sábado, 19 de julio de 2008

Recitando

En el colegio donde me crié, el profesor de literatura de 2º de B.U.P, sacerdote, nos "obligaba" a recitar dos o tres poesías a lo largo del año, para ver la capacidad que teníamos a la hora de declamar en público. Recuerdo que la primera vez que lo hice lo pasé mal, tan mal, que no olvidaré nunca la poesía que me aprendí de memoria y que es la que os pongo a continuación. Mi profesor se quedó extrañado por el tema que había escogido, se vé que yo ya apuntaba maneras...


Ten compasión, Señor, de tanta gloria
y tanta muerte y tan rebelde nudo.
Era un hombre no más, solo y desnudo,
esclavo encadenado a su memoria.

Cuánto pesa la púrpura irrisoria,
cómo abruma al ungido, al que ser pudo
dueño de tanto azar y cayó, rudo
gladiador contra el bloque de su historia.

Cuántas veces luchando en la faena
buscaba aire y era nazarena fe,
fe viva y causal lo que pedía.

Todo el ruedo se ha abierto en horizonte.
Y cómo lanceaba y qué armonía.
Apiádate, Señor, de Juan Belmonte"


(N del A: El torero no murió en la plaza, sino suicidándose, de un tiro en la cabeza, el 8 de abril de 1962, motivado acaso por su carácter depresivo y por su enfermedad, cuasas estas del fatal desenlace en su finca utrerana)

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Gracias por asomarte...
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