miércoles, 28 de abril de 2010

jueves, 22 de abril de 2010

Marinera...

Me gusta todo de Tí, no sé si por saber que en torno tuya se reúnen algunos amigos, tanto delante como debajo, o porque era tu advocación la que daba nombre al colegio de mi infancia, el del primer amor, los primeros grandes amigos y la primera comunión. De Tí todo, por eso es tu paso de palio el que busco casi por todas las calles, par verte levantar, andar, revirar,...para verte, en definitiva, a Tí, porque debes de ser Tú la que me llamas cada Miércoles Santo para pegarme a tu vera, y volver a abandonar mis sentidos, sin preocuparme de que ese día hay más hermandades en la calle.

Este año mi recorrido en el día central de la Semana no me ha llevado a tu parroquia dominica, Marinera granadina, y no he podido, por ende, disfrutarte como he venido haciendo durante los precedentes años cofrades. No he podido introducirme en la bulla que, mirándote a la cara y andando de espaldas, no deja que vayas sola desde recién metida en Pavaneras, hasta que la última variación te deja encarada con tu pueblo. No he podido verte, Rosario, ni escuchar el tintineo único de las cuentas al golpear en tus varales, el sonido de tus "levantás", siempre fuerte hacia arriba y de la recogida sobre las inalterables cervices de tus hombres. No te he visto bajar por la cuesta del Progreso, cuando la tarde se despide de Granada y la noche empieza a despertar en tu cara las luces que nos enamoran. No me he dejado llevar escuchando la marcha mientras el esplendor de tu manto nos anuncia el final, ni la luz de tu candelería, con el movimiento de las llamas de la cera, me ha hecho pensar si es el reflejo, o es que realmente lloras por Granada cada Miércoles pasional...este año no, Rosario, pero el que viene sí, y te esperaré en las esquinas que sólo Tú y yo sabemos, para decirte las cosas que, de pequeño, me enseñaran las monjas de tu colegio. El año que viene volveré a disfrutar plenamente, de lo que este año sólo me dicen las imágenes...

miércoles, 21 de abril de 2010

martes, 20 de abril de 2010

Crucificado...


El rostro tiene sobre el pecho hundido
descansando la cabeza el sufrimiento;
el cuerpo, abandonado, macilento,
permanece por los clavos sostenido.

La sien atravesada, aliento huído,
rasgos estos del brutal ensañamiento;
abiertos los ojos en postrer intento
de retener lucidez, vida y sentido.

La lanza en el costado le clavaron,
el hisopo del vinagre sabe ingrato,
la lucha y el dolor se terminaron.

San Dimas, buen ladrón, propone el trato,
los pecados, por la Cruz, le perdonaron
y con Cristo sube al Cielo de inmediato.

domingo, 18 de abril de 2010

Luna de miel...

Continúo hoy con el repaso fotográfico a mi viaje de novios, y como os dejé dicho en mi anterior entrada sobre esta temática, la siguiente iba a versar sobre el Vaticano, todavía dentro de la ciudad de Roma. Empezamos la jornada bien temprano, a fin de no encontrar muchas colas a la hora de acceder a la iglesia y a los museos, y la verdad es que mereció la pena, porque pudimos disfrutar de todo esto prácticamente sin gente, y digo prácticamente porque otra cosa sería del todo imposible.
Entrando a la Iglesia de san Pedro por la puerta principal, en una de las primeras capillas a mano derecha, encontramos, después de sortear unas cuantas filas de personas, la bellísima imagen de la Piedad de Miguel Angel. Hoy día, la podemos observar sólo tras un cristal, debido fundamentalmente a que los turistas depositaban sus manos sobre la imagen, cosa que estaba deteriorándola, si bien, a mi entender, quizá hubiera bastado con evitar que la gente entrara a donde está Ella, y así poder admirarla en todo su esplendor, sin las falsa imagen que el cristal nos da. Obsérvese la delicadeza con la que María sostiene el cuerpo inerte de su Hijo sobre su regazo, una mano en su espalda, la otra abandonada, en un gesto de admiración ante la tragedia. Podríamos pensar que la Piedad es una iconografía parecida a la Virgen de las Angustias, pero existen diferencias entre ellas, como por ejemplo, la forma de recoger al Señor, ya visto en la Piedad, y sobre una mesa delante de María, en las Vírgenes de las Angustias, entre otras.
Tras la visita a la Iglesia, en dónde pudimos acceder a las tumbas de los papas, nos dispusimos a entrar en los museos, no sin antes subir a la cúpula de la Iglesia, de incontables escalones, para poder admirar una de las más hermosas vistas de Roma, que más adelante podréis ver.
Dentro de la cripta en donde reposan los restos de los sumos pontífices, me llamó la atención el numeroso grupo de creyentes que rezaban a los pies de la lápida de Juan Pablo II, frente a la soledad de la tumba de san Pedro, piedra de nuestra actual Iglesia, y que tantas cosas compartió con Nuestro Señor Jesucristo.

