lunes, 17 de septiembre de 2012

Cartas...

 
Cuando las recibimos, siempre consiguen que nuestra mente se relaje al concentrarse en las sucesivas palabras que le van dando sentido a la misiva; no importa si son cartas de algún familiar que se encuentre lejos de nosotros, y que con ellas nos pone al día de lo que acontece en el seno de nuestra familia, consiguiendo que sonriamos al pensar en los hechos relatados, o si se trata de la carta que un amigo nos sólo por el hecho de contarnos cómo le va o para que compartamos con él los momentos de nuestro día a día; no importa si es alguien especial el que nos escribe, mejor si no es para contestar a nuestras cartas, sino porque ella nos escriba, lo que nos hace meditar acerca de la importancia que tenemos para ella, y que nos hace sentir por dentro esa extraña sensación de alegría y nerviosismo ante lo que tenga que decirnos...

Las cartas tienen la capacidad de hacernos sentir muchas cosas al recibirlas, según sean las cosas que nos quiera mostrar el que las suscribe, y pueden llegar a ser tan especiales que las guardemos siempre como recuerdo de lo que un día fue. Todos tenemos, segur que sí, alguna caja vieja de zapatos en la que guardar ese pedazo de nuestra historia que, paciente, espera a que lleguemos a ella para volver a vivir lo que viviéramos; todos hemos llegado alguna vez a emocionarnos al volver a releer algunas de las cartas que escribiéramos, sólo por el hecho de recordar al destinatario, si es que se alejó de nuestras vidas hace tiempo; todos le hemos escrito cartas a amores imposibles, poniendo en el papel blanco los verdaderos sentimientos que nuestra timidez ocultaba y que quedaron prisioneros en el sobre con membrete que nunca se envió...todos esperamos recibirlas, todos las hemos escrito alguna vez, y entre la colección de cartas que guardamos celosamente, siempre tenemos alguna favorita...yo he tenido la suerte de escribir muchas; algunas me gustaron más, otra menos, algunas no cumplieron fielmente su cometido, otras lo hicieron de sobra, pero todas me sirvieron para hacer llegar una parte de mí mismo a ciertas personas a las que necesitaba tener cerca y, por motivos distintos, no lo estaban.  Desgraciadamente, he escrito muchas más cartas de las que he recibido pero, aun siendo pocas, resultaron ser las recibidas las que más me llenaron, de tal forma que seguí escribiendo cartas a pesar de no ser, en muchas ocasiones, correspondido.

Quizá lo más hermoso de poder escribir cartas es, a mi modo de ver, imaginar la cara que tendrá la persona que la reciba en ese momento de coger el sobre y entregarse a la lectura. Sólo por ese momento de felicidad, de curiosidad, de emoción que desata en el interior de una persona algo tan simple como recibir una carta, merece la pena seguir escribiéndolas, para que los míos sigan sintiendo tantas cosas...por eso, esta carta se está escribiendo hoy, para que llegue a una persona que, seguramente, no podrá leerla hasta dentro de unas días, cuando llegue a su casa y encienda el ordenador. Esta carta es hoy un mensaje de esperanza a través del verde fondo de esta ventana, para hacerle saber que no está sóla, y que pronto pasará este mal momento...esta carta sirve de ánimo, de alegría, de ilusión, de vida y, como he dicho antes de Esperanza, pero sobre todo, sirve para que esa persona, cuando pueda leerla, sepa que hoy yo me estoy acordando de ella...
 

viernes, 14 de septiembre de 2012

Luna de miel...

Por fin, la última parte de nuestra luna de miel, nos llevó a Venecia...dejamos esta ciudad para el final porque teníamos muchas referencias suyas y queríamos permanecer en ella más tiempo; sabíamos que nos iba a gustar porque son varias las personas que ya habían viajado hasta Venecia, y cada una de ellas traía perspectivas diferentes de la misma. Dos cosas teníamos claras, había que recorrerla de noche, y debíamos hacerlo sin prisa.
 
