viernes, 28 de octubre de 2011

Lluvia...


Ya ha llegado, y con ella el otoño empieza a asentarse, al fin, en la costa granadina que ha visto cómo el verano se ha visto sorprendido, a finales de Octubre, por el temporal que nos vuelve a meter de lleno en la realidad de las fechas en las que estamos. En la foto, la toalla de playa resistiéndose a la despedida de la temporada estival, más larga que nunca, se moja sobre el balcón del piso en el que hasta hace poco se contaban todas las ventanas encendidas, y deambulaban por los balcones los veraneantes en Almuñécar. Hoy hace frío, y la lluvia nos acompaña desde muy temprana hora, cuando el repiquetear de las gotas en los cristales despertaban al que os escribe, teniendo que levantarse a deshoras para cerrar persianas, recoger ropa tendida y volverse a meter en la cama para disfrutrar de la lluvia bajo la colcha de entretiempo.

A mí la lluvia siempre me supo a planes frustrados, aun a pesar de que algunos de mis mejores amigos de la infancia fuesen, y son, agricultores, por lo que veían la metereología desde un prisma diferente al mío, más centrado éste en salir con los amigos, que en el devenir de la cosecha de turno; siempre se me ha agriado el carácter (más de lo habitual), cuando me levantaba un sábado y escuchaba la lluvia golpear contra las uralitas del patio de luces, y me levantaba seguro de que esa mañana no habría fútbol después de ir al supermercado, que esa tarde no saldría del sótano en el que mi padre decoraba la maqueta, y no cabría más posibilidad que la de sentarme en la mesa de camilla, o dedicarme al ocio dentro de casa, pero eso sí, no aprovechaba para estudiar, porque no iba a quedarme en casa todo el día, y encima entregarme a los libros. Además, ya de mayor, la pandilla no salía ante cualquier atisbo de lluvia, por lo que el primer amor debía esperar a la semana siguiente, y en otra semana, la Santa, la querida lluvia me privaba de lo que más espero durante el año. No había bicicletas, ni nada que pudiera llevar consigo ensuciar la ropa o las zapatillas, cuando el astro rey decidía ocultarse tras la tupida "pared" de nubes amenazantes...

Hoy día, afortunadamente, todo lo que hago puede hacerse con lluvia, por lo que ya no afecta tanto a mis planes, si bien lo de la Semana Santa es algo que no ha cambiado, todo lo demás se puede seguir haciendo si llueve, por lo que ya mi estado de ánimo no se altera tanto como antes, aunque me siguen aletargando los días grises, que aprovecho para leer, escuchar música, escribir, estar con mi esposa, a la que tan poco veo durante la semana, tomar palomitas mientras disfruto de una buena película, o sacar la cámara para probar cosas con ella, como es el caso que os pongo hoy, y es que, nos guste o no, la lluvia nunca nos deja indiferentes...

miércoles, 26 de octubre de 2011

Asiento 72: Granada CF 0 - FC Barcelona 1




Por fin podré contarle a mis nietos que yo ví, al menos una vez, al Barça jugar en Los Cármenes; pero no a cualquier Barça, no, nada más y nada menos que al que ganó seis títulos en una temporada, al que paseó su nombre, y el de su región, por los campos de Europa, y al que hace el mejor fútbol que se ha visto en muchos años; yo ví, ayer día veinticinco de Octubre de dos mil once ví, al Barça de Guardiola, Messi, Iniesta, Xavi...pero no podré decirle, en cambio, que el partido fuese vistoso, aunque sí emocionante; que el Granada era inferior, pero el Barça no fue superior, ya que aunque llevara la voz cantante del encuentro, en ningún momento los de Fabri se vieron seriamente amenazados, gracias a que Mainz, los Rico, Siqueira e Íñigo, escoltando a Roberto, hicieron imposibles las acometidas del Barça, que cambió a Xavi por Villa, pero no encontró el gol en Granada, por lo menos, en una de esas jugadas trenzadas que tanto lo han caracterizado.



