jueves, 5 de junio de 2008

Esa vez primera


5 de Abril de 1993, Lunes Santo...una cuadrilla de costaleros integrada casi en su totalidad, por miembros de la que portaba a María Santísima del Mayor Dolor, rachea la muerte de Cristo por las calles de la ciudad por vez primera. La estación se realizaría por calles secundarias, a fin de no estorbar a las que lo hacían dentro del programa oficial de horarios e itinerarios, hasta la puerta del Perdón de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, imprimiendo carácter desde el primer nazareno que se puso en la calle. Desde entonces, quince años han pasado, y la hermandad ha experimentado muchos cambios, todos para mejor, entre los que destaco, eso lo sabéis de sobra, el paso de palio de Nuestra Madre y Señora de Consolación.



Como podemos apreciar en la imagen, el exorno floral del paso se completaba con lirios morados, tanto en el calvario, como en las jarras de las esquinas. Exorno que se matuvo hasta que la hermandad decidió sustituirlo, acertadamente a mi entender, por el calvario de roca con cardos, más acorde al carácter de la corporación y al momento que representa nuestro Titular.
En el frontal del paso, el pelícano, símbolo de la entrega, Jesús se entrega por nosotros, y muere en la cruz, así como el ave se arranca con el pico su propia carne para dárselo de comer a sus crías, "tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros". Impresiona verlo con el pedestal de oro, que fuera reemplazado por una base en caoba, a fin de que no rompa la estética del paso.

los puntos de luz, aparte de los cuatro hachones de cera, corresponden a dos faroles en los costeros del paso, que le llegan al Crucificado poco más abajo de la cintura; en el proyecto de pasocristo para la hermandad, aparecen dos ángeles sujetando sendos faroles, que esperamos pronto se realicen.

Por último, en esta fotografía, se observa perfectamente el tono oscuro de la policromía del Cristo, debido al paso de los años, y que fue eliminada en la restauración acometida por el IAPH (Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico) en la Cartuja sevillana. Como curiosidad, decir que en esa restauración, nuestro Sagrado Titular, compartió "atenciones" con un Crucificado sevillano, el Cristo de Burgos, que curiosamente fue concebido por su autor, siguiendo la misma iconografía del Cristo de san Agustín, esto es, cabellera natural y tonelete, si bien, posteriormente se le colocó cabellera de talla y un paño de telas encoladas. Esta efeméride se inmortalizó con una placa y una fotografía que se guardan en nuestra casa de hermandad.

1 comentario:

costalero gruñón dijo...

Ferrooo...acuérdate de ese día, de ese paso que no pesaba, pero que luego daría lo suyo, acuérdate de todo lo que viviste esa primera vez, cuando ese Cristo rompía el silencio gracias al racheo de sus 38 corazones, cinco tíos por palo, ocho palos, menos los dos del cajetín (eso ahora no es así), acuérdate de ese primer recorrido, y luego me lo cuentas, porque por desgracia, yo me perdí eso por un año...

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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