sábado, 13 de abril de 2019

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…Por la mañana, chaqueta azul marino, corbata, o camisa, o gemelos nuevos, que el que no estrena no tiene manos, y esa otra mano, la mano de tus hijos, la cintura de tu esposa, y una ciudad entera para pasearla y disfrutarla.
La misa de palmas, las visitas a los templos que, en unas horas, habrán de abrir de nuevo sus puertas para llenar las calles de los colores de las túnicas, los aromas del incienso y los sones de las marchas. Abrazos entre amigos, deseos de buena estación para los que salen y alguna compra en la mesa de póstula para hacer crecer la colección de estampas, o algún pin con el escudo de la hermandad. La solapa ya lucirá los colores de la suya, la medalla estará colgada, señal de que hoy se hace estación y, de vuelta, a ver al Cristo del barrio que sacó cuando joven.
El Almuerzo en casa, con la familia, recuerda otros momentos en que él y sus hermanos jugaban en donde ahora lo hacen su hija y sobrinos, esperando la hora de siempre para ir al encuentro de las hermandades.
Gracias  a la televisión, y a la radio, esa espera se hace menos lenta al contemplar las salidas desde su butaca hojeando el programa y planeando el recorrido de la tarde, aunque podría hacerlo de memoria…la Borriquilla, La Sentencia, la Cena, el Cautivo y el Despojado, junto con el sol en lo más alto del cielo, le confirman que ya sí, que la cuenta atrás terminó, que se silenciaron los pregones, se enfrió la cera que fundió las candelerías, las casas de hermandad se quedan vacías de enseres y los templos están listos para la semana más grande, la más esperada,…
Habrá llegado sin habernos dado tiempo a nada, y otra vez nos cogerá desprevenidos, con la mirada atónita, de sorpresa y asombro, por la celeridad con la que todo llega y todo empieza a irse. Que llegue cuando quiera, que llegue cuando pueda, pero que llegue con sol…vamos a verlo “tos por iguá, valientes”…mañana será Domingo de Ramos…
Fuente Fotografía: La Locura Cofrade

viernes, 12 de abril de 2019

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La noche en que todo se acaba empieza a fraguarse muy temprano, porque él se levanta temprano imposibilitado para dormir por los nervios que le han acompañado desde el momento en que se acostó pensando en este día. El desayuno preparado deja indicios más que suficientes de qué día es el que ha amanecido y, todavía en pijama y restregándose los ojos, corre hacia la ventana para comprobar que el cielo raso de la noche anterior no se ha esfumado como la Semana. Se viste y se encamina al templo, por el mismo camino de siempre, los mismos árboles que le saludan impertérritos, el mismo puente bajo el que se cruzan dos ríos, juntando sus aguas como se juntan dos partes de la historia de la ciudad. La misma torre, el mismo local pero sin esencia, donde aguardará dentro de unas horas a que sus capataces, razón y víscera, locura y sensatez, chispa flamenca y orden casi monacal, dispongan el momento para que la tropa se movilice. Todo permanece igual, y lo esperan, como él espera reencontrarse, reconocerse, sentirse y crecerse, ante la mirada más dulce que jamás pudiera salir de mano humana.
En esa venia, se entrecruzan miradas, y Ella le da permiso a él para echarse a la calle en su nombre; para espolear los caballos del orgullo y de la sinrazón, para liberar su desquiciado corazón cuando de Ella se trata, porque él es un loco elegido, es un paria, un don nadie, un indocumentado y un sin techo, que necesita de Ella para poner orden en sus cosas cada año, cada día. La despedida no es larga, es más un hasta luego, y en un abrir y cerrar de ojos se pasa de la oscuridad del templo a la blancura del pantalón y el costal, al aroma a colonia, al frasco de las esencias por destapar y a la verdad que lleva dibujada Ella en la cara.
La noche que todo se acaba, tiene su frontera física en el dintel de la puerta que separa la noche cerrada tras su manto, y la claridad del día en su delantera. Cuando sus locos enamorados, rodilla a tierra, hayan empezado a meter el palio en la Iglesia, se irán escapando, grano a grano, los minutos que quedan de Semana Santa. Cuando su iglesia a oscuras sólo esté pendiente del incendio que es su cara, cuando su marcha suene, y todo se silencie, cuando retumbe en el interior del paso la voz de un hombre llamando a otro, todo se estará yendo, como se van las lágrimas que caen desaforadas e incontenibles al mirarla, en ese momento en que todo es Ella y Ella es de los suyos…ahí está la verdad, en los ojos de los nazarenos que no la miran durante el trayecto, en los cuerpos cansados, en las lágrimas, la respiración y el racheo, ¡qué concierto puede ser mejor que esa música!, en la belleza de su palio, en su Hijo ya esperando hasta otro año, en su historia, en lo que desata al pasar, y en lo que pasa si Ella no pasa…la noche en que todo acaba, él se abrazará a los suyos, le secará las lágrimas a esa amiga que no puede vivir sin Ella, le hablará a su hija de quién es Ella y por qué son de Ella, y le explicará que la del manto exigente, la de la saya torera, la que navega siempre, la que no hay tempestad que pueda con Ella, la de la  mirada dulce y la cara bonita, le renovando el “contrato”, otro año más, dándole fuerzas para aguantar otro año más, renovándole la sangre para vivir otro año más, mientras Ella se va despidiendo a los sones de su marcha la noche en la que todo se acaba, otro año más…

