla y mandarlo todo a paseo, y es necesario vivirla obviando sus desaires para no enfadarse con ella a diario. Nada de lo que le cuenten desde fuera le sirve, la única referencia que sigue es la que le marca su entregada esposa, que ahora tira del carro, y los balbuceos de su hijo cuando quiere decirle "papá" y sólo le salen cuatro letras. Es él el que le ayuda a tirar hacia adelante, ya que por lo menos lo está viendo crecer y ése es el mejor de los sueldos, aunque preferiría un salario, por bajo que fuese, para comprarle un juguete de vez en cuando o unos zapatitos para el invierno y es que no puede evitar soltar unas lágrimas cuando se acuerda de ello, al menos una vez al mes, como el Inem.

Pero todo esto habrá de cambiar, algún día conseguirá ese trabajo que le permita ayudar a su esposa en la economía del hogar, dejará de sentirse un don nadie cada vez que se acueste porque al día siguiente tendrá que levantarse para trabajar, y podrá comprarle a su hijo todo lo que quiera, o incluso a su hija, porque todavía no ha podido atreverse a buscar una hermana para él en estas circunstancias...algún día, mientras tanto, sólo queda la Esperanza, y capear el temporal como se pueda...  
 
Dedicado a todos (y todas) los valientes parados que engrosan las listas del paro de nuestro amado país.
 
Fuente fotografía: www.antoniodavidfo.blogspot.com  

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Atardecer...

Atardece en la ciudad de la Alhambra, el sol se va dejando caer llenando de contrastes y luces rosas el cielo inmaculado de Granada, mientras los miles de turistas se afanan en captar la belleza del momento, resaltado por un americano en su cuaderno de bitácora. Burlón y esquivo, el sol se despide de nosotros sin querer dejarse fotografiar, acaso dejando para nuestra imaginación su forma y su tamaño, pero sin que lo veamos del todo ahora que la fuerza de su luz mengua tras los montes y casas del Albayzín, y me pregunto si realmente Granada es más bonita ahora que atardece, o por el contrario cada hora de la ciudad tiene algo especial aunque el calor y el frío extremos no inviten precisamente a pasear por sus calles. Desde mi privilegiada atalaya, diviso perfectamente el bloque de la iglesia de san Nicolás, en la que cientos de paseantes deseosos de Granada se agolpan tras el murete que separa la plaza del abismo e intento imaginarme qué es lo que piensan sus mentes, observadoras e inquietas, ante la magnificencia de lo que se asoma a sus retinas. Si es la primera vez, pocas palabras acertará a hilvanar su intelecto, mermado por el cansancio de la subida hasta allí y por la vista que se extiende ante sus ojos. Si ya lo han visto con anterioridad, quizá su mente recuerde las veces anteriores y sus ojos jueguen con la perspectiva del paisaje por si pueden descubrir nuevas e interesantes formas que se les escaparon, por lo efímeras, en la anterior ocasión. Sea como fuere, Granada se abre como un libro de aventuras al visitante, y será éste el que deba descubrir entre sus páginas todo lo que se esconde a cada renglón de piedra de su historia. Será él el que deba empaparse de todo lo que ella puede ofrecerle para divulgarlo después a sus paisanos, será él quién deba observarla discretamente evitando, ante todo, enamorarse.
No conozco a nadie que, viniendo a Granada por cualquier motivo, no haya deseado quedarse a vivir en ella, y por Dios que algunos lo consiguen, volviendo a nacer el día exacto en que adquirieron su vivienda granadina. No conozco a nadie que no la llame en sueños cuando un resquicio de locura le turba mientras duerme; no conozco a nadie que no sea de su país, de su ciudad, y de Granada...no sé qué tiene Granada, pero si sé lo que no tiene...réplicas en miniatura para poder llevarla donde quieras.
Atardece en Granada, el sol se despide finalmente, y con la llegada de la noche, se abre la puerta para los soñadores...

lunes, 2 de septiembre de 2013

Calma chicha...


Ha pasado el verano que cada año me sume en la más completa desidia, ya que caigo asfixiado por el sofocante calor que azota la ciudad en el periodo veraniego, y me cuesta conciliar el sueño llevándome, irremediablemente, a darle demasiadas vueltas al magín. Siempre que septiembre llama a las puertas del año, el optimismo se aloja en mí, y empiezo a ver la botella medio llena que se va dejando ver en las cosas que me atañen diariamente; con la llegada de septiembre, empieza de nuevo esta ventana a meter aire nuevo en la habitación de mi alma, y nuevas e  ilusionantes perspectivas se asoman a lo lejos en el amplio horizonte que ahora sí, puedo divisar. Gracias a Dios, he vuelto de todo y renovado, mirando al frente ansioso y con mil nervios, como el corredor espera a que den la salida para salir a comerse los kilómetros que lo separan de la victoria, esperando el comienzo de los nuevos proyectos que se han ido forjando desde los albores del estío y que, por fin, se van viendo más cerca, lo que me hace estar más feliz que de costumbre.

Todas las cosas que se fueron cuando llegó Junio, con esa cantidad de días soleados y calurosos en el zurrón, han vuelto para dejarme en posición, justo en el momento en el que empiezo de nuevo a funcionar y con muchísimas ganas, ganas que espero contagiaos desde aquí, por lo menos hasta que llegue otro Junio a la ventana.

