martes, 23 de febrero de 2010

In memorian

Hoy hace dos años que faltas, y ha querido Dios, que la fecha me pille en mis preparativos para mi Semana Santa, nuestra Semana Santa. Otra vez, la tristeza ya matizada se acentúa más, por la terrible realidad de tu ausencia, a la que todavía no me he acostumbrado. Como todos los años, “aya”, volveré a contarte mi semana, aunque este año, como desde hace dos, se me haga más difícil…el Domingo de Ramos, sacaré a la calle a Jesús Despojado, ya sabes, el del barrio, al que juntos rezábamos en su antigua capilla de san Emilio, cuando apenas contaba con 12 añitos; no sabes lo larga que se me volverá a hacer Mulhacén sabiendo que no estarás asomada para verlo, pero yo sé que en el Cielo, también tienes un balcón con geranios, y algún pajarillo que te cante todas las mañanas, verdad??.


Mi Lunes Santo, con mi hermandad, la del “Cristo tan antiguo”, como tú lo llamabas, y que cuenta entre sus trabajaderas con el pequeñajo que salía de acólito infantil, y es que el tiempo pasa irremediablemente; diferente en todo este año, ya que por vez primera le pediré a Consolación, ya sabes mi naturaleza mariana, que os cuide a tí y a tu hijo, ahora que los dos nos miráis desde arriba, cuando esté debajo de su manto, donde pretendo estar hasta que las fuerzas aguanten. También saldrá desde la Carrera del Darro la Virgen de los Dolores a la que dejaste tu vestido para que lo luciera cada Lunes Santo, y que estará en su ajuar, esperando que Ella quiera ponérselo de nuevo.


Martes Santo de Esperanza, tu niña de Plaza Nueva, que pasa cada año junto a la que fue tu casa, en el número 15, y que ahora sabe de leyes y juicios...qué bonita irá por Elvira, con esa cara que tiene que concentra todos los piropos, ya que su sola mirada es ya un poema, flotando sobre sus costaleros, aunque, como tú decías, Ella no podría tener ganas de “bailar” viendo a su Hijo cargado con la cruz apenas unos metros más adelante…con lo que yo te reñía por esas palabras, y lo que las echo ahora de menos.


Tu Señor de la Misericordia, el Cristo artillero, al que tu esposo y mi abuelo, llevara tantas veces, volverá a oscurecer con su figura la ciudad, invitando al recogimiento y a la oración, imposible pecar cuando Él nos demanda fervor…y ese Viernes de escolapios, el colegio de tus hijos, la Virgen de tu infancia y la mía, de soldados del aire, que tu hermano presidiera en calidad de General algunos años, tendrá a bien pasearse por Granada repartiendo gracia y dulzura, aunque este año, tus nietos no estarán con Ella, por primera vez en quince años.


Sábado Santo Alhambreño, tu infancia vió cómo se hacía el paso que la porta cada año, cuando baja de la Alhambra, para regalarle a Granada su presencia y llenarla de Esperanza…

Y cuando todo, al parecer, haya acabado, llegará esa mañana en la que celebraremos la Resurrección de Cristo, y me he volveré a emocionar en “los facundillos” al ver, junto a mi madre, a tantos abuelos con sus hijos y nietos, tantas campanas al vuelo, y tantas sonrisas de infantes que nos llegarán a lo más profundo del corazón; me volveré a sentir más granadino, porque esa es la esencia de Granada, su corazón late fuerte en cada uno de esos niños, y me acordaré otra vez de tí, que hiciste posible que mi madre y yo sigamos viéndolo cada año…”aya” dile a la Esperanza, cuando la veáis en el Cielo, que gracias por el regalo que me dio en forma de abuela, porque gracias a tí, mi Semana Santa es como es y, al vivirla, seguiré compartiéndola contigo.

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