Dentro del museo vaticano, y de sus numerosísimas riquezas, me quedaré siempre, aun a riesgo de ser catalogado de inculto por los eruditos, con el magnífico Laoconte. Me llama profundamente la atención, la movilidad de la escultura, su dinamismo, sacado magistralmente del mármol, y que parece que en cualquier momento nos va a introducir en la escena. Este grupo escultórico, de los más buscados dentro del museo, sirvió de modelo a Jacobo Florentino para su Santo Entierro, joya del renacimiento, que se enuentra en el museo de bellas artes de Granada, y para el que usó los rostros del laoconte y de la figura de su izquierda, para darle "vida" a Jose de Arimatea y san Juan, en el grupo granadino.

Imagen del apostolado que se encuentra en la primera planta de la Iglesia de san Pedro, sobre la puerta de entrada en su fachada principal.


Imagen de la Plaza de san Pedro desde la cúpula. Sólo por estas vistas merece la pena el "suplicio" de los escalones que dan acceso a la misma, y que se van complicando a medida que nos vamos acercando a ella, cuando las paredes se curvan, adoptando su forma, haciendo el acceso más que complicado.

Fuera ya del recinto, la avenida de la Conziliacione precede a la impresionante vista de la Iglesia de san Pedro del Vaticano. No me pude resistir a volver la vista atrás, y recordar momentos en esa misma avenida, más calurosos, bajo la Virgen del Mayor Dolor...

viernes, 16 de abril de 2010

jueves, 15 de abril de 2010

Juego de niños

Llevaba tiempo pidiendómelo,en honor a la verdad, nunca ha dejado de hacerlo, y es que desde el primer día que lo descubrió, unido a su pasión por los coches, supo que esto estaba hecho para él. Este juego de niños, en el que los automóviles en miniatura, propulsados por un motor de hilos de cobre, corren por metálicos raíles al apretar la palanca de un mando, ha llamado la atención de todos mis hermanos, gracias a que mi madre se lo regaló a mi padre hace uns cuantos de años. Éste, mi padre, siempre procuró que nos uniera, y vaya si lo hizo, hasta el punto de que cada uno de nosotros teníamos, y seguimos teniendo, un coche propio (Porsche 911 carrera), con sus colores respectivos. El mío, naranja, todavía sigue rodando a pesar de los años transcurridos.

Con el paso del tiempo, mis hermanas se desligaron del juego, quedando a merced de los varones, que lo fuímos enriqueciendo en cuanto a pistas, coches nuevos y accesorios, pero siempre manteniendo los primitivos mandos, el transformador original, que de vez en cuando ponemos para recordar tiempos pasados. Pues bien, nació mi sobrino, y desde muy chico prestó especial atención por los coches de Scalextric que, perfectamente colocados, decoraban el cabecero de mi cama-nido, y desde entonces son ya varias las veces que se lo he montado, disfrutando muy mucho con su aprendizaje, con el especial cuidado con el que coloca los coches en la pista, con la atención que presta a cuántas cosas intento explicarle, e imaginando el día en que juegue con mis hijos a este mismo juego que me enseñara mi padre.


El sábado pasado, aproveché para invitar a mi hermana y mi cuñado, con su preciosa familia, a que vinieran a casa a merendar ellos, y a jugar al scalextric mi sobrino y yo, para pasar un buen rato. Ni que decir tiene que la tarde fue fructífera hasta el punto de que quedamos emplazados en el mismo lugar,un domingo de estos, para comer y aprovechar mañana y tarde.

Lo espero con muchas ganas, y a juzgar por su cara, creo que él también...

miércoles, 14 de abril de 2010

Perdóname, Reyes...