 La situación en la que me encuentro es como la del barco de la fotografía, quieto sobre las especulares aguas del pantano, detenido su deslizar sobre las mismas por las circunstancias tan ajenas a él mismo, que le han llevado a permanecer estancado, sin posible avance o retroceso, en la infinidad de situaciones que conforman su existencia. Como él, y a pesar de todas las cosas que se han ido sumando para poner mi vida patas arriba, me encuentro también esperanzado en la llegada del ansiado tiempo que me devuelva la fuerza para volver a surcar las aguas que se pongan por delante. En calma chicha, a día dos de septiembre de dos mil trece, me encuentro tranquilo y sereno, después de mucho tiempo sin lograrlo plenamente y viendo por popa el viento que me habrá de empujar. Con mi vida ordenada de nuevo, el rumbo establecido y la meta clara y a la vista, sólo me queda esperar que todo empiece...¡ay! Septiembre, que tarde vienes siempre.

miércoles, 26 de junio de 2013

Frases célebres

Todos hemos escuchado alguna vez una de esas frases célebres que nos han llegado al alma, e incluso tendremos nuestra frase favorita, con su autor incluido, que rescata del mar de la indiferencia y el anonimato al que la escribiera para poder ponerla nosotros en nuestra lista de frases de cabecera (la mía la podéis leer cada vez que entráis al blog), de manera que podremos decirla y aplicarla cada vez que venga al caso. Hay, también, páginas y páginas que llenan libros enteros dedicados a este tema, internet está lleno de ellas para que podamos encontrar la adecuada a nuestras necesidades sin tener que dejar patente nuestra, a veces, ignorancia en este tema. Puede que alguna vez que otra, cuando entramos a un WC público, nos haya llamado la atención soberanamente la capacidad de filosofar que han tenido los que lo han usado, dejando muestra de su intelecto floreciente en las paredes del mismo; o en el desayuno rutinario de cada mañana, cuando nuestra camarera (o camarero) favorita nos entrega el café con el azucarillo, podemos encontrar frases célebres inmortalizadas para nuestro bien en el papelillo con el que los fabrican.
 
Frases puedes encontrarte a diario en cualquier parte, y no siempre tienen que ser literatos los que las emiten, antes al contrario, de los labios más inesperados pueden surgir verdaderas obras de arte que podrían estar, por derecho propio, incluidas en todos los casos que he expuesto anteriormente, como a veces somos nosotros mismos los que decimos cosas de las que nos sorprendemos hasta el punto de anotarlas convenientemente, por si alguien se le ocurre plagiar nuestra ocurrencia. Pues bien, todo esto viene a que anoche, en una de esas reuniones familiares que surgen espontáneamente y sin prepararlas, acabé en un bar (cómo no) de nuestra Granada para tomar algo con mi tía, mis hermanas y sobrinos y, obviamente, con mi mujer y mi hija, y así abandonar un poco el axfisiante calor que, ahora sí, está empezando a hacer en la ciudad. En uno de las conversaciones que surgieron, mi hermana mayor me acercó el móvil que su hijo de siete años coge, de vez en cuando, para escribir en "notas" lo que pasa por su cabeza y, cual fue mi sorpresa, no sólo porque a esa edad a mi sobrino le guste plasmar lo que piensa en un papel (en eso se parece a mí), sino por la profundidad de la frase que había escogido para empezar su relato, dedicado a sus cosas del día a día junto a su padre y hermana. No he tenido más remedio que rescatarla y ponerla aquí, porque aun no me creo como una frase tan enorme puede salir de un cerebro tan chico, ¿o será que ya no lo es?...juzguen ustedes:
 
"Qué grande es todo para ser pequeño" (Ignacio Martínez Marín. 7 años) 
 
Fuente fotografía: www.lacastilloesfera.blogspot.com

lunes, 24 de junio de 2013

Momentos especiales...

 
Ahí me tienes, vestido de terno negro por más que he intentado evitarlo, aferrado a ese zanco derecho en el que mi hermano sigue entregándote el alma a cada llamá de nuestros amigos, y aunque sigo sin acostumbrarme a no arrastrarme por el suelo para meterme bajo tu paso de palio, si es verdad que voy sacándole el gusto a esto de ir por fuera, sólo por ver la cara de los que te miran al pasar. Podría contarte tantas cosas de lo que he ido amontonando en esas dos jornadas tan distintas que tendría para llenar bastantes páginas, ya que lo que me has vuelto a dar, Señora, me ha permitido juntar un buen número de emociones. Podría también, enumerar las sensaciones, tan distintas, que me envolvieron el pasado Viernes Santo, cuando acudí a tu encuentro con traje, yo que siempre era de pantalón blanco y costal bajo el brazo de camino a san José de Calasanz. Podría hablarte esta mañana de lunes, de el nerviosismo estrenado ante la diferencia de la jornada que se abría ante mí, de lo extraño que se me hizo no coger la zambrana para auxilio de mis hermanos en tu dificil salida, ya que tuve que andar con mil ojos para que los varales no rozaran la puerta. Te podría hablar, en fin, de muchas cosas, todas ellas comunes, a mi entender, a todos los que alguna vez nos hemos puesto un traje negro para llamar a tu paso.
 
Podría,...pero me quiero centrar en dos, sólo en dos momentos que rescato, por sublimes, de todos los que tuve el honor de poder disfrutar al ir "pegadito" a la gente que te lleva cada año, intentando aportar mis ánimos y mis ganas a cada uno de los miembros de tu cuadrilla, que también es la mía, y los dos tienen como principal motivo agradecérselos a la persona que los hizo posibles, a la que tengo la suerte de llamar amigo. El primero, no es ni siquiera del día de la salida, es completamente ajeno al ajetreo del Viernes Santo, y tuvo lugar en la intimidad de los ensayos cuaresmales, que es donde se concentra la esencia de todo esto, en donde se cuajan las cuadrillas y se crean las amistades, no en vano, quien hace un amigo bajo un paso lo mantiene para toda la vida. Fue en el primer ensayo, cuando la gente está preparada para el primer arreón, y el capataz inicia el camino que les habrá de llevar a la estación penitencial, cuando me pegó el primer pellizco; tras la oración que siempre precede a la primera llamada, el capataz de tu paso, Señora, tuvo a bien acordarse de mi hija, como se han acordado tantos en estos seis meses de su vida, y no pude evitar emocionarme, así que es de ley agradecérselo a él, que bien sabe lo que hemos pasado.
 
