viernes, 7 de diciembre de 2012

Diciembre...

Hace siete días que estrenamos el mes, y todavía no he tenido tiempo de sentarme ante el teclado para compartir cosas con vosotros, lectores de fidelidad desinteresada, que tanto me venís dando a diario. No he tenido tiempo y, curiosamente, éste me ha venido esta lluviosa mañana, víspera de la Inmaculada Concepción de María, en el trabajo que tan poca gente va a visitar hoy; ahora que puedo pararme un rato, mientras observo la plaza vacía, sólo alterada por el discurrir de los repartidores que, ellos sí, desafían a la climatología para hacer llegar sus portes a los destinatarios. 

Durante los pocos días que llevamos del mes que pondrá fin al dos mil doce, sólo he tenido tiempo para constatar que el invierno ha llegado, por fin, con dureza, llenando los cristales de vaho, las lunas de los coches de la ya olvidada escarcha matutina, y haciéndonos sacar las ropas de abrigo que ya nos acompañarán durante toda la estación, y me ha alegrado no tener tiempo para nada, porque he estado ocupado en importantísimas cosas que han cambiado nuestra vida (la de mi mujer y mía) y en otras que preparan lo que ha de venir y que nos la cambiarán también, de forma definitva. El pasado fin de semana, entre la visita a los Cármenes sin "chicha" ni "limoná", y el almuerzo relajado en el nuevo centro comercial de la ciudad, nos afanamos en ir preparando las cosas que pertenecerán a nuestra hija, y que ayer mismo acabé de montar quedando a la espera de que ella, al fin, las utilice; empecé a idear cómo irá el Belén de este año en el que seguirá habiendo mula y buey, y en el que no sé si los Reyes saludarán al Niño con acento andaluz o no,  y cuyo montaje nos mantendrá entretenidos durante buena parte del fin de semana que entra en el que adelantaremos, D.m, alguna compra que otra para que no nos pille el "toro".

Pero lo más importante, lo que nos ha tenido verdaderamente ocupados, más a ella que a mí, si bien yo he participado de alguna manera escuchándola, animándola, y compartiendo con ella todos los amargos sinsabores de este último período en esa importante etapa de su vida, ha sido la consecución de su Tesis Doctoral, que culminó felizmente con una exposición magistral el pasado miércoles. 

Como yo le he dicho alguna vez que otra en plan de broma, se ha enfrentado ya a su primer parto, ése que acaba tras siete años y medio de entrega diaria, de investigación a deshoras, de trasnoches y madrugones, y sobre todo de esfuerzo, mucho esfuerzo, que anteayer se vió recompensado a tenor de lo ocurrido en el salón de grados de la Facultad de Ciencias. Ya todo ha terminado, el merecido descanso del guerrero llegó, al fin, y ya se ha vuelto a acordar de que el otro parto será inminente aunque, por la cara de felicidad de tiene, lo va a afrontar sin el agobio que estos últimos meses se ha apoderado de ella. Dentro de unas semanas, cuando su hija venga al mundo, los brazos que la acojan serán los de una madre doctora.

Al final, el pan bajo el brazo ha tenido forma de un importantísimo título académico, Enhorabuena.


Fuente fotografías, por orden de aparición: www.ypuntoalicante.blogspot.com, y www.tecnum.es.  

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