lunes, 12 de noviembre de 2012

¿La vida huele?...


Ya sé que este título puede llevar a alguna carcajada por parte de los que, ajenos a algunas sensibilidades, sólo vean en ella un motivo de chanza, pero os puedo asegurar que no hay nada más lejos de la realidad, ya que cuando acabéis de leer esta entrada os haréis la misma pregunta que yo...¿la vida huele?.

Ayer, en una de las rutinarias mañanas de domingo en las que desayunas y, tras observar por los cristales que no puedes salir porque la lluvia se ha apoderado de todo, decides ponerte a ordenar los armarios, sacar las ropas de cama para el invierno, y ponerte con las tareas del hogar, bote de lejía en mano. Al terminar, el olor de la lejía mezclado con la tela que uso para secarlo todo, me llevo de inmediato a mil novecientos noventa y cuatro. Me vi, rápida y fugazmente, llenando la bañera de agua con lejía para dejar el costal recién adquirido toda la noche en remojo, a fin de que la dureza del saco se redujera y no causara más estragos de los normales en mi blanca e inexperta cerviz. No sé la razón por la que me fuí hasta ese momento de mi vida cuando, ajeno a responsabilidades, preparaba todo lo necesario para disfrutar de mis ensayos y mis amigos, de mis cofradías y mi tiempo libre, en esas noches en las que mi hermano y yo cambiábamos los libros por los "Momentos Cofrades" antes de ir a la cochera en la que se guardaba la parihuela de san Agustín. Es curioso como el sentido del olfato tiene este gran poder de trasladarnos en el tiempo, llevarnos a lugares de gratos recuerdos, acompañarnos de esos amigos que el tiempo apartó de nuestro lado y permitirnos observar, en la distancia, la evolución de nuestra hermandad y nuestra vida.

Es curioso, como digo, que un gesto tan simple como es percibir un determinado aroma es capaz de desatar en nuestro interior tantísimas cosas que, además, son comunes a todos nosotros porque seguro que todos hemos vivido algo así alguna vez...¿La vida huele?...ayer fue la lejía y la tela, mañana serán las castañas de san Antón, o las flores de tu barrio; otro día puede ser el armario de tu casa o la colonia de una mujer, los que me lleven a un pasado que me servirá, a buen seguro, para vivir el presente con emotiva ilusión y eso es, sencillamente y a mi humilde entender, algo grandioso.

Queridos amigos...¿la vida huele?...yo creo que sí...

Fuente fotografía: mavalle09.blogspot.com

2 comentarios:

guardabrisas dijo...

yeNo se si la vida huele concretamente, pero lo que sí que lo hace son los recuerdos. La memoria se vuelve selectiva también, con aquellos olores que en algún momento de nuestras vidas quedaron marcados precisamente por eso, por olores concretos.

Calopea dijo...

Cada vez que beso la cabeza de mi peque, me recuerda ese olor particular que tenía mi padre, tu tío, y eso me traslada aún pasado lleno de buenos recuerdos. Para mi, SI, la vida huele.

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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