El segundo, lo llevaré guardado siempre durante el tiempo que tengas a bien dejarme a tu lado, Señora, y hasta el día en que falte de este mundo, porque después de tantos años a tu servicio, de intentar hacer las cosas lo mejor posible, de tener el orgullo de poder llevarte; después de tantos años disfrutando bajo tus faldones, aun tenías reservado algo más para mí. Después de tantas cosas vividas en este mundo de la Semana Santa nunca me imaginé que iba a vivir una jornada tan especial como la preregrinación mariana del pasado dieciocho de Mayo, así que nunca supe que iba a disfrutar como lo hice, simplemente almorzando con dos amigos geniales, ni que iba a tener el privilegio de ir junto a Tí y llevar destrás a mi Esperanza, así que nunca pude pensar que me iban a dar la oportunidad de llamar a mi maestro bajo tu palio, y que eso serviría para iniciar la chicotá que te habría de llevar hasta el interior de la Catedral esa mañana de sábado.
 
Que después de tantas cosas, uno de tus mejores amigos te deje el martillo de tu Virgen, es todo un privilegio que siempre agradeceré...Gracias amigo, por ese momento tan especial...
 
Fuente fotografía: archivo de Jose Carlos Martos

lunes, 3 de junio de 2013

Chupetes...


Deambulan por nuestras casas, siempre sobre el capazo del Moisés, en el carrito, o en cualquiera de los muebles que, a buen seguro, han perdido el lustre que tenían antes de que estos pequeños objetos empezaran a rodar por sus encimeras. Da igual el color que tengan, si tienen un nombre que los personaliza, da igual el número que precise el portador, todos y cada uno de ellos pertenecen a esos pequeños seres que empezaron a robarnos el corazón nada más enterarnos de que iban a venir al mundo para compartir nuestras vidas con nosotros.

Los chupetes, nos hacen felices precisamente porque son suyos, y necesitamos escuchar el sonido que se produce cuando son utilizados en el silencio de la noche, ya que eso significará que el dueño o la dueña duermen plácidamente y nada enturbia sus pequeños sueños; aunque no sólo por eso, sino que también nos podemos sorprender asomados a la cuna, embobados, observando cómo unas manecillas lo cogen torpemente e intentan llevárselos a la boca sin conseguirlo, al menos de momento.

Los buscamos cuando el llanto de nuestro bebé inunda el espacio a fin de que cese su mal rato, aunque no siempre lo consigue calmar, y lo limpiamos mil y una veces bajo el grifo para que ningún germen invada la intimidad recién estrenada de nuestros vástagos. Los chupetes tienen alma, ya que se la presta el portador hasta el punto de que no concebimos verlo ya con otro, como si otro distinto fuera a cambiar en algo el día a día de los reyes de la casa. Yo, desde hace casi seis meses, vengo viendo chupetes en mi casa, y os puedo asegurar que es una alegría inmensa el poder recogerlos y colocarlos junto a ella, para que su mano recorra la cuna hasta encontrarlo, señal de que todo discurre con la normalidad que habíamos deseado, y que los nubarrones hace tiempo que abandonaron nuestro cielo, pero no va por ahí la entrada de hoy. No, la entrada de este lunes va dedicada a Jimena, una sevillana con nombre castellano, a la que espero conocer muy pronto porque no me hallo sabiendo qe existe y que las circunstancias todavía no me han llevado hasta ella. Va dedicada a Ana, otra sevillana que vino al mundo sabiéndose querida y deseada por sus padres, a los que tanto aprecio y añoro. Va dedicada a Miguel Ángel, hermano de Mario, cuya sangre huele a incienso de Viernes Santo y al que, seguro, veremos muy pronto corretear con su hermano jugando a ser costalero como su padre y su tío. Y, no por ser la última menos importante, va dedicada a María, que no quiso venir un sábado para no "fastidiarle" a su padre su palio en la calle, pero llegó al siguiente "fastidiándole" una gloria; cosas que sólo pueden pasar en Granada...además, va por vosotros, Mercedes y Carlos, Ana y Antonio, Almudena y Miguel Ángel, Marisa y Lolo, que ya sabéis ,como yo, lo bonito que es escuchar a cualquier hora el sonido que tienen los chupetes...

martes, 28 de mayo de 2013

Porvenir...


Hay que ver la de cosas que se pueden englobar dentro de esta palabra que alguna vez hemos mascullado entre dientes o lanzado a los cuatro vientos. Siempre andamos preocupados por ese porvenir  incierto que se deja ver las menos veces por los visillos de la oscura ventana del futuro, aunque ninguno de nosotros quiera saber mucho de él, no vaya a ser que no nos guste lo que vemos. Si nos ponemos a pensar en lo que ha de venir, seguro que nos iremos a lo más lejano, es decir, cómo me irán las cosas dentro de unos cuantos años, cómo se desarrollará la vida de los que tengo más cerca, dónde estudiarán mis hijos, dónde viviré,...y casi nunca miramos a esa parte del porvenir que nos pilla más a mano; ese limbo entre el presente y lo más lejano, que es precisamente lo que antes vamos a vivir. En ese pequeño margen (relativamente hablando) de tiempo que es el que ha de venir de forma inminente, a mí se me presentan varias e ilusionantes perspectivas, que me han hecho reflexionar acerca de lo fácil que resulta ser feliz y lo poco que dedicamos a ello. No hace mucho leí en alguno de los escaparates de Granada, que necesitamos mover cuarenta y siete músculos al enfadarnos y sólo doce para sonreír (el número no es exacto, pero era una proporción parecida), y es curioso que, si miramos alrededor, casi todo el mundo tiene el semblante serio, anda enfadado, hablando a voces, y muy pocos son los que sonríen.

