martes, 22 de septiembre de 2009

lunes, 21 de septiembre de 2009

Málaga cantaora...





lunes, 14 de septiembre de 2009

Apenas veinte cosillas...

La luz de su cielo azul,
La lluvia en sus callejuelas,
Las campanas de la vela,
Los balcones con jazmines,
Arrayanes y galanes de noche,
Las plazas del albayzín,
La Navidad en Bibrrambla,
La Sierra cuando está blanca,
y cuando no está...también.
La costa y Las Alpujarras,
Las ventanitas con rejas,
Las ancianas al "solecico" de la tarde,
Paseo de los Basilios,
Un Domingo en el Barrio,
Paseítos de la mano,
Casa pasteles y los italianos,
El voto de la ciudad,
El atardecer desde san Miguel Alto,
El final de Septiembre en la Carrera,
y Pisar juncia vestido de blanco...
¿cuáles me faltan?...

sábado, 12 de septiembre de 2009

Salida...

El sol lleva esperando mucho tiempo, en primera fila, haciendo hora, para ver la salida de la hermandad, sabedor de que a los cofrades les va a gustar verlo allí, esperando a su Señor cuando Éste decida ponerse en la calle. El barrio también, como cada año, no falta a la cita, y ahí están los de siempre, los comerciantes que dejan sus comercios a media puerta para escaparse un "ratico" y verlo dónde cada día, desde que tienen uso de razón; las vecinas, engalanados sus balcones, se asoman para sentir el aroma a incienso entrando en sus casas y observar el bullicio que en la plaza espera ansioso ver los ciriales que preceden su cara. La hermandad al completo, tras el nerviosismo característico de los previos a la salida, las últimas colocaciones de los hermanos, los acólitos, nazarenos y diputados de tramo y, cómo no, su cuadrilla de costaleros, para poner a su Cristo en la calle como ayer, como hoy, y como toda la eternidad cofrade de esta tierra. La banda llega, rasgando en ordinaria los cielos, y el vello se eriza, sólo con escuchar las melodías semanasanteras en directo, ya se acabó escucharlas en el coche, camino de los ensayos, o en éstos, al amparo de una cervecita con los compañeros de palo.

Las puertas se abren, y con ellas, también lo hacen los ojos de los curiosos, y los corazones de sus convecinos, que ya intuyen lo que ha de venir por semejanza con tardes similares que a pesar de ello no tienen nada que ver con ésta...las voces de mando encuadran el misterio bajo el dintel, construído con la medida justa de la dificultad, para que no cueste sacarlo pero tampoco sea fácil...y avanza el Señor, los dos costeros a tierra por parejo, para rozar los pies de su gente buena el pavimento del barrio...atrona la banda de nuevo, Marcha Real que se empalma casi de seguido con otra clásica, y ya está montado el "atrezzo" para el teatro universal de la Pasión Andalucía.

El Señor del Huerto ya está en la calle, los olores de la jornada santa se mezclan con el del mar que lame la costa algecireña, y hacia arriba se eleva su mirada, para proteger a su gente de la Cuesta del Rayo...yo quiero ser costalero, nada más...

Dedicado a Pope, y a los que como Él, estarán hoy disfrutano de su Virgen...

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La música de mi infancia...

Ahora que los días se van haciendo más cortos, y que el sol nos deja más pronto sus rojizos reflejos tras las montañas en su despedida hasta el amanecer, me viene a la memoria esta canción, que todos, y digo todos, hemos tarareado alguna vez, convirtiéndose en banda sonora no ya de una infancia que se fue, sino prácticamente de casi toda una vida. Generación tras generación, nos hemos despedido del verano con esta música, y con esta letra, en las irrepetibles voces de nuestro Dúo Dinámico. Yo, cada vez que la escucho, me voy a nuestra no menos patria "Verano Azul", cuando se van sucediendo los "adioses" en las casas de cada uno de los protagonistas. Todos hemos vivido eso alguna vez, el meternos en el coche cuando nuestra "amiga" del bloque todavía no se ha ido, y no queremos decirle adiós, por si no la volvemos a ver; es lo curioso de las amistades de verano, son intensas durante el estío, y quizá, una vez cada uno en su residencia habitual, poco o nada nos acordamos de ellas, salvo cuando alguien como yo os invita con esta entrada a recordar...

martes, 8 de septiembre de 2009

Cuando el sol te da en la cara...


