viernes, 26 de mayo de 2017

Paseo...

Soy de pasear, ya que paseando se descubren cosas que, a veces incluso, pueden llegar a ser tesoros según sea el ojo que las ve, o la mano que las coge. Soy también de salir de Granada, de dejar mi zona de confort para buscar nuevos sitios, nuevas fotos, nuevas letras con las que llenar mi siempre vacía libreta, y empaparme del alma de cada sitio para hacerlo un poco mío, y enriquecer mi colección de imágenes que vislumbrar después, cuando la tela translúcida del tiempo me las muestre de otro modo. 

En mis paseos, la cosa más simple puede ser extraordinaria, quizá porque nunca los hago sólo (bueno, de vez en cuando), y siempre me acompañan personas extraordinarias que aumentan, más si cabe, la ya de por sí enorme carga emocional que pongo en cada cosa que intento. Para llegar a los sitios, si somos de Granada, mejor andando, ya sabéis, pero en todas las ciudades eso no es posible, por lo que hay que desplazarse si queremos encontrar nuevas perspectivas, que es lo que cada cosa tiene que ofrecernos, ya que un mismo lugar es el mismo lugar siempre, pero lo hacemos único cada uno de nosotros, con nuestra perspectiva. 

Así, recorrer Sevilla en coche, llegar a las puertas del Parque de María Luisa, y dejarte llevar por el color, la luz y, como siempre, la compañía, es un alimento para el alma. Recorrer, sin prisa, nunca tengáis prisa cuando visitéis una ciudad, la Plaza de España y que se te llene la mente de "Suspiros de España", sentarte y disfrutar de una cerveza fría y un montadito, mientras juegas con esa niña rubia que es como tu sobrina, y hablar de lo que tanto te gusta con los amigos de verdad es un ejercicio que habría que hacer cada fin de semana, aunque la distancia no nos permita más que cada seis meses, por lo que se coge con más ganas el momento, y te llena mucho más. 

Paseando, me fijé en el contraluz de la tarde a través del muro del edificio que preside la plaza de los españoles en Sevilla, y busqué la foto que quería, porque después ella me hablará siempre que la mire, de mis amigos, de su ciudad y del tiempo que va pasando. Alguien sólo verá una farola, pero yo veo un domingo luminoso, una ciudad para vivirla a cualquier hora, y de un más que agradable paseo...

miércoles, 24 de mayo de 2017

Asonancias...


Si la vida es el regalo que nos dan sin merecerlo;
si nuestros años son prestados y luego hay que devolverlos,
si mis sueños son los tuyos y los tuyos son eternos,
si mi alegría es el aire que pone a tu pena consuelo.
Si mis ojos que te miran no saben cómo hay que hacerlo,
y les puede la vergüenza de morir en el intento,
si mis versos son la prosa de aquel que inventa tus besos….
déjame vivir contigo, porque quieras, porque quiero.



Si tus manos son el asa que sirve de agarradero
a estos pasos titubeantes que nunca encuentran sendero,
si tu risa es el rumor de la fuente y el riachuelo
que aportan agua de vida al mar de mis sentimientos;
si tus abrazos pequeños me cogen el pecho entero
y tus palabras me suenan a la música del cielo;
si existo porque tú eres y soy lo que tú has dispuesto…
déjame escucharte siempre, aún sin estar despierto.



Si te busco por la noche y durante el día soy ciego,
que ansía los rayos de luz que tú emites con tu cuerpo;
si necesito mirarme en tus ojos cual espejo
y quiero saber que sabes que, o vivo por ti o me muero.
Si mis errores no fallan si tú los ves como aciertos,
si tu existencia es razón que a este loco vuelve cuerdo,
si soy poeta sin musa y no hay sol, ni más destellos,
que el blanco de tu sonrisa y el brillo de tu cabello,
déjame poder mirarme para siempre en tu reflejo.



Déjame ser el jinete que galope por tu viento,
déjame llevar tu paso cual si fuese costalero,
o vuélvete carnaval y yo me torne en coplero,
para poder escribirte lo que me sale de dentro;
déjame ser ese yunque donde se bruñe tu acero,
y sé tú la princesita para ser yo tu escudero;
vuélvete esa rosa fresca que dure un invierno entero,
déjame ser el columpio en que se mece tu juego,
y préstame juventud, y fuerzas, y entendimiento
para verte ser mujer mientras que yo me hago viejo…

lunes, 22 de mayo de 2017

Al amor vacío...


