jueves, 24 de febrero de 2011

Cuéntame...

Con el pasar contínuo del tiempo, infinidad de situaciones se habrán abierto ante tí, atalaya pétrea de Granada, vigía testimonial de su rutina diaria. Miles de visitantes, cada uno con sus peculiaridades, habrán depositado en tus paredes, en tus rampas de acceso a tu azotea, las mil imágenes que sus ojos descubrieran, y habrán mandado también, miles de recuerdos y pensamientos hacia los que estaban lejos de ellos. Por tus desgastadas losas, Torre impertérrita granadina, un sinfín de pies habrán hoyado tu solar, y un sinfín de manos se habrán posado sobre tí, para asomarse a esa ciudad de la que, seguro, habrán oido hablar una infinidad de veces también, como infinitas son las vistas que desde tí se obtienen en cualquier hora del día, en cualquier día del año, en cualquier año en nuestras vidas.
Cuántas veces habré escuchado la leyenda de las mozas casaderas, que el día dos de Enero subieran hasta tu altura, para hacer sonar las campanas de su ilusión por casarse en ese año; cuántas historias, legendaria torre, se habrán escrito sobre tí, cuántas páginas de cuántos libros, de cuántos diarios, de cuántos cuadernos de viaje, habrán sido garabateadas con todo lo que l inpiración le regalase a sus dueños, al contemplar la magnificencia de tu figura, emblema de la ciudad que lleva la Alhambra por bandera. Cuántas veces, yo mismo habré acudido a la cita que tú impones al ansioso visitante, y habré acompañado los pasos de amigos y conocidos, para presumir de todo lo que tú tienes, de todo lo que tú provocas.
Se te observa desde cualquier rincón de la ciudad, nada más entrar por Recogidas, ya estás marcando el punto exacto dónde van a terminar mil recorridos, dónde van a disparar mil objetivos, donde van a soñar mil corazones. Eres tú, la pieza clave del entramado alhambreño, por ser la más alta, y por tener a tus pies por lo que han llorado reyes árabes, por lo que han enloquecido altezas reales, por lo que han luchado tantos ejércitos desde lo más remoto de los tiempos hasta que los Reyes Católicos te consiguieran...cuéntame, torre de las torres granadinas, qué se siente al estar tan alta, qué se escucha día a día, cuando el rumor del Darro te canta en su marcha hacia Granada, esas melodías que tiene ecos de cornetas, de silencios, de Estrellas y Amarguras, de Consuelo y de Aurora,...de Granada...cuéntame, Torre de la Vela, lo que piensan los que están lejos de tí, y lo que sienten los que te ve por vez primera. Cuéntame, si lo sabes, porqué quiere volver el que a tí llega...


Fuente fotografía: flickr-maldonado

miércoles, 23 de febrero de 2011

venga a nosotros tu Reino

"A tí, que tan cerquita lo tienes..."

martes, 22 de febrero de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Igual que siempre...


Igual que siempre...el tiempo parecía no haber pasado, e incluso se detuvo en el instante en que recibió el pase desde la banda izquierda, miró al defensa y al portero, en su mente fría de goleador eterno, y avanzó un paso para orientar el control hacia el centro del área chica, a mitad de camino entre la frontal y el punto de penalty, y cargó su zurda, la de las cucharas, la de las noches mágicas del Bernabéu, la de la historia viva del fútbol nacional, para batir por bajo a un desorientado Güaita, que no supo ni pudo detener el zarpazo hacia el palo largo, imposible para los metas, y que significó no sólo el empate para el Schalke, sino un escalón más en la escalera del 7 español, una muesca más en el revólver de los goles de categoría, de sabio, de pillo, de mago...

Anoche vibré, no porque un equipo alemán empatase a uno español, ya que en esos casos soy siempre del equipo nacional, sino porque disfruté con el gesto de este hombre, con su rabia, con la celebración del tanto señalándose el dorsal, con la carrera hacia la banda reivindicándose, aunque no le hace falta, y en el azul de la camiseta que ahora viste, ví el mismo azul de esa segunda equipación de un Real Madrid, que siempre lo echará de menos...empató el Schalke, empató Raúl, el máximo goleador de la historia de todas las competiciones europeas...larga vida al rey...

lunes, 14 de febrero de 2011

Una buena noticia...