Perdóname, Reyes, por esto que está empezando a fraguarse, mientras los ecos de una agrupación musical llenan mi estancia de la costa, porque hoy no voy a hablar de Tí, Lucero de Martes Santo, sino de Él. Perdóname, Mujer de belleza altiva e imperturbable, belleza perenne y casi ignorada, Señora del Albaycín bajo, en esta tarde en que mis palabras se acercan al que nació de tu vientre, una fría madrugada de Diciembre, para vivir su vida de Amargura. Hoy voy a hablar de Él, de sus manos vigorosas exhaustas por la briega con el madero, de su túnica al viento semanantero granadino, de sus ojos abandonados, y su mustio rostro, ajándose por momentos, estación a estación, de ese Vía Crucis que sólo Granada tiene.

Hoy quiero hablarte a Tí, Hijo de Dios hecho hombre albaycinero, que bajas cada año, mecido suavemente, y despiertas el alma del que te observa, ora al calor de la tarde abrileña, ora al relente de la madrugada en el Darro. Hoy es tuya mi escritura, Tú que todo lo puedes y nada quieres para Tí, Tú que en el bamboleo de tu túnica, llevas la vida de los que te llamamos, aunque sólo sea una vez al año, revoloteando alrededor de tu paso, el Martes Santo a los pies de la Alhambra. Y es que merece la pena, Amargura, mirarte detenidamente, y embobarse con la filigrana hecha madera, y con la madera hecha devoción. Merece la pena, seguro que sí, quedarse un ratito en el Puente Cabrera, esperándote junto al frío de la primavera granadina, para comprender en una fugaz mirada, las infinitas cosas que se simplifican en tu cara. Amargura, hoy quiero hablar de Tí, de esa cruz de taracea que te sirve de martirio y que será símbolo de nuestra fe tras tu gloriosa resurrección el Domingo en Vergeles, de esa corona de espinas que te atenaza la mente, para que no veas en nosotros el mal, y sólo las cosas buenas. De los ojos, con las lágrimas mojando impunemente las pestañas de las "viejecitas" de tu barrio, que al calor de la mesa de camilla esperan trasnochando para que Tú pases por la puerta de sus casas.

Hoy hablo de Tí, al amparo de los años de historia que tu hermandad pregona, de lo fácil que resulta juntar unas palabras en tu nombre, de lo especial de tu recorrido, de lo único que es todo lo relacionado contigo, de los corazones que te siguen, de los que rezan a tu lado, y de los corazones que te llevan...aunque sé que tu Madre viene detrás tuya, llevada con perfección milimétrica por sus hombres, pero sus capataces y costaleros me perdonarán si hoy hablo de los tuyos, que amigos hay en ambas cuadrillas, negro o blanco el pantalón, pero una única razón de ser.

Perdóname, Reyes, embajadora del buen gusto y de las proezas costaleras, si mi objetivo cambió de sitio el Martes Santo, para hoy hablar de Él...

martes, 13 de abril de 2010

lunes, 12 de abril de 2010

Kiski dijo...


Sevilla. ¿Qué veo en esta foto?...veo a Sevilla y sevillanía.Al puesto de castañas, al macetero de Triana, al incienso de la calle Córdoba o a los caracoles en la primavera de los bares.

Veo el traje de chaqueta, la camiseta de mi equipo, la pequeña caseta de la feria o el ladrillo del tendido maestrante.

O el sol en la Alameda, la lluvia junto al río, la noche en Santa Cruz, la mañana en Anchalaferia...

Y pienso en la medida. En la sevillana medida. En la plateada cruz de guía a la medianoche, en un palio perfecto en Parras, en una centuria mejor que las del César, en terciopelo morado y verde, lana de merino en la capa, en el mejor costero a costero, en el tintineo de unas transparentes bambalinas.

Puede que la medida sea sevillana y la Macarena sea la medida. Lo que es seguro es que la Macarena es Sevilla.
Gracias, Kiski, por dedicarnos tu tiempo.

viernes, 9 de abril de 2010

Domingo de Resurrección

Permitidme empezad la crónica de mi Semana Santa por el final, porque los últimos serán los primeros, y porque con el cierre de la Semana Mayor granadina se abren los ojos de ilusión, las bocas en enormes sonrisas, y los corazones para recibir en las calles al Dulce Nombre de Jesús, tan niño como ellos...