La magia de la ciudad y la cámara de fotos hicieron el resto, espero que os guste el resultado fotográfico de esta atípica ciudad que colmó todas nuestras expectativas...
 
 
El Gran Canal, impresionante desde cualquier ángulo de la ciudad, tal es el bullicio que presenta, ya que es la arteria principal de la misma. Une todos sus puntos, y por él navegan a diario vaporettos, góndolas y taxis, junto con las barcas privadas y las que se encargan a otras funciones, tales como ambulancias, barquazas dedicadas a recoger el cascajo de las obras, etc...eso sí, si os vais a subir a una góndola (que es necesario) hacedlo lejos de él, ya que resulta más impactante hacerlo en los recorridos que existen dentro de los muros de Venecia junto a sus íntimos canales. 
 
 
Tranquilidad de un canal a media tarde. La luz de sol que se esconde tras los edificios y el reflejo de los mismos sobre el agua quieta invitan a la calma, cosa que se enecuentra en cualquier sitio alejado de los canales colindantes con los principales puntos de Venecia, esto es, San Marcos y Rialto, cuya proximidad será delatada por el murmullo de los miles de turistas que recorremos la ciudad en cualquier instante.
 
 
Un restaurante...en Venecia hay numerosos restaurantes, pero éste nos gustó más que otros; en primer lugar porque la camarera lo hacía todo cantando, en segundo lugar, porque sólo hay cuatro mesas en su interior y, en tercer lugar, por la calidad de su especialidad...spaghettis; no sé si estaban realmente así de buenos, o es que a nosotros nos supieron a gloria por ser los últimos que comimos en Italia...
 
 
 Entre los canales, encontramos también tierra firme, sobre todo en los accesos a las casas. El pozo que hay en medio, ahora un mecetero, era el que antiguamente abastecía de agua a las viviendas que lo compartían, y que hoy día suele ser un vestigio de otros tiempos. No obstante, en lugares apartados, todavía siguen haciendo su función.
 
 
El puente de Rialto de noche...Venecia de noche tiene un encanto especial más que recomendable, aunque en algunas ocasiones, sobre todo en la oscuridad de los canales, el golpear de las barcas contra los muros de las casas nos hagan dar un salto al sorprendernos; más que recomendable, recorrer Venecia al amparo de la noche es una obligación...
 
seguiremos paseando por Venecia!!...

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Para cuidarnos...

Siempre me han llamado la atención sus manos...no sé la razón exacta, pero las manos me parece que están dotadas de un extraño poder. Más allá de la belleza que puedan tener, dependiendo de la calidad artística directamente proporcional al talento de su hacedor, las manos esconden un lenguaje interno que me hace siempre pararme a meditar...¿cómo serían las manos de María?...¿pequeñas y regordetas con hoyuelos en el inicio de los dedos, casi como los de una niña? ¿delgadas y estilizadas como las de una señorita de alta alcurnia? ¿o fuertes y recias como las de cualquier mujer que se pelea a diario con la vida?...en cada mujer que pasa cerca mía, me fijo en como sus manos acompañan a su rostro, a su forma de hablar, y la mayoría de ellas las usan para hacerse entender allí donde las palabras dejan de tener utilidad...seguro que casi ninguno se ha parado a pensar en ellas y, sin embargo, por ellas pasa prácticamente todo...
 
 
Sí,... Por ellas pasa todo a cada hora, por ellas discurre el río en que las aguas se calman cuando la vida desata tempestades, puestas sobre nuestras cabezas cuando el llanto nos desborda, y acabamos rendidos, cabizbajos, sobre el regazo de nuestra propia tristeza.  Por ellas fluye la vida a cada instante, en forma de pequeños con sus risas, y la muerte detiene sus desaires, que para morirse, ay Dios, no existe prisa. A ellas recurrimos siempre y todos, aunque  a veces no queramos reconocer su intercesión; en ellas se pierden en la noche de los tiempos, las inquietudes y vanidades de los que fueron, alguna vez, paisanos nuestros. A ellas clamo cuando preciso ayuda, a ellas apunta mi búsqueda inconstante, en ellas juego a ser niño otra vez y, en adelante, ellas van rigiendo mi destino; en ellas empieza todo al despertarme, en ellas tienen fin tantos caminos...
 