Cuando el sol te da en la cara, tú solita te transformas, y nos enseñas una cara distinta, algo cansada por el "vaivén" de los acontecimientos, per siempre bella y singular. No está bien que yo lo diga, porque soy tu hijo, y todavía no he conocido ningún caso en el que alguno diga que su Madre es "fea", así que mi comentario resulta a todas luces, y de hecho lo es, completamente imparcial. Yo barro para casa, como comúnmente se dice, en lo que a hablar de Tí se refiere, y es que Tú sabes, Señorita coqueta del paseo de los Basilios, "Niña" caprichosa de escolapios, que cuando el sol te da en la cara, ninguna puede ganarte en donaire y hermosura, porque el sol parece tener un cometido especial en Semana Santa, cuando se rompe el Viernes Santo, y es iluminarte, para que concibamos otra perspectiva de la Gloria. No sé, pero a mí el Mayor Dolor deja de serlo cuando vuelve a su casa la mañana del Domingo, para convertirse en Mayor Alegría, Mayor Sonrisa, Mayor Sosiego, y Mayor Belleza, sobre todo eso...belleza...qué bonita vas, María, cuando el sol te da en la cara...

lunes, 7 de septiembre de 2009

sábado, 5 de septiembre de 2009

al llegar la noche...

Al llegar la noche, siempre se paraba a pensar en muchas cosas, arrebujado en su edredón, entre las suavísimas sábanas planchadas con primor por su madre; siempre en la noche, después de las oraciones que su abuela le enseñara, de confiar sus sueños a los cuatro angelitos de su cama, el niño se detenía en ordenar sus pensamientos, dispares y variopintos todos ellos, en la nocturnidad de su habitación. Pensaba en las niñas del barrio, ésas que le robaran miradas en el viejo cine de verano, cuando un solar ocupaba lo que ahora son grises edificios, en la calle de su infancia; sus compañeros de juegos, de interminables partidas a las chapas, decorando los tapones de "la casera" con los futbolistas de la época, de carreras de bicicletas, partidos de fútbol en el descampado cercano a la acequia gorda, y de excursiones los domingos hasta las casonas abandonadas de la vega; el niño pensaba, envueltos sus sueños en una maraña de desordenadas ideas, en las tardes de estudio en aquellas mesas simétricas, una para él y otra para su hermano, ideadas por la siempre mente inquieta de su padre, y que hicieron las veces de mostrador, de barra de bar, e incluso de salpicadero de inventados coches en sus juegos infantiles. Pensaba en las noches de agosto bajo el axfisiante calor granadino, en la ilusión que le hacía el simple hecho de ir a acariciar a su perra, mientras sacaba una botella de agua fría del frigorífico, y en la de veces que el sueño le rindió sentado en su salón, en las butacas tapizadas de terciopelo verde, al fresquito de la madrugada.