Lo que transmiten sus caras, cuando el capataz ordena la abundante chiquillería que habrá de pasear al Niño por Granada, es indescriptible, al igual que los que, apostados en las aceras, mueven sus manos agitando las campanas de barro que llena el ambiente del grandinísimo sonido..."Dios resucita en Granada, gloria Jesús Nazareno".



A la luz del mediodía, la rama infantil de la hermandad de "la Cañilla" cominza a andar con su característico ordenado desorden hacia la Catedral, para que el arzobispo reciba uno por uno, sin que se le escape ninguno de ellos, a los infantes de Granada, haciendo sobre ellos la señal de la Cruz y llenándolos de bendiciones. Como yo, como mis hermanos, antes llevaron al Niño generaciones de granadinos, y es hermoso comprobar que nos seguimos encontrando los mismos, aunque para llevar a nuestros hijos o sobrinos, en esta tradición que sabe a Semana Santa plena, y a arraigo popular.

Da igual el número de niños y niñas que se acerquen al Dulce Nombre de Jesús, todos tienen cabida dentro de sus diminutas andas, ya que el Niño es de la ciudad, y cualquiera de sus hijos tiene un hueco para llevarlo. Sólo por ver sus caras, merece la pena despazlarse al Realejo la mañana del Domingo, ir a misa de una a la Santa Iglesia Catedral, e imbuirse de la inocencia que, con sonido de campanas, se palpa en el ambiente. Merece la pena porque se siente uno granadino, porque revive momentos que se fueron, porque ve de nuevo caras que nos dejaron y porque de la mano de los niños, se fortalece la Semana Santa. Con el fin de ésta, llega el momento más nuestro, la vivencia más emocionante, y la alegría más desbordada. Tras la oscuridad que deja la muerte del Redentor , llega la mañana más luminosa...

lunes, 5 de abril de 2010

Así son las cosas...

Estaba orgulloso, lo noté nada más verlo a los albores de la mediatarde, en esos soportales que tantas cosas nos han dado, mientras paseaba entre los hombres, puestos en filas de a ocho, seis hombres por fila, hasta completar más del centenar. Estaba orgulloso, pero algo más tenía en el semblante, más serio de lo acostumbrado, dubitativo, con la mente puesta en mil cosas y en el Domingo que estaba a punto de estrenarse. Él hizo lo de siempre, es decir, ultimar los detalles de esos hombres que son los pies del Despojado de Granada, con las directrices a seguir por los zancos, los costeros, los que mandan la cuadrilla desde dentro...pero mientras hacía eso, nos miraba de manera diferente a otros años, sabiendo en su "fuero interno" lo que nosotros no podíamos todavía ni intuir...era un día especial.

Él, cuando terminó de igualar a su gente alta, nos reunió a todos y, antes de que Luis sacara su cámara, nos dijo lo que quizá a esas horas no sabíamos: la crisis había llegado a la cuadrilla; muchos de sus componentes, no pudieron ni siquiera sacar la tarjeta de sitio para llevar al que todo lo puede, así que nos instó a acordarnos de esa situación, de todos los que nos rodean, a los que queremos, que se encuentren así, en el paro, sin más dinero que lo justo para comer y pagar la hipoteca, y ahí ya me ganó. Lo miré como nunca lo había hecho, y el gran hombre que es empezó a salir en forma de palabras, para recordarnos que habíamos acudido a disfrutar del Señor en la calle, y que ese privilegio lo usáramos para acordarnos de los nuestros, los que están y los que no, y así buscar un cable para ellos a través de Jesús Despojado. Sólo él sabe los motivos que le llevaron a hablar así, y puede que incluso notara en nuestros ojos la emoción a flor de piel, por lo que cambió el tercio, y nos recordó que había también cosas alegres, como esos niños que habrán de nacer este año en el seno de esta hermandad de capillo blanco y cinturón de esparto, y me volvió a ganar. Son muchas las cosas que yo tuve que pedirle al Despojado ese domingo azul de Granada, pero seguro que me acordé de todas ellas, en parte, por lo que él nos dijo, por las lágrimas que rompieron su rictus de hombre duro, y lo cambiaron por el del amigo que es y que apreciamos por encima de todo. A pesar de no ser hombre de charlas, ésa nos llegó tan hondo, que el paseo fue diferente...


Fuente fotografía: Lolo

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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