Dada mi actual situación, parecería lógico que anduviera preocupado (y lo estoy, pero en menor medida) por lo que pueda pasar dentro de nada en lo que al trabajo se refiere, metiéndome en camisas de once varas, atosigando a los que tengo alrededor con mis problemas laborales, pero he decidido, precisamente hoy que hace tan buen tiempo y el sol me pone de buen humor, que le voy a dedicar todo el tiempo del mundo a lo que me hace feliz...voy a reencontrarme con mis amigos para conocer a sus hijos recién nacidos o animarlos en los duros trances de la vida; disfrutar de mi hija, voy a quitarle al polvo a la moto y a la cámara de fotos, voy a intentar hacer reír a mi gente, salir a correr de nuevo, ver ganar al Granada (otra año más en primera), juntarme para hablar de cofradías, ir a la boda de la hermana de mi mujer, e invitar a merendar a mis sobrinos. Voy a intentar devolver visitas a Sevilla y Úbeda y voy a dejar de lado los enfados paseando tranquilo por mi ciudad. Como veis, es poco lo que necesita para ser feliz, así que yo estoy dispuesto a seguir sonriendo...

miércoles, 20 de marzo de 2013

Ese Miércoles...


Esta mañana el aroma de la primavera me ha golpeado el entendimiento al salir del coche en Almuñécar, rozando mi cara con la suave brisa marina que tantas cosas desata en mi interior, y ha arrancado el motor de las emociones sin preguntarme ni pedir permiso.

Hoy, viente de Marzo, la inminencia de la Semana Santa es patente, no sólo porque el sábado tuviera lugar el traslado de los pasos de Santo Domingo, en cuyo interior acababa los cultos la hermandad de la Humildad, no sólo porque ya se hayan leído los pregones de nuestra Granada, ni porque se hayan terminado los ensayos de casi todas las cuadrillas de costaleros; la inminencia de la Semana Mayor se palpa porque en el interior de los templos los priostes se transforman en magos que juegan con las horas para que todo llegue a su tiempo, algunos de cuyos "trabajos" ya duermen en las naves de las iglesias esperando que los costaleros le den vida de nuevo; ya se han realizado retranqueos en algunas cofradías, como el domingo en escolapios, y otros están aun por realizar (esta noche nos vemos, Esperanza...), con lo que la máquina de los sentimientos a flor de piel va tomando forma; no en vano, un retranqueo es el principio de la estación de penitencia, nuestro titular ya está sobre la cerviz y empiezan a hilvanarse las oraciones que luego se habrán de entregar en esa noche que tanto hemos estado esperando.

Pero aparte de todo esto, hay algo que, para mí, marca el comienzo inmediato de ese tiempo por el que somos, y es que esta noche, en la intimidad del santo Ángel, el Sagrado Portector de la ciudad bajará hasta nuestra altura para ser depositado en Besapiés a partir de mañana y hasta el sábado. Es en ese momento, de total recogimiento, mientras los priostes de la hermandad guían la maniobra de bajada del Señor, cuando ya empiezo a darme cuenta de que no hay vuelta atrás y que la Cuaresma, como muy pronto la Semana Santa, ya se ha escapado de las manos; ya se han ido cuarenta días con sus cuarenta noches y "ay" del que no haya disfrutado inmensamente, porque ya no va a tener tiempo para nada.

Esta noche me acostaré tras haber depositado mi cerviz sobre la trabajadera del palio verde de santa Ana, y puede que antes me pase por mi hermandad para hablar un rato con mis hermanos mientras mi Cristo se prepara para recibir todo lo que sólo Granada sabe darle al final de la cuaresma y, mañana, jueves, cuando mi coche me lleve de nuevo  a Almuñécar para exprimir las últimas horas en la costa, el Cristo de san Agustín ya estará engalanado en el centro de su convento como el mejor cartel anunciador que jamás haya existido. Con Él, besándole sus pies, habrá empezado la Semana Santa...  

jueves, 14 de marzo de 2013

Mi último escaparate...


Desde que empecé a trabajar en mi oficio, siempre me ha divertido cambiar los escaparates y ponerlos de acuerdo con las fechas que se van desarrollando, poco a poco, a lo largo del año. En Navidad, poner el Belén mas como puro entretenimiento frente a la, a veces, rutinaria labor del día a día, que por reclamo publicitario, y ocupar las horas de la mañana en colocar los adornos navideños que después los niños disfrutarán cuando pasen por la tienda. San Valentín, aunque no sea esta fiesta santo de mi devoción, ya que siempre he creído que el amor se demuestra día a día, y no con una caja de bombones el día catorce de Febrero, o incluso el día de los santos (mal que me pese), sirven para que me distraiga un poco pensando en qué gafas voy a poner, cómo las voy a distribuir para que cobren sentido y cuánto tiempo me va a invertir dejar todo como me gusta aunque luego vengan a poner "peros" los que nunca hacen nada; y hablando de peros, el día de la Cruz también sirve para que juegue a escaparatista aunque no sea fiesta en Almuñécar.

Desde dos mil nueve, fecha en que aterricé por la costa granadina para instalarme laboralmente, echando de menos Granada desde el primer día, el escaparate que más me ha gustado poner es el de Semana Santa. Bien sea por lo que me gusta esta época del año, bien sea porque es el que más juego da a la hora de montar, es el escaparate que más me ha llenado y, generalmente, también ha sido el que mejor ha quedado en las sucesivas ocasiones que he tenido que ponerlo. Llenar las puertas de la tienda con los carteles de la Semana Santa granadina, tan diferente en todo a la sexitana, me ha servido, entre otras cosas, para entablar amistad con los que venían diciéndome que, por favor, le guardara el de turno para su colección porque ellos sólo iban a Granada de vez en cuando y, de paso, para darme cuenta de lo orgulloso que me siento de la Semana Santa de mi ciudad, aunque ella englobe una gran disparidad de gente, a veces nociva para el intelecto. Nunca, sin embargo, os he ilustrado la Ventana con fotos de mis "logros" de escaparatismo, primero porque los resultados siempre son mejorables y, segundo, porque siempre he creído que no era motivo de post las gafas que los decoraban. Pero este año es diferente...este año me voy de mi puesto de trabajo a engrosar las filas del paro y ya no voy a tener ocasión, al menos en un largo período de tiempo (ojalá me equivoque), de colocar un escaparate y, a modo de despedida, quería dejar el que este año de dos mil trece decora ya la tienda que, hasta ahora, ha sido mi segunda casa ya que he pasado allí muchas más horas que junto a mi mujer o mi familia. Este año se acaba un ciclo, se cierra una puerta, pero la ventana de la Esperanza sigue abierta y nuevos e ilusionantes horizontes me esperan a lo lejos por lo que no ando triste, si bien sí un poco pensativo ante el apremiante futuro que me espera, aunque, lo más cercano en el tiempo es disfrutar de la Semana que se asoma a la vuelta de la esquina y que, desde poco después del Miércoles de Ceniza, se viene anunciando en Almuñécar a través de mi último escaparate... 