Al llegar la noche, se siente seguro al verse junto a los suyos, mezclando los juguetes de niño con los de niña, jugando a cocinitas con sus hermanas, y éstas con sus coches y escopetas, bajo miradas cómplices y susurros compartidos, siempre hubo dos bandos, los mayores y los mellizos, que se unieron para siempre al llegar el quinto de la saga...al llegar la noche, evoca su adolescencia, cuando las salidas nocturnas alteraban el sueño de sus progenitores, cuando cualquier llamada a deshora ponía el corazón en el puño, y aceleraba los pulsos...¡cuántos timbrazos por olvidar las llaves!!...recuerda sus estudios, sus momentos de gloria y de fracaso, cuando se acaba el día y en su cuarto nunca se siente sólo: ¡qué importante es sentir a alguien en la cama de enfrente y la de al lado!...Al llegar la noche, da igual en que cama duerma, al niño le siguen viniendo los mismos recuerdos, azuzados por el momento de nostalgia, cuando abre un libro de poesía que alguien le dedicara a su madre, cuando escucha la canción de ese programa infantil que viera junto a sus hermanos, cuando el olor de un libro recién comprado le devuelve inmediatamente a su colegio de monjas, con los compañeros que ahora de vez en cuando se encuentra por la calle, ocultos tras el descorazonador disfraz de los años. Es inevitable, piensa, volver de nuevo a todo eso, sobre todo ahora que su vida va a cambiar. Ahora que su calle pasará a ser la de sus padres, y vendrá a su casa de visita...es inevitable sentarse a meditar en todo esto, al observar el tiempo transcurrido, cuando se para a mirar a sus padres, a sus hermanos, y a si mismo, y se percata de que no hay nada igual que antes, aunque lo parezca. Es inevitable cuestionarse sus malas respuestas, sus discusiones y sus voces, ahora que esos ruidos dejarán paso a la tranquilidad de un nuevo hogar, apartado de las cosas que le son tan familiares, como el olor a café recién hecho y a pan tostado; como la luz de su comedor, a cada hora del día, como el olor de sus paredes nada más cruzar el umbral...es inevitable, dedicar unos momentos a estas cosas, ahora que ya empieza a echar de menos a los suyos, ahora que se embalan los recuerdos para llevarlos aotra casa, y edificarla con los que empezará a crear junto a la mujer que ama y, que hace seis años para siete, empezó a alejarlo de su barrio, el de las Flores, Mará Luisa, Cristina y María Jesús, que crecen en un jardín regado por Luis, y cuidado celosamente por Carlos y Fernando...al llegar la noche, el niño que siempre fuí, os da las gracias por estos maravillosos treinta y dos años junto a vosotros, ahora que toca despedirse para iniciar una ilusionante aventura, la de crear, a partir de ahora y para siempre...mi familia.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Algo inolvidable (por Pepe Ferro)

...Y llegó: se hizo esperar, como los grandes acontecimientos, pero al final se consiguió, y bien sabe él que tengo un regusto de agradecimiento y de orgullo a un tiempo por poder contar, por fin, entre mis entradas, con un texto suyo. Gracias Pepe, por escribirlo, y vosotros, amigos lectores, disfrutad...

Todavìa pesa en mi alma, aquella tarde calurosa de un 18 de Junio de aquel año Jubilar, en concreto el año 2000. A dos locos benditos se les puso entre ceja y ceja alcanzar el Jubileo con la Hermandad Escolapia de Granada, esos dos locos fueron Juan García Montero, en aquella época, para mi la más gloriosa de la Hermandad, sin duda, era Hermano Mayor, y el otro loco era el sacerdote escolapio, Padre Enrique Hiniesta, gran historiador Andaluz de Blas Infante, y cómo no cofrade amamantado por la Semana Santa Sevillana. Pues bien, toda una revolución para una Hermandad, estrenar una dolorosa de la gubia de Luis Alvarez Duarte, Maria santísima del Mayor Dolor, y en unos meses llevarla bajo su palio a las plantas de"l ahora casi Santo Juan Pablo II el Grande, todo en el mismo año. Una locura. Pues gracias a las buenas relaciones de la casa escolapia con el Vaticano, se produjo el milagro, peregrinaríamos el 18 de Junio con Ella, para alcanzar el Jubileo, saldríamos en procesión ya en Roma desde la Iglesia cercana al Vaticano de San Juan de los Florentinos, cruzando el mítico Tíber, hasta llegar a la Catedral de San Pedro. La "Madonna", como la llamarían los propios Romanos mas tarde viajó en un cajón de madera bien adecuado por tren, y el resto de enseres, parte de ellos, en avión.






Para un costalero y, en general, para cualquier cofrade, entrar la mañana de ese mes de Junio, y encontrarte un paso palio en una Iglesia de la Ciudad Eterna fue estremecedor..."Pa chillar¡¡¡"...cuando ese palio tomó las calles de Roma a eso de las tres de la tarde, con ese sol que la hacía todavía más guapa si cabe, y sonando los acordes de la marcha ¨la Saeta¨, no sé si el Cielo será algo mejor que eso, pero aquella inexperta cuadrilla de costaleros estuvo cerca de Él. Pronto se agolpó una muchedumbre alrededor del palio que se rendían extasiados a la belleza de un palio con la Madre de Dios bajo el mismo, esta forma tan peculiar de entender a lo Andaluz la religiosidad, como diría el propio Padre Hiniesta, quedó muy dentro de los Romanos. Por la Vía de la Conciliazione avanzaba el palio como un barco, de frente, la gente lo tocaba como algo mágico, y al fondo se divisaba majestuosa la cúpula de San Pedro.