jueves, 11 de abril de 2019

3...



…Mañana será otro día…piensa mientras acaricia la frente de la que, gritando y empapada en sudor, se ha levantado sobresaltada por una pesadilla, llamándola a voces y no queriéndose separar de su cuello, diciéndole que no se vaya. Sentada en el borde de la cama, seca las lágrimas que resbalan por la mejilla regordeta y sonrosada, mientras su mano busca su molde en la otra más pequeña, respiración entrecortada, sábanas rosas y peluche. Su cuerpo está en la cama, pero su mente está en otro sitio; otra cama, la del hospital en la que, también gritando y empapada en sudor, empujaba para dar a luz a la que aún no consigue dormirse, abanicada por su nervioso marido que sólo podía hacer eso; bueno, eso y decirle que la quería, temeroso al máximo, impaciente al máximo, orgulloso al máximo. Recuerda su llanto, y cómo se la pusieron encima, todavía con el cordón umbilical, su húmedo contacto, su calor, y el apresurado latir de un corazón que, a partir de ese instante, ya latía fuera de su cuerpo. Recuerda la sensación inexplicable de querer hasta el extremo a una personita que sólo tenía nombre, y que ya lo era todo.
Jugando con su pelo, ”Cálmate cariño, mamá está aquí”…evoca las veces que la ha peinado para llevarla de paseo, pero nunca, sólo a veces, para ir a colegio, ya que por su trabajo nunca puede llevarla, siendo su marido el que la despierta con besos y siente su primer abrazo, su primera sonrisa. Aún suspira hondo y aguanta un gemido al recordar las veces que se ha caído, las que ha venido corriendo llorando por cualquier cosa, pero se le pasa enseguida cuando piensa en las mil ocurrencias que le despiertan una carcajada casi por cualquier motivo porque, a pesar de todo lo que le ocupa, del tiempo que se ha pasado entre pañales, biberones, uniformes y baberos, a pesar de todo lo que no ha podido hacer por estar con ella, ella es todo lo que tiene que hacer, y por ella no cambiaría ni su juventud, ni su ocio, ni su tiempo libre, ya que su tiempo libre es ella, ahora con sus primeros deberes, y mañana con sus primeros “de todo”. "Uy, mañana", al fin se ha dormido y ella vuelve a su cama sin entender cómo su marido no se ha enterado de nada, y piensa mientras se duerme en todo el cariño desinteresado que recibe de su hija y el amor inmenso que le tiene, lo que la necesita y la añora cuando la tiene lejos, y es entonces cuando piensa en Ella, y piensa que las lágrimas de su cara son pocas para todo lo que debe llevar dentro. "Su Hijo murió por nosotros", piensa,…y se levanta de nuevo a darle un beso a su hija…
Fuente fotografía: El Correo de Andalucía