 
 En ellas vive la Esperanza de los hombres, que pasan por sus dedos sun anhelos, igual da que sea un décimo de lotería, que la fotografía de un ser querido que anda enfermo; en ellas estamos seguros, a ellas nos aferramos para no caernos; Sobre ellas se sostiene cada día, el mundo en el que vivimos, ellas pasan las hojas del cuaderno en el que se escribe nuestra vida y su destino. Ellas saben que precisamos sus mercedes, ellas intentan dar lo que pedimos. Por ellas sufre el corazón que las extraña, ávido de consuelo y de sosiego, desde cualquier rincón de su realeza; en ellas piensa la mente nunca quieta, cuando los problemas asaltan nuestros sueños.
 
En ellas descansa el fatigado, cuando acude a desahogarse de sus penas, de ellas precisamos los abrazos...¿no?...cuando levanto la vista, y antes que la cara de mi Virgen me encuentro con sus manos, siempre pienso, menos mal que Tú las usas..."pá" cuidarnos...
 

lunes, 10 de septiembre de 2012

Ya estás protegida...

¡Qué afortunada eres!, amor mío; apenas llevas veinticinco semanas en el vientre de tu madre y ya eres la persona por la que más ojos velan día y noche. Desde la primera noticia de que ibas a existir, las manos de tus abuelas se transformaron en verdaderas industrias textiles para que no te falte de nada la próxima Navidad, en la que me llegará el mejor regalo que hayan podido hacerme nunca, y gracias a ello ya inundan la casa juegos de botines, gorros y rebecas, telas para faldones, y un sinfín de ropitas que habrán de cubrir tu cuerpecito el día que tengas a bien iluminar nuestras vidas con tu presencia. El frío de Granada no va a hacer mella en tí porque, como te digo, ya tienes suficientes "capas" que te protejan de las inclemencias meteorológicas propias de la estación en que vendrás al mundo, así que no tendrás porqué precuparte.

Tus tíos, además, no hay día que no nos llamen para entregarnos un regalo para tí ya que también te has convertido en la locura de mis hermanos, así como de la de tu madre, y sus primos aprovechan cualquier momento para hacernos saber lo felices que les hace la noticia, por lo que es mucha la familia que ya cuida de tí, haciendo cábalas acerca de cómo te repartiremos cuando tengamos que ausentarnos tu madre o yo, por cualquier circunstancia, y no sabes la tranquilidad que da saber que siempre tendrás, a partir de ya mismo, una cama en la que dormir cuando no puedas hacerlo en tu cuna.

Todavía no estás aquí, y ya nuestra vida ha cambiado radicalmente; cambios físicos, algún día verás lo "gordita" que está tu madre; cambios en la casa, que está siendo renovada de cabo a rabo para que pueda entrar el armario donde irá toda la ropa que te he dicho antes, así como la cuna, el cochecito (cuya elección nos está volviendo un poco locos); cambios en los proyectos ya fijados, y en los que tenemos preparados fijar contigo, cuando puedas participar de ellos...cambios en mí mismo, y en tu madre, que pasaremos de ser un matrimonio joven sin más preocupaciones que las propias de la rutina, con plena libertad de horarios y movimientos, para ser unos padres de familia que habrán de cuidar de que a tí no te roce ni el aire, como me escribió un amigo, y eso a veces nos preocupa, ya que no tienes manual de instrucciones...

