lunes, 12 de mayo de 2008

ayer...


Desde la atalaya de los años transcurridos, por el resquicio de algún objetivo de una cámara ya deshauciada, y gracias al fotógrafo de fogonazo y tela negra, podemos hoy disfrutar con esta instantánea, de rancio sabor andaluz, de innumerables rasgos patronímicos, de esa Sevilla acaso olvidada que resurge con fuerza cada Semana Santa...qué pellizco indescriptible nos dan esos "gallegos", que gracias a las cuatro perras de la "corría" de la semana podrían alimentar a sus familias, pagas extras de "peonás" profesionales, de estos hombres que cambiaban el muelle por la madera de la trabajadera, en aquellos tiempos del hambre y del odio.

Ajenos a todo, ensimismados en su labor de años, los costaleros preparan su ropa, se la ajustan, quizá de relevo, quizá en la igualá previa de su capataz, momentos antes de entrar al paso. Poco le importarían a estos dos personajes, la catedral, sierpes o campana, el encierro o la salida, ya que su ajustado convenio seguro les tendría preparados un recorrido de templo a templo, con el tiempo justo para las cuestiones fisiológicas, el cigarro o la cañita. Lo importante, para ellos, antes que el estilo, que la forma de andar, era llegar al final de trayecto para curar la herida y prepararse para las jornadas siguientes. Hombres recios, curtidos por el sol y el trabajo al aire libre, bajo la absorta mirada del chiquillo vestido de domingo, curioso ante la tarea de los peones, mientras su padre, de terno oscuro y pañuelo en la solapa, seguro que está pensando..."no me gustaría estar en su papel", en esa España de clases sociales separadas y delimitadas, por la raya del calzón, los zapatos de paseo o las mangas de los chalecos.

Nosotros debemos sentirnos herederos de estos costaleros, inmortalizados para nuestra reflexión, siempre con los matices del peso actual de los pasos, el número de componentes de las cuadrillas y el hecho de no ser necesario ya el salario de la Semana Santa; a pesar de ello, sus anecdotas no deberían estar muy lejos de las nuestras, sus impresiones, sus esfuerzos, se asemejarían bastante a los que ahora pasamos nosotros, su ropa, sus maneras...es decir, que salvando lógicos detalles, nosotros somos iguales a ellos en todo, a pesar del tiempo que nos mira desde esta fotografía,...seguro que más de uno, después de verla, le ajusta la ropa al compañero de rodillas...ya os lo contaré mañana...

Gracias Lolo, por la fotico...

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Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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