miércoles, 27 de junio de 2012

La espera

En la vida de todo ser humano está presente la espera...siempre esperamos algo; esperamos al fin de semana para estar con los nuestros, esperamos a fin de mes para cobrar (los que tenemos la suerte de poder hacerlo) el sueldo que nos permita mantener a nuestra familia y esperamos las vacaciones para descansar (si no eres autónomo) y olvidarte un poco del ajetreo que constituye nuestra existencia. Quizá, en el mayor de los casos, necesitemos esa espera transformándola en ilusión para seguir tirando con nuestras cosas ahora que todo parece estar en contra nuestra y disfrazamos el día a día con las cosas que tienen verdadera importancia; así, pensamos en el futuro esperando que algo cambie y nos traiga un trabajo, un trabajo más cerca a los que estamos distanciados, una casa propia que podamos poner a nuestro gusto, un poco de tiempo libre, algún viaje,...cualquier cosa que nos haga evadirnos un momento de la que está cayendo a nuestro alrededor en este mundo de tiendas vacías, familias en paro y ya casi de remiendos en los pantalones (como antaño). En nuestra espera, buscamos nuestra canción favorita, ésa que siempre nos hace sonreir, para llevarnos a la época en la que la escuchábamos revestidos de ilusión y de ausencia de responsabilidades, cuando nuestra mayor diatriba era elegir la carrera o qué camisa nos íbamos a planchar para salir con la niña que nos gustaba; nos sentamos en nuestro sofá, en el sillón, frente a la tele, y centramos la mirada en todas partes y en ninguna en concreto, para apreciar mejor el instante y sentirnos relajados y contentos, por lo menos durante el tiempo que dure la "pista" en el equipo de música, o la película de la que siempre recordamos las escenas y los diálogos nos los sabemos casi de memoria.

A lo mejor esa espera lleva implícito, seguro que sí, algo de nostalgia por aquéllo que dejamos atrás, pero eso siempre enriquece y nos da más viatlidad para afrontar lo venidero, al menos, con una gran sonrisa en los labios, ya que lo bueno del futuro es que está por venir, y no sabemos lo que nos va a deparar. Siempre se es joven, bien física o emocionalmente, así que nuestro cerebro urde, casi continuamente, planes para hacer más corta la espera, y nos afanamos en planearlo todo bien aunque luego lo que mejor sale es lo que hacemos a la ligera sin tanta preparación. Precisamente esos preparativos son los que nos hacen más liviana la espera, nos acortan los días, como cuando hacemos las maletas para irnos de viaje, o cuando planchamos los costales para sacar a la calle a nuestras devociones, y son los que hacen que durante ese corto, a veces, espacio de tiempo el optimismo nos invada, queriendo ser felices a toda costa y disfrutar de lo que está por llegar.

Yo no suelo ser agorero, por lo que miro al futuro con optimismo ya que la vida es demasiado hermosa para ir por ella con penas, aunque sea muy dura, y creo que nos merecemos ser felices precisamente por todo lo que estamos pasando. Como veis, hoy he cambiado el negro por el blanco, el vaso medio lleno por el medio vacío, y he decidido que no voy a sufrir por cosas que no tienen remedio y que voy a sacarle el poco jugo que tengan para saborearlo...cuando salga de trabajar me iré un ratito a la playa, a refrescar el cuerpo y la mente, y luego esperaré a que mi mujer llegue a casa y disfrutaré de ella durante las próximas horas, que es para lo que hemos venido a la tierra, disfrutar de las cosas que tenemos y no para estar infeliz queriendo tener lo que no se puede.

