sábado, 19 de junio de 2010

Espero que vuelvas a llamarme...


No hace nada que se cumplieron diez años e, inevitablemente, me volví a acordar de tí. Esta vez, me he querido alejar un poco de la euforia que se desata en mi interior cuando recuerdo esas cosas, y he querido esperar unos días más, para hablarte más calmado, y así sosegar un poco las palabras. Lo que ha sido de mí ya lo sabes, pues siempre vienes conmigo, pero me pregunto que ha sido de Tí...cómo llevas estos diez años posteriores a tu paseo único e irrepetible y cómo afrontas otros diez, o los que vengan, asiéndote a la hornacina desde la que nos vislumbras, desdibujados por la cera de los cultos, o por el incienso de los días solemnes. Qué esperas, Señora de los escolapios, qué ha cambiado en Tí, qué sientes ahora que el tiempo pone cada cosa en su lugar, y a Tí en el de todos nosotros. Cómo viviste, engalanada, "pintada y peinada" desde tu balcón de flor y orfebrería, ese paseo que te llevó por las calles de una ciudad tan distante en la historia y tan próxima en el sentir popular. Qué sucedió en tu mente, cuando te viste cambiando Genil por Tíber, Carrera por Conciliazione, Pasiegas por san Pedro, Calasanz por san Giovanni. Qué experimentaste cuando, al calor de tu gente granadina, recibiste las caricias de las oraciones de medio mundo, reunido en Roma, por la gracia de Juan Pablo, q.e.p.d.
Yo, siempre he escrito de lo que viví, junto a mi hermano, mis amigos, mi cuadrilla. Siempre he leído sobre lo que sintieron otros cofrades granadinos, cuando te vieron salir a las dos de la tarde, de ese dieciocho de Junio. Siempre me han contado sus experiencias los que te acompañaron de forma distinta a mí, ya que yo tuve la suerte de llevarte a Tí, pero...ignoro lo que Tú sentiste, lo que viste, lo que oíste...ignoro cómo te afectó el calor del mes de Junio, el sol en la cara, y el relente de la madrugada estival; ignoro si disfrutaste con nosotros como nosotros contigo, si volverías a repetirlo, si sueñas, de vez en cuando, con todo lo que ocurrió ese domingo, del que nunca nos olvidaremos. Ignoro si decidirás volver, para que así compartan contigo esos momentos los que aquel día no pudieron acudir a tu llamada. Ignoro si volveremos a vivir, Tú y yo, algo parecido a eso que recordamos todos los años, desde el mismo día que sucedió. Créeme si te digo que lo ignoro, incluso no sé si Tú, en tu infinita sabiduría, eres capaz de imaginarlo siquiera, pero, María del Mayor Dolor, si algún día te animas a volver a Roma, espero que vuelvas a llamarme...

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