martes, 27 de diciembre de 2011

18 de Diciembre...






No hay nada como explicarte al acercarse a tu rostro

lo que se siente por dentro al subir los escalones
que preceden tu semblanza.


No hay como ponerse las galas de los domingos para acudir a Santa Ana

y, en brazos, a nuestro hijo, explicarle los motivos de ir a besarte, Esperanza...



No hay nada, créeme, más vivo,

que la oración musitada
entre dientes, sin palabras,

ante tus ojos serenos;


no hay amor más verdadero,

no hay razón más poderosa,

que la de acudir "in situ"

a comprobar por tí mismo

cómo te ponen de hermosa...


No hay razón que explicar pueda,


al que no entienda los términos,
que una Señora, en su casa,


reúna tantos devotos,

foráneos, gente variada,


las abuelas con sus nietos,


las orgullosas vecinas,


que cuentan al que oirlas quiera


la historia,bien aprendida,


de que su Madre, Esperanza,


es además de su amiga,


la que observa sus quehaceres


y proteje a sus familias,


la que vela por su tierra,


la que cuida de sus niñas,


la que solloza una tarde


de Semana granadina


en pos de su Gran Poder


que en "ná" se lo crucifican...


No hay más Martes en Granada

que el que amanece en Santa Ana;

no hay más placer que mirarte,

no hay verdad más consensuada,

no hay piropo más hermoso

ni canción más afinada;

no hay dulzura más bonita

que la, en tu cara, tallada,

no hay ciudad más orgullosa

que la ciudad de Granada

cuando al caer de la tarde

se abre la puerta cerrada

y salen tus nazarenos

en parejas ordenadas...





No hay Plaza más señorial

que la que espera callada

para estallar en aplausos

cuando salvan la portada

tus hermanos costaleros

con su labor entregada;
ni hay voz que esté más templada,

que la de ese capataz
que, con órdenes pausadas,

quiere separar los muros

para sacarte, Esperanza...


Y no conozco en la tierra

hombres más afortunados

que los que escuchan debajo

los vítores y los ánimos,

mientras paseas por la calle

en tu paso perfumado,

y recoges las preces

de los que esperan mirando

lo bonita que Tú llegas

sin querer estar llegando,

sobre esos hombres de acero

que van, por Tí, trabajando



porque cures sus heridas

porque cuides de sus vástagos,

porque les des, en la vida,

motivos para ir tirando

mientras el palio se mece,

muy cortito y paso a paso,

buscando el aire del Martes

que, sin Tí, no sería santo...



No hay cosa más elocuente

que tu mirada dormida,

no hay nada que más nos guste

que ir contigo de visita,

no hay nada más granadino

que la puerta de tu ermita

abierta de par en par

y Tú dentro, "arreglaíta";



No hay más verde que tu manto,

no hay más manto que este cielo

que nos ampara ahí arriba,

no hay más cielo que tu palio

cuando vas, en Él, mecida,

y no hay más palio, Esperanza,

que el tuyo de recogida...


1 comentario:

monaguillo dijo...

...esos cuatro últimos versos... ¡¡ole tú!!.

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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