Esta mañana, mientras me encontraba trabajando, he recibido la visita de un amigo de Almuñécar, porque ya puedo llamar a sí al bueno de Domingo, que en principio venía a responderme acerca de una gestión que le solicité hace días, y que ha servido para contarme una noticia que me ha alegrado bastante. Primero por él, que ya llevaba unos años soñando con la posibilidad que ahora se le brinda, segundo por su banda, que ve así confirmada la labor que llevan haciendo en los distintos puntos de la geografía andaluza, y tercero por Granada, que va a tener el honor de contar para sus días cofrades con una de las agrupaciones que más suenan dentro del panorama musical semanasantero.


Ya hablé con él en cierta ocasión de amigos comunes, de las veces que había estado a punto de conseguir tocar en Granada, pero que la impidió el tiempo, ya que sólo unos días separaron el sí del no para esta gran agrupación, pero que hace poco ha logrado, al fin, figurar entres las que recorrerán las calles de Granada en Semana Santa. Me estoy refiriendo a la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Encarnación de Almuñécar, que gracias a un contrato firmado hace excasos días, acompañará con sus sones a la hermandad de Jesús Cautivo el próximo Domingo de Ramos; así que podremos disfrutar en las calles estrechas del casco histórico, del sonido que brota de los metales de estos músicos que, así lo espero, abren la lata de los contratos en la capital.


Para los que no la conozcan, tendrán la oportunidad de escucharla en su localidad, el día 5 de Marzo, en un concierto al que acudirá también la banda de la Sentencia de Jerez, por lo que los amantes de la música cofrade tenemos una cita en Almuñécar. Para los que ya la conocemos, es una buenísima noticia. Enhorabuena



jueves, 10 de febrero de 2011

momentos...

Lo vió nacer, sumido en un mar de nervios, vestido de verde, siempre de verde en las cosas importantes de su vida, cuando el médico se lo mostró y casi rompe a llorar al contemplar en un momento las dos cosas más importantes de su vida, juntas en aquel quirófano, una que acababa de llegar, y la otra, que había estado a su lado desde ese primer beso, malo por lo inexperto, en el callejón del viejo barrio...a partir de ese momento, quedaron ligadas sus vidas, por esos misterios que nunca se resuelven, y que hacen que un padre quiera con locura a su hijo. A partir de ese momento, sus primeros pasos, sus primeros balbuceos, sus mil sonrisas, sus caras de sorpresa, fueron acompañándole día a día, tapando con sus fotos los huecos del triste trabajo, que tuvo que aceptar por mantenerlo.
Todo se le vino a la mente en un momento, sus caídas, las heridas que se curaban con "mercromina", y esas otras que, por lo profundo, no hay manera de curar salvo con una gran dosis de tiempo. Todo en un instante pasó por su mente, se secó las lágrimas con su viejo pañuelo, el que siempre guardaba en su chaqueta, y recordó tantas cosas, tantos buenos momentos compartidos, las tardes de domingo en el campo de fútbol, con los colores del equipo de su ciudad, o esas otras de deberes y estudio; los partidos en la tele; su primera comunión; la adolescencia, y la alegría que le invadió el alma cuando le presentó, a él primero, esa niña que empezaba a robarle sentimientos. Toda lo que fué, y lo que sigue siendo, sus logros y fracasos, aparecieron como por arte de magia, cuando el sol de la tarde primaveral le dió en el rostro, y tuvo que volver a hacer uso de su pañuelo, esta vez para secarse el sudor, provocado por el calor abrileño.
Hace sólo unas horas, comentaba con él los pormenores de la tarde que se les avecinaba, tras el almuerzo que su esposa siempre le hace en estos días, nervioso, recorriendo la casa de un lado a otro, mitad miedo, mitad orgullo, y lo había tranquilizado como siempre, poniéndole la mano encima del hombro, hablándole con franqueza, la misma que marcaba su carácter, y abrazóndole tiernamente para disipar cualquier tipo de duda. Ésta sería su tarde, la había estado planeando a conciencia en las tardes de facultad, charlando con los amigos que compartían todas sus cosas, y deseaba por encima de todo verlo feliz llegado el momento. La hora se aproximaba, el reloj marcó el punto exacto de siempre, y el llamador hizo acto de presencia; el padre miró hacia atrás, en la oscuridad del palio de sus amores, le cogió la mano y le deseó la mayor suerte del mundo, y que disfrutara cómo sólo Ella le podría hacer disfrutar; el paso se levantó, la Virgen empezó a andar con la misma cadencia que aquella tarde lejana en que él mismo la sacaba a la calle por vez primera, y tras el esfuerzo de la salida, cuando ya Ella se presentaba a su ciudad, sacó de nuevo el pañuelo, se secó las lágrimas, y emocionado pensó:...mi hijo está contigo, hasta siempre, Madre...

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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