miércoles, 10 de abril de 2019

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Él encontró la Esperanza un mes de diciembre de un año cualquiera, cuando los dolores de parto de su esposa casi se la traen el dieciocho, festividad de Nuestra Señora, pero quiso Ella que naciera al día siguiente llenando desde entonces sus vidas. La Esperanza, días después, vino a ellos, de nuevo, en el color verde de las batas de los médicos que durante tantos días velaron por su pequeña, en aquella unidad donde cada incubadora era una llamada a la vida, a la lucha diaria de enormes (tan pequeños) corazones. Este duro tramo les golpeó sin piedad, cogiéndoles desprevenidos, mermando su ánimo a la par que aumentaba, quién lo iba a pensar, su entereza. Cambios de carácter que salpicaron a familiares que ya no sabían qué hacer, qué decir, y volvían desanimados a sus casas. Gracias a Dios, la Esperanza llegó a verla y ya se quedó con ella hasta el día en que recibió el alta, después de veintiún de pasillos hospitalarios (que a veces son todo menos eso, hospitalarios)
Él siempre la ha tendido como un referente, para todas las cosas de su vida, por eso siempre le da gracias por todo lo que le ha dado. Por eso, también, a ella, a esa niña que le ganó desde que abrió los ojos, que aprende de sus cosas y le hace ser mejor persona a diario; a esa pequeña que corretea por casa y quiere ver al Señor y a la Virgen, le quiere agradecer  todo lo que le da sin saberlo, todo lo que obtiene de ella y la fuerza que le da con su “vocecilla”; ella le ha entregado lo mejor que tiene en la vida y, como regalo, quiere darle el amor de su Madre, para que siempre la acompañe donde vaya…

Él no sabe qué puede regalarle
por hacerle feliz todos los días;
si es tanta la luz que ella le envía
que todo sería poco para darle…

No sabría jamás cómo pagarle
esa sonrisa eterna, y la alegría
de que le hagan reír las tonterías
que su padre le hace al despertarle.

Su labor será hallar esa manera
de equilibrar para siempre la balanza
y poderle devolver lo que le diera.

Sellar, dándole besos, esa alianza,
que de por vida le quiera y él la quiera,
y que nunca le falte la Esperanza…

martes, 9 de abril de 2019

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Tiene el nombre de las cosas bonitas, esas que cuando piensas en ellas sólo puedes sonreír y admirarte. El nombre del amor más puro, el que se siente por aquellos que son sangre de tu sangre, da igual en el orden en que ésta fluya, y el nombre de los sentimientos más profundos, los más escondidos, los más reservados.
Tiene el nombre que todos sabemos, y por eso la llamamos, porque sabemos cómo hacerlo, para que acuda a nosotros con la alegría del que es feliz, pero moderada, no vaya a colisionar con la pena que lleva ese otro que la llama para que le consuele el alma. Todo en Ella es bonito, tan bonito, que la vemos en cada cosa que nos rodea, y todo nos sabe a Ella, y nos llena y nos conforta porque Ella es Ella, para todos nosotros. ¿cómo la llamas?..¿.Victoria en tus batallas importantes, Encarnación, Maravillas, Dulce Nombre para lo amargo de tus horas, o con ese nombre tan grande que sólo ocupa tres letras?...dime,¿ la llamas Luz en la oscuridad del trabajo ingrato pero indispensable?, ¿o la llamas Dolores porque ves en Ella toda la Amargura de tus peores momentos?...¿la llamas Consolación porque sabes que Ella en sí es consuelo para todo?...hay quien la llama Reyes, porque ve en ella la grandeza de su estirpe, Soledad que te acompaña siendo Ella la más necesitada de compañía, Caridad que es de lo que más precisa este mundo que desconoce el significado de la filantropía. ¿o la llamas Esperanza?..¿.Rosario?, ¿Penas?, ¿Merced?, ¿Remedios?, ¿Sacromonte, que es como llamarla raza, barrio, cielo o casa?..¿la llamas como a la brisa más fresca de la mañana, que es como decirle Aurora? ¿la llamas como a la Estrella que a tus noches les de paz, o Concha, que es como decirle hermana, amiga, vecina…a la que es Madre de Dios y de los hombres?
Dime, ¿cómo la llamas?...en estos días en que tan faltos estamos de Misericordia, ¿la llamas Amor y Trabajo para que su cara, que es un lucero, haga que no te falte ninguno de ellos?...en estos tiempos de Soledad, esperando a los hijos que viven con sus madres, a los que se van de fiesta, a los que trabajan fuera…¿non sería más coherente llamarla Mayor Dolor, porque es eso lo que sentimos cuando no los vemos?,¿o la llamas Angustias, que no hay nombre más Alhambreño ni más granaíno para llamar a una madre?.. ¿la llamas Triunfo, la llamas Alegría?...ya lo dijo un pregonero, no hay mejor forma para llamarla, que su nombre, y la gloria se nombra con cinco letras…María. 
Fuente fotografía: ABC Sevilla

