domingo, 2 de noviembre de 2008

Dos de Noviembre

Día de los difuntos, posterior al de todos los santos, en el que algunos se empeñan en instaurar una nueva tradición, sin pararse a pensar, que precisamente por ser nueva, nunca será tradicional. En este día, en el que los cementerios se llenan de flores, de personas cargadas con cubos y escaleras, para dejar impolutas las tumbas de los que fueron, como ejército ruidoso y desordenado que en tropel solivianta la paz del camposanto, yo me vuelvo a levantar como un día más, ajeno a la "marabunta" que colpasa el 13 (vaya número para el autobús del cementerio) y que agota las flores de los quiosquos de bib-rrambla. Y digo ajeno porque yo no preciso que alguien me marque un día en rojo en el calendario para aocrdarme de los que tanto me dieron, y seguro que a ellos les apenaría que sólo fuese a visitarlos una vez al año, cuando no hay día que mi boca no los nombre, mi mente no los recuerde y mi corazón no los añore. Es curioso como el cementerio de san josé, e igual se podría de cir de cualquier otro de mi España, cobra una vida inusitada cada puente de los santos, y cómo durante el resto del año es difícil encontrar a alguién recorriendo sus patios, cuando los cipreses presagian soledades.
Yo prefiero subir otro día, y quedarme un rato ante los nombres que se grabaron en el frío mármol, y recordar a las personas que los llevaron, para hablar con ellos, presentarles a los seres que van entrando en la familia, recordar los buenos tiempos junto a ellos, agradecerles todo lo que hicieron de mí, y enorgullecerme de la vida que me dieron, procurando que en la suya nunca faltara algo en la mía. Yo necesito subir sin prisas, sin bullas, y respirar el aire de infinita paz que se mueve entre sus muros, para sentirme reforzado y consolado tras contarle lo que me atribula y compartir mis dichas en su nombre. Para mí el día de los difuntos es todo el año, porque todo el año lloro su ausencia desde el día en que se despidieron, porque todo el año necesito los besos de mi abuela, las historias de mi abuelo, como mi padres precisan el calor de sus padres, cada segundo del día, calor que siguen sintiendo muy adentro, y que se renueva anualmente cuando Noviembre se asoma. Por eso, seguiré subiendo a verles siempre que precise vivir con ellos mi pasado, porque siguen estando en mi presente desde que sale el sol hasta el ocaso...

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