Además de toda la familia, querida hija, tienes a tu servicio una legión de amigos de tus padres que son tus tíos también, por derecho propio, y porque así lo quieren ellos y nosotros, que no paran de llamar y preguntar cómo va todo y de decirnos que están deseando verte ya, sabedores de que su alegría es nuestra alegría, y de que lo que nosotros sentimos por tí, lo sienten ellos también, lo han sentido o lo sentirán muy pronto, aumentando así esta gran familia que formamos todos...eres afortunada, no sólo por ser "terrateniente", ya que dispondrás de casas que llamarás tuyas en Sevilla, Alhendín, Almuñécar, Armilla y Afán de Ribera; en Frailes y Alminares, sino porque gracias a los dueños de esas casas, tu también estás protegida. Para muestra, el botón de un regalo que llegó el sábado desde la misma Carretera de Carmona, con un "toto" rosa que, en Granada, el toto es un lazo para el pelo y, grabado en el plateado metal, un nombre con una cara en relieve que a tu madre y a mí nos hizo casi derramar lágrimas de la emoción...con ese regalo, hija mía, merced al amor que tus tíos te tienen, nunca te encontrarás sola...
 

Gracias, Delfín y Desi, por acercar a nuestra hija a la Esperanza...
 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Hospitales...


Son esos edificios, impresionantes moles blancas (las más veces) extramuros de la ciudad, en los que, sobre todo, abunda la incertidumbre. Cuando pones los pies en un hospital, ya sea por la puerta de consultas o la de urgencias, lo primero que te asalta es un ataque atroz contra tu olfato en forma de la aséptica lejía, que te aletarga el ánimo casi al mismo tiempo en que avanzas por los pasillos buscando intranquilo y sofocado los números de las habitaciones. A derecha e izquierda, camas ocupadas, a medio hacer o en movimiento, se asoman a tus ojos como una blanca ventana a esa incertidumbre que se ha bajado contigo del coche y te acompaña casi desde el primer momento en que recibes la noticia, y los ojos se llenan del blanco de las paredes, de las sábanas, de las batas de los enfermeros hasta el punto de que todo sabe a blanco, todo huele a blanco aunque tu mente, acelerado el corazón por la incertidumbre, no llega a quedarse así, ocupada en la rocambolesca amalgama de posibilidades que la embargan. Menos mal que entre el color inmaculado siempre aparece el verde de las letras, o de las batas de los médicos, recordándote que en los hospitales, tranquilo hombre que no pasa nada, también hay Esperanza.

Creo que a nadie le gusta un hospital, incluso a los que hacen de ellos su lugar de trabajo, porque casi siempre los momentos que vivimos en su interior son desagradables y nuestros recuerdos entre sus paredes intentamos olvidarlos, ya que nos hablan de dolor, de sufrimiento y, por desgracia, también de muerte. Siempre, cuando he pasado por los aledaños de un hospital, me he fijado en las letras que coronan su estructura y he contado las luces encencidas que, durante la noche, aparecen dibujadas en la negrura de la fachada, y siempre he pensado lo mismo...en cada punto de luz, siempre hay gente sufriendo. Bien es cierto que entramos para curarnos, y casi siempre lo conseguimos, pero hay que ver la de duquelas que se pasan en el tiempo que separa la entrada de la salida, y la de lágrimas que se derraman por los pasillos de los hospitales por todos esos seres queridos de los que habitan esas habitaciones...ay, quién pudiera firmar un contrato en el que nos aseguraran que no íbamos a entrar en un quirófano, que no íbamos a ocupar una cama, y que no íbamos a tener que sentir en nuestras carnes la velocidad de una ambulancia; pero por desgracia, no hay patrón que haga ese tipo de empleados, salvo en casos esporádicos de seres privilegiados.