lunes, 8 de abril de 2019

6...



…A veces le preguntan por la calle qué va a escribir mañana, y lo agradece. Pero también se asusta un poco al pensar en ese día en el que se le agoten las ideas, y ya no pueda, o no tenga nada, que escribir. Sus amigos le siguen, y le animan, porque se sienten identificados con sus palabras, porque se ven o se han visto muchas veces retratados en los personajes inventados, o simplemente porque se van directamente al sitio que describe, y es que eso es lo más bonito de escribir, piensa, que la gente se emocione con lo que él hace, aunque sea muy difícil conseguirlo.
Pese a todo y a todos lo que le incitan a escribir, él se siente a veces sobrepasado, sobre todo en lo referente a la magnitud de lo que debe ser relatado, y siente que no está a la altura porque..¿qué se le dice a los siglos que van dentro de cada lágrima, de cada clavo, o de cada mirada?...¿qué se le dice al rostro que sólo con verlo te sobrecoge o al que llevas mirando tantos años que ya se le ha dicho todo?...¿qué se le dice a una ciudad que deja de ser nuestra?...¿qué a cada calle archiconocida, pero irreconocible?...¿qué se le dice a la luz inventada por el sol sobre los pasos de misterio al volver una esquina?...¿qué al aliento y al esfuerzo, a la voz afónica, a la garganta seca?...¿qué se dice cuando hay tanto por decir que no se sabe cómo comenzar?...¿qué se le dice al que te ofrece agua?...¿qué se le dice al prioste incansable?...¿qué se le dice al lugar, al sonido, al aroma, al tacto de las túnicas recién planchadas?...¿qué se le dice al abrazo mudo o al grito cuando se recoge arriba?...¿qué se le dice al que te mira llorando?...¿qué al que no puede verla?...¿qué se le dice al que está lejos, y al que está cerca?...¿qué se le dice al que no la conoce, y a que no quiere saber de Ella?...él no sabe, no puede, por eso hay veces en las que se secan en sus manos las fuentes de la escritura, y el pensamiento ya no hilvana, no fluye, no siente…¿qué se le dice al que todo lo puede y todo lo entrega?...¿qué a la más bonita de las mujeres granadinas?...¿qué se le dice?...por eso, porque no se puede decir nada, le dicen, lo tiene que escribir todo, para no olvidarnos, para no alejarnos, para encontrarnos,...¿qué se le dice?...

domingo, 7 de abril de 2019

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Nos miran, nos miman. Nos amparan, nos cuidan. Nos “escuchan”, nos sienten. Nos esperan, nos conocen. Nos animan, nos consuelan. Nos arropan, nos hablan. Nos ven, nos intuyen, nos perciben. Nos aconsejan, nos corrigen, pero no nos imponen, Nos calman, nos guían, pero nos dejan seguir nuestro camino. Nos contradicen, pero no discuten. Nos quitan los miedos, nos sacan de las dudas, Saben, sin necesidad de que abramos la boca, nos perdonan, nos buscan, nos encuentran. Nos sonríen, se entristecen. Siempre están, aunque no se les llame. Siempre encuentran el momento de “asaltarnos” cuando más lo necesitamos, aunque creamos que no. Viven, sufren, aguantan todo, aceptan todo. Su indulgencia no conoce límites, siempre lo hacen todo por nosotros, a pesar de que a veces no seamos merecedores. Son desinteresados, son dulces, son hermosos, son nuestros, somos suyos…podrían ser los ojos de una madre. Son los ojos de Una Madre…

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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