Como dice Bunbury: "pronto llegará el día de mi suerte, sé que antes de mi muerte seguro que mi suerte cambiará...¿pero cuándo será"...por eso, como no lo sabemos, hay que seguir con la espera... 

jueves, 21 de junio de 2012

Feliz verano


Era una persona normal, o por lo menos se había considerado como tal desde que tuviera uso de razón, hijo de personas normales, hermano de personas normales, que no habían hecho gran cosa en sus vidas aparte de ser sus padres y hermanos, si es que eso puede considerarse como algo poco importante. Desde pequeño, en su infancia en el colegio de religiosas, su carácter se fue forjando algo distraído, y su melodiosa voz, casi hipnótica, había conseguido engatusar a todas y cada una de sus profesoras, desde párbulos a COU, consiguiendo ser esa persona que no pasa desapercibida pero que tampoco llega a destacar, transcurriendo sus estudios entre notas mediocres y bastantes desamores estudiantiles en los meses que duraba el curso, porque en las vacaciones siempre regresaba.

Las vacaciones eran otra cosa, tradicional y metódica, repetitiva incluso, siendo cada una un calco de la anterior y ésta un adelanto de la próxima...Misa del Gallo en la parroquia en donde fue bautizado, al igual que sus padres y abuelos, Cabalgata de Reyes y posterior regalo junto a la chimenea de la casa, y un pedazo de roscón frío con café bien calentito, en la víspera de volver al internado de la capital. La Semana Santa pasaba por la procesión de Palmas en la misma parroquia en la que celebró la Misa del Gallo, y por el Viernes Santo junto a la Virgen de los Dolores que llevaba en la mano el rosario que perteneciera a su abuela, y que tanto la recordaba a ella, pero las mejores vacaciones eran, sin duda, las de verano...

En verano todo era diferente, se acababan las clases y, tras el primer roce con su padre por las notas obtenidas, llegaban los planes con los amigos y los baños en la playa, cuyos colores le llevaban a los momentos de su infancia, cuando su abuelo lo llevaba de pesca en la desvencijada barquichuela que de tantos años había perdido el color pero seguía surcando los mares casi con elegancia de navío. El verano olía a álamos, a los que acudían en panda a disfrutar del fresquito en la vega de la ciudad, antes de viajar hacia el mar, refugio de sus pensamientos. El verano le permitía sentirse libre, a "lomos" de la BH que había sido de sus primos, en cuya cadena no podían engancharse los pantalones ya que éstos eran cortos y, además, los estrenaba. El verano le sabía a los helados de la heladería del paseo, y a las tapas del bar de Sancho, que siempre le regalaba un dulce cuando pasaba por la puerta; el verano le recordaba a Elisa, a Lourdes y a Susana, y a lo que nunca llegó a conseguir más por falta de valor y una buena dosis de timidez que por un verdadero rechazo por parte de ellas, aunque ahora poco le importaba; el verano medía la distancia entre la ciudad y su rutina, y lo más cercano al paraíso que a él se le antojaba en forma de olas golpeando sobre los acantilados...el verano...pero el tiempo pasa, y el muchacho se descubrió un día inmerso en el invierno más duro que nunca hubiese llegado a vivir; un permanente invierno de soledad, de trabajo y de desvelos, que le había obligado a alejarse de esa playa durante demasiados años, de tal manera que cuando pudo regresar lo hizo completamente cambiado; sin  fuerzas, cabizbajo y taciturno, su vida se presentaba ante sus ojos a cada destello del sol sobre la inmesidad salada. Ya las cosas no eran lo mismo que cuando disfrutaba de su playa, su mujer no estaba con él para poder contarle las mismas historias de siempre con las que ella seguía sonriendo a pesar de las veces que las había escuchado; sus hijos buscaban otros lugares de descanso para adaptarse a las necesidades de sus nietos, y la vieja casa ya sólo la visitaba él, aunque no dormía nunca en ella. Aun así, necesitaba volver de vez en cuando y adentrarse en ese mar en el que su madre le enseñara a nadar algún día de verano y, al rozar sus pies la arena, al notar en ellos el frescor del suave oleaje, volvía a tener diez años y a sentirse en paz consigo mismo...

Feliz verano...

Fuente fotografía: Petaqui

martes, 19 de junio de 2012

Fotografías...