martes, 12 de marzo de 2013

De negro...

 
Intimidad, oración, oscuridad, ensimismamiento,...estar sólo contigo mismo y con tus pensamientos; abandonarte a todo sin esperar nada; dejar la mente volar, sin dueño, libre de ataduras que la puedan manipular y centrarte sólo y exclusivamente en la labor para la que has sido convocado, ser para Él y sólo para Él. El negro no es un color, por lo menos no para mí, y menos ahora que acaba la Cuaresma y me toca disfrutar de lo que es mío, mi diálogo, mi conversación racheada y dormida en los costeros, mi fuerza y mi desesperación, la medida justa entre ambas para que Él siga dominando las almas desde arriba. No es un color, negro es una religión, centrada en la impresionante talla del Crucificado, negro es ternura, humanizada en las lágrimas de Consolación. Negro es casta, es saber dominarte ante las adversidades, es ganarle a un palo que deja de serlo para transformarse en ese yugo a través del cual se me perdonan los pecados...negro...
 
 
Negro es el rezo de las Siete Palabras respirando silencio bajo los faldones, recién colocados, de la caoba y la plata que lo acogen cada Lunes. Negro son las cosas bien hechas, por derecho, desde la cruz de guía procesional hasta la última zapatilla de la sexta trabajadera del palio, negro es negro, y no hay verdad más verdadera que la de que te marca de por vida. Me han llamado rancio por ser de Tí, óle, me han llamado mustio, óle, pero yo sólo soy negro, el de centro, el de la solera, el del pasado y el presente de Granada sobre la cerviz de treinta hombres, y el futuro en el cordón morado sobre el cuello de nuestros acólitos infantiles. Negro son dos faroles en la fachada, los adoquines de san Antón apretando en la recogía, y las campanas doblando al aire granadino a las nueve de la noche, idiosincrasia agustina para la Semana Santa. Pero no nos olvidemos de una cosa, el negro no se nace, se hace...y lo mismo que un costalero se gana el sitio bajo el palo, hemos de ir moldeando ese carácter en nosotros, sabernos representantes de la historia de la ciudad cada vez que nos ponemos el hábito, y pensar que, en nosotros, en nuestros actos, va la imagen de la hermandad a la que pertenecemos. Ser de negro no es fácil, porque no es fácil animarse con la oración cuando los "kilos" aprietan, no es fácil escuchar sólo la música de tus palabras acordándote de los tuyos a cada paso que das, pero nadie dijo que lo fuera y hay quer ser consecuentes cada minuto de nuestra existencia con el legado que recibimos cuando nos colgamos esa medalla por vez primera. Somos representantes de una devoción centenaria, y eso hay que llevarlo con orgullo y con mucha responsabilidad no vaya a ser que nuestras palabras, nuestros gestos, enturbien el glorioso pasado de la hermandad que nos sucederá en el tiempo ya que aquí estamos para un recado.
 
 
Soy de negro, disfruto con el negro como otros con la cornetería, siento las levantás a pulso como otro los "puntillazos" y ando de frente como otro hace izquierdos pero, además, llevo sobre mi cerviz al renacentismo hecho madera, al siglo XVI en la era de los "androids" y detengo el reloj del tiempo cada vez que mi Cristo se viste de quinario; guardo silencio entre cada "chicotá" para impedir que lo de fuera me desvíe de mi trabajo y sirvo a Cristo y a María a la usanza del santo Ángel...el negro no es un color, y pesa más que cualquier otra cosa en la vida, tengo la obligación de legar a mis descendientes lo que mis antepasados me legaron a mí, y creo en la verdad del silencio cada Lunes Santo...soy de negro y, para mí, el aplauso más sonoro es la cara de satisfacción de mis hermanos nazarenos cuando le ven el rostro a su Cristo al depositarlo nosostros en el templo.
 
Lunes Santo, soy de negro... 
 
Las fotografías que ilustran esta entrada son del fotógrafo Manuel Puga

sábado, 9 de marzo de 2013

Déjame quererte...


Déjame quererte en tus agobios, cuando todo se multiplica y la templanza de tus nervios empieza a resquebrajarse azotada por las circunstancias de los días. Déjame quererte solamente, cuando pasan las horas encerrada entre las cuatro paredes de nuestra casa, prisionera de esa "carcelerilla" que depende de tí para todo y que te nubla el entendimiento cuando te sonríe nada más asomarte a su cuna. Déjame quererte en tu desesperación, servirte de ayuda cuando quisieras tirar la toalla y no puedes porque ella te reclama a todas horas. Déjame quererte, mientras la observamos al mirarnos confiada, ajena a que nosotros daremos la vida por ella aunque no sea preciso morir por ella, sino vivir para compartir sus cosas muchos años.