Es inevitable levantarse preocupados cuando alguien de los nuestros acude a un preoperatorio aunque sea para algo que sabemos que va a salir bien, como también es normal que la incertidumbre nos recuerde que nunca sabemos que va a pasar y que, incluso, lo lógico es tenerle respeto a todo esto. Es inevitable tocarse en lo más hondo del corazón y ocultar tus preocupaciones, para que el sufridor no ahonde en las suyas, y es inevitable llamar a la puerta de la Esperanza, antes que a la del llanto. Como es inevitable, como sé que habrá muchos que hoy estén sentados en un hospital, esperando ser operados, convalecientes, o acompañando simplemente a los suyos, me he querido asomar a mi ventana para recordarles que no están solos, y que en los hospitales vienen al mundo, también todos los días, las criaturas más maravillosas de la tierra...


miércoles, 5 de septiembre de 2012

Calles...

Cuando, alumnos de la cátedra del romanticismo más a flor de piel, nos decidamos a empaparnos de ciudad, siempre nos quedarán tus calles...

Cuando, hartos de oscuridad de apartamentos, de solitarias esquinas de bulevares y luces amarillas sobre las aceras busquemos la soledad de tu historia, siempre nos quedarán tus calles...

Cuando, huérfanos de paz y de sosiego, queramos huir de los muros de nuestras oficinas para abandonarnos en la tranquilidad de un río que discurre entre conventos, siempre nos quedarán tus calles...


Cuando, disfrazados de poetas y escritores, ansíemos la musa que tu nombre esconde para que la encuentre el que sólo sepa buscarla, siempre nos quedarán tus calles...


Y cuando, al fin, deseemos mostrar al mundo la razón de tanto orgullo, el motivo por el que el brillo se asoma a los ojos cuando hablamos de tí, la causa de la fluidez de palabras ante tu sóla presencia, por supuesto, siempre nos quedarán tus calles...

Tus calles, para cuando la vida nos castiga con la distancia...

lunes, 3 de septiembre de 2012

Septiembre


Se marchó Agosto, ese mes del año que tan poco me gusta por multiplicarse el trabajo y las exigencias, al mismo tiempo que merman la educación y la paciencia, mientras la costa se llena de alguna gente que, las más veces, sólo la entienden para desatar sus instintos sin pararse a pensar en las consecuencias...de agosto me gusta su final, que empieza a llegar con el veinticinco de san Luis, día que ocupa a mi familia desde hace tres generaciones en desearnos felicidades mutuamente desde el vidrio empañado de la nostalgia, y con ese final empieza a renovarse mi vida, no sólo por la proximidad de las merecidas vacaciones, sino porque con Septiembre llegan algunas de las cosas más bonitas del año. En Septiembre disminuye el calor, por lo que podemos dedicar tiempo a pensar con más tranquilidad a los que nos dedicamos a ello con frecuencia; se alejan los tediosos días de olas de calor y altísimas temperaturas, y se acerca, poco a poco, el otoño que tanto me gusta. En Septiembre vuelve a recorrer las calles la patrona de Granada, se vuelve a repetir la historia de acerolas, tortas de cabello de ángel y azúcar, de promesas hacia la Virgen en forma de caminata desde el extrarradio o la periferia más cercana a la ciudad, y la basílica recoge sus bancos para que lo único que se siente en su interior sean las miles de oraciones que los granadinos le dedicamos a las Angustias. En Septiembre mi padre cumple años (felicidades papá), Granada está increíblemente bella, Los Cármenes abren sus puertas nuevamente y el optimismo se asoma por los resquicios de esta Ventana que vuelve, una vez más, cuando el mes comienza su andadura, como vuelve a inundar la Vega el aroma a nardos que tanto me evoca. 

Es Septiembre, y las ilusiones se amontonan en éste que os escribe cuando sólo faltan tres meses para tener a mi hija, D.m, en mis brazos, que casi prefiero no hablar de ello por si me alargo en exceso. Que disfruteis de este mes, renovadas las pilas tras el período vacacional, el que lo haya tenido, y el que no que se consuele sabiendo que todo empieza de nuevo a renacer, ahora que el verano está a punto de expirar, dejándonos en su final un abanico de nuevas perspectivas...

ay, Septiembre, qué ganas tenía de que llegaras...

fuente fotografía: www.bibliofiloenmascarado.com

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

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