Cuentan historias; hablan de nosotros, de las cosas que hacemos, los lugares que visitamos, las personas que nos rodean, de las que nos rodearon y de las que ni siquiera llegamos a conocer pero se mantienen vivas gracias a ellas y a la de palabras que surgen por minuto cuando las miran quiénes sí los tuvieron a su lado. No importa la cámara que las realizara, la calidad de las mismas o lo fugaz de lo retratado, todo lo que suscitan al desplegar su aroma a papel de foto antiguo es mucho más importante que los detalles técnicos de la instantánea, aunque éso sea lo que precisamente busque el fotógrafo. Nosotros, lejos de esos detalles, nos centramos al mirarlas en las casas que rodeaban a la nuestra, o mejor dicho, las que no la rodeaban, cuando el barrio lo componían diez o doce y todos los habitantes se conocían entre sí. Por ellas pasan edificios que no están, ríos que discurrieron descubiertos y puentes sobre ellos de los que sólo quedan los nombres de las calles; colores blanquinegros que nos hablan de cómo era nuestra ciudad, de la gente que la habitaba, mientras que las ropas y los coches reflejados en la estampa nos hablan, en cambio, de los años que sostenemos entre los dedos al contemplar la foto de turno...jinetes a caballo, "vespas", orlas de parvulario, "primeras comuniones", algún que otro libro de estudios de la época compartiendo bolsa con ellas, personas, personas, y más personas...para los que no tuvimos la suerte de conocerlas, porque el destino quiso que nos dejaran antes incluso de que nuestros padres se casaran, sacar un viejo álbum o una bolsa de tela ennegrecida por las yemas de los dedos, es un vehículo directo a momentos que se quedaron retenidos y que afloran entre las manos emocionadas de mi padre, por ejemplo, cuando observa cómo ha cambiado su vida, desde el instante impreso en el papel a ésta época que nos ha tocado vivir, mientras que bromeamos con mi madre acerca de las "poses" de foto que el fotógrafo le obligaba a adoptar con tal que se viera el monumento de tal o cual ciudad, a la par que la distancia los lleva lejos, a su viaje de novios, y las miradas de complicidad se suceden casi al momento y sin apenas darse cuenta.

Puede que a muchos no les guste como a mí sacar las fotos de su gente, puede que no les fascine como a mí, no tengan la suerte de disponer de tanto material, o no disfruten de un domingo por la tarde ordenándolas junto a sus padres. Para mí, puede que esos sean algunos de los mejores momentos junto a ellos y procuro disfrurarlos intensamente, por ejemplo para colorcar sobre el tapete algunas de ellas y volver a inmortalizar con mi cámara los ya fotografiados moomentos, ya que algún día, esperemos que muy lejano, sólo las tendré a ellas (las fotos) para poder volverlos a ver... 

sábado, 16 de junio de 2012

16 de Junio...


¿te acuerdas?...han pasado los años, pero podríamos decir que todo sigue igual, por lo menos entre nosotros, que seguimos acudiendo a las cosas del otro cuando la situación lo requiere. Muchas cosas han pasado desde que se hiciera esta fotografía un veintiseis de Septiembre de dos mil nueve, y mucho más desde ese mil novecientos y pico en que empezáramos a compartirlas y lo único que teníamos claro tú y yo es que a los dos nos gustaban los pasos, las mujeres morenas y que ambos estaríamos, sí o sí, en la boda del otro.

Hoy no han cambiado muchas cosas, los dos seguimos con la mujer de la que nos enamoramos, los dos seguimos riendo con las mismas cosas, seguimos quedando con los mismos de siempre, y mantenemos intactas nuestras esperanzas aunque tengamos nuevas ilusiones. Entre las mías, una criatura que vendrá al mundo en Navidad, y el día de hoy, sábado dieciseis de Junio de dos mil doce (un poco más y coincide con el día en que Ella fue a Roma), en que acudiré a tu boda, cómo no, en ese joyero en el que se siguen procuciendo los momentos importantes de nuestras vidas bajo la atenta mirada de nuestra Madre, Ella que nos unió hace tiempo, permite que sigamos juntos después tantos años y que hayamos podido vivir juntos tantísimas y variopintas situaciones.