Déjame quererte, cuando parece que te olvido, cuando parece que te abandono a la deriva en ese mar de horas junto a ella, cuando parece que no tienes ayuda por mi parte y que estás sóla entre tanta compañía. Déjame querete, porque no sé si sabré hacer otra cosa, porque no necesito aprender lo que me gusta y anhelo quererte a toda costa. Déjame quererte, cualquier día, en cualquier lugar y por ningún motivo, déjame quererte aunque sólo sea por darme el gusto, aunque sólo signifique un "momentito"...Déjame, que mi vida sin quererte no es mi vida, que mi sueño es quererte siempre y necesito quererte sin que lo notes, porque es así como se quiere de verdad, sin que tú sepas que te estoy queriendo. Déjame quererte, ahora que ella necesita que lo haga, ahora que lo precisas y no pides, ahora que sois dos las que me llaman.

Déjame quererte, y mañana saldrá el sol por donde quiera, no me importa que podrá pasar mañana si hoy, amor, lo pasas dejándome quererte...

miércoles, 6 de marzo de 2013

La nostalgia de la trasera


Una de las certezas más grandes de nuestra Semana Mayor es lo efímero de su esencia, que dota de un especial sabor a todo lo que tenga que ver con ella, y esa velocidad a la que transcurre la pasión de Cristo en las calles andaluzas la podemos medir cada vez que un paso de palio pasa ante nuestros ojos, casi sin tiempo para poder apreciar los mil detalles que lo componen. Decía mi suegra hace ya algunos años en relación a cierta ocasión en que mis hermanos me abrieron las puertas de santa Ana un lunes Santo por la tarde, que no sabía que el paso de palio de la Esperanza era tan rico en orfebrería y en bordados, y es que en la calle no había tenido ocasión de observarlo detenidamente, tal es la fugacidad de los instantes procesionales. 

A la Semana Santa, la intuimos mucho antes de tenerla cerca, la esperamos y esperamos, y siempre damos por bueno el tiempo invertido en ello, ya que luego nos sentimos ampliamente satisfechos; sentimos su cercanía y nos ponemos nerviosos ante ella, preparando las cosas para su inminente llegada y prestos a disfrutar a corazón abierto de todo lo que vamos a tener ocasión de vivir. Eso mismo nos pasa a los cofrades cuando, en la calle, en la jornada procesional, todo anuncia la llegada de la Madre de Dios sobre su paso de palio; entonces, como en Cuaresma, la música nos ha hecho intuir su proximidad, los ciriales nos dirán que falta poco para verla y, ante la certeza de su presencia, nos levantaremos sobre nuestros pies, de puntillas, para verla venir de frente, con los nervios instalados en la mente. Ya estamos en Semana Santa, la Virgen viene mecida sobre las cervices de sus hombres de abajo, y ya sólo toca vivirla intensamente, de calle en calle, templo a templo. Durante estos días, las vísperas quedan lejos ya y sólo tenemos delante la plenitud del tiempo que hemos estado esperando, como atrás queda la candelería una vez que estamos observando el palio por su costero notando el calor que sale por los respiraderos, esfuerzo de los hombres de María, y sus voces se mezclan con el silencio de los que contemplamos la escena desde fuera...el palio avanza, como avanzan los días de la Semana, dejándonos sumidos en el transcurso de nuestros sentimientos, de nuestras devociones, adornando la mente con la imagen de su trasera, brazos de cola al ritmo de la banda, al son de los costaleros, para hacernos despertar del sueño que hemos estado viviendo, ¿o fue real?, al contemplar en su despedida el paso de nuestro tiempo mejor, una vez más, sin habernos dado cuenta...cuando la Virgen se despide, nos dice adiós la Semana Santa y nosotros, sin perder un detalle de lo que estamos viviendo nos damos cuenta de la verdad, sólo nos queda ya la nostalgia de la trasera...

Fuente fotografía: www.latrabajadera.mforos.com

lunes, 4 de marzo de 2013

Ya somos tres...


Hace veinte años, allá por mil novecientos noventa y tres, sólo era un muchacho fascinado por la Semana Santa y que tenía claro que quería formar parte de manera activa de esa máquina que sólo se activa una vez al año alterando, sin embargo, el completo devenir de la ciudad. Hace veinte años, un caluroso día de Junio, entraba a formar parte de la hermandad a la que llamo mía y, que gracias a Ellos, es también la de mis hermanos y mi esposa.

Entonces yo no sabía que la hermandad en la que estaba ingresando contaba con tantos siglos de historia, y que su sagrado titular era una devoción centenaria también en la ciudad de la Alhambra. Yo no sabía nada de la protección que el Señor otorgaba a Granada, ni de enfermedades extinguidas por su mediación, así como de que el Cristo al que ahora le rezo a diario, al menos una vez al día, es posiblemente el crucificado más antiguo de los que procesionan por las calles andaluzas en los días pasionales. Todo eso lo he ido constatando a base de leer mucho acerca de mi hermandad, y de vivir muchos lunes santos junto a Él, que sigue siendo el santo y seña de todo lo que hago. Hace veinte años, si alguien me dice que iba a pasar lo que sucedió anteayer, quizás no lo hubiese creído y, sin embargo, sucedió...

La noche del sábado, noche de quinario en honor al que nos reúne a todos en su nombre, se encontraron en un mismo acto las ilusiones de una familia con la historia de una hermandad. Tras la homilía, el secretario de la cofradía inició el acto de juramento de reglas llamando a los aspirantes por su nombre, y por el pasillo abierto entre las filas de bancos avanzamos, mi mujer y yo, con nuestra pequeña en brazos, dispuestos a jurar en su nombre, por ahora, que cumplirá las mismas reglas que sus padres aceptaron hace tiempo. En ese acto, sentí orgullo de poder entregarle a mi hija mi misma devoción, sentí agradecimiento de poder llevarla en brazos sana y saludable, sentí nostalgia de la vez que yo mismo recibí la medalla en aquel mes de Diciembre de hace veinte años, sentí la fuerza y la protección que San Agustín y Consolación le entregaron a mi hija en el momento en que el sacerdote tocó su frente y le colgó el cordón morado sobre su pequeño cuello, sentí el cariño de mi esposa al sujetarme la mano suavemente, sentí el calor de mi hermandad al acercarse después algunos de su miembros a verla y a darnos la enhorabuena, sentí el orgullo de poder comprarle a mi sobrino un "costalero negro" en sus propias palabras, sentí la cercanía de sus abuelas, sus
tíos y tías, su primo y su prima, que no quisieron perderse ese momento de Candela, y sentí la alegría de saber que en casa, desde ayer, cada vez que entremos a rezarle a Cristo y a María, ahora seremos tres...