El Barça ganó, pero no convenció; cosa que sí hizo un equipo local del que ya necesitamos que el buen juego de casa se transforme en victorias, y podamos escalar los puestos de la tabla. Defendió hasta el final, espoleado por una grada que en ocasiones olvidó quién era el equipo de casa, y se limitó a ver el fútbol desplegado por un Barcelona que no encontraba a Messi, que no funcionaba, que estuvo espeso, y que ni siquiera con diez hombres por expulsión de Romero pudo marcar algún gol a un Granada pletórico de moral y de efectividad defensiva. Pero salió la clase, la elegancia del capitán del Barça, la que nos enamoró en el mundial, y de la que esperamos grandes cosas en la eurocopa, sacó de su catálogo de genialidades un lanzamiento perfecto de falta ante el que nada pudo hacer el bravo cancerbero local, que dió al traste con la ilusión del graderío, e hizo que nos quitáramos el sombrero ante su enorme calidad. El barça ganó, pero el Granada ilusionó, nos puso los pelos de punta y nos emocionó antes, durante y después del partido, y esperamos que esto siga así, que disfrutemos como venimos haciendo cada vez que atravesamos las puertas del estadio, y que nos dejemos muchos años la voz animando a los nuestros...gracias Granada, por lo de ayer, por lo de Elche, por lo de siempre, y porque podré contarle a mis nietos que yo ví al Barça en los Cármenes, porque soy socio del Granada.



fuente fotografía web oficial Granada CF

lunes, 24 de octubre de 2011

Asiento 72: Sporting de Gijón 2 - Granada CF 0






No acierto a explicar lo que me invadió el sábado, cuando ví "jugar" a un Granada gris como el día de hoy, sin peligro y completamente desorientado. Nada más comenzar el choque ya había estrellado un balón en el poste el equipo de Preciado, que se jugaba mucho en este partido y que salió a ganar desde el primer momento, prueba de ello es que Barral en el minuto cinco adelantaba a los suyos, tras colocar en el palo corto de Roberto un disparo raso que culminaba una jugada personal. Parecía que esto iba a dar alas al Granada, que la tuvo en las botas de Benítez, pero no acertó a meter dentro un pase de Nyom desde su banda, lejos como está de esa forma que siempre nos ha encandilado, o en un disparo al palo de Geijo pocos minutos después. Pero el Granada no tenía el día, y no lo tenía porque no se entiende que juegue de forma distinta según se esté dentro o fuera de Los Cármenes, ni se entiende que un juego ágil, ofensivo y ordenado, rápido y directo en casa, se transforme en una ramplonería, una desorientación y un desorden desorbitados cada vez que jugamos fuera, como no se entiende que el Valencia nos hiciera gol en el minuto tres, y el Sporting en el 4.



El partido continuó más o menos igual durante todo su transcurso, hasta que el minuto 40, André Castro aprovechó un error en la salida de Roberto, para poner el 2-0 en el marcador y poner tierra de por medio. Aun tuvo ocasiones el Granada, gracias a un pase interior que Uche estrelló contra las botas del meta local y, ya en la segunda parte, con el Sporting guardando la ropa, pudo marcar alguno si Benítez no marra un buen pase escorado a izquierdas que envió al cielo de Gijón, o si llega a entrar el tiro de Geijo que se coló entre los defensas y mandó el balón rozando el palo.



Por lo demás, el Sporting aguantó su renta y el Granada, a pesar de tener el balón durante la segunda mitad, no acertó a empatar un partido que se le puso muy pronto cuesta arriba.



Es de esperar que el Granada mejore fuera, haciendo en sus visitas el mismo fútbol que despliega en los Cármenes, a fin de poder sacar algo positivo a domicilio, porque está visto que el sistema aplicado a los partidos lejos de Granada tiene poca efectividad como ya se vió la pasada campaña, si bien al final se pudieron aprovechar las oportunidades que dio la liga adelante, cosa que no ocurrirá en la liga BBVA.



Mañana Barça...

miércoles, 19 de octubre de 2011

Praha...

Praga descansa a la orilla del Moldava que recorre la ciudad de Norte a Sur, adormecida por el cuento de sus horas felices, de su pasado comunista, y de su riqueza intemporal y abrumadora. Praga, con sus edificios señoriales, vestigios de saraos de otras épocas no muy lejanas, deja al visitante saciado de belleza, ya que adondequiera se mire asoman a la vista del transeúnte callejuelas angostas que desembocan en amplias plazas, aquí una iglesia impresionante, allá una torre, y en todas partes el ruido del pragense que pregona en su idioma natal la inmensa variedad de su ciudad, de la que se siente, a pesar de todo, profundamente orgulloso.

