miércoles, 11 de mayo de 2011

Derrotado...


Ahí sólo parece ser lo que parece, la foto de un anciano, un hombre apoyado en el quicio de la puerta de su casa, acaso mirando a los nietos por la ventana que le ilumina el rostro y de paso le da cierto calor a su longeva cara, y a sus entumecidos huesos. Sólo es eso, efectivamente, la foto de un anciano, pero detengámonos un momento en la postura, el hombre descansa su fatiga en una columna desvencijada y roída por las ratas, todo en la habitación rezuma suciedad y abandono. Sujeta con la mano derecha el borde de su chaqueta, como queriendo retener algo entre sus manos, quizá todo lo que su mente urde, quizá lo que ni siquiera puede imaginar. Una nube de recuerdos posiblemente invadan su tranquilidad, acaso una lágrima quiera salir de sus ojos, pero da la impresión de que éstos están demasiado secos, puede que ni siquiera tenga más lágrimas que derramar.




¿hacia dónde mira?...a ningún lugar fijo, pero sin embargo mira hacia todos sitios, ya que lo hace hacia dentro, como rebuscando con la mirada todo lo que llevaba dentro y ha perdido. La pierna derecha inclinada, la rodilla flexionada, nos vuelve a dar sensación de tremendo castigo físico, el hombre apoya el pie sobre la misma columna que sostiene, a su vez, sus huesos, pero no intenta andar, quizá no tenga adonde ir...

Esta es la imagen de un luchador incansable, que resistió enfermedades, que sobrevivió a una de las más crueles guerras de la historia, que regresa a casa buscando algo que lo ate al mundo que conoció una vez, y que desgraciadamente nunca volverá. Antes por esos pasillos, un atisbo de esperanza intentaba colarse como lo intentaba la luz por las tapadas ventanas; no había ruidos, no había risas, pero las noticias del exterior eran devoradas con avidez por una familia hambrienta y asustada. La imagen es la de un anciano desconocido,...¿sí?...yo diría que no; el hombre retratado es el padre de Ana Frank, inmortalizado en las dependencias de su empresa, que les sirvieron de hogar, una vez que regresó tras conocer el fatal desenlace de sus hijas. Es el retrato de un hombre derrotado.

N del A: La fotografía es, a su vez, instantánea de otra colocada en la casa de Ana Frank, en Amsterdam, y me llamó poderosamente la atención.


Fuente fotografía: colección particular Jose Luis Teba Marín

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