La fotografía que ilustra magistralmente esta entrada es de Sergio Aguayo (www.granadacofradiera.blogspot.com)


miércoles, 27 de febrero de 2013

Perdónanos...

 
Perdónanos si, en nuestro vehemente deseo de cofradías en la calle, en la necesidad de altares de cultos de exornos imposibles, si en nuestra búsqueda de luz en las jornadas de la Semana Santa, a veces olvidamos que tú has de consumirte para que todo sea como debe ser. Perdónanos, porque nos afanamos en colocarte precisa y ajustada, en esa perfección milimétrica de las candelerías de los pasos de palio, para luego encender la mecha que será tu fin a medida que avance la estación de penitencia.
 
Nosotros, los cofrades, no escatimamos para adquirir la mejor de las de tu clase, buscamos siempre la que más se ajuste al carácter de nuestra hermandad, sopesamos el peso de los cirios y hasta nos detenemos unos segundos en disfrutar de su aroma, mientras se van abriendo las cajas y son colocados con primor para iluminar el camino a Cristo y a María. Ponemos velas en los candelabros de guardabrisas, derretimos los recortes de otros años para fijarlas  y adquirimos las hachetas mejor preparadas para flanquear las cuatro esquinas de los pasos de nuestros crucificados y, perdónanos, no nos paramos a pensar en que la belleza de la estación de penitencia, la magia del olor, de la imagen, pasa porque tú te consumas, poco a poco, para mayor regocijo de los que, expectantes, asistimos embobados al discurrir de nuestras hermandades siempre en el mismo sitio que el año anterior.
 
Pocos de los que hemos cogido un cirio alguna vez, de los que guardamos como oro en paño la flor de cera que cogimos tras desmontar el paso de la Virgen, de los que hemos acercado la mecha al apagado cirio de nuestros nazarenos, de los que hemos encencido una candelería, o unos ciriales, nos hemos parado a pensar que sin tí, la Semana Santa no sería como la conocemos. Es curioso que, hablando como hablamos de cofradías en tertulias improvisadas en cualquier sitio, nunca nos hayamos parado a meditar acerca del papel desempañado por la cera que esperamos se consuma sobre los pasos de nuestros titulares...es curioso que el cerero, por consiguiente, debería ser parte importantísima de nuestras charlas pero, sin embargo, ni al uno ni a la otra prestamos atención cuando, he ahí lo curioso del tema, un palio sin candelería, p.e, sería cualquier cosa menos palio...Espero, como todos los contertulios de mis reuniones cofrades, que ni la lluvia ni el viento apaguen la llama que habrás de estrenar dentro de poco y que, para mayor satisfacción del que suscribe, tardes en consumirte exactamente el tiempo en que mi Semana Santa necesite para existir. Perdónanos, por esperar tu sacrificio...

viernes, 22 de febrero de 2013

Decisiones...

Ante las decisiones de la vida, algunas más trascendentales que otras pero todas con su carga de nerviosismo y duda, el estado de ánimo se deteriora hasta el exceso llegando a frenar nuestro raciocinio, lo que hace más complicada la labor de tomar la más adecuada de acuerdo con nuestros fines. Se presentan a diario caminos con diferentes opciones en los que no sabremos si es el correcto hasta que no hayamos recorrido buena parte del mismo, y empecemos a reconocer cosas que nos hagan cerciorarnos de que nos lleva hasta el destino deseado, y lo peor de ellos es que las señales del principio suelen ser confusas y no dejan ver más allá de unos pocos metros el trazo de la senda que se abre ante nuestros pies.


En uno de esos momentos me encuentro yo ahora mismo. Indefenso y desolado ante la situación laboral y/o económica que asola nuestro país, sin soluciones políticas a la misma, se me plantea la diatriba de qué hacer ante una situación que hace tiempo comenzó a ser insostenible, pero que no he tenido más remedio que mantener dada la necesidad que a todos nos apremia. Antes las últimas circunstancias acaecidas en el seno de mi familia, se hacía importantísimo tomar la opción acertada pero, como todos vosotros sabéis, se tome la que se tome, es posible que siempre te equivoques, por lo que la preocupación ha ido aumentando a medida que avanzaba la semana, discurriendo ésta entre negociaciones infructuosas y, sobre todo, injustas para el trabajador que suscribe estas líneas (y en general para todos). Ni que decir tiene que la preocupación antes mencionada no sólo era para mí, sino que por el "en la salud y en la enfermedad, y hasta que la muerte nos separe" que mi mujer y yo firmamos hace casi cuatro años, ella se ha visto salpicada por los momentos que le han tocado vivir junto a mí, y ante los que ha estado, una vez más e impasiblemente, a la altura. Por eso, los llantos, mucha ansiedad, mucha impotencia y mucha rabia, se han ido transformando desde que me decidí por una de las opciones, en una tranquilidad abrumadora de cara a lo que, a partir de ahora, nos tocará afrontar, siempre dentro de lo que cabe. 

Tengo la seguridad de que no va a ser fácil, de que las ortigas fustigarán sin piedad mis cansados pies, y que el futuro se plantea desconocido y preocupante, pero también estoy seguro de que, como siempre, todo lo que venga lo habré de soportar, como en el palo, cerrando los ojos y apretando los dientes, ayudado en mi trabajo por mi fijador que, en la vida, tiene ojos negros y cada día está más guapa. Ahora es madre, y aunque ella no lo note está dotada de una fuerza interior mucho mayor que la que tenía hace unos meses, y esa fuerza anterior es la que me ayuda a sacar la mía, ahora que van a empezar a pintar bastos.