Durante la noche todo cambia en Praga; la ciudad se llena de gente joven, bien sean turistas o residentes, que se disponen a tomar las frías calles para calmar la sed con una espumosa cerveza, a la par que se charla con los amigos o se cantan a coro desacompasadas canciones trastornadas las voces por el efecto del alcohol que, en pequeñas dosis a veces, en muchas las más de ellas, se ingiere en cualquier "pivobar" de la ciudad disfrazado, como digo, de cerveza. Es precisamente la belleza de la noche pragense la que intenté captar muy cerca del impresionante edificio del teatro nacional, asomado a uno de los puentes que cruzan el río de la ciudad.


De todos los que unen la ciudad antigua con la nueva, el más conocido y archivisitado es el Puente de Carlos IV, presidido por el rey que le da nombre y que saluda triunfante desde su pedestal a todo el que sale o entra de él, según se mire, o según nos alejemos o nos acerquemos al otro punto de obligada visita si se está en Praga, esto es, el Castillo. Cuenta la leyenda que desde este puente fue arrojado al río san Juan de Nepomuceno, al que nos encontramos a mitad de camino entre una puerta y otra de acceso al pétreo sitial sobre el que nos encontramos. Aunque de singular belleza, no espere el fotógrafo obtener una fotografía buena del puente, si es que se está sobre él, ya que el sinfín de personas que en continuo bullir deambulan por el mismo, hacen imposible la misión, por lo que habrá de madrugar o trasnochar, si su objetivo es inmortalizarlo.

Desde la Isla de Kampa, un delicioso paraíso de tranquilidad en el ronroneo de Praga, se puede uno asomar al río, de forma más pausada y sosegada, para disfrutar de la luz de la ciudad, de su color, para brindaos luego el resultado...



Sobre el puente, numerosas escenas de la Pasión de Cristo, figuras de apóstoles y reyes del pasado, santos y demás estatuas, mantienen su descanso de siglos ofreciéndose al visitante, que experimenta una extraña sensación, que incluso podría ser temor si las observamos cuando la luz se va apagando, y que lleva al ocioso turista, por lo menos a mí me ocurrió, a entretener el pensamiento con la historia de la ciudad, y cómo sería la vida en los tiempos de aquéllos príncipes, que tan grande hicieron su nombre...



Atravesando el puente antes mencionado, nos dirigimos a la colina en la que se encuentra el Castillo de Praga, gótico del siglo IX, en el que residiesen en el pasado desde los príncipes de Bohemia, hasta los diferentes jefes de estado que llegan a nuestros días. En torno a él, la catedral de Praga (san Pío), la iglesia de san Jorge, el palacio real, y casas artesanales que constituyen el callejón de Oro. En la puerta que sirve de acceso al palacio, encontramos las figuras que se ven a continuación, y que acompañan durante su guardia a los soldados que la custodian.



En el centro de la urbe, muy próximas a la plaza Vieja, o plaza del reloj como la conocen los turistas, encontramos el barrio judío, con sus sinagogas y edificios adyacentes, que sirvieran para amortajar a los fallecidos, y servir a los familiares de sala de velatorios, antes de proceder a su entierro en el cementerio, que llega a contar hasta doce pisos hacia abajo de tumbas, cuyas lápidas se han ido moviendo a lo largo de los siglos dando como resultado una estremecedora parcela, donde se agolpan en todas direcciones las lápidas de los difuntos desde tiempos inmemoriales...



Para terminar...decir que el sistema de transporte por excelencia de la ciudad es el tranvía, hasta el punto de que vayas por donde vayas, el sonido de la campanita cuando inicia la marcha se hace compañero de viaje, pues no hay calle sin tranvía en todo el casco histórico de Praga. Como no podía ser de otro modo, y dada la afición que por estos vehículos tiene mi padre, era necesario fotografiarlos, así que lo hice en diversas ocasiones. De todas, la que más que gusta es ésta, en donde se unen la belleza de la Iglesia de san Nicolás, erigida altiva sobre las calles que anteceden al castillo, y que sirve de marco al rojo tranvía que nos aleja, poco a poco, de las calles de Praga. Espero que os haya gustado y buen viaje...


Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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