Para nosotros fue algo maravilloso, nos sentíamos privilegiados por poder llevarla a ese lugar tan importante para la cristiandad. La música, el incienso, las bambalinas, la cera, el racheo de la goma que se pegaba al asfalto por el calor, ese cañón de sol que entraba por sus respiraderos, y Ella sobre todo.Asistimos a la misa oficiada por Juan Pablo II el la Plaza de San Pedro, el palio quedó en un lateral de la misma, teniendo la oportunidad dos de los capataces y un costalero de poder subir a besar la mano del Santo Padre. Pudimos disfrutar de su cercanía cuando al terminar la misa con el vehículo que lo trasportaba, hizo una pequeña parada delante del palio, lo cual le obligó a agarrarse fuerte pues casi se cae, pero seguro que en su retina quedaría grabada la belleza de esta guapa imagen escolapia. Atardecía ya y las sombras comenzaban a cubrir esa tarde de emociones, a los sones de Amargura, la Virgen Escolapia abandonaba la Plaza del Vaticano, el palio se recortaba sobre la catedral ya casi en penumbra, volvíamos exultantes de lo que habíamos compartido esa tarde, todavía de vuelta se dieron unas estampas inigualables de ese palio sobre el río Tíber ya anocheciendo. Todos los que estuvimos allí no lo olvidaremos nunca, yo al menos. He vuelto dos veces más a Roma, y parece que todo eso sucedió ayer. Si alguna vez pasáis por Roma, en la Iglesia de San Juan de los Florentinos encontraréis a la Reina de Roma, como se la llama desde entonces, María Santísima del Mayor Dolor, quedo un recuerdo suyo allí.Gracias a esta gesta, la cuadrilla del Palio de la Virgen del Mayor Dolor sigue viva y bien viva, y todos siempre nos agarramos a esta historia para dar continuidad a aquello que una tarde calurosa de Junio , vivimos junto a Juan Pablo II.



Fuente Fotografías: www.miarroba.com

jueves, 3 de septiembre de 2009

la mejor Cena de Andalucía...

En mayo de 1986, mi Primera Comunión me llevó a la iglesia de santo Domingo, donde el Padre Justo, me dió el cuerpo de Cristo. Recuerdo que los niños deberíamos haber entrado después de las niñas, con las velas encendidas y mirando al frente, en busca del sitio previamente seleccionado, y aprendido de memoria en los infinitos ensayos realizados en el salón de actos del colegio Nuestra Señora del Rosario, sito en la calle Santiago. Digo "deberíamos" porque sé que no cumplí con lo previsto, yo no entré mirando al altar mayor, sino con la cabeza vuelta hacia la derecha...mentiría si os dijera el motivo por el que lo hice, qué fue lo que me llevó a volver la mirada conforme atravesaba la puerta de la iglesia, y qué fue lo que encontraron mis ojos con tal acción, pero el caso es que fue así. Obviamente, no suponía una tragedia que trastocara los planes que sor Avelina había trazado, así que todo transcurrió según lo previsto, y tomé mi primera comunión en la Catedral del realejo, a los pies de la Virgen de Lepanto. Con el paso del tiempo, volví a entrar en esa parroquia miles de veces, y todas me acordé del momento vivido, y por supuesto del giro de mi cabeza hacia aquel lugar, y me encaminé a descubrir qué se encontraba en esa capilla, y fue entonces cuando la descubrí...después el destino quiso que la Semana Santa fuera para mí algo más que unas vacaciones, y con el paso del tiempo he ido fraguando amistades de todos los ámbitos cofrades, algunos, por supuesto, debajo del misterio que otrora quizá llamó mi atención de infante, en la oscuridad de su capilla, y que sigue siendo, a mi humilde entender, la mejor Cena de Andalucía...

P.D: no "enojarse" los miembros de hermandades homónimas...

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

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