Después de una semana en la que no he tenido tiempo salvo para pensar en mi futuro, puedo escribir hoy que estoy tranquilo, porque sé que mi familia está conmigo, pase lo que pase...sigo siendo afortunado.

viernes, 15 de febrero de 2013

Viernes...

Lo comentaba el otro día con uno de mis mejores amigos, de esos que cuando analizas el tiempo transcurrido descubres que no se ha perdido ninguno de tus momentos importantes (aunque tú si te hayas perdido algunos), en referencia a los viernes por la noche.

Hace años, cuando la única responsabilidad que yo tenía era sacar mis estudios, si bien lo hacía a deshoras, ya que nunca lo hice dentro de los tiempos marcados para ello, los viernes tenían un sabor especial. Esos viernes, casi siempre empezaban con un café en casa de un amigo viendo vídeos de Semana Santa para improvisar una tertulia antes del ensayo que a todos nos ocupaba. Después, la casa del amigo se cambió por el antiguo "Amadeus" (si os acordáis de él es que ya peináis canas) jugando al parchís en alguna mesa mientras hablábamos de "santos" con los costales amontonados en los sofás junto al café "calentito" y en buenísima compañía. Más tarde, alguno de los que nos reuníamos allí decidimos compaginar esos momentos con la práctica del fútbol sala en una peña a las 20:30h en el pabellón del colegio santo Tomás de Villanueva para salir disparados después hacia la casa de hermandad en donde nos esperaban, a la par, la parihuela cargada de kilos y los amigos.

El otro día, hablando con él, me ví de nuevo con esa edad, con mi bolso de deporte en el que compartían sitio la ropa de portero y la faja de costalero. Me ví en ese Ford Fiesta camino del pabellón, me ví en esa casa de la calle Gran Capitán y con esos amigos; me ví en esas noches frías de ensayos compartiendo cervezas con los de siempre, costaleros de los que me acuerdo ahora que acudo al ensayo sólo y los busco entre las caras conocidas que aún permanecen allí, aunque ya nada será como al principio ahora que está llegando el final de mi periplo. Hablando con él en el intermedio de lo que más nos gusta, al relente de una calle en el barrio de Fígares, bajo la parihuela que acogerá al Sagrado Protector de Granada, me ví de nuevo en esos viernes de antaño en los que todo era diferente.

Ahora, con dos hijos él, con una yo, y unos pocos años más sobre nuestras espaldas, me atrevo a escribir, hoy viernes, de aquéllos otros que marcaron nuestra vida porque, si algo no ha cambiado en ella, es que los viernes sigue ensayando...la Esperanza...



Dedicado a los que, alguna vez, pasaron por las listas de hermanos costaleros de Jesús del Gran Poder y Nuestra Señora de la Esperanza.

Vídeo subido a youtube por theger89

miércoles, 13 de febrero de 2013

Cuaresma...

...¡pararse ahí!...¡los dos costeros por parejo a tierra!...y empieza a desencadenarse la amalgama de nervios que anteceden al paso en la calle, despojándose los sentidos de todo lo supefluo que les impida prestar atención a las órdenes que se van a ir dictando desde fuera y, así, ¡venga de frente!, ¡las "llamás mu cortas"!, se van depositando las ilusiones en la imagen que avanza de corto, salvando los varales los caliches de la puerta...como en la Semana Santa, la vida está llena de "salidas" difíciles que tenemos que salvar, empezando por la que nos trae al mundo, que no se ha visto jamás salida más complicada y más bella, más emocionante y milimétrica, sin que haya nadie capaz de no contener la respiración ante lo que va sucediendo...¡no corred!, la derecha "alante"...¡bueno!...y seguimos avanzando desde el primer momento, desde que el palio encara el dintel del templo para recorrer, rodilla en tierra sus hermanos, los metros que separan la oscuridad de la luz, el silencio de los aplausos, el esfuerzo de la gloria, como avanzamos en la vida sin ver recompensadas las medidas adoptadas, ni los sacrificios hechos, dejando todo a merced del azar y del buen ojo del capataz que, ¡la trasera más a tierra!, ya está sacando el último varal del paso por la puerta expectante y centenaria.


La vida es como una salida en la que se entrega todo al principio, pero guardando una parte de esfuerzo para dosificarlo después, cuando el paso recorra las calles de la ciudad y tengamos que llevarlo; la vida nos permite esos mágicos momentos en los que suspendemos los costeros tras el trabajo concluído, y la gente premia nuestra labor con desintersados aplausos de emociones desatadas, pero tenemos que ser cautos porque esto no ha hecho sino empezar, y lo más difícil está por llegar, habremos de enfrentarnos a multitud de situaciones en las que tendremos que dar la orden precisa, con la medida justa, para que el paso atraviese la puerta sin tocar un respiradero, sin doblar un remate, y que todo transcurra con la normalidad que los priostes dispusieron en las horas de montaje. La euforia del momento deberá ser contenida, puesto que las horas que nos quedan por delante pueden hacerse largas, y seguro que tendremos momentos de flaqueo, como los habrá también para sacar pecho aunque siempre nos sintamos orgullosos de lo que hacemos y por lo que lo hacemos. Cuando el paso se planta en la calle, cuando la banda suelta los tambores retenidos y las cornetas silenciadas rasgan el aire con su metálico quejido, cuando los compases de la música marquen el ritmo de los de abajo, los nervios de la salida se irán disipando poco a poco y, a los sones de la marcha, ¡poco a poco!, ¡la derecha alante y la izquierda atrás! empiece la Virgen a recibir miradas y oraciones, a nosotros, tanto en la salida procesional como en la vida, lo más bonito nos quedará siempre por delante...  


Feliz Cuaresma, y a la Gloria!!

fuente fotografías, por orden de aparición: www.abcdesevilla.es y www.costalerosburraypaz.blogspot.com.

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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