Como te dije en cierta "igualá", hoy es vuestro día; bueno, hoy es el día de Marisa (ya que los novios somos meras comparsas en las bodas), así que no dejes de disfrutar intensamente cada uno de los momentos que vas a vivir hoy; disfruta de tu madre, la madrina del enlace, que acudirá más nerviosa que tú y tendrás que calmarla muchas veces; disfruta de tu padre, que hoy se volverá a sentir orgulloso (y que estará contento por perderte de vista,...es broma), disfruta de tu novia, dentro de poco esposa, y atiende al momento en que entre por la puerta de la iglesia, ya que te puedo asegurar que ten van a temblar hasta las pestañas y que, ya me lo contarás mañana, te vas a volver a enamorar de ella, no en vano han soñado con este día desde el primero de su existencia, y acude más que preparadas a la cita. Disfruta de tu familia, tus hermanas van a ser las mujeres más felices del mundo, disfruta de tus amigos, que estaremos contigo una vez más y, sobre todo, disfruta de tí mismo, porque hoy, Manué, es el día de tu boda...

Un abrazo

jueves, 14 de junio de 2012

Lo más importante...


La Semana Santa es un mundo fascinante. Un mundo de esos en el que lo sentimental y lo trascendental, lo mínimo y lo máximo, están tan distantes como la arpillera lo está de su trabajadera y, sin embargo, lo disfrazamos alejándonos de todo lo que debería significar para nosotros esto que hacemos una vez al año, al menos, cuando nuestra hermandad se convierte en cofradía.

Todos hemos pensado, seguro que alguna vez, que la nuestra es la mejor. Indudablemente lo es para nosotros, pero seguro que los demás piensan que la mejor es la suya porque así nos hemos educado, avanzando en este mundo por los caminos de la envidia y de la lucha, ¿no?...poneos a pensar cuántas veces hemos visto un palio y hemos pensado, "¡puf! ¡vaya "levantá"!, pues nosotros levantamos"...cuántas veces sólo vamos a ver los desfiles procesionales para comparar lo suyo con lo nuestro. Cuántas veces un altar de cultos se ha convertido en una "guerra" de priostes y cuántas ésto no afecta a las relaciones entre las propias hermandades. Si esto ocurre a estos niveles, traslademos el problema a las cuadrillas de costaleros que es lo que yo vivo más de cerca y comprobaremos que todo viene a ser igual. Nos acusamos unos a otros de llevar la ropa de tal o cual forma, de ser "pinturero" o "purista", con pantalones "remangaos" o no, y muchas veces incluso tildamos a una cuadrilla de chula o esperpéntica sólo por la forma de llevar los costales que, curiosamente y para los detractores, son blancos, pero luego hay otras hermandades que los llevan igual aunque sean negros,...y sálvese quién pueda. Pero no sólo las modas de las ropas son los motivos de disputa entre unas y otras, ya que se cuentan las acciones de una persona sacándolas del contexto en que se realizaron y sin saber de qué va la historia, ensalzando a una y sepultando a otra, incluso después de que la situación entre esas perosnas (las verdaderas implicadas) se haya resuelto, o no, satisfactoriamente, y así hablamos de unos y otros al amparo de las barras de bar, de las copas de más y de la falta de todo, hasta llegar el punto de que, sin conocerse, ya se miran mal unos a otros, o lo que es peor, luego se abrazan como si fueran amigos del alma, eso por no hablar del desprecio que existe hacia cuadrillas de la ciudad sólo por el hecho de hacer las cosas como a ellos les gustan y alejándose de los cánones preestablecidos, aunque luego todos vamos a imitarlas, y no llegamos a entrar en el seno de las mismas por la fama que las precede cuando, en la mayoría de los casos, nos sorprenderíamos de lo que allí dentro se vive y que nos perdemos por los prejuicios que genera el desconocimiento (recuerdo, verbigracia, que cuando se implantó el costal en Granada, poco más que los que adoptaron esa forma para llevar sus pasos eran unos "chulos" y no eran granadinos, y mire usted por dónde van los tiros hoy en día).

