miércoles, 26 de enero de 2011

la moto de nuestra vida...


Desde pequeño me ha apasionado el mundo de las motos; aunque, como a todo niño, también me han cautivado los coches en miniatura, gracias supongo que a mi padre, que guardaba en una caja de colores roja y amarilla, la colección que conservó desde su juventud, y de la que nosotros dimos buena cuenta cuando empezamos a jugar con ella. Siempre en mi casa ha habido historias acerca de los coches que hemos disfrutado, el citroen dos caballos, el opel capitán, el seat seiscientos, el mercedes 240 sl, el renault Douphine, el también Renault 12...pero yo, además, siempre he tenido un gusto especial por las motocicletas, heredado de mi madre, a la que el mundo de las dos ruedas siempre le fascinó, hasta el punto que al adquirir la mía, no tuve más remedio que darle una vuelta, por lo menos hasta Churriana de la Vega. Como digo, siempre me han gustado las motos, pero hay una por la que siento especial predilección, y que ha sido la banda sonora de las carreteras españolas desde el mismo instante que empezaran a fabricarse...la Vespa. Su inconfundible "pop-pop-pop" al arrancarla, ese sonido peculiar y único, muy diferente en todo al atronador de las Harley-Davidson, pero mucho más nuestro y entrañable. Las hubo de todos tipos, con el faro redondo sobre el guardabarros delantero, con un asiento primero, con dos después, y finalmente con el alargado de dos plazas; las hubo con o sin sidecar, con el retrovisor a la izquierda del sitio donde se ponían los pies, para después emplazarse sobre el manillar; las hubo de faros redondos, de faros cuadrados, de 125, de 250, de colores variopintos, siendo objeto de "tunning" por los aficionados a este medio de transporte. La Vespa, símbolo de la industria creciente de nuestra España, venía con el freno trasero de pie, el delantero en el manillar, el embrague en el puño izquierdo, y las marchas en el derecho...la primera con un movimiento hacia adelelante, y el resto hacia atrás, señal identificativa de esta marca que todavía me hace girar la cabeza...


Nunca tuve una, pero las he tenido cerca,...mi cuñado Carlos, venía a recoger a mi hermana en los tiempos de noviazgo, con su Vespa roja. Su padre (q.e.p.d), tenía una más antigua que todavía espera ser restaurada en algún rincón de la casa del Chapiz. Mi suegro, policía nacional, iba y venía a su puesto de trabajo con una vespa gris, y mi amigo Sergio, consiguió que siendo un niño, venciera mi "miedo" a ir de "paquete" en una preciosidad "vintage" de color bermellón, cuya matrícula perdía la letra entre los años transcurridos desde su matriculación.

Todavía hoy, siempre que algún club vespa visita Granada, no dudo ni un segundo en acudir a escuchar sus motores, y a observar los finísimos trabajos de restauración que, en ocasiones, tienen que llevar a cabo sus dueños para mantener rodando la que, para mí, siempre será la moto de mi vida...

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