viernes, 27 de enero de 2012

¡Qué suerte!...

¡Qué suerte ser de tí!...encontrarme cada mañana de Domingo, al abrir el balcón que ha protegido durante la noche los sueños de la mujer que amo, la blanca mole de siglos de historia, de inviernos blancos y veranos senderistas. Qué suerte, coger la autovía cada mañana de Lunes o Miércoles y perderme en el horizonte que tú marcas, solemne y señorial, como la ciudad a la que das parte de fama. Qué suerte sentir el frío abrazo que nos ofreces, cuando te dejas caer y sabemos los granadinos que lo que es lluvia en la ciudad es nieve en tus dominios, casi rozando el cielo con la punta del Mulhacén, donde la leyenda dice que descansan los restos del rey moro que le da nombre, y descubrimos al levantar el encapotamiento del cielo que la nieve ha llegado hasta nosotros. Qué suerte que tanta gente te sueñe y te evoque, te necesite y acuda verte, y qué raro se me hace haber subido a Pradollano apenas un par de veces, cosas de este granadino que no es amante del esquí, pero al que le encanta asomarse a un mirador para contemplarte en tu grandeza porque te divisamos desde cualquier punto, y se hace divertido observar como cambias según sea la posición del que te mira.

Qué suerte tener dos visiones diferentes, como digo, cuando subo desde Almuñécar y te asomas desde el sur, enhiesta y desafiante, por encima de todos y cada uno de los "montecillos" aledaños, mientras acompañas mis pensamientos camino de Granada. Es curioso cómo desde Guadix, por ejemplo, contemplan siempre una parte tuya, mientras que nosotros disfrutamos de tu entera plenitud, desde Este a Oeste, sin dejarnos nunca de asombrar cuando te vemos repleta de nieve, y sacando la cámara para inmortalizarte y luego comparar las miles de fotografías que tenemos en las que tú apareces, y los cambios los vamos sufriendo nosotros, ya que tú permaneces siempre joven, Sierra de Granada, a pesar de los años transcurridos, siempre bella, siempre nuestra, siempre eterna...


Puedes presumir de contar con una fauna y una flora que no se encuentran en ninguna parte del mundo, sólo en tus faldas y entre los valles por los que discurren, tranquilas y cristalinas, las aguas de tus ríos, o anegan las lagunas de deshielo cada primavera. Da gusto ser, al menos una vez en la vida, peregrino entre tantísima belleza y disfrutar de tus múltiples caminos, rutas y senderos para poder admirar la inmensidad de tu entorno. El silencio que se palpa, la claridad de tus amaneceres y el frío de tus madrugadas, y ser partícipe de la historia de Granada que te tiene por embajadora.



Así que es de entender que me guste dejarme caer por casa de mi hermano y asomarme a su ventana cualquier tarde, sobre todo cualquier tarde, cuando en un día raso se va despidiendo el sol para teñir de rosa a la dama blanca, dejándonos en su despedida un dulce regusto como a merengue de fresa de la desaparecida confitería de La Campana e intentar, en vano, retratar lo que mis ojos ven, que casi nunca es lo que después plasma la fotografía...





Lo dicho, qué suerte...

2 comentarios:

PEPE LASALA dijo...

Precioso homenaje a una maravillosa Tierra. Enhorabuena amigo, gracias por este deleite. Un fuerte abrazo desde el blog de la Tertulia Cofrade cruz Arbórea. http://tertuliacofradecruzarborea.blogspot.com/

costalero gruñón dijo...

Gracias a tí por visitarme Pepe...un abrazo

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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