El otro día, un amigo y yo dialogábamos acerca de esto, y de como hay "corrillos" dentro de la Semana Santa que nunca llegarán a entenderse cuando ambos luchan por lo mismo y se dejan a un lado lo importante...¿quién se ha parado a pensar en la de veces que otros ojos miraron a nuestros titulares antes que nosotros? ¿quién ha imaginado la de personas que tocaron esos respiraderos, que abrazaron a otros hermanos anteriores después de encerrarse la hermandad, que levantaron ese paso en otras etapas precedentes? ¿quién ha pensado alguna vez en la de nazarenos que antes que nosotros vistieron esa túnica? ¿quién piensa en la de siglos que lleva ahí la imagen que portamos, la de oraciones que le brindaron nuestros antepasados, y que nosotros continuamos? ¿quién piensa en que, al final, sólo Ellos permanecen?...por desgracia, nos seguimos quedando con lo de fuera, con el espectáculo, y nos preocupamos de trivialidades que no son más que cosas pusilánimes ante la verdad del drama que representamos, esto es, somos unos privilegiados por ser católicos en este mundo loco, por ser, además, cofrades y, por último, formar parte de la historia de Granada que se escribe cada año cuando la hermandad sale a la calle y eso, aunque yo no sea el más indicado para hablar de esto, es para mí lo más importante...  

martes, 12 de junio de 2012

Photowalk...


Podríamos decir que un "photowalk" es un paseo en el que se hacen fotos, pero el domingo pasado descubrí que es algo más que eso. Como alternativa al 1-1 de España contra Italia que dejó la ciudad sumida en la más abosluta calma, prácticamente fantasma, me dispuse a acudir a una cita a la que nunca antes me había imaginado que podría asistir. Una actividad de la que me habló mi compañera de trabajo y que ella misma ya había realizado y que resultó ser gratificante.

A muchos nos gusta la fotografía, soñamos con esa foto perfecta que no puedes dejar de mirar y casi todos tenemos el equipo necesario para lanzarnos a la calle y realizar fotos hasta aburrirnos (cosa que no ocurre) y/o aburrir a los demás (que es lo más posible), pero no todos lo hacemos. La mayoría de las veces por falta de tiempo, otras por falta de ganas, e incluso por falta de una meta que te lleve a fotografiar algo determinado, así que en no pocas ocasiones la cámara descansa en su funda y ni siquiera hemos llegado a manejarla, al menos, con soltura. Yo me incluyo en estos casos, si bien siempre que tengo oportunidad me cargo la cámara y el trípode y me dedico a hacer fotos(generalmente en los viajes que he ido haciendo), aunque el domingo aprendí que se pueden hacer fotos de cualquier cosa y que no necesitas tener un monumento delante, o una paradisíaca playa, o a las más guapa de las modelos, ya que en cualquier parte de la ciudad hay fotografías escondidas esperando a que tú las saques a la luz. El domingo, de manos de Felipe Passolas , dí un paseo por Granada que empezó en la Plaza Nueva hacia los bosques de la Alhambra, para bajar por la Cuesta de los Chinos y la Carrera del Darro, en el que hice fotos, aprendí composición, trucos y técnicas, disfruté de la ciudad y aumenté, más si cabe, la tremenda afición que tengo por este mundo de la fotografía heredada, en parte, de mi padre. 

En un ambiente distendido, Felipe nos contó alguna de sus muchas experiencias, nos invitó a hacer fotos de cualquier cosa para que comprendiéramos que la fotografía, a veces, no es sólo una cámara réflex y un buen objetivo, y que con cámaras compactas pueden llegar a hacerse hasta exposiciones, y que hay que animarse a pasear por las ciudades, buscar nuevos ángulos, nuevas perspectivas de los mismos sitios de siempre, subirse a los bancos, ponerse a la altura de los gatos y, sobre todo, disfrutar de todo lo que se desencadena cuando enciendes la cámara y enfocas. Ni que decir tiene que repetiré, que le mandaré mis fotos para que me las corrija, y que desde aquí os animo a acompañarnos en la próxima ocasión, pero mientras tanto, os dejos algunas de las fotos que hice y que podéis ver aquí.

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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