Me habrás de venir buscando,
no sé si me encontrarás
que, a fin de cuentas, te vas
sin saber “por qué” ni “cuándo”.
Al fin me cansé, esperando
que vinieras a abrazarme,
me cansé de no mirarme
mientras mi tiempo pasaba.
Hoy sé que no te encontraba
porque no sabías buscarme.

viernes, 19 de mayo de 2017

Granada en cien fotos


Instantáneas se suceden, una a una,
con falta de color y despintadas;
la colina sí es la misma, mi Granada
ha tiempo que lloró por su fortuna.

Semiocultó el tiempo aquella luna
tantas veces dibujada, abocetada,
esculpida, escrita, imaginada,
por errantes manos oportunas.

Granada, otrora cuna de poetas
del amor y las musas siempre dueños,
huérfana quedó, duerme incompleta.

A sus calles, anfitrionas de los sueños,
barriéronles la esencia; en sus macetas
florecen, con penar, sus desempeños…

miércoles, 17 de mayo de 2017

Juegos...


Está sentada, no se sabe muy bien cómo, ya que ella es de no parar esté dónde esté, y los nervios se la comen de las ganas que tiene de correr a su encuentro. El otro, o la otra, según se mire, que el compañero de juegos no tiene sexo (o los tiene ambos), se acerca sigilosamente hacia ella, como si no quisiera que notara su presencia, pero eso es imposible; se aproxima, la roza, y ya está ella saltando otra vez hacia detrás, porque de lejos, quiere jugar, pero de cerca ya es otra cosa. 

Con el paso de los minutos se van entendiendo, uno y otro saben ya como actúan, cómo piensan, y aunque el otro, por ser más viejo, sabe muchas más cosas que ella y no debemos fiarnos del todo de él, se va adaptando a ella, hasta que se parece que se van a compenetrar y poner de acuerdo. Ella sigue a lo suyo, sentada en el suelo acercándose también, poco a poco, pero él la descubre y salta rápidamente hacia ella para que ésta vuelva a gritar entre risas y suba de nuevo para arriba buscando nuestra complicidad. 

Nos gusta verlos juntos, porque somos amigos de él desde hace mucho tiempo, ya que nos vio nacer a ambos, y nos ha reunido unas cuantas veces a toda la familia para compartir algún que otro rato juntos. Días, semanas y algún mes que otro, tardes sueltas que no te ocupan ni las ocupas, y que inviertes en pasar unas horas junto a él, contándoos las cosas que os han pasado durante el tiempo que no os habéis visto. Cuando la veo jugar, correr de un lado para otro, buscándolo, llamándolo, me veo a mí, con su misma edad, haciendo exactamente lo mismo, y él sigue, a pesar del tiempo transcurrido, como el primer día que me lo presentaron...qué cosa es ésta del paso de los años, en la que el deterioro no afecta por igual, en ningún caso.

Ella sigue moviéndose, torpe e insegura; me mira y se ríe, me dice que vaya, mientras su madre sufre porque la ropa no es la adecuada, y yo me quedo quieto, mirándola, riéndome, y cogiéndole la mano para que pueda seguir jugando, por lo menos hasta que sea la hora de volver a casa....

Ella lo busca,
pero él no espera;
ella lo llama, 
él la contempla.

Suben y bajan
mor de los vientos,
del mar, las olas.
Ella lo quiere,
si juegan juntos
sus pies se mojan...

Así es la vida;
siempre atardece,
pasan las horas.
Ella se seca,
la mar busca otra
noche,
desnuda, y sola.

fuente fotografía pixabay

lunes, 15 de mayo de 2017

Los comienzos...

No sé responder, la verdad. No acierto a emitir una respuesta coherente sin que falte a la verdad por algún u otro lado, y es que es muy difícil descifrar en unos segundos qué fue antes, sí el huevo o la gallina. Si me pongo a rebuscar en el cajón desordenado donde se almacenan (algún día pondré orden y veremos a ver qué pasa) todas las cosas que fueron, hay varias que me acercan a mis orígenes cofrades, que podrían arrojar algo de luz a ese vacío en el que, inevitablemente, vive todo lo que a esta época se refiere, porque fueron muchos los que contribuyeron a que yo, hoy, sea el "jartible" que soy, con mis puntos y mis comas.

Los años no pasan en balde, así que resulta harto complicado vislumbrar tras los visillos del tiempo que ha ido pasando cuál de las imágenes es más antigua y, por tanto, merecedora de ser llamada la pionera a partir de la cual se fue construyendo mi bagaje cofrade, así que no sé qué contestar. Podría ser una desaparecida para el itinerario procesional Plaza de Bib-Rrambla (lateral izquierdo según se mira desde la calle Príncipe), detrás del kiosco de las flores y frente por frente de la juguetería, viendo pasar la efigie de un Cristo con la cruz a cuestas (ignoro a qué hermandad pertenecía), mientras mi paciente (y valiente) madre se desvivía por meter en vereda a cuatro niños cuyas edades estaban separadas sólo por cinco años, o esa otra en la que un paso de palio, desdibujado el rostro de la Virgen por las tufaradas del incienso, avanzaba subiendo la rampa de la catedral y yo, muy pequeño y en primera fila, pegado a sus rejas cerradas (no siempre se ha entrado dentro de la S.E.O granadina, como sabréis) me agarraba a las piernas de mi padre para que no me arrastrasen a empujones mis vecinos de pipas y "¿ésta cual es?, aunque siempre sea la Virgen de los Dolores.

Cualquiera de las dos podría ser la primera, cualquiera de las dos me vale como comienzo de esta andadura que he ido enriqueciendo con momentos importantes a lo largo de los años; cualquiera de las dos me pega un pellizco que retuerce por dentro, cada vez que vuelvo a mirarlos con los ojos de la primera vez. Después de estos, otros en los que mi padre, cansado del trabajo del día entero, todavía tenía fuerzas para cogerme de la mano y, así, llevarme hasta la Plaza Nueva donde, ahora sí que la veo, la Esperanza volvía al templo. Recuerdo que le hablaba a la cuadrilla, desde dentro, para mí, como presintiendo en mi cuerpo de niño que algún día escucharía, desde abajo, al capataz batiendo las andas de la que manda en Santa Ana. Otros, distintos, pero igual de intensos, cada Miércoles Santo de mañana para acompañar al que muere en taracea y recorre la ciudad en total oscuridad para que sólo sea su luz la que nos salve...

Así me he ido formando, así me han ido haciendo; con estos cimientos he llegado a hablarle de tú a mi Semana Santa, a mi ciudad, y a sus tradiciones, ya que la mejor forma de ser de tu ciudad es integrarte en su folclor, porque es tuyo y suyo, y así te sientes parte de algo importante, aunque tú no seas más que la última "piececita" del entramado. Así he llegado hasta aquí y, cuando estoy escribiendo esto gracias a que una amiga me preguntó cómo vivía yo las hermandades, y por qué había entrado a formar parte de ello, siento que mi manos están fuertemente sujetas, protegidas y seguras, otra vez, como antes, como siempre, calle Reyes Católicos arriba, porque he vuelto a ser niño, y mis padres me enseñan su Semana Santa...

viernes, 12 de mayo de 2017

Poniéndole texto a una foto...


Ella estaba sentada, allí mismo, sobre la misma piedra que daba al lago, donde de niña pasaba todas las vacaciones. Las que más le gustaban eran las de verano, claro, cuando todas las cabañas se llenaban con las familias de siempre y ella jugaba con los demás niños, que después fueron los demás adolescentes,...Ahí es donde estaba realmente, no jugando con la espiga a hacer círculos sobre el espejo del agua para que la física ondulatoria hiciera el resto y toda la superficie se llenara de anillos concéntricos hasta donde alcanzaba la vista. No, ella estaba más allá del sol entrando y saliendo del agua como bañista omnipresente, más allá de la arena del fondo que se veía a través del limpio cristal, húmedo y transparente y, por supuesto, mucho más allá de sus actuales cuarenta y pocos, escuchando tras de sí las risas de Abril y Cloe, gemelas en todo, pero en todo, todo. 

Ella estaba en sus catorces años, cuando cogía la bicicleta y salía cuesta abajo hacia la cabaña 5, donde Alberto le despertaba algo más que la curiosidad, y por eso lo buscaba, es decir, lo buscó, y lo descubrió una tarde fresca al amparo del sauce; también se descubrió a sí misma, pero en aquel momento no lo sabía, perdidos sus ojos en el próximo camino por si alguien los encontraba. Ahora todo era distinto, la risas de sus hijas le recuerdan a las suyas, y en sus ojos ingenuos y despiertos ve también su ingenuidad de entonces, que todavía le juega malas pasadas cuando Alberto pasa por la puerta de su cabaña, y le guiña, mitad malicia, mitad complicidad, como buscando en su nuevo "look" los cabellos rubios que mesaba bajo el sauce...un golpe de agua bañando sus manos la saca de su "abandono", y corre hacia las niñas que la reclaman para el almuerzo, ahora es primavera en el lago, pero ella, cuando vuelve, vive siempre en verano....

A mi amiga Judit Paradinas, por los ratos de luz de seguridad, proyector y desayunos.

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

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