sábado, 22 de noviembre de 2008

Toda una vida...

Está sentada, al calor del brasero en su mesa de camilla, dormido su pensamiento en mil recuerdos, y su mirada mirándolo todo sin mirar nada. Su divagación la lleva hacia el pasado, muchos años atrás, cuando sus padres la llevaban de la mano a verla, su abriguillo de espiga y su gorro de lana, Carrera de la Virgen abajo, hasta las plantas de la que es Madre de todos los granadinos. Su infancia se desarrolló en el colegio adyacente, jugando entre los patios de la escuela que, al principio de curso, siempre dedicaba la misa de apertura a la Señora. Ella creció en esos alrededores, muchas ofrendas el quince de septiembre, de promesas en forma de flor, amores de adolescencia al amparo de su Virgen, y algunos Jueves Santos, antes de que Ella decidiera ser sólo para Granada ese último domingo del verano. El destino, recuerda ahora que el sol entra por entre sus cortinas, la volvió a vestir de blanco ante Ella, como aquella vez en que recibiera a Dios por vez primera, sólo que ahora recibía a un esposo, que siempre la quiso y respetó, puesto que ante Ella juró hacerlo. Después, sus hijos fueron bautizados, y nacidos a la fe cristiana bajo la atenta mirada de la dueña de la Carrera, e hizo con ellos lo mismo que su padres, ausentes ya, hicieron con ella cuando fue pequeña; siempre a su vera, siempre juanto a las Angustias, ellos también fueron bendecidos con la comunión y el matrimonio en los muros de la casa de todos,..."¡ay!, qué tiempos tan felices", piensa arrebujada en su bata,..."parece que el frío va a apretar hoy", se dice, ensimismada en su vida, y en su Virgen.
Hace tiempo que una fría enfermedad no le permite acordarse de quién es el que le da dos besos en la mejilla, y la saluda diciéndole: "¿cómo va el día, abuela?...no hace tanto frío, qué exagerada eres...", pero sus cansados huesos sí notan el frío terrible del inexorable paso del tiempo. Hace tiempo ya que sus pies no la llevan al calorcico del sol, a ver a la Madre que tanto le ha dado, hace tiempo que sus plegarias casi ni existen, pero sigue ahí, sentadita en su mesa de camilla, pensando en esa basílica,...Hoy ha venido una persona, le ha traído a su bisnieta, aunque ella no la conoce, revestida con el faldón de cristianar que ella misma vistiera hace tantos años, y le han dicho que Ella ha vuelto a ser testigo sagrado del sacramento del bautismo para otro miambro más de su familia, y aunque luego se le olvide, una sonrisa le ha venido a la boca, y ha sido el día más feliz de su vida...

2 comentarios:

Jose dijo...

Hola Amigo me presento soy de Sevilla, pero me une una fuerte vinculancio con Granada mi novia es de alli. y tengo la suerte de ir por lo menos dos veces al mes a Granada. Gracias por tu blog por enseñarnos a esa Granada oculta esa que tiene alma y siente.
muchas gracias por dejarme asomarme a tu ventana y emocinarme muchas veces con tus palabras

un abrazo amigo

costalero gruñón dijo...

Jose, gracias a tí por asomarte, sois vosotros los que hacéis que esto vaya hacia